1992: Miguel Indurain, primer español en ganar el Giro de Italia


MI PARTICULAR MEMORIA DEPORTIVA (9)

Ahora que el Giro de Italia 2010 está a punto de terminar -y de decidirse-, creo que es el momento oportuno para recordar otro hito histórico para el deporte español, de los presenciados por servidor de ustedes.

Una de las “picas en Flandes” que le faltaba por poner al ciclismo español en 1992 era la de la carrera de la “maglia rosa”, una ronda que se nos resistía sistemáticamente por dos razones: porque preferíamos la Vuelta -por entonces celebrada año tras año en el mes de abril- y el Tour, y porque en el Giro los corredores italianos siempre han sido tremendamente difíciles de batir. Años atrás lo habían intentado hombres ilustres del pelotón nacional como José Manuel Fuente, el “Tarangu”; Paco Galdos y Marino Lejarreta, el “Junco de Bérriz”, pero no tuvieron éxito pese a que se quedaron muy cerca de lograr la victoria.

Pero aquel año iba a cambiar la historia, gracias al mejor deportista español de todos los tiempos. Miguel Indurain, al año siguiente de ganar su primer Tour, decidió variar su preparación de cara a la ronda francesa: renunció a la Vuelta a España, prueba donde en 1991 había sido segundo y donde se le exigía tal vez más de lo que por abril podía dar, y probó en el Giro, donde estaría más libre de presión; justo lo contrario de lo que hizo su gran rival, Gianni Bugno, que “huyó” del Giro para centrarse exclusivamente en el Tour.

Indurain, al contrario de lo que todos esperaban, se iba a presentar en Italia como segundo de a bordo de Jean François Bernard, el líder en principio del Banesto para aquella carrera, pero una lesión del francés poco antes de comenzar le impidió tomar la salida, con lo que “Miguelón” tuvo que ser, una vez más, el único jefe de filas de la escuadra de José Miguel Echávarri y Eusebio Unzúe.

Y Miguel comenzó fuerte. En la primera etapa -lo que en otras carreras sería la etapa prólogo-, una contrarreloj de 10 kilómetros en Génova, sólo un fallo con el cambio sufrido a mitad del recorrido le impidió superar al gran especialista en prólogos y contrarrelojes cortas de la época, Thierry Marie. Indurain quedó a tres segundos del francés; a tres segundos de vestir por primera vez la “maglia rosa”, algo que no hacía un español desde que la llevara Paco Galdos en 1975.

Líder en la Toscana
Dos jornadas más tarde, sin embargo, camino de Arezzo, en plena Toscana, en la tierra natal de mi querido amigo Massimo Bertini y del entrañable Guido Orefice -véase La vida es bella-, comenzó a escribirse la leyenda de Indurain como primer español en ganar el Giro. A pocos kilómetros de la meta, en un pequeño puerto que responde al nombre del Foce di Scopetone, “Il Diavolo” Claudio Chappucci lanzó un demarraje que sólo pudo ser respondido por su compatriota Giorgio Furlan y por… “Miguelón”. Los tres hicieron una selección en la que terminaron entrando todos los favoritos, pero en la que no lo pudo hacer Marie. La “maglia rosa”, pues, era de Miguel Indurain.

Una “maglia rosa” que quedó consolidada al día siguiente, tras una dura contrarreloj de 34 kilómetros entre Arezzo y Sansepolcro, la gran especialidad del navarro. Indurain, en un terreno rompepiernas, batió por 32 segundos a su compañero Armand De las Cuevas, y además sacó más de un minuto a Chiappucci y más de dos a Franco Chioccioli, el veterano corredor italiano, parecidísimo físicamente al gran Fausto Coppi -de hecho en Italia le llamaban “Coppino”-, que el año anterior había tenido su momento de gloria venciendo en la carrera italiana.

Desde entonces los ataques de los italianos hacia el campeón español se sucedieron sin descanso. En el Terminillo -la conocida montaña de “Il Duce” Mussolini-, un buen escalador como Roberto Conti, situado muy cerca en la general, le puso las cosas difíciles con una escapada que Indurain abortó en el último kilómetro de ascensión. La etapa fue para “Lucho” Herrera, el gran escalador colombiano, pero Miguel, además de mantener la “maglia”, logró algunos segundos sobre Chiappucci y tres minutos y medio sobre Chioccioli. Un Chioccioli que, 24 horas más tarde, lanzó un furioso ataque camino de Imola que sorprendió al Banesto, recuperando gran parte del tiempo perdido en el Terminillo.

En Corvara, casi “a lo Merckx”
Pero fue en los Dolomitas, en la 12ª etapa, camino de Corvara-Alta Badia, donde Indurain dio, a mi entender, su gran exhibición de aquel Giro, más allá de las contrarrelojes. El italiano Franco Vona, gregario de Chioccioli, marchaba escapado hacia la victoria. Por detrás, a seis kilómetros de la llegada, tras coronarse el Passo di Campolongo -último de los cuatro duros puertos incluidos en aquella gran jornada-, Claudio Chiappucci y Marco Giovanetti demarraron en el descenso.

Era una etapa marcada por la lluvia caída durante los últimos kilómetros, lo que hacía peligrosísimo el tránsito. Por ello Indurain prefirió ser conservador; pero cuando llegó el llano, cabreado tremendamente con los dos corredores italianos por atacar en el peligrosísimo descenso, se fue tras ellos, recuperó el terreno que le habían tomado y, en plena línea de meta, los sobrepasó.

Tamaña gesta le sirvió para ser segundo tras Vona, y para tomarles cuatro segundos de bonificación a Chiappucci y ocho a Giovanetti. No sirvió para ganar la etapa, pero qué queréis que os diga, cada vez que la recuerdo se me pone la piel de gallina por la enorme autoridad mostrada por Miguel en aquella complicada jornada.

Las siguientes etapas de montaña, tanto en los Dolomitas -Monte Bondone- como en los Alpes -Monviso, Pila-, sirvieron para consolidar el liderato y el dominio ejercido por Indurain en el Giro, por delante de Chiappucci y de Chioccioli, segundo y tercero respectivamente. En la última de ellas, con final en Verbania, Chioccioli lanzó su último gran ataque en el Alpe de la Segletta, que sólo pudieron seguir Indurain y Chiappucci en primera instancia y Massimiliano Lelli después. En el descenso, Indurain “llevó” hasta la meta a sus tres acompañantes, ganando “Coppino” el sprint en Verbania.

Indurain dobla a Chiappucci en Milán
Sólo quedaba por cubrir el “trámite” de la contrarreloj de 66 kilómetros entre Vigevano y Milán, con final en el Parque Sempione. Allí, sobre un terreno tan llano como la palma de mi mano, Indurain terminó por cortar las dos orejas y el rabo, doblando a falta de cuatro kilómetros para la llegada a un Claudio Chiappucci que había salido tres minutos antes que él. Aquélla fue, y seguirá siendo, una de las imágenes clásicas de la carrera deportiva del enorme campeón navarro.

“Miguelón” se coronó, definitivamente, como el primer corredor español en vencer en el Giro. En Milán, flanqueado por Chiappucci y por Chioccioli y, entre otros, con sus emocionados padres entre el público, le pusieron por útima vez en 1992 la “maglia rosa”, desatándose la fiesta en Villava, su localidad natal. No era para menos.

Indurain repitió victoria en 1993, y luego hubo que esperar quince años hasta que ganara Alberto Contador en 2008. Este año tenemos a otro español, David Arroyo, colocado como líder a falta de las dos últimas grandes etapas dolomíticas y de la contrerreloj final en Verona. La lógica dice que ante corredores como Ivan Basso y Cadel Evans no debería aguantar viendo que, por el camino, todavía quedan por pasar dos “supercolosos” como el Mortirolo hoy y el Gavia mañana; pero como soñar es gratis y no cuesta nada, a ver si hay suerte y el domingo por la tarde podemos contar el cuarto triunfo de un español en el Giro de Italia, la carrera de la “maglia rosa”.

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  1. #1 by Esperanza on 29 mayo 2010 - 23:40

    Qué bueno, Massimo Bertini, parece un deportista más 😀

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