Archive for category Cultura y espectáculos

«Por los pelos»: la «contracrítica»

Tomo la palabra a mi ya estimado Marcelo Casas, y por ello titulo de esta forma este artículo, destinado a ofrecer una segunda visión acerca de esta peculiar obra de teatro que tanto éxito está teniendo allá por donde va. Pero, a diferencia de lo que me sugirió en la noche del pasado viernes, no la voy a realizar partiendo del trabajo desempeñado por algún crítico profesional, sino de lo que yo mismo expuse en el espacio que están ustedes viendo allá por las últimas fechas del pasado mes de octubre, durante su anterior visita a Sevilla.

Gracias a la gentileza de Por los Pelos Teatro/Producciones Marcelo Casas y a la de una de sus productoras, Laura Santana, el destino nos proporcionó una segunda oportunidad a mí y a mis amigos principales para poder disfrutar de nuevo de esta forma de hacer teatro, en la que se cumple como nunca la máxima escénica que reza que ninguna representación es igual a la anterior.

Como muy bien dice en su blog mi muy querida amiga y compañera teatral Laura López, desde el momento en el que ocupamos nuestros respectivos asientos en el Teatro Quintero ya no éramos -a excepción de los «noveles» Massimo y Mª Jesús- los típicos espectadores que acuden a una función esperando a ver qué les ofrecen; para nada. Sabíamos perfectamente a lo que íbamos, lo que siempre supone para quien actúa -aunque no sea consciente de ello porque ni mucho menos tiene por qué saber si quien le observa ya lo ha visto con anterioridad- una dificultad extra a la hora de ser evaluado. Y a fe que esta obra y este elenco han superado esto con creces.

El lugar, el mismo: el Salón de Estética Unisex Tony´s; los protagonistas, los de la vez anterior, a excepción de Pablo Paz -el agente de policía Miguel Torres-, sustituido por Arturo Gregorio; la trama, la que todos ya conocemos; la calidad interpretativa, la misma o mejor aún. El desenlace, desgraciadamente, idéntico al de la vez anterior, a pesar de lo que luchamos por evitar que saliera de nuevo como asesino el personaje de Alicia Martos; aunque ello nos dio la oportunidad de disfrutar de nuevo con las extraordinarias dotes artísticas de Eva García-Vacas, capaz de pasar en un pis-pas, de forma sobresaliente, del «estilo Belén Esteban» al drama puro y duro.

Pero entre medias, el plato fuerte de la obra, la interacción con los espectadores, que nos volvió a ofrecer instantes realmente memorables. Es extremadamente divertido que te ofrezcan la oportunidad de hacer de testigo en un caso como éste; y eso, como en cada una de las funciones, lo volvió a agradecer el también llamado «respetable».

Un público mayoritariamente de la tercera edad, que parece haber encontrado su hueco en la primera representación de los viernes, la de las 19:00; lo mismo que las familias y la gente más joven también gozan del suyo. Porque Por los Pelos es una obra que gusta a todo el mundo, ya que no sólo te brinda la oportunidad de intercambiar opiniones con los personajes -en la sala, y durante el descanso en el ambigú-, sino incluso de subir al escenario y participar sobre las tablas, como así sucedió en la temprana sesión del pasado viernes.

Y si además de hablar con los personajes también puedes hacerlo con los actores una vez terminado su trabajo, la noche adquiere ya tintes realmente mágicos para todos aquellos a los que nos gusta el buen teatro. Desde DAME UN SILBIDITO quiero agradecerle a Laura Santana la oportunidad concedida, así como a los fenómenos Marcelo Casas -me quedo con las ganas de ver el final de Tony-; Juanjo Pérez Yuste -de «policía», de «ladrón», pero lo importante en estos tiempos que corren es seguir trabajando-; Jesús Cabrero -como bien sabes, votamos por tu «alter ego» Eduardo López, pero sin rencores, ¿ok?-; Pilar Barrera -¿incriminarán algún día a tu Pitita, «Señora de la Mar Serena»? Sería muy interesante, artísticamente, verte ahí-; y Eva García-Vacas -de vez en cuando es bueno «librarse» de la policía, aunque si salir culpable supone verte actuar, entonces que te cojan las veces que quieran-.

¿Por qué? Entre otras cosas, por la amabilidad y la sencillez demostrada en el trato humano con nosotros; por la paciencia que tuvisteis a la hora de satisfacer todas nuestras curiosidades -muy especialmente las mías, que no fueron pocas-; y por compartir con nosotros, además de unos minutos de tertulia en los albores de la madrugada, el recuerdo gráfico que ilustra esta «contracrítica». Ojalá podamos volver a vernos muy pronto, con Por los Pelos -de verdad que no me importaría una tercera vez-, o con lo que venga bien.

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Cuando el tiempo es oro

CRÍTICA DE CINE

PELÍCULA: IN TIME
DIRECTOR: Andrew Niccol
REPARTO: Justin Timberlake, Amanda Seyfried, Cillian Murphy, Vincent Karthesier, Olivia Wilde, Alex Pettyfer, Matt Borner, Johnny Galecki
PRODUCCIÓN: New Regency Pictures, Strike Entertainment
GÉNERO: Ciencia-ficción
NACIONALIDAD: USA
DURACIÓN: 109 minutos (aprox.)
CALIFICACIÓN: * * * (sobre 5)

Valga este titular entre la famosa frase que algunos atribuyen a Benjamin Franklin y el conocido programa de TVE que presentaba Constantino Romero a finales de los 80 para referirnos a este nuevo producto de la industria norteamericana del cine, que no es ni mucho menos perfecto pero, al menos para mí, sí bastante mejor y con más contenido que algunos otros.

