Era el partido deseado por buena parte de la España futbolística y, como era de esperar, finalmente tendrá lugar dos décadas después de la última confrontación en un partido decisivo. Barcelona y Real Madrid se volverán a ver las caras en la final de la Copa del Rey, 21 años después de que los blaugrana «mojaran la oreja» a los blancos en 1990.
Han sido dos semifinales completamente diferentes. En la primera el Barça resolvió por la vía rápida ante el Almería hace siete días, endosándoles una nueva manita en el Camp Nou (5-0) merced al acierto goleador de Messi (2), Villa y Pedro, que marcaron cuatro goles en quince minutos y dejaron todo visto para sentencia. En la vuelta, disputada esta misma noche, 0-3 con casi todos los suplentes en el campo, y lucimiento de Adriano, Thiago Alcántara y Afellay, autores de tres golazos que rubricaron el pase blaugrana a su 35ª final, de las cuales ha ganado 25.
La otra eliminatoria, tal y como era de prever, ha sido mucho más disputada. Real Madrid y Sevilla se han batido el cobre en dos encuentros con desarrollo bastante similar: igualdad plena en el juego y polémica contra el Sevilla en la primera mitad -gol fantasma para mí erróneamente no concedido a Luis Fabiano en el Pizjuán por mucho que Marca y As digan los contrario; y fuera de juego más que dudoso de Negredo en el Bernabéu-, superioridad madridista -sin avasallar- en la segunda parte, y grandes goles que han facilitado el pase de los merengues a una final que no disputaban desde que el Zaragoza les ganara por 3-2 en 2004.
Las únicas diferencias han sido, en primer lugar que, en la ida, el golazo de Benzema llegó en el primer tiempo (0-1); mientras que esta noche el Madrid ha tenido que esperar hasta el minuto 80 para que la «conexión germana» sentenciara la contienda. Khedira dio un gran pase en profundidad a Özil, quien definió ante Javi Varas con mucha calidad. Y en segundo, que en Chamartín los madridistas acabaron rematando a los nervionenses con un segundo gol, marcado en el último segundo por el nuevo fichaje, Adebayor (2-0).
El Sevilla, por su parte, ha defendido con dignidad su título conseguido en 2010; pero la solidez mostrada en ambos encuentros no le ha valido para derrotar a un Madrid al que le ha bastado con aprovechar alguna que otra de las ocasiones que, dicho sea de paso, poco ha faltado para que brillaran por su ausencia tanto la pasada semana como esta noche. Los de Manzano han hecho una semifinal muy seria pero, polémicas puntuales aparte, se han mostrado muy romos a la hora de crearle peligro a Iker Casillas.
Así pues, los dos grandes del fútbol español ya tienen una nueva fecha marcada en rojo en el calendario, el 20 de abril, Miércoles Santo; curiosamente sólo cuatro días después de medirse en el partido liguero de la segunda vuelta. Valencia, como en el 90, se postula como la sede de la final.
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