Me refiero, claro está, al Real Betis Balompié. Voy a intentar no perder el tono de objetividad que suele caracterizarme pero, al mismo tiempo, también voy a hablar como bético, porque después del lamentable espectáculo brindado ayer en San Mamés esto pasa ya de castaño oscuro.
Como decía Julio Iglesias, la vida sigue igual en verdiblanco. Igual después de ser ésta la cuarta temporada en la que el Betis juega con fuego. Un curso futbolístico éste 08-09 en el que se ve que apenas si se ha aprendido algo de años anteriores, y en el que la historia se viene repitiendo como el cuento de la buena pipa, esta vez con un clarísimo riesgo de incendio al final de La Palmera.
Desde que se fuera Serra Ferrer, con quien el equipo ya las pasó canutas en su última temporada, por el banquillo bético han desfilado desde el verano de 2006 años nombres tan ilustres como Irureta, Luis Fernández o Héctor Cúper, junto al salvavidas, nuestro entrañable Paco Chaparro, y al actual, José Mª Nogués. Ninguno de ellos, salvo Chaparro y solamente en las situaciones límite, le ha conseguido coger el aire al equipo, siendo todos destituidos tarde o temprano. «Culpa del técnico», se pensaba, sobre todo cuando se podía comprobar que, tras la llegada del sustituto correspondiente, los resultados inmediatos solían ser bastante buenos; pero después de ver cómo año tras año se repite la misma historia -el «efecto gaseosa» del que adolece el equipo- creo que se debe mirar hacia algún otro lugar, no solamente hacia el entrenador o el palco.
Obviamente hablo de la plantilla. Si observamos bien a los miembros actuales de la misma, hay nueve jugadores que han estado en la nómina verdiblanca durante las cuatro últimas campañas; tres más que han figurado en tres de las cuatro; y al menos cuatro o cinco futbolistas más en dos de ellas. Es decir, dieciséis o diecisiete en total. Algunos de ellos también fueron campeones de Copa y cuartos en la Liga, pero con cuatro años menos que ahora. Quiero decir, que sin restar ni un ápice de la responsabilidad que les corresponde a los entrenadores, estoy absolutamente convencido de que el 70-75% de la culpa no la tienen sino los futbolistas, al fin y al cabo los que mandan en el césped. Visto lo visto, no creo que todos los entrenadores -casi todos de reconocido prestigio nacional e internacional- vayan a ser igual de malos.
Esta temporada, al igual que en las anteriores, tras destituir al entrenador de turno se pensaba que los jugadores iban a reaccionar, ante la llegada de alguien que, por fin, iba a ser capaz de entenderlos y de sacar lo máximo de su rendimiento; pero el efecto positivo ha vuelto a esfumarse después de las dos victorias iniciales de la «era Nogués». El Betis, como nos temíamos todos, vuelve a ser un equipo que no juega absolutamente a nada, totalmente desquiciado e incapaz de hacer daño a nadie más allá de a sus propios aficionados, a pesar de la calidad que se les presupone a los jugadores. Y la guinda del pastel, repito, ha sido el partido de ayer.
Si lamentable fue la actitud hace dos semanas en Montjuic contra el Espanyol y mala la mostrada hace siete días contra el Atlético durante 3/4 partes del encuentro, lo que se vio ayer en San Mamés ante los suplentes del Athletic -repito y recalco, los suplentes del Athletic, un equipo de la mitad baja de la tabla en Primera por mucha Copa del Rey que pueda llegar a ganar- merece una serie de calificativos que no voy a reproducir, porque rompería con las normas de corrección y ausencia de insultos y palabras malsonantes autoimpuesta en este blog.
El aficionado que tuvo la oportunidad, para su desgracia, de ver el partido -aquellos que ya tienen TDT- pudo comprobar con sus propios ojos cómo daba la impresión de que a los que saltaron ayer al campo con la elástica bética -verde en esta ocasión- no les iba absolutamente nada en el envite, por la inexplicable falta de tensión mostrada a lo largo de todos y cada uno de los noventa y seis minutos de juego. Al contrario que los reservas bilbaínos -que, con la permanencia ya casi conseguida querían mostrarle a Caparrós su valía-, los titulares verdiblancos estuvieron apáticos, como si ya todo estuviese hecho. Hay quien habla de conformismo con los 42-43 puntos exigidos año tras año desde la directiva, y también de autosuficiencia al tener la convicción absoluta de que, antes o después, se van a conseguir, confirmándose un año más la permanencia en Primera División. De ser así, sin duda, estaríamos ante un caso de gravedad notable, que debería hacer reflexionar a Lopera y su junta.