Nos encontramos en un mundo imaginario, donde el tiempo de vida y las riquezas económicas se unen en un todo que dictamina que una persona deja de envejecer a los 25 años, disponiendo desde entonces de un año de vida para su administración.

Éste puede aumentar o disminuir, a través de un reloj biológico, dependiendo de la gestión y el manejo del mismo, pudiéndose ganar o perder tiempo del mismo modo en el que mengua o se incrementa la cuenta corriente de una persona normal. El tiempo, pues, como moneda de cambio (ya sea de forma honrada o bien a través de las distintas formas de robo) para evitar la superpoblación.

En esas, un joven llamado Will Salas (Justin Timberlake), de escasos recursos «tempoeconónicos», debe intentar sobrevivir en un mundo sin escrúpulos, tras ser acusado erróneamente de haber cometido un crimen para apropiarse de un siglo de vida, un auténtico tesoro en las zonas marginales en las que él se ha criado desde niño.

Todo ello en una película sin excesivos alardes pero bastante bien narrada e interpretada. Una buena metáfora de y contra el sistema capitalista (y también en cierto modo contra el deseo de envejecer y el mito de la eterna juventud), en la que tanto Salas como la joven heredera Sylvia Weiss (Amanda Seyfried) forman una peculiar pareja con claras reminiscencias de Bonnie & Clyde más el espíritu de Robin Hood.

Intentar lograr -de la forma que el lector ya se puede ir imaginando- una distribución más equitativa, más igualitaria del tiempo entre las clases sociales, en contraposición con el propósito del multimillonario padre de la muchacha, Phillip Weiss (Vincent Khartesier), y de la tenaz persecución del policía «guardián del tiempo» (un magnífico Cillian Murphy): ese es el objetivo. ¿Lo conseguirán? Pueden ustedes ir a su cine favorito para comprobarlo sin ningún temor a desperdiciar el dinero… perdón, el tiempo.

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«Leyendo» al Pato Donald

Revisando algunas de mis anteriores «vidas cibernéticas», me reencontré con este artículo, escrito hace casi tres años, y que me gustaría volver a compartir, esta vez a través del presente espacio.

Caminante, no hay camino; se hace camino al andar, escribió Machado. Y Disney, en cambio, canta otros versitos: Caminante, sólo hay caminos; no te eches a andar”.

De esta forma tan llamativa comienza uno de los capítulos de un libro que, después de ser leído, podría cambiar la concepción que una persona tiene sobre uno de los iconos de la infancia de cualquiera: los personajes de la factoría Disney.

PARA LEER AL PATO DONALD. COMUNICACIÓN DE MASA Y NACIONALISMO es un ensayo escrito por los reputados sociólogos y teóricos de la comunicación de masas Ariel Dorfman y Armand Mattelart. En él, desde una perspectiva eminentemente marxista, ambos critican el papel desempeñado por Walt Disney como promotor, de manera suave y sibilina, de la difusión del “american way of life” en literatura de masas (principalmente dirigida a “la base”, los niños, claro). Su tesis principal es que las historietas publicadas en su revista Disneylandia (dirigida a la América latina) no sólo son un reflejo de la ideología anteriormente mencionada, sino que, además, Disney debería ser considerado como cómplice activo y consciente a la hora de difundirla.

Todo ello a través de teorías como, por ejemplo:

1) La desaparición de la figura del padre. En las aventuras de los personajes Disney no hay padres, sólo tíos y sobrinos; y además, los pequeños suelen ser siempre más inteligentes que los mayores. Así, en la vida real, los padres no se oponen a que los niños lean las revistas porque no temen que se les “rebelen”: en las mismas, los “peques” siempre terminan sobreponiéndose a los “titos”, no a los “papis”.

2) El consumismo y la “ociosidad del trabajo”. Éste no es algo que haga falta, sino una actividad ociosa, un mero consumir del tiempo libre. Para ello, Dorfman y Mattelart ponen el ejemplo de una historieta en la que el Lobo Feroz termina atrapando a los tres cerditos, pero el cerdito Práctico (el listo, para que nos entendamos) acaba por convencerle para que los suelte, con el siguiente argumento: “¿En qué te vas a divertir ahora que nos tienes atrapados? No tendrás nada que hacer, fuera de estar sentado, envejeciendo antes de tiempo”. En resumen, el Lobo Feroz termina por pensar sobre su trabajo que eso es lo que le entretiene más que nada.

Ambos meten a todos los personajes en el mismo saco, pero se centran sobre todo en la familia de los patos: Donald, los sobrinitos y el Tío Gilito (o Tío Rico, como también le llaman), porque son ellos los máximos exponentes y encargados de la difusión de la ideología estadounidense en América Latina, donde el Pato Donald es el personaje más popular (el libro salió publicado en Chile en 1971-72).

El libro es muy interesante, más allá de si se está de acuerdo o no. Objetivamente, Dorfman y Mattelart tienen toda la razón del mundo en la mayoría de las cosas que afirman, pero a veces se pasan un poco. Los que bien me conocen saben que yo no soy sospechoso de ir a favor de lo americano; pero lo cierto es que desde niño he disfrutado como un enano con las aventuras de Mickey, Donald, Goofy y compañía, y siempre he tenido la cabeza muy bien amueblada, sin dejarme influenciar.

