Betis-Chelsea: la gran victoria europea en la mágica noche de Champions heliopolitana


MI PARTICULAR MEMORIA DEPORTIVA (15)

El primero de noviembre siempre es un día muy especial, el Día de Todos los Santos; el día en el que muchas personas acuden a recordar a sus antepasados que descansan en paz en sus respectivos cementerios; el día en el que más de uno y más de dos, sobre todo en Sevilla, se acercan a ver la tradicional puesta en escena de Don Juan Tenorio -yo lo hice el pasado sábado-… pero para los béticos también es un día muy significativo.

No en vano hoy se cumplen cinco años del triunfo más importante del conjunto bético en sus nueve años de participaciones en competiciones europeas; la última jornada verdaderamente de gloria vivida, hasta la fecha, por la sufrida afición verdiblanca: la noche en la que el Betis alcanzó su cénit, el punto más alto al que ha llegado en toda su historia. Una noche de Champions; aquélla, en definitiva, en la que el todopoderoso e imbatido Chelsea hincó la rodilla (1-0) en el estadio Manuel Ruiz de Lopera.

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1 de noviembre de 2005. 20:45 horas. El Betis, vigente campeón de la Copa del Rey entrenado por el mítico Lorenzo Serra Ferrer, afrontaba la cuarta jornada de la fase de grupos de la Liga de Campeones, competición para la que, como creo que todos recordamos, se había clasificado por vez primera en su historia tras quedar en cuarto lugar en la liga española y tras eliminar en la fase previa al equipo que, un año antes, había alcanzado la final, el Mónaco.

Era el Betis de Joaquín, de Edu, de Oliveira, de Capi, de Varela, de Rivas, de Juanito, y de Dani, el héroe de la Copa y el delantero que más y mejor rentabilidad le ha sacado a sus no demasiados goles. Entre todos consiguieron el sueño de poder escuchar la mítica pieza de Haendel en el coliseo heliopolitano, algo que jamás en la historia había sucedido, y algo que, hoy en día, parece tremendamente complicado que vuelva a ocurrir.

Al partir en el último de los bombos -una participación en la UEFA desde 1998 no daba para más-, al Betis le tocó el peor de los grupos posibles en liza, con el campeón Liverpool, el Chelsea de Roman Abramovich, y un histórico -en horas bajas, todo sea dicho- como el Anderlecht.

Tres puntos acumulaban los verdiblancos después de las tres primeras jornadas, fruto del triunfo por 0-1 ante los belgas y de las derrotas por 1-2 y 4-0 respectivamente frente a Liverpool y Chelsea. Si a ello le unimos la delicada situación que el equipo atravesaba en la liga, quien más quien menos aventuraba un paseo de los londinenses -invictos en competición oficial desde las semifinales de la Champions de la temporada anterior- en Heliópolis.

Pero el Chelsea, desconocedor por completo de la tradicional idiosincrasia del club de las trece barras, no sabía lo que le esperaba. Con un tal José Mourinho al frente, y con unos tales John Terry, Ricardo Carvalho, Frank Lampard, Mickael Essien, Arjen Robben o Didier Drogba entre otros como estrellas, el club de Stamford Bridge pensaba sacar de manera más o menos sencilla una victoria que le permitiera seguir al frente de la clasificación en el grupo. La sorpresa que se llevaron, noventa y pocos minutos más tarde, sería descomunal.

Lleno hasta la bandera
El Ruiz de Lopera estaba completamente abarrotado, viviéndose el que quizás sea el ambiente más impresionante que se haya podido vivir nunca en un campo de fútbol, al menos entre los que servidor de ustedes ha podido disfrutar.

Sobre el campo, los siguientes jugadores: por el Betis -con Serra Ferrer en el banquillo- Contreras; