MI PARTICULAR MEMORIA DEPORTIVA (20)
El F.C. Barcelona y el R. Madrid se verán las caras por quinta vez en una final de la Copa del Rey. Hacía ni más ni menos que 21 años que los dos grandes de nuestro fútbol no se cruzaban en el último partido del «torneo del K.O». Dicha final tuvo lugar el 5 de abril de 1990, y su escenario fue el mismo que ahora parece ser que toma prioridad de cara a volver a albergar el mismo choque en 2011, Mestalla, entonces llamado Luis Casanova.
Recuerdo perfectamente aquella final, la segunda vivida por mí desde que tenía uso de razón futbolística, tras la que un año antes había medido al Madrid contra el Valladolid, con triunfo madridista por 1-0 gracias al gol del actual presidente del Betis, Rafael Gordillo.
Ambos equipos llegaban en condiciones muy diferentes a las de ahora, ya que el Madrid, con la Quinta del Buitre alcanzando su cénit, lo hacía batiendo récords de goles y de puntos en la liga; mientras que por parte blaugrana es verdad que se estaba gestando aquel gran equipo que, con Johann Cruyff como entrenador, enamoraría al mundo del fútbol en los cuatro años siguientes; pero lo cierto es que, a una distancia sideral en el campeonato doméstico y eliminado en Europa, el puesto del técnico holandés, que cumplía su segunda temporada en el banquillo, pendía verdaderamente de un hilo. Al final, el convincente triunfo del Barça por 2-0, el 23º de los azulgrana en la Copa, dejó en su sitio a Cruyff, por fortuna para el barcelonismo y para el fútbol, en general.
El Barça, necesitadísimo como decimos de aquella victoria, alineó a Zubizarreta, Aloisio, Alexanco, Koeman, Amor, Bakero, Julio Salinas, Eusebio, Laudrup, Roberto y Beguiristain; mientras que, por el Madrid, John Benjamin Toshack puso a Buyo, Chendo, Gordillo, Fernando Hierro, Sanchís, Ruggeri, Butragueño, Míchel, Hugo Sánchez, Martín Vázquez y Schuster; siendo el gallego Raúl García de Loza el colegiado de un encuentro calentito y emocionante que acabaría cayendo, sorpresivamente, del lado barcelonista.
Para ello fue muy importante la expulsión de un jovencísimo Fernando Hierro poco antes del descanso. El defensa malagueño, que había llegado a la capital el verano anterior procedente del Valladolid, vio su segunda amarilla tras un claro planchazo a Roberto -el posteriormente llamado «Robert», que también jugó en el Valencia y el Villarreal-, y dejó a su equipo con un jugador menos durante toda la segunda parte.
Aún así, la igualdad fue tal que parecía que la final se marcharía a la prórroga; hasta que en el minuto 78 el cañonero holandés Ronald Koeman -el jugador con mejor y más potente disparo de todos los que yo he podido ver en vivo- agarró un balón a treinta metros de la portería y soltó un zambombazo raso que Buyo sólo pudo despejar. El rechace le cayó a Beguiristain que, en el área pequeña, centró en vaselina para que Guillermo Amor cabeceara al fondo de las mallas y pusiera la Copa de cara para el Barça.
De ahí al final el Madrid se lanzó a la desesperada, sufriendo las contras de un Barça que pudo haber hecho el segundo mucho antes. Julio Salinas falló una doble ocasión clarísima ante Buyo poco antes de sentenciar el duelo a los 91 minutos. El célebre delantero azulgrana y de la selección española batió a Buyo tras un excelente pase del revulsivo Miquel «Nanu» Soler, que le robó magistralmente la cartera a Chendo y asistió al vasco para que resolviera definitivamente el signo de la final.
Una final que tuvo su nota triste cuando, en la vuelta de honor del Barça, un desgraciado ubicado en la zona de los hinchas merengues lanzó un objeto que impactó en la cabeza de Zubizarreta. Por suerte, nada le sucedió al fenomenal guardameta de Aretxabaleta.
En 2011 Barça y Madrid repetirán final y ¿escenario? el 20 de abril, sólo cuatro días más tarde de batirse en el partido que podría ser el que dejara sentenciado definitivamente el campeonato de liga. ¿Pronósticos? Si se jugara la semana que viene apostaría por la repetición del 5-0 liguero del Camp Nou, así de claro; pero dentro de seis días lo que se juega es un amistoso entre España y Colombia, y no la final de Copa. Así que esperaremos a ver cómo llegan ambos conjuntos al Miércoles Santo -vaya diíta, por cierto, para jugar una final-; aunque de lo que estoy seguro es de que el choque será más que apasionante.
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