Así que, para desagraviar un poco a Disney y sus personajes, dejo estos dos magníficos cortos, dos verdaderas obras de arte, recomendadas para gente de todas las edades:

EL CONCIERTO DE LA BANDA, con Mickey y su orquesta intentando tocar la obertura de la ópera Guillermo Tell, y el Pato Donald, literalmente, dando por saco:

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EL VIEJO MOLINO, realmente emocionante y espectacular donde los haya:

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Sin embargo, sí estoy de acuerdo con aquello que, por lo general, se comenta del doble mensaje de las animaciones de Disney. Un ejemplo lo tenemos en el corto de EL PATITO FEO.

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…¿o quizás debería llamarse «el patito bastardo«? Porque las circunstancias en las que aparece son muy sospechosas, y además, la discusión entre papá pato y mamá pata se podría interpretar… de aquella manera. Vedlo vosotros mismos.

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En efecto, otro teatro es posible

CRÍTICA TEATRAL

OBRA: LA CASA DE BERNARDA ALBA
AUTOR: Federico García Lorca
COMPAÑÍA: TNT-EL VACIE
REPARTO: Rocío Montero Maya (Bernarda), Mª del Carmen Lérida (Josefa, la abuela loca), Lole Del Campo Díaz (Martirio), Sandra Ramírez Montero (Angustias), Ana Jiménez García (Magdalena), Carina Ramírez Montero (Amelia), Sonia Joana Da Silva (Adela), Pilar Montero Suárez (Criada) y Bea Ortega (Poncia).
VERSIÓN/DIRECCIÓN: TNT-EL VACIE/Pepa Gamboa
LUGAR: Centro TNT (Sevilla)
DÍA: 11-11-2011
AFORO: Casi completo
DURACIÓN: Algo más de una hora (sin contar el homenaje previo a Mari Luz Navarro, la antigua «abuela loca»)
CALIFICACIÓN: * * * * (Sobre 5)

Debo reconocer que el pasado viernes acudí al sevillano Centro TNT con curiosidad, intriga y también algo de escepticismo, no por dudar del enorme trabajo desempeñado por la compañía TNT y por las gitanas de El Vacie, eso jamás en la vida; sino por el resultado final del mismo, visto desde la óptica de un buen conocedor (que no excelso aficionado) del teatro de Federico García Lorca.

Pese a las críticas notablemente positivas cosechadas por la obra en los dos años que lleva en escena, tenía que ver cómo entraba por los ojos de un servidor una representación en la que a duras penas se iba a poder «escuchar» al propio Lorca, por mucho que su espíritu fuese rigurosamente respetado.

Y el resultado difícilmente puede ser mejor. Un montaje, como es lógico, adaptado a «personas sin alfabetizar que sólo habían pisado una vez en su vida un teatro» (dice textualmente el programa de mano); un montaje visiblemente distinto a lo que se puede observar en una puesta en escena de las denominadas «clásicas» de este texto, obra señera donde los haya dentro de la historia del teatro español; pero un montaje que deja más que satisfecho a cualquier buen aficionado al teatro que, además, goce de un mínimo de sensibilidad.

La preeminencia del texto escrito y recitado, típico del universo literario lorquiano, deja paso aquí a las expresiones artísticas más características de la idiosincrasia y la cultura gitana: el baile y el cante popular al estilo flamenco. Todo ello en aproximadamente una hora, para permitir el lucimiento de un elenco de artistas (se les debe llamar así) que han encontrado en el teatro, y en el espectáculo en general, un motivo para evadirse temporalmente de las penurias que sufren en el enclave chabolista ubicado al norte de Sevilla y, al mismo tiempo, también para reivindicar tanto una mejora de sus condiciones de vida como, en el plano artístico, que otro teatro es posible.

Porque ese precisamente es el lema del equipo encabezado por Pepa Gamboa y por quienes podéis observar en el reparto. Un lema que se cumple a la perfección, tal y como ocurre también, por ejemplo, en aquellos centros escolares que gozan de personal que apuesta por preparar regularmente este tipo de actividades para los niños. Sobre todo, sin desmerecer a los demás, en los más marginales -lo dice quien ha ayudado a su padre durante años a montar algunos de éstos en un colegio de este tipo en San Juan de Aznalfarache-.

Al son que marca Poncia (interpretada por la paya Bea Ortega) transcurre la narración de los acontecimientos de esta versión, en la que la garra de las gitanas que forman el clan de Bernarda Alba (según la sobrina de Lorca esta es la «Bernarda» que quería su tío) por momentos llega a poner los vellos de punta al público asistente con su manera de interpretar y de hacernos ver los principales temas de la obra, muy al estilo de la etnia gitana: el encerramiento de la mujer y la única preocupación de la matriarca de mantener las apariencias con respecto a la honra de la familia, aún a costa de falsear la llamada prueba del pañuelo.

Todavía, dentro del homenaje a Mari Luz Navarro -la gitana que hacía el papel de la abuela loca y que, por desgracia, falleció recientemente- el grupo TNT-EL VACIE dará un par de funciones más en Sevilla, los días 25 y 26 de noviembre. Una buena ocasión para quienes todavía no hayan visto el montaje lo hagan, porque puedo asegurar que merece muy mucho la pena.

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La interactividad en el teatro, en estado puro

CRÍTICA TEATRAL

OBRA: POR LOS PELOS
AUTOR: Paul Pörtner
COMPAÑÍA: Producciones Marcelo Casas
REPARTO: Marcelo Casas, Eva García-Vacas, Juanjo Pérez Yuste, Jesús Cabrero, Pilar Barrera y Pablo Paz.
VERSIÓN/DIRECCIÓN: Marilyn Abrams y Bruce Jordan/Cesáreo Estébanez
LUGAR: Teatro Quintero (Sevilla)
DÍA: 29-10-2011 (sesión de las 22:30)
AFORO: Casi completo
DURACIÓN: 2 horas y 15 minutos (duración variable), con un descanso de 10 minutos
CALIFICACIÓN: * * * * (Sobre 5)

Los aficionados al teatro debemos estar agradecidos a seis personas: de una parte al dramaturgo alemán Paul Pörtner, por haber creado en 1963 la obra Scherenschnitt oder Der Mörder sind Sie; de otra, a los señores Marilyn Abrams y Bruce Jordan, por traducirla al inglés y adaptarla bajo el nombre de Shear Madness, para difundirla por los Estados Unidos -y luego por el resto del mundo-; también a Marcelo Casas, productor y protagonista principal de este montaje, por el éxito -justificado- que está teniendo allá donde lo está llevando; a Cesáreo Estébanez, el popular «Romerales» de Farmacia de guardia , por la excepcional dirección escénica; y, por último, a Jesús Quintero, popularmente conocido como el «Loco de la Colina», por haber traído la obra a Sevilla.

¿Por qué debe justificarse tal agradecimiento? Pues por el buen nivel tanto de la trama como de los actores… pero sobre todo, por dar rienda suelta de forma excelente a la participación de los espectadores. Y es que la interactividad entre público y actores se convierte en la peculiar y principal característica de esta obra que ha gozado de diez meses de éxito ininterrumpido en Madrid, y que mañana culmina un bagaje similar de tres semanas en el Teatro Quintero, el recinto de la céntrica calle Cuna.

Todo comienza en el Salón de Estética Unisex Tony´s, la típica barbería/peluquería en la que, más incluso que atender a los clientes, los trabajadores se dedican a cotillear, marujear y desvariar hasta tal punto que su dueño, Tony Luján (Marcelo Casas) se «convierte» en una diva del cine delante mismo de su sorprendida y, por momentos, desesperada. clientela. De repente, se comete un asesinato, llega la policía y todos los allí presentes quedan retenidos como sospechosos del crimen.

Y es ahí donde entramos en el juego los espectadores. Como únicos testigos, se nos pedirá la colaboración pertinente, pudiendo realizar todo tipo de preguntas al comisario encargado de la investigación (Juanjo Pérez Yuste) sobre los sopechosos, y decidiendo quién es el culpable, lo que hace que cada representación pueda desembocar en un final absolutamente diferente con respecto a la anterior.

Como los lectores se pueden imaginar, otro de los puntos fuertes de la obra es la capacidad de improvisación de los actores -la mayoría rostros más o menos conocidos de la televisión, especialmente para los fans de la telenovela Amar en tiempos revueltos-, especialmente cuando el público entra en acción, para poder mantener la coherencia de las historias de cada personaje, y también para compatibilizar de manera adecuada con los espectadores con el objetivo de mantenerles permanentemente con la carcajada en sus rostros.

Y en eso Marcelo Casas, sin desmerecer a los demás, es el rey absoluto de la función, ganándose al público con su desparpajo y su peculiar forma de interpretar al extrovertido Tony, el peluquero homosexual y amanerado propietario del salón. Hasta tal punto es capaz de llegar su improvisación que en la función que servidor de ustedes fue a ver uno de sus gestos provocó lo que en cualquier otro tipo de obra habría sido un error imperdonable -que alguno(s) de los actores se descojone(n) en el escenario hasta el punto de tener que «parar» durante algunos minutos-, pero que en ésta sirvió para que la gente congeniara un poco más si cabe con quienes estaban en el escenario.

Claro que un montaje difícilmente se sostiene con un solo actor, por muy bueno que sea; y ahí a Casas le dan una excelente réplica todos y cada uno de sus compañeros de escena, desde el comisario y su ayudante (Pablo Paz) hasta la señora rica y elegante, llamada «de la Mar Serena», interpretada por Pilar Barrera, pasando por el anticuario «yuppie de las Tres Mil» (Jesús Cabrero). Pero quizás la más destacada del resto sea Eva García-Vacas, capaz de llevar a un personaje, la señorita peluquera Alicia Martos, con un registro a lo Belén Esteban perfectamente mantenido durante toda la representación, y de darle cuando se le declara culpable -como se puede comprobar ese fue el final que eligió el respetable en el pase que estoy comentando- un tono dramático digno de una notable actriz.

En definitiva, una obra altamente recomendable cuya crítica no quiero dejar sin felicitar a mi querida amiga Laura López («CAS«), porque su intervención fue, con mucha diferencia, la mejor de todas las que se hicieron desde el público. Y que conste que en absoluto lo digo por ser quien es.

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«Lágrimas por una medalla» y «Mañana lo dejo»: la cara y la cruz del deporte de élite

1996. Juegos Olímpicos de Atlanta. En un período escasamente de una semana el deporte español conquista sus cinco medallas de oro, de un total de 17. La vela, histórico vivero de preseas olímpicas donde los haya, nos dio dos de ellas (Fernando León/J.L. Ballester en Tornado y Theresa Zabell/Begoña Vía Dufresne, en 470); mientras que Miguel Indurain (acompañado en el podium por Abraham Olano) logró, en la prueba contrarreloj de ciclismo, la última de ellas.

