El ascenso deberá esperar un poco más


GIMNÀSTIC 3-BETIS 1

Son las cosas del Betis. Cuando aparentemente más fácil lo tenía para certificar matemáticamente el ascenso -más allá de resoluciones y todas estas historias que caracterizan a nuestro fútbol-, con varios miles de béticos en las gradas del “Nou Estadi” de Tarragona, el equipo verdiblanco ha caído por 3-1 ante el Nàstic en un partido realmente desafortunado (ha terminado con nueve y con un penalti en contra), y deberá esperar a que el Granada pierda esta tarde en Alcorcón para ser equipo de Primera antes de la semana que viene.

En realidad, pensándolo bien esta derrota hay que achacársela en parte a nuestro estimado Pepe Mel, que no ha podido o no ha sabido ver que hoy había enfrente no sólo un rival que se jugaba la vida, sino sobre todo un árbitro casero donde los haya (sí, varias jornadas después nos ha vuelto a tocar la china), para hacer los pertinentes cambios necesarios por si se le pasaba por la cabeza erigirse en protagonista, como así fue.

Desde que empezó el partido se vio que el balear Sureda Cuenca iba con ganas de liarla, y la prueba inequívoca fue que antes del cuarto de hora tanto los dos centrales, Belenguer y Roversio, como los dos medios centros, Beñat y Salva Sevilla, estaban amonestados -muy rigurosas casi todas las tarjetas-, lo que resultaría decisivo en el devenir del choque.

Pero, aparte de la labor de Sureda Cuenca, desde el pitido inicial se vio que el Betis no tenía su día. El Nàstic, que ponía en juego muchas de sus opciones de permanecer en Segunda, planteó un partido muy serio, impidiendo al ataque bético -hoy nulos Jonathan Pereira y Jorge Molina- crear el más mínimo peligro, y haciendo sufrir a la defensa sobre todo por mediación del holandés Powel, el mejor jugador del partido. El Betis lo pasaba mal, dependiendo quizás en exceso del hoy ausente Iriney, por molestias en la espalda.

Fruto de todo ello llegó el 1-0 a los 25 minutos. Una pérdida de balón de Jonathan Pereira en el medio campo propició un rápido contraataque de los locales que culminó con un desafortunado remate en propia meta de Roversio, después de un centro raso desde la izquierda. Se confirmaba que éste no era sino otro de esos “partidos malaje” de los tantos que hay en esta categoría. Al Betis le costó reaccionar, y hasta el descanso apenas si creó un par de ocasiones de peligro: una falta de Salva Sevilla que besó la red pero por fuera, y un remate tras un córner en el que Roversio y Rubén Castro se estorbaron, parando el portero local.

En el segundo tiempo, visto que al Betis le costaba darle ritmo a su juego, Mel decidió meter en el minuto 56 a Emana, que regresó a la convocatoria dos semanas después de fracturarse los huesos de la nariz. La entrada del camerunés le dio al Betis el plus necesario para comenzar a crear peligro de verdad sobre la meta del Nàstic, y así a los 63 minutos llegó el empate de Rubén Castro, tras una enorme jugada colectiva que el canario remató con mucha clase, ejecutando un remate raso y junto al poste.

Como al Nàstic no le valía el empate, los catalanes se lanzaron en busca del gol del triunfo, teniendo lugar un partido abierto de esos que, en circunstancias normales, suelen beneficiar al Betis. Recalco: en circunstancias normales, porque tras unos minutos calmadito, el señor Sureda Cuenca volvió a sacar su “fusil”, y a doce minutos del final sacó la segunda amarilla a Belenguer tras una jugada en la que incluso la falta del central catalán era discutible.

A buen seguro que el entrenador del Betis, además del extremo caserismo del árbitro -uno más en la larga lista de arbitrajes demenciales que los verdiblancos han padecido este año, por muchos menos claramente favorables-, lamentó profundamente no haber hecho antes un cambio que protegiera a los suyos de lo que todos, menos él, estábamos viendo. No pretendo demonizar a Pepe Mel, antes al contrario; sólo comentar que, de nuevo, el asunto de los cambios es aquello en lo que el madrileño, sin duda, más flojea.

Pero la labor de Sureda Cuenca no había terminado ahí. Una nueva falta más que dudosa de Beñat fue puesta rápidamente en juego por los locales, y Roversio hizo penalti a Powel. Penalti más segunda amarilla, por supuesto. A Sureda Cuenca le faltó tiempo más que para senalar el punto fatídico -el penalti fue claro-, para expulsar al otro central bético, que no guardará precisamente un buen recuerdo de este encuentro. Powel marcó el 2-1, y el Betis, una vez más en las dos temporadas que lleva en Segunda, se quedaba con nueve jugadores y, lo que puede ser peor, sin dos de sus centrales para la próxima jornada.

A partir de ahí todo fue muy fácil para el Nàstic, que sentenció el partido con el postero gol de Virgili. Un castigo muy duro pese al mediocre encuentro de los verdiblancos, que en el AVE deberán estar pendientes de lo que ocurra en el Alcorcón-Granada de esta tarde. Porque, a pesar de la decepción en tierras catalanas, una derrota granadinista en el estadio Santo Domingo también serviría para lograr, de una maldita vez (perdonen por la expresión) el tan anhelado ascenso de forma matemática, a tres jornadas del final de la liga en Segunda.

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