Entre las decepciones, merece especial mención Ricardo Oliveira, el «salvador» del mercado de invierno, aquel que volvía a casa dispuesto a marcar los goles que iban a sacar al Betis de los puestos de abajo, y que tuvo el mejor debut que un jugador heliopolitano puede gozar: marcar el gol de la victoria ante el eterno rival. Pues bien, este mismo jugador se está destapando en ésta su nueva etapa en verdiblanco justo como lo que creíamos que no podía llegar a ser: un futbolista torpe, lento, mal colocado en el campo y, lo que es peor, muy fallón ante su especialidad, el gol; sin parecerse no ya a aquel Oliveira de la Copa y la clasificación para la Champions en 2005, sino ni tan siquiera al que consiguió anotar 18 tantos durante el pasado año futbolístico, a pesar del descenso del Zaragoza. No es el único responsable del desaguisado de esta temporada, pero sí el máximo exponente de la decadencia que viven muchos de los jugadores béticos.
Decía Nogués hace dos días que no entendía cómo el bético podía perjudicar a sus jugadores, en alusión a los pitos de la afición durante el transcurso del encuentro frente al Atlético de Madrid. Pues bien, señor Nogués, eximiéndole a usted de cualquier responsabilidad dado que ha sido el último en llegar, debe comprender que lo que realmente ocurre es justamente lo contrario: son los jugadores los que perjudican a sus sufridísimos seguidores, tanto a los que van al campo como a los que se dejan el dinero en el PPV, a los que ven los partidos gratis y a los que, simplemente, se dedican a seguirlos. El bético está harto, pero harto de verdad. La afición está cansada después de tantos años de sinsabores -agravados además por cómo se están haciendo las cosas en el eterno rival-, y no puede más que mostrar su enfado y su insatisfacción domingo tras domingo, algo que no solamente es lícito sino, además, perfectamente comprensible.
Hasta hace pocos domingos el principal centro de las miradas de la gente era el palco, merced no sólo a los fallos en la dirección del club -que los ha habido y bastantes, eso es innegable- sino muy especialmente a la muy eficaz campaña que ciertos medios de comunicación locales llevan orquestando desde hace ya varios años contra el máximo accionista, Manuel Ruiz de Lopera. Con lo acontecido el pasado verano -Lopera accedió a todas y cada una de las peticiones de fichajes de Paco Chaparro, aprobadas por los aficionados de manera unánime- se ha visto que, si bien la junta directiva tiene una parte importante de responsabilidad -no podemos olvidar los numeritos con Betis Sport o con el supuesto jeque árabe-, ellos no son precisamente los máximos culpables de lo que ha venido ocurriendo deportivamente hablando en el Betis; o por lo menos no los únicos.
«Loperadas» aparte, urge una profunda y acertada renovación de la plantilla para la temporada que viene, tanto si se está en Primera como si se milita en la actualmente llamada Liga Adelante por mor de los patrocinadores. Es lo principal, más allá de la venta de las acciones y demás cuestiones administrativas -digan lo que digan los medios de comunicación sevillanos-, para que el Betis comience a moverse al menos por aguas más tranquilas. Ojalá se produzca estando el equipo, al contrario que en 2000 -la época, entre otros, de cánceres como Solozábal y veteranas glorias ya desgastadas físicamente como Alexis-, entre los veinte conjuntos que conforman la élite de nuestro fútbol. Se puede conseguir porque se está a tiempo y se sigue dependiendo de uno mismo; pero lamentablemente no podemos ocultar la cruda realidad: hoy en día la actitud que muestra el Betis en los encuentros que disputa no es otra que la de un equipo de Segunda.
#1 by Em10 on 14 mayo 2009 - 12:17
:'(