Archive for category Cultura y espectáculos

La música del fútbol

Cuando Walt Whitman gritaba «Oh capitán, mi capitán»
pensaba en Valentino, el inmortal.
Pensaba en sus amigos, poetas del domingo
que inventaron la armonía del gol:
el fútbol y la música en la misma canción.

Así comienza Héroes de Superga, un hermoso tema musical, abanderado principal de El fútbol tiene música, «el programa menos escuchado de la radio española» -según rezaba su lema- que, entre finales de 2004 y mediados de 2006, llevaron los viernes de 1:30 a 3:00 de la madrugada en Radio Marca el periodista José Núñez y el gran narrador español de historias sobre fútbol, JOSÉ ANTONIO MARTÍN OTÍN, popularmente conocido como «PETÓN«. No sé cómo ni cuándo se les ocurrió a estos dos sacar adelante este proyecto que parecía más de frikis que de otra cosa, pero que desde el primero hasta el último de sus días de emisión se convirtió en una verdadera delicia para los buenos aficionados tanto al fútbol como a la radio de calidad.

Un programa dedicado a divulgar algunos de los más bellos relatos reales que nos ha ofrecido el fútbol mundial, combinado con una excelente música alrededor de sus protagonistas; un programa diferente, cuyo contenido partió de uno de los sucesos más dramáticos que se hayan podido dar: la «Tragedia de Superga«, el accidente de avión en mayo de 1949 en el que murieron todos menos uno -porque ese día no estaba- de los miembros del gran equipo que había conseguido armar el Torino durante los años cuarenta, para algunos el mejor de todos los tiempos en el balompié internacional, y de la que, a diferencia del Manchester United con el «Desastre de Munich» de 1958, aún no se ha podido recuperar. Por eso el popularmente conocido como «Toro» ocupó desde el inicio un lugar preferencial dentro de El fútbol tiene música.

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De aquella historia salió esta bella canción, escrita por el propio Petón e interpretada por el grupo LESS, la cual tiene también su versión en italiano, para poder llegar también a todos los aficionados que el «Toro» tiene en su ciudad natal, Turín.

Y junto a ella, gracias a El fútbol tiene música llegaron a mis oídos otras joyas como la sintonía de cabecera del programa, Simplemente fútbol, del argentino Ignacio Copani; La Mano de Dios, de «El Potro» Rodrigo, y Maradona, de Andrés Calamaro, dedicadas al gran Diego Armando; o Estadio Azteca, del propio Calamaro; además de temas mucho más conocidos como el You´ll Never Walk Alone, popularizado en el fútbol por el Celtic de Glasgow y por el Liverpool.

Pasó el tiempo; el programa terminó mas no las historias de Petón, que empezaron a ser conocidas por gran parte de la audiencia radiofónica al fichar éste como colaborador por El Larguero, el programa de José Ramón de la Morena en la Cadena SER; y posteriormente por Intereconomía, donde aporta cada cierto tiempo un notable punto de calidad al lamentable verdulerismo existente en Punto Pelota.

Y ahora, desde hace un par de meses, todas esas historias -un total de 50, la mayoría de ellas bellísimas-, empezando por la del «Gran Toro» vuelven a formar parte de El fútbol tiene música… mas no del programa radiofónico, sino de un magnífico libro escrito y diseñado por el propio Petón que, hace pocos días, pudo llegar por fin a mis manos, y del que acabo de dar buena cuenta.

Algo menos de 200 páginas con las que cualquier aficionado a la lectura -tanto el futbolero como el que no lo sea- se verá transportado a un universo tan mágico como real, el que nos hace ver gran parte de la comedia y, sobre todo, la tragedia personal y humana del llamado «deporte rey»; y con las que los otros trescientos noventa y pico que, junto a mí, formaban parte de la lista principal de oyentes de El fútbol tiene música, rememorarán a buen seguro aquellas inolvidables noches/madrugadas de los viernes en Radio Marca.

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Vuelve el mejor Woody Allen

CRÍTICA DE CINE

PELÍCULA: Midnight in Paris
DIRECTOR: Woody Allen
REPARTO: Owen Wilson, Rachel McAdams, Kathy Bates, Corey Stoll, Adrien Brody, Carla Bruni, Marion Cotillard, Tom Hiddleston, Alison Pill
GUIÓN: Woody Allen
PRODUCCIÓN: Letty Aronson, Stephen Tenenbaum y Jaume Roures (Mediapro)
GÉNERO: Comedia
NACIONALIDAD: USA/española
DURACIÓN: 95 minutos
CALIFICACIÓN: * * * * (sobre 5)

Retornaba yo a las salas de cine para intentar disfrutar de una producción del señor Allen, don Woody, algunos años después de su más que aceptable Scoop, y tras rechazar algunos títulos (El sueño de Cassandra, Vicky Cristina Barcelona) que no parecían sino meros experimentos los cuales, como todos sabemos, hay que hacer con gaseosa.

Pero Midnight in Paris, aunque no sé por qué, me atraía bastante -más allá de las tradicionales 4/5 estrellas que algunos críticos le otorgan siempre al genio de Brooklyn, haga lo que haga-, incluso sin haber prestado atención ni a la sinopsis ni al reparto, excepción hecha del pequeño papel otorgado a la «señora Sarkozy», Carla Bruni, reflejado por todos y cada uno de los medios de comunicación y del que era poco menos que imposible no enterarse.

Y no me equivocaba, porque Woody Allen aborda, con su habitual maestría cuando le da por hacer verdaderamente bien las cosas, una historia en la que la mezcla entre realidad e imaginación, la evocación constante del pasado nunca vivido «in situ» frente al presente que nos toca vivir, y el homenaje al París cultural de los años 30 «casan» como únicamente es capaz de propiciarlo don Woody.

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Sólo él puede hacer aparecer de tal forma una ciudad, dicen que de las más bellas de Europa -a ver si un día tengo la ocasión de comprobarlo-, que pasa del actual siglo XXI a la época vanguardista, previa a la Segunda Guerra Mundial, al dar las campanadas de la medianoche. Y sólo él puede mezclar con verdadera magia a un guionista con vocación de escritor -el que interpreta un perfecto «alter ego» suyo como Owen Wilson-, «desubicado» en el presente, con grandes artistas de aquel tiempo como Hemingway, Sean Fitgerald, Picasso, Buñuel, Belmonte, Toulousse-Lautrec, Degas, Gauguin o Dalí; además de hacerle vivir la historia romántica inevitable en la llamada «ciudad del amor», de la que Allen hace un retrato sensacional.

Todo ello con un elenco perfectamente elegido, en el que además de Wilson hay que señalar especialmente a una magnífica Marion Cotillard en la piel de una de las amantes de Picasso-, y también con un vestuario y una caracterización sobresalientes -sobre todo un muy conseguido Dalí con Adrien Brody-, aunque con una única pega en ese sentido. Y es que, viendo las imágenes que hay publicadas en Internet además de las que aparecen en los programas taurinos de televisión, no recordaba yo que Belmonte fuera un tipo en el que su aspecto más reseñable fuera su belleza, sino más bien todo lo contrario.

Pecata minuta, no obstante. La película te embruja desde su inicio hasta el último de los minutos de los noventa y cinco que permaneces en la sala. Poco más de hora y media que no se te hace larga, sino todo lo contrario.

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122 años con Charles Chaplin

Hoy se cumple el 122º aniversario del nacimiento del que, como bien sabe quien bien me conoce, es para mí el mayor genio de la historia del cine, y probablemente el artista más completo del siglo XX: Sir Charles Spencer Chaplin.

Por ello os dejo, como homenaje, un par de videos que he encontrado en Youtube con buena parte de lo mejor de su obra, bajo la música de varias de las piezas usadas y/o compuestas por él mismo para sus películas.

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Y también este otro video, correspondiente al numerito final en Candilejas junto a otro grande del cine mudo, Buster Keaton.

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Su recuerdo -ese mismo que en cierto modo se encargan de perpetuar su hija Geraldine y su nieta Oona con sus respectivas carreras artísticas en España- y su enorme legado permanecerán entre nosotros por siempre jamás.

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Helena Pimenta será la próxima directora de la CNTC

Ya se conoce el nombre del sustituto de Eduardo Vasco al frente de la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Sustituta, en este caso; ya que se trata de Helena Pimenta quien, a partir de septiembre, se convertirá en la primera mujer que dirige la compañía fundada en 1986 por Adolfo Marsillach.

Dejo algunos enlaces en los que se puede encontrar más información tanto de su ya dilatada trayectoria profesional, entre la que se incluye la dirección de tres montajes para la CNTC y la fundación de la compañía Ur Teatro.

http://www.elpais.com/articulo/cultura/Helena/Pimenta/nueva/directora/CNTC/

http://www.elmundo.es/elmundo/2011/04/13/cultura/1302689976.html

http://www.rtve.es/noticias/20110413/helena-pimenta-nueva-directora-compania-nacional-teatro-clasico/424265.shtml

Mucha suerte para ella, a ver si consigue superar o mantener el listón dejado por Eduardo Vasco quien, por lo menos en el plano artístico -en lo demás prefiero no meterme al no tener datos suficientemente amplios-, lo ha dejado bastante alto.

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Una década sin Eugenio

¿Saben de aquél que «diu» que hoy se cumplen diez años de la muerte del genial humorista Eugenio Jofra Bafalluy, más conocido por todos como EUGENIO? Pues así es.

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Aunque siempre he dejado claro que los tipos que más me han hecho reír -tal vez como andaluz que soy- fueron, en su momento, los del Dúo Sacapuntas, tengo que reconocer que el humor inteligente -y sobrio- de Eugenio también ha estado siempre entre mis preferidos.

Por ello, en recuerdo al gran artista catalán, dejo este video de una de sus actuaciones en el clásico -y no menos genial- Un, dos, tres.

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De no ser por los actores…

CRÍTICA DE CINE

PELÍCULA: 23-F: la película
DIRECTOR: Chema de la Peña
REPARTO: Paco Tous, Fernando Cayo, Juan Diego, Mariano Venancio, Lluís Marco, Ginés García Millán, Luis Zahera, Joaquín Notario, José Manuel Seda
GUIÓN: Joaquín Andújar
GÉNERO: Histórico
NACIONALIDAD: Española
DURACIÓN: 97 minutos
CALIFICACIÓN: * * (Sobre 5)

Sea porque el 23-F lo tenemos todavía relativamente cerca en el tiempo -tan sólo 30 años-; sea porque se ha dicho y se ha escrito tanto sobre aquel día que lo tenemos ya en cierto modo bastante manido; o sea porque, además, hace no demasiado se estrenó una miniserie relacionada con el tema, lo cierto es que en muchos de sus aspectos esta película que conmemoraba el trigésimo aniversario del fallido golpe de estado de Tejero pasa sin pena ni gloria por la cartelera contemporánea del cine nacional.

Demasiado anodina, en líneas generales. Es verdad que las 17 horas esperando la resolución del conflicto no dan para una historia excesivamente dinámica, pero precisamente por eso mismo quizá se debía haber enfocado el argumento de otra forma, siempre con lo sucedido en 1981 como tema central, claro está.

Además, al desarrollo de los acontecimientos en la película le resulta material y literalmente imposible desembarazarse de su estructura más que visible de «TV Movie», quizás porque, tal vez de manera inconsciente, tanto Chema de la Peña como Joaquín Andújar -director y guionista, respectivamente- beben más de la cuenta de las fuentes de la miniserie antes aludida, que no es otra que 23-F: el día más difícil del rey con la que, además, son inevitables las comparaciones dado que desde su estreno no han pasado ni dos años.

A la historia claramente la salvan los actores. De hecho, si los casi cien minutos que hay que estar en el cine no se terminan haciendo prácticamente insoportables es por la excelente labor de la gran mayoría de los intérpretes. Paco Tous es un Tejero más que notable. El célebre «inspector Miranda», con una dilatada carrera teatral a cargo de su grupo «Los Ulen», logra desembarazarse, sin perder su esencia interpretativa, del personaje que tanta fama le dio en Los hombres de Paco; mientras que Fernando Cayo encarna excelentemente al rey -no es la primera vez que se mete en su piel-, y Juan Diego nos da una nueva clase maestra dando vida al general Armada, otro de los hombres clave dentro del 23-F. Todo ello con la colaboración inestimable de otros buenos actores como Lluís Marco, que encarna al general Milans del Bosch; o Ginés García Millán, que tras interpretar recientemente a Adolfo Suárez vuelve a darle vida en 23-F: la película.

Es lo único por lo que realmente merece la pena gastarse los euros acudiendo a las salas. Cierto es que, tanto como la historia en sí, los intérpretes son la clave del buen funcionamiento de un largometraje; pero, teniendo en cuenta las pretensiones con las que 23-F: la película acudía a los cines, lo cierto es que al menos a mí eso me parece bastante poco. Pese a todo, recomiendo a quienes lean esta crítica que vayan a ver este film, siempre y cuando sean conscientes de que, más allá de los actores, no se van a encontrar gran cosa ni mucho menos.

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Jorge VI le ganó a Facebook

El discurso del rey ha sido la indiscutible triunfadora de los Óscars 2011, cuya gala se celebró anoche en el Teatro Kodak de Los Ángeles. La cinta que trataba las andanzas del tartamudo monarca británico Jorge VI se ha impuesto a la que más de uno apuntaba cuando se estrenó que podría arrasar entre los premios de la Academia de Hollywood, La red social. El discurso del rey se ha llevado cuatro estatuillas por las tres de su rival, si bien la enorme diferencia entre ambas películas ha estribado en la calidad de las mismas.

Así pues, se puede decir que Jorge VI no sólo le ha terminado ganando la partida a Facebook, sino que además lo ha hecho a base de bien. No fue, pese a la calidad que reconozco que tiene, El discurso del rey una película que me entusiasmara demasiado -sí, fui a verla, pese a no haber hecho crítica alguna-, pero sí que me parece más completa que La red social y, sobre todo, capaz de llegar más al público que la fría historia de Facebook, más propicia sólo para entendidos en este conocido espacio cibernético. Óscar a la Mejor Película -en detrimento también de otro de los grandes triunfos del año, como el «remake» hecho por los Coen del western Valor de ley-; Óscar al Mejor Director en la persona de Tom Hooper; Óscar al Mejor Guión originalDavid Seidler-; y Óscar al Mejor Actor Principal para un Colin Firth magnífico en la piel del rey inglés.

El de Firth fue uno de los premios cantados de la noche, un premio pese a todo realmente meritorio por la calidad de sus oponentes: Jesse Eisenberg -Zuckerberg en La red social-, Jeff Bridges –Valor de ley-, James Franco –127 horas– y nuestro Javier Bardem –Biutiful-, en su segunda nominación al Óscar en esta categoría. A Firth le acompañó Nathalie Portman -Mejor Actriz Principal- gracias a su excelente labor en la mediocre -según los críticos- El cisne negro; mientras que los premios de reparto fueron para Christian Bale y Melissa Leo, ambos por The Fighter.

Hubo que esperar a los premios menores para encontrar a La red social. Aaron Sorkin logró para el film sobre Facebook el Óscar al Mejor Guión adaptado; Angus Wall y Kirk Baxter fueron premiados por el mejor montaje; y Trent Reznor y Atticus Ross lograron el Óscar a la Mejor Banda Sonora Original para una película cuyos galardones no se correspondieron con lo que la crítica -que no un servidor- opinaba de ella.

Del resto, quizás lo más destacado haya sido el «olvido» de la Academia de Hollywood con los hermanos Coen por Valor de Ley -una obra maestra según lo que un servidor ha podido llegar a leer y escuchar-, a la que es posible que le llegara a pesar su condición de «remake» del clásico de John Wayne; el Óscar a la Mejor Película de Habla No Inglesa para la dansea En un mundo mejor; y también lo conseguido por Toy Story 3. Disney y Pixar han cerrado la saga casi de la mejor manera posible, con el Óscar a la Mejor Película de Animación y a la Mejor Canción Original -We Belong Together, de Randy Newman-, además de la nominación a Mejor Película.

La relación completa de los ganadores y de los nominados, la podéis ver aquí:

http://www.elmundo.es/especiales/premios_oscar/candidatos.html?cid=SEM020103

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Redención artística de Eduardo Vasco

CRÍTICA TEATRAL

OBRA: El alcalde de Zalamea
AUTOR: Calderón de la Barca
COMPAÑÍA: Compañía Nacional de Teatro Clásico
REPARTO: Joaquín Notario, Ernesto Arias, Eva Rufo, José Luis Santos, David Lorente, Pepa Pedroche, Miguel Cubero, José Juan Rodríguez, David Boceta, Diego Toucedo, David Lázaro, Pedro Almagro, Isabel Rodes, Alberto Gómez, Eduardo Cárcamo, Eduardo Aguirre de Cárcer y Alba Fresno (Viola de gamba).
VESTUARIO: Lorenzo Caprile
VERSIÓN Y DIRECCIÓN: Eduardo Vasco
LUGAR: Teatro Lope de Vega (Sevilla)
DÍA: 28-01-2011
AFORO: Completo
DURACIÓN: 1 hora y 55 minutos (aprox.)
CALIFICACIÓN: * * * * (Sobre 5)

Volvían tanto Eduardo Vasco como la Compañía Nacional de Teatro Clásico al Lope de Vega tres años después de su última visita a la capital sevillana, también con Calderón (El pintor de su deshonra); y volvía servidor de ustedes a presenciar un montaje de los antes mencionados después de aquel engendro en el verano de 2010 en Niebla que fue La Estrella de Sevilla.

Debo reconocer que acudía con ganas de quitarme la espina de aquella desafortunada puesta en escena, y es un gran placer para mí comentar que lo he conseguido, y con creces. Desconozco si Eduardo Vasco -a quien conozco personalmente y de quien, en el trato, no sólo no tengo quejas sino más bien todo lo contrario- reflexionó sobre lo que, para mí, no fue sino una notable cagada -con perdón-; o si con un texto señero por excelencia de nuestro teatro clásico haya decidido no hacer cosas raras; pero el caso es que mi estimado Eduardo se ha redimido por completo con esta magnífica versión sobre las tablas de El alcalde de Zalamea.

Tal y como comento, Vasco se deja aquí de experimentos -parece que éstos sólo los hace con Lope-, y el resultado es uno de los mejores montajes que yo haya podido ver siempre, no sólo en el Lope de Vega sino en cualquier parte. Con el minimalismo escenográfico que caracteriza el 95% de los trabajos del director madrileño -se volvió a repetir la fórmula, con un mejor resultado, de La Estrella de Sevilla de los actores esperando en los laterales del teatro aguardando entrar en acción-, sobre el escenario del ya casi mítico teatro sevillano tuvo lugar un espectáculo muy completo en todos los sentidos.

Coros y bailes, música instrumental en directo para acompañar algunos de los más destacados parlamentos -otra característica habitual del teatro de Vasco-, vestuario acorde con la época y, por supuesto, una extraordinaria interpretación de los actores o, mejor dicho, de las «parejas» de actores. La más destacada y la mejor de todas ellas, la de dos veteranos de las artes interpretaivas y escénicas, Joaquín Notario y José Luis Santos, en la piel respectivamente de Pedro Crespo, alcalde de Zalamea, y del general Lope de Figueroa.

Notabilísima vis cómica y dramatismo necesario cuando era menester; así nos deleitaron Notario -adoptando el acento teóricamente característico del labrador extremeño de Badajoz- y Santos con varios «tète a tète» cargados de pausa, templanza y mucha complicidad entre ambos. Se nota que llevan ya años compartiendo elenco dentro de la Compañía Nacional de Teatro Clásico.

Como también hay que reseñar la química entre Pepa Pedroche -la «Chispa»- y David Lorente -Rebolledo- que, desde una perspectiva más secundaria, no sólo bordan sus papeles interpretativos sino que, además, su labor en los coros es sobresaliente; y asimismo, entre Miguel Cubero -el satirizado hidalguillo Don Mendo- y José Juan Rodríguez -su ayudante Nuño-, encargados de mantener el hilo informando de «lo que no se ve» y de sacar unas risas al público por mor de su gracia especial al interpretar los singulares y divertidos diálogos surgidos de la mente de Calderón.

Y, entre tantas «parejas» escénicas, el «malo» y la ultrajada. Ernesto Arias quizás no borda su papel del libertino capitán don Álvaro de Ataide como lo hacen los demás con los suyos, pero su interpretación, en líneas generales, también está a la altura de lo que se debe exigir a la Compañía Nacional de Teatro Clásico; mientras que Eva Rufo -Isabel, la hija de Pedro Crespo-, sin demasiado parlamento en los dos primeros actos, se luce en el amplio monólogo del tercero, en el que Isabel le cuenta a su también deshonrado padre qué es lo que ha sucedido con ella.

En definitiva, como resumen final sólo puedo decir una cosa: Eduardo, así sí.

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Y la Academia acertó en la elección

CRÍTICA DE CINE

PELÍCULA: También la lluvia
DIRECTOR: Icíar Bollaín
REPARTO: Luis Tosar, Gael García Bernal, Juan Carlos Aduviri, Karra Elejalde, Carlos Santos, Raúl Arévalo, Cassandra Ciangherotti
GUIÓN: Paul Laverty
GÉNERO: Drama basado en hechos reales
NACIONALIDAD: Española
DURACIÓN: 108 minutos
CALIFICACIÓN: * * * (Sobre 5)

Esperaba con curiosidad el estreno de También la lluvia, sobre todo después de que, hace algunos meses, se publicara que sería la película que representaría a España en los Oscar de este año, dejando fuera a un gran film como Celda 211 y a una superproducción como Lope. Y lo primero que debo decir es que la Academia del cine español ha acertado de pleno.

Para mí También la lluvia no es Celda 211, eso debo dejarlo claro. Pese a su notable calidad en muchos de sus aspectos, a la película de Icíar Bollaín le falta «algo» para alcanzar el sobresaliente que mereció en su momento la carcelaria historia de Daniel Monzón; pero analizándola minuciosamente no me cabe duda que, a la hora de valorarla, a los americanos les gustará mucho más.

¿Por qué? En primer lugar por la historia en sí: por la «autodesmitificación» de un personaje como Cristóbal Colón combinada con el tratamiento otorgado a un conflicto social, sucedido allende nuestras fronteras, como la «Guerra del Agua» en Bolivia en el año 2000. Un doble plano llevado con bastante lucidez y acierto.

La visión que Bollaín y el guionista Paul Laverty nos dan del descubridor del «Nuevo Mundo», a través de la película que los personajes de Luis Tosar y Gael García Bernal pretenden rodar en el país andino (se podría hablar entonces de metacine), se aleja de los convencionalismos utilizados en España (conquistador, héroe y casi evangelizador y misionero), para centrarse en su faceta codiciosa, ambicionadora en exceso y tiránica, haciendo hincapié en la leyenda negra que los españoles en el siglo XVI tienen en el continente americano. Y, al mismo tiempo, la lucha en el siglo XXI de las clases más humildes por defender lo suyo. Todo ello llega a calar entre el público, y podría ser que también sucediera lo mismo con los miembros de la Academia de Cine de Hollywood.

Pero no es menos cierto que, pese a los criterios a veces tan particulares de los cinéfilos californianos a la hora de valorar para sus premios una película por encima de otra, nada de lo anteriormente contado serviría si También la lluvia no tuviese siquiera una mínima calidad, algo con lo que cumple, y de sobra. Además de la notable dirección y de la más que aceptable narración de los hechos, sin duda lo más destacado es la elección y el trabajo de los actores, comenzando por un Luis Tosar pletórico en todos los sentidos durante los últimos años -está absolutamente en todas-, y siguiendo por Gael García Bernal, protagonistas ambos (en sus papeles de productor y director respectivamente dentro de la película sobre Colón) de un «mano a mano» en el que salen ganando claramente tanto el cine como el espectador. Un mano a mano de dos magníficos profesionales, todo hay que decirlo, en la piel de dos excelentes personajes.

Y como a Tosar y a García Bernal le dan una excelente réplica los secundarios, se puede decir que a Icíar Bollaín hay que darle un diez por la designación del elenco. Tanto Karra Elejalde -que, tras haberlo visto anteriormente en bazofias del estilo de Año Mariano, me ha sorprendido gratamente- como Carlos Santos -el otrora «Povedilla» de Los hombres de Paco-; el actor indígena Juan Carlos Aduviri, magnífico; y también la joven mexicana Cassandra Ciangherotti colaboran como Dios manda para que el resultado de También la lluvia haya sido, aunque no sobresaliente, sí ciertamente bueno. A ver ahora qué es lo que piensan los académicos de Hollywood.

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La consagración de «Rakatá»

CRÍTICA TEATRAL

OBRA: El castigo sin venganza
AUTOR: Lope de Vega
COMPAÑÍA: Rakatá Teatro
REPARTO: Mario Vedoya (Duque de Ferrara), Alejandra Mayo (Casandra), Rodrigo Arribas (Federico), Jesús Fuente (Batín), Lidia Otón (Aurora), Bruno Ciordia (Marqués Gonzaga), Jesús Teyssiere (Ricardo), Manuel Sánchez Ramos (Floro), Belén Ponce de León (Lucrecia), Jordi Dauder (Voz en off) y Patricia Kraus (Canción)
DIRECCIÓN: Ernesto Arias
VERSIÓN: Grupo PROLOPE
LUGAR: Teatro Lope de Vega (Sevilla)
DÍA: 17-12-2010
DURACIÓN: 115 minutos
CALIFICACIÓN: * * * * (Sobre 5)

Hace algo más de un año Rakatá Teatro ya me había causado una gran impresión con el montaje de Fuenteovejuna; pues bien, la versión que el Grupo PROLOPE ha hecho de El castigo sin venganza para esta joven compañía y su puesta en escena no han servido sino para confirmarme todo lo bueno que demostraron en su presentación en Sevilla.

Conozco muy pocas versiones representadas de este enorme clásico de Lope, engendrado en 1631, durante su etapa de senectud: la de 2005 de Eduardo Vasco para la Compañía Nacional de Teatro Clásico; otra de Adrián Daumas en 2003 -que circula por Youtube-; y ahora ésta, además de un intento fallido de montaje de quien les habla con sus amigos hace ya como tres años.

Sinceramente, es una verdadera lástima que este texto, esta joya de los Siglos de Oro en España, apenas si se dé a conocer para la enorme calidad que tiene; así que les agradezco enormemente a Rakatá el que lo hayan recuperado para el público en general y para los «lopistas» filólogos en particular, y además de esta forma.

Y eso que esta versión, en mi humilde opinión, tiene fallos visiblemente notables, especialmente el recurso de la narración en off. Este recurso, con el que se pretende reflejar la narración de la novela corta de Matteo Bandello en la cual se inspira Lope, hace que los que apreciamos El Castigo con gran sensibilidad -por lo menos un servidor- comencemos la obra poco menos que horrorizados, ya que el experimento de combinar a los dos «padres» de la historia no puede salir peor.

Qué manera de «cargarse» la presentación del duque -y del argumento en general-, y qué manera de saltarse una escena con parlamentos realmente magníficos, como lo es la primera. De verdad que a uno en ocasiones le entraban ganas de levantarse y «pedirle» a ese narrador que se callara, sobre todo cuando corta la intervención, también en off -cantada y musicalizada-, de Andrelina. Afortunadamente esta metedura de pata no se prolonga durante demasiado tiempo.

Otro error es la inclusión del elemento principal de la escenografía, una serie de columnas que hacen las veces de sauces cuando Federico va a por Casandra, pero que luego sirven más bien de poco y que, en ocasiones, no hacen sino entorpecer la visión del público, parte del cual -los situados en los laterales de las primeras filas- prácticamente se ve privado, por ejemplo, del precioso golpe visual introducido justo cuando concluye la obra. Una escenografía que, en el resto de los detalles, cumple perfectamente.

Son, a mi modo de entender, las «marras» que impiden que la puesta en escena sea redonda al 100%; porque, por lo demás, todo va remontando progresivamente hasta llegar a un tercer y último acto verdaderamente apoteósico. Y gran parte del mérito la tiene Mario Vedoya.

Este veterano actor argentino, afincado en España desde hace años, nos da toda una lección sobre cómo hay que meterse en el papel de un personaje tan rico como el Duque de Ferrara. Vedoya se hace progresivamente, sin exageraciones de ningún tipo, el amo del escenario. ¿Cómo? Clavando el personaje, así de simple, con su presencia en escena, su versificación y sus acertadísimos cambios de registro de voz.

Tampoco le van a la zaga Jesús Fuente y Lidia Otón. El primero, que ya estuvo en el elenco de la Compañía Nacional de Teatro Clásico en 2005 pero en el papel de Ricardo, nos muestra un Batín sobresaliente, en la línea del «gracioso» del teatro áureo español pero con sus dosis de dramatismo, justo como lo ideó Lope para El Castigo. Se notan sus tablas.

De Lidia Otón debo decir que, en principio, dado que hace un año se metió en la piel de Laurencia, me esperaba que fuera quien diese vida a Casandra; pero no es así. Lástima, porque esta gran actriz, descubierta por mí para el teatro en Fuenteovejuna, provoca que Aurora, metafórica pero casi literalmente, se coma a Casandra, a Federico, al Marqués Gonzaga y a todos los que comparten escena con ella, salvo al Duque. Y se los come no porque todos estén mal, sino porque ella lo hace fenomenal.

No obstante, cierto es que la pareja Casandra/Federico se muestra algo irregular. Alejandra Mayo y Rodrigo Arribas son dos jóvenes actores para dos jóvenes personajes; en su juventud quizás vaya implícito alguno de los «pecados» en los que incurren este tipo de actores cuando se les pone por delante un texto clásico. «Pecados» relacionados en primer lugar con la deficiente versificación o dicción del verso de la que adolecen por momentos -un mal que, esperemos, puedan ir puliendo al paso de los años con la ayuda de los veteranos-, y con las lagunas de mantenimiento de la tensión dramática del texto.

Aunque a su favor hay que decir que ambos, en las escenas claves, por lo general dan la talla -tal vez en un tono un poco bajo, eso sí-, y que en los «téte a téte» nos ofrecen una bonita y acertada coreografía de movimientos, muy acorde a lo que el texto va pidiendo y que se extiende también al resto de los personajes en momentos puntuales.

Es un análisis más o menos pormenorizado de una puesta en escena en la que en su inicio te dan ganas de ir preparando los tomates pero que, con su progresiva evolución, te va demandando sacar a hombros a todos sus protagonistas. Acudan a verla si no al «Lope de Vega» sevillano sí donde quiera que vayan; exceptuando los primeros 15 minutos saldrán con la sensación de que pocas veces un tiempo y un dinero pueden estar mejor invertidos.

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