Cambio de orden en la liga



El cetro liguero en España cambia de dueño. El Barça, tricampeón desde la llegada de Pep Guardiola, ha cedido virtualmente la corona después de que el Madrid y Mourinho, por fin, hayan conseguido derrotarles en el Camp Nou.

Ya lo dijo Bernd Schuster en la previa: el Madrid alguna vez tenía que ganar en el feudo blaugrana. Qué menos después de tantísimos millones de euros gastados, y varios fracasos acumulados desde el retorno de Florentino Pérez. Los blancos pueden sentirse liberados: salvo hecatombe en las cuatro jornadas finales, van a sumar su 32ª liga gracias al 1-2 que les otorga nada menos que siete puntos de ventaja a falta tan sólo de 12 por disputarse.

Ha tenido que ser, cómo no, al más puro “estilo Mou”, aquél que parece ser el único capaz de frenar a un equipo campeón de 13 de los últimos 16 títulos disputados. Aquél que, en versión aún más exagerada, le aplicó el Chelsea hace unos días en Stamford Bridge.

No es que el Madrid anduviera todo el partido encerrado en su área; hasta que se adelantó con el “churri-gol” de Khedira -por entonces 108 goles, récord histórico, y segundo fallo de Valdés en otras tantas jornadas- los blancos nos obsequiaron con quince minutos de asfixiante presión arriba, maniatando la salida de balón de un Barça desconcentrado y nervioso.

Luego sí: Mourinho, que de tonto no tiene un pelo, optó por aplicar su “cerrojazo y a la contra” en los grandes partidos, que sus hombres han aplicado a la perfección con una espectacular eficacia defensiva, y sin jugar tan duro como otras veces. Apenas tres ocasiones claras han concedido a su rival; y además han tenido la suerte y el acierto necesario para asestar, justo después del costosísimo empate de Alexis, la puñalada mortal con el rapidísimo contragolpe de Özil y C. Ronaldo.

El portugués, desaparecido durante el 85% de lo que se llevaba de encuentro -73 minutos-, apareció para culminar el gran pase de su compañero. Cristiano, más allá de la última final de Copa, por fin resultó decisivo para un gran triunfo madridista, marcando ante un desesperado Valdés su gol número 42.

Uno más que Messi, víctima de la falta de eficacia creadora del medio campo azulgrana. El mejor jugador de lo que llevamos de siglo se perdió bajando demasiado a la zona en la que debían mandar Xavi, Thiago e Iniesta. Cierto es que en el primer tiempo hilvanó una jugada imponente que Xavi marró ante Casillas, y que el tanto de los suyos también parte de sus botas, pero sea como fuere lo cierto es que hoy Messi no ha estado en campeón. Tiene derecho, no obstante.

En el provisional empate también intervino Tello. El joven extremo ha sido la fallida apuesta de Guardiola, intentando tal vez buscar el “factor sorpresa”, o quizás pensando en el decisivo choque del martes. No le ha funcionado, no tanto por darle la alternativa al chaval en un clásico, sino por ubicarlo a pierna cambiada, cuando Tello se mueve mucho mejor por la derecha. Pero también Pep tiene derecho a equivocarse.

Y más allá, el clásico nos ha dejado a un Barça que ha sabido perder con honor tanto dentro como fuera de la cancha, pero también una importante preocupación dentro del barcelonismo de cara a la vuelta de la Champions. Que nadie lo dude: el Chelsea va a jugar del mismo modo que lo hizo en Londres; y ante la falta de claridad a la hora de generar ocasiones tanto en el segundo tiempo del miércoles como en la noche de hoy, no está nada claro que el Barça vaya a remontar el peligrosísimo 1-0. Suerte para ellos.

Por su parte, para el Madrid esto supone un subidón antes de recibir a un Bayern al que está obligado a ganar; y también, a la espera de una tan hipotética como cacareada y añorada “décima”, un poco de tranquilidad para dar buena cuenta de los anfitriones de la final. Porque, tres años y unos 400 millones de euros más tarde, Florentino Pérez está a punto de ver cómo el Madrid, dos temporadas después de poco menos que vender su alma al diablo -de “Mou”-, le da su tercer título de liga.

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