Pero, cobrando un cariz muy especial la del gran «Miguelón», sin duda las que más llegaron al buen aficionado al deporte fueron las otras dos. El casillero de oros lo inauguró uno de los mejores equipos que ha tenido España en toda su historia, el de waterpolo; un conjunto, el capitaneado por Manel Estiarte, al que el triunfo se les había negado sistemáticamente en varias finales de campeonatos internacionales (sobre todo la de Barcelona 92), pero que con aquel oro iniciaron una era de dominio en el waterpolo internacional, con dos mundiales en un período de cinco años.

Y, por otra parte, dos días antes de la clausura, el equipo español de gimnasia rítmica se proclamó campeón olímpico en la primera competición de conjuntos en la historia del olimpismo, tal y como recordamos en este espacio en su momento. Una medalla que este grupo también venía buscando con ahínco desde su formación, en 1994-95, y que también se les había negado por sistema tanto en mundiales como en europeos. Un oro que, además, les hizo convertirse en las campeonas olímpicas españolas más jóvenes de la historia, toda vez que sus edades oscilaban únicamente entre los 15 y los 17 años.

Entre los waterpolistas, además de Estiarte y del portero, Jesús Rollán, destacaba PEDRO «TOTO» GARCÍA, otro de los estandartes de aquella gloriosa generación; mientras que una de las componentes del conjunto de rítmica era la vitoriana TANIA LAMARCA; sí, aquella cuyas lágrimas de emoción mientras sonaba el himno nacional nos llegaron al alma de todos los que estábamos viendo la competición a través de la pequeña pantalla (y que a mí, 15 años después, todavía me siguen conmoviendo cada vez que recuerdo el momento).

Tanto Pedro como Tania estaban viviendo, después de años de dura preparación y de intensa lucha a lo largo de los años, la gloria absoluta dentro del mundo del deporte: ser campeones olímpicos y estar en la cresta de la ola. Pero no todo iban a ser sonrisas. Además de los esfuerzos que tuvieron que realizar para llegar tan alto -compensados porque practicaban lo que les gustaba-, la vida estaba a punto de darles una dura lección.

Cuatro años antes, en la víspera de los Juegos de Barcelona, Pedro tuvo que confesar su adicción al alcohol y a las drogas, las cuales consumía por puro placer, nunca para aumentar su rendimiento deportivo. No obstante, tuvieron que pasar once años para que se diera realmente cuenta de lo que le estaba pasando, y se cerciorara que, de continuar así, posiblemente sus días de existencia finalizaran bastante más pronto de lo deseado.

Tania, por su parte, después de verse obligada a dejar el equipo por razones de sobrepeso, sufrió, como otras compañeras, la incomprensible dejadez por parte de la Federación Española de Gimnasia a la hora de incorporarse a la vida «real», después de años metida dentro de la «burbuja» del deporte. Un período en el que aprendió a ser una persona independiente; a competir; a no rendirse ante las exigencias diarias del entrenamiento de un deporte tan duro como la gimnasia rítmica; a conocer a compañeras que, con el tiempo, llegaron a ser grandes amigas… mas no a prepararse para luchar, una vez dejado el deporte, en la «jungla» de la vida. Entre otras cosas porque no sólo no la asesoraron ni la ayudaron para ello, sino que incluso intentaron «tangarle» (a ella y a todo el conjunto) la prima correspondiente al oro merecidamente ganado en la cita olímpica del 96, la cual les abonaron nada menos que cuatro años más tarde gracias a las denuncias diarias del mítico periodista José María García.

Un oro que, dicho sea de paso, estuvieron a punto de perder una vez recibido, por el riesgo que corrió la federación de obligarles a ponerse, cuando salieron al podium, un maillot con el logotipo -que no el nombre, eso sí- de su patrocinador, estando prohibidísimo por el Comité Olímpico Internacional cualquier tipo de publicidad. Todo a cambio de un dinero del que las chicas no vieron ni una sola peseta.

Ambos, superados sus respectivos problemas, decidieron reflejar sus vivencias en sendos testimonios publicados en 2008: MAÑANA LO DEJO (Pedro García Aguado, editorial Bresca) y LÁGRIMAS POR UNA MEDALLA (Tania Lamarca, en colaboración con la periodista Cristina Gallo, editorial Planeta/Temas de Hoy); dos relatos profundamente conmovedores en los que, además de hacernos partícipes de toda la gloria deportiva que llegaron a conseguir, aleccionan a quien corresponda con sus experiencias para que, en un futuro, las diferentes generaciones de deportistas y de organismos relacionados con el deporte no cometan los errores que les llevaron a ellos (y a algunos de sus compañeros) a sufrir, bien en activo bien una vez retirados del deporte, los tumbos que les hicieron pasar posiblemente los peores años de sus vidas. Son dos libros que, por fin, pudieron llegar a mis manos no hace muchos días y que, una vez leídos, recomiendo absolutamente a cualquiera que se anime a hacerlo.

Hoy en día Pedro -ahora García Aguado y no el apodado «Toto» en la selección- es una persona sana, libre de cualquier adicción -lo que no pudo conseguir su tristemente fallecido compañero y amigo Jesús Rollán- y dispuesto a ayudar a los demás gracias a su programa Hermano Mayor, de Cuatro; mientras que Tania también ha encontrado su lugar en la vida, felizmente casada y trabajando como técnico deportivo en Escarrilla, un pueblo del pirineo aragonés.

A Pedro lo conocí personalmente hace tres años, recién salido su libro, cuando vino a Sevilla a dar una charla sobre el tema; y pude departir unos minutos con él para expresarle mi alegría por la superación de sus adicciones. Con Tania aún no he tenido ese gusto; aunque es obvio decir que me encantaría, cara a cara o por otras vías, transmitirle personalmente mi felicitación por el libro, y también darle las gracias, con efecto retroactivo, por haberme emocionado, como a tantos otros aficionados españoles, aquella tarde/noche de principios de agosto, en 1996.

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Breves nociones de cultura aplicada al fútbol

Hoy, tomando el fútbol como excusa, toca exponer una serie de breves lecciones relacionadas con la cultura y la historia sevillana, andaluza y española, en general.

De todos es conocido el encarnizado pique que existe en la capital de Andalucía entre sus dos equipos de fútbol de élite, el Betis y el Sevilla. Rivalidad bien entendida en un amplio porcentaje de la misma, y que ayuda a ponerle un poco de sal y pimienta a esta vida que nos ha tocado vivir.

Pero, como se suele decir, en todos sitios cuecen habas, aunque no hablo ahora a los mamarrachos -prefiero llamarles así que no directamente delincuentes- ultras que suelen estropear la fiesta cada vez que hay derbi. No. Me refiero a los incultos, por no decirles catetos. Catetos sevillistas esta vez, aunque también entre los béticos hay alguno que otro.

Resulta que cada vez que el Betis consigue algo de cierta notoriedad -por ejemplo, ser líder de la liga tratándose de un recién ascendido y con un estilo de juego alabado por toda España y parte del extranjero-, algunos aficionados del equipo rival suelen divulgar por diversos foros de internet -y a veces también en la prensa escrita- la siguiente frase:

MI SEVILLA F.C. TIENE EL NOMBRE DE LA CIUDAD; OTROS, EL DE UNA CALLE

Lo cual a mí me causa entre pena e indignación, pero no porque pretendan meterse con el Betis -allá cada cual con lo que le haga feliz-, sino porque la frase muestra un grado de incultura tal que quienes la pronuncian demuestran, cuando lo hacen, no tener ni la más remota idea de lo que es la historia española en general y andaluza en particular.

Quiero recalcar de nuevo que no deseo ridiculizar a la afición del Sevilla (porque la incultura no es patrimonio de gente perteneciente a un sector concreto de la sociedad); sólo he visto en esta frase la excusa perfecta para hablar de lo que lo voy a hacer ahora; y, de paso, si alguien me lee, evitarle para la próxima un ridículo tal como hacen esos aficionados del equipo nervionense cada vez que abren la boca para decir lo mismo.

Es obvio que estos señores (y/o señoras) hacen mención a una de las calles más emblemáticas de Sevilla, la CALLE BETIS, situada en pleno barrio de TRIANA, junto al río GUADALQUIVIR. Lo que ellos parecen no saber es que el nombre de la calle no está puesto en homenaje al equipo… sino al río que divide la ciudad en dos partes muy diferenciadas, uno de los más importantes de nuestro país, más concretamente el 5º por extensión, y el que más de todo el sur español.

Porque, efectivamente, el RÍO GUADALQUIVIR (cuyo nombre deriva del árabe “Wadi-al-kabir”, y al que los fenicios llamaron río de Tartessos) es el RÍO BETIS, según los romanos. Este río nace en la jiennense Sierra de Cazorla, cruza todas las provincias de Andalucía occidental, desembocando en Sanlúcar de Barrameda, y su cuenca hidrográfica (de la que no voy a hablar porque ya sería extenderse demasiado) pasa por todas las provincias andaluzas, así como por parte de Murcia, Albacete, Ciudad Real y Badajoz.

Todo ello por no hablar de que tanto el río como su cuenca hidrográfica atraviesan la cordillera montañosa de Andalucía, llamada SISTEMAS BÉTICOS; y que gracias a él una de las cinco provincias de Hispania durante la época de los romanos, la que estaba más al sur de la península, se llamaba la BÉTICA («territorio del río Betis»).

Así pues, amigos seguidores de este espacio (y también aficionados sevillanos que adolecéis de cultura), creo que ha quedado perfectamente demostrado que, si bien el Sevilla pasea (y con mucho orgullo) el nombre de la capital andaluza, “otros” equipos llevan bastante, pero bastante más que el simple nombre de una calle.

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Diana Santos, la voz más encantadora del «universo Disney»

Siguiendo la línea iniciada hace algunas semanas cuando hablé de Florencio Castelló, y gracias también al ánimo indirectamente enviado por mi amigo profesor y poeta Rafa Parra Soler con su nuevo blog acerca del arte del doblaje, hoy me gustaría hacerle un modesto homenaje y recordatorio a otra de las voces que más me marcaron en la etapa inicial de mi vida, la de DIANA SANTOS. Pero no sólo por eso, sino sobre todo por tratarse de una de las actrices que más y mejores cosas han hecho a favor del doblaje en lengua española.

Alicia Diana Santos Colmenero nació en Veracruz, México, el 9 de junio de 1950; y desde muy pequeñita comenzó a «mamar» el arte de hacer y poner voces puesto que su padre fue ni más ni menos que el gran Edmundo Santos -la mano derecha de Walt Disney en Latinoamérica-, a quien otro día le dedicaremos un artículo puesto que también se lo merece; y su tío es otro grande, Francisco Colmenero -éste todavía bien vivito y coleando-, quien tomó las riendas de la dirección de los doblajes de Disney en México a la muerte de Edmundo, en 1977.

Con esos antecedentes es fácil pensar que nuestra Diana llegó a este mundo artístico por enchufe; y en cierto modo es verdad, puesto que su inefable progenitor tenía la costumbre de ir colocando ahí a sus familiares más o menos directos. ¿Suspicacias? En absoluto, puesto que Diana puso tantísimo de su parte que, a sus 61 años, es recordada, aún en activo, como una de las mejores actrices de doblaje en español de todos los tiempos, y también, en lo que a mí respecta, como la más entrañable de todas ellas por la simpatía que desprende en todas y cada una de las entrevistas que ha protagonizado, bien en medios escritos o audiovisuales.

Diana debutó en el doblaje a la edad de seis años, mientras que en 1961 intervino en su primera película de Walt Disney, 101 Dálmatas, en la piel de Lucky, uno de los perritos. De ahí hasta la fecha, un amplio currículum en la empresa, en el que destacan personajes como Lady Marian (Robin Hood); Christopher Robin en las historias de Winnie The Pooh; Bianca en Los Rescatadores (Bernardo y Bianca, en Latinoamérica) y Los Rescatadores en Cangurolandia; el niño del cortometraje Pequeño, un cuento de Navidad; Vixey, la simpática zorra, pareja de Tod en Tod y Toby (o El zorro y el sabueso, como se tituló en el continente hispanoamericano); Elena (Taron y el caldero mágico); Michael Banks (Mary Poppins, doblaje exclusivo para México); Bella (La Bella y la Bestia, también en el doblaje mexicano); Minnie Mouse; Daisy; pero, sobre todo, los protagonistas de las que siempre han sido mis dos películas preferidas de entre las realizadas por Disney y sus herederos: El libro de la selva (ella es MOWGLI); y Pedro y el dragón Elliott/Mi amigo el dragón (PEDRO, el «muchacho del dragón»), uno de los films más bonitos y tal vez menos conocidos de toda la «factoría Disney». En El libro de la selva, debido a que su señor padre no sabía cómo se iba a tomar el público que fuese una mujer quien pusiera voz a Mowgli, Diana fue presentada como A.D. Santos (las iniciales corresponden a sus dos nombres, Alicia y Diana), algo que se repitió en algunos de sus posteriores trabajos.

Recientemente, tras unos años de cierto olvido, Diana Santos ha vuelto a los títulos de crédito con el personaje de Minnie (no confundir con Minnie Mouse) en Cars 2… aunque quien tenga curiosidad por escuchar su reaparición sin vivir en México deberá buscarse en Internet la versión mexicana de la película.

Pero la carrera de Diana no sólo se compone de papeles en Disney (ahora Disney/Pixar), ya que ella fue, en su momento, la encargada de dar vida a otros personajes tan conocidos de la animación internacional como Pedro y Clara en Heidi (doblaje exclusivo para México y Latinoamérica, en el que su tío Francisco Colmenero es el abuelo), o la célebre Pitufina; e incluso logró «hacerse» con su personaje predilecto de siempre, Escarlata O´Hara en el casting para el doblaje mexicano de Lo que el viento se llevó, papel que le fue retirado por el director, digamos que por incompatibilidad de trabajos, o al menos eso fue lo que particularmente estimó él.

Una larga lista que, afortunadamente, puede seguir engrosando gracias a su, para mí, acertadísima recuperación por parte de Disney/Pixar. Porque si por algo se ha caracterizado el trabajo de Diana Santos es por haber puesto al servicio del doblaje la voz más encantadora de todas las que han pasado por la gran cantidad de producciones que ha llevado a cabo el universo creado y popularizado por el ya legendario Walt Disney.

Podéis comprobarlo, por ejemplo, en esta entrevista concedida hace dos años al periodista mexicano Mario Filio, en la que Diana no sólo se muestra tal y como es, sino que también hace quitarnos unos cuántos años de encima a todos los que crecimos con estas obras de arte que jamás pasarán de moda. Os recomiendo que la escuchéis, y que la disfrutéis.

(La mayor parte de los datos extraídos para este artículo están sacados de la web oficial en español de los doblajes de Disney; el resto, de la entrevista de Mario Filio y de mis conocimientos particulares)

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Homenaje al «Gato Jinks»: un sevillano que también trabajó en la «corte» de Disney

Aunque éste sea un espacio en el que priman los artículos relacionados con el mundo del deporte, como bien saben los que me siguen, de vez en cuando me gusta publicar alguna que otra entrada acerca de hechos o personajes relacionados con la cultura y el espectáculo.

Y eso es, precisamente, lo que voy a hacer hoy. Un modesto pero sencillo recordatorio de uno de los artistas que, gracias a su faceta de actor de doblaje, más me marcaron en mi época de niño, y más me siguen gustando en la actualidad cuando, cada cierto tiempo, reviso aquellas obras de arte que, entre los 60 y los 70, se realizaban desde el mundo de la animación; y que, en mi infancia ochentera, todavía se pasaban con bastante frecuencia por la televisión en nuestro país, procedentes desde México/EEUU.

Me estoy refiriendo a un paisano, por más señas: FLORENCIO CASTELLÓ, aquel que prestara su voz a determinados personajes de la «factoría Disney«, y que luego alcanzara gran notoriedad en la piel del Gato Jinks de los célebres dibujos de Hanna-Barbera Pixie & Dixie. Paisano porque nació en Sevilla en 1905, aunque tuvo que emigrar a América en el 36 por culpa de la maldita Guerra Civil.

En Argentina, según cuentan diversos enlaces de Internet, comenzó una gira por toda Latinoamérica con una compañía de teatro lírico, interpretando principalmente una serie de obras costumbristas andaluzas -probablemente fueran de los hermanos Álvarez Quintero, aunque esto no es sino una suposición particular-. Dicha gira se extendió hasta 1939, año en el que llegó a México, donde se estableció y donde desarrolló la parte más importante de su carrera profesional.

Castelló fue invitado a participar activamente en la mejor época del cine mexicano -junto a otros como Mario Moreno, «Cantinflas», o nuestra Sarita Montiel– durante varios años, en los cuales se especializó en hacer papeles de andaluz, los cuales le acompañarían hasta el final de su vida, también cuando se dedicó al doblaje.

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Como actor de voces colaboró posteriormente en determinadas ocasiones con el elenco de actores que trabajaban para Walt Disney en México, otorgándole su particularísima personalidad sureña española a los personajes de los que se encargó: el cuervo Jim en Dumbo -en el redoblaje mexicano de finales de los 60-; el buitre Despeinao en El libro de la Selva; o el torpe sabueso Napoleón en Los Aristogatos. Castelló compartió estudio, a las órdenes de Edmundo Santos, con grandísimos actores como Germán Valdez, «Tin Tan»; Luis Manuel Pelayo; Diana Santos; Flavio; Teresita Escobar o Francisco Colmenero, cuyas voces a buen seguro que las recordarán todos aquellos que, como yo, crecieron con los largometrajes de Disney y con sus doblajes latinoamericanos.

Pero, sin duda, fue el personaje del GATO JINKS el que le otorgó, al menos en España, su mayor cuota de popularidad… o más bien al contrario: fue Florencio Castelló quien hizo grande al personaje gracias a la perfección y a la gran personalidad con la que puso en boca del cómico antagonista de Pixie & Dixie el más clásico de los acentos sevillanos y andaluces, y que hizo del gato, con mucha diferencia, lo mejor de la serie. Cuando, tras su muerte –México D.F., 23 de agosto de 1986, faltan 3 días para que se cumpla el correspondiente aniversario-, llegaron a nuestro país nuevas remesas de capítulos sin su voz, la consideración tanto de la serie en sí como del propio personaje de Jinks decayó hasta límites verdaderamente increíbles años antes.

Valga desde este espacio mi homenaje hacia este gran actor que exportó al otro lado del charco, de forma absolutamente magnífica y excepcional, parte de nuestra particular idiosincrasia.

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…Y comieron perdices

CRÍTICA DE CINE

PELÍCULA: Harry Potter y las reliquias de la muerte (2ª parte)
DIRECTOR: David Yates
REPARTO: Daniel Radcliffe, Emma Watson, Rupert Grint, Ralpf Fiennes, Michael Gambon, Bill Nighy, Matthew Lewis, John Hurt, Helena Bonham Carter, Robbie Coltrane, Imelda Staunton, Alan Rickman, Jason Isaacs, Maggie Smith, Timothy Spall, Julie Walters, Bonnie Wright, Tom Felton, Evanna Lynch, Mark Williams.
GUIÓN: Steve Kloves, basado en la novela de J.K. Rowling
PRODUCCIÓN: David Barron, David Heyman y J.K. Rowling
GÉNERO: Magia/Aventuras
NACIONALIDAD: Británica
DURACIÓN: 135 minutos (aprox.)
CALIFICACIÓN: * * (sobre 5)

Se acabó la historia de las andanzas de Harry Potter; una historia que ha durado, como creo que todos sabemos, un total de siete libros y ocho películas, las dos últimas abarcando el volumen final.

He escuchado tantas cosas sobre la evolución de las andaduras del joven mago de Hogwarts (tanto sobre el papel como sobre la pantalla), que cuando hace algo menos de un año acudí al cine para ver la primera parte de Las Reliquias de la Muerte (la segunda película, después de la inaugural, que iba a ver de las siete que se habían estrenado hasta 2010) lo hice pensando acerca de si el el tiempo y el dinero gastados iban a ser en vano.

La anterior entrega no me hizo ni fu ni fa, pero me dejó en el cuerpo la curiosidad por ir a ver la segunda, entre otras cosas para comprobar cómo acababa todo, aunque cierto es que alguna idea tenía de las miles de cosas que se comentaron cuando, hace cuatro años, salió el libro en cuestión.

Lo mejor que se puede decir de ésta es que al menos es entretenida, lo cual no es poco en estos tiempos que corren. Hay pocos minutos para la pausa en la acción, y el hecho de que los personajes estén para arriba y para abajo casi todo el rato, con sus misterios -incluyendo un destacado porcentaje culebronesco del film-, sus peligros y su necesidad de ir buscando y destruyendo objetos para conseguir el objetivo final hacen que las más de dos horas que estás sentado en la sala no se te hagan especialmente largas.

En contraposición, un final -de la película y, según me cuentan, también del libro- demasiado previsible y , sobre todo, comercial, quizás el más comercial posible -que cada cual lo descubra, quien lo desconozca, aunque en el titular de la crítica hay una pista más que fidedigna-, tal vez para contentar a los miles de «fans» que cada uno de los protagonistas tienen en todo el mundo. Además, la actuación de los jóvenes intérpretes, en general, es poco convincente, apreciándose una notable diferencia con los más veteranos, según mi criterio.

Eso sí, reitero: si bien parece ser que, según las críticas, hay mejores títulos para ir a ver en nuestro paseo por las salas de cine, en el fondo, sin ser para nada lo que su aparato mediático -el mismo que acompaña a la saga desde su inicio- nos quiere hacer ver, éste no es de los peores. Con Harry Potter y las Reliquias de la Muerte (2ª parte) se puede echar un rato más o menos divertido y sin perder demasiado el hilo de la acción, por mucho que no se haya ido a ver prácticamente ninguna -o casi ninguna- de las entregas anteriores.

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