Pandiani deja helado otra vez al Villamarín (1-1)


BETIS 1-ESPANYOL 1

Todos los que lo conocen bien -entre los cuales me incluyo- saben que el Betis es especialista supremo en complicarse la vida cuando más fácil lo tiene. O, al menos, en no saber sentenciar sus objetivos, especialmente si éstos se escriben en clave de salvamento de la categoría. Esta noche, en el minuto 93 de su partido ante el Espanyol en el Benito Villamarín, los de Pepe Mel, tras cuatro jornadas sin ganar -y después del espantoso ridículo del último sábado en Vallecas- contaban con una renta virtual sobre los puestos de descenso de nueve puntos gracias al gol, una vez más, de Rubén Castro; pero al terminar el choque un par de ellos más tarde, dos de esos puntos habían «volado» del casillero verdiblanco.

Ello aconteció merced a un garrafal error al alimón entre Nelson y Jonathan Pereira, que hizo que el balón le quedara franco a un especialista en aguarle la fiesta a los verdiblancos. Walter Pandiani, que en la primera vuelta fue el autor del gol de la victoria «perica», ya marcó con el Espanyol, hace cinco temporadas (06-07), en circunstancias similares, un gol que escoció sobremanera al beticismo; y esta noche ha aprovechado el regalito de la zaga para clavar en la escuadra un inapelable zurdazo que, como aquel año, ha vuelto a «robarle» al Betis dos puntos que podrían ser importantes cuando la liga acabe, allá por mediados de mayo.

No obstante, visto el nefasto rendimiento que continúan dando sus rivales más directos, Racing y Sporting, sobre todo, el Betis no debería pasar demasiados apuros para mantenerse en Primera, a pesar de su irregularidad y su incapacidad durante muchos tramos del campeonato para sumar victorias. Sin ir más lejos, pese a este jarro de agua fría, los de las trece barras amplían un poco más más su ventaja sobre cántabros y asturianos, siendo ya de siete puntos. Un mal menor antes de la visita de los racinguistas dentro de tres días, partido vital éste para definir gran parte de las opciones de pasar un final de temporada relativamente tranquilo.

Es decir, que con un poco de perspectiva, el punto en sí ante un rival que pelea por jugar en Europa la próxima campaña no es malo aunque sea en casa; lo que verdaderamente fastidia a los béticos, obviamente, es la forma en la que ha llegado. Aunque, en honor a la verdad, la igualada final es el resultado más justo según los méritos -no demasiados precisamente- de ambos equipos.

Tras una primera mitad absolutamente tediosa, aburrida y de tanteo, el Betis apretó un poco el acelerador en la reanudación, y la meta de Kiko Casilla empezó a verse amenazada, aunque sin demasiado mordiente en las llegadas de los locales. La entrada de Jonathan Pereira -por un no muy afortunado Juanma- y de Pozuelo reactivó el ataque bético después de que el Espanyol se fuera sacudiendo el inicial dominio heliopolitano en el segundo acto del partido.

A doce minutos del final, el Betis encontró el gol en una gran jugada por la derecha del pequeño delantero gallego, que cabeceó inapelablemente el goleador, Rubén Castro, quien tras cuatro jornadas sin marcar anotó su 10º tanto en la liga. Parecía el gol salvador, el que daría al beticismo una buena dosis de tranquilidad después de que su vecino, el Sevilla, se estuviera deshiciendo del Racing al mismo tiempo.

Pero el destino, cual célebre canción de Sabina, le terminó gastando al Betis una nueva «broma macabra». O, al menos, bastante fastidiosa. Después de que Didac perdonara el empate, apenas dos minutos después -en el último del descuento- Pereira, junto a Nelson, emborronó su gran actuación en los minutos que estuvo sobre el césped con el fallo tras el que el «Rifle» uruguayo fusiló a Fabricio. Si el domingo se da buena cuenta del Racing, probablemente esto no deje de ser poco menos que una anécdota. Mas si no es así, cuidadín, cuidadín, que últimamente (véanse sin ir más lejos las temporadas 08-09 en Primera y 09-10 en Segunda) el Betis suele salir a la larga seriamente perjudicado del indulto con el que, en situaciones como ésta, suele «obsequiar» a sus adversarios.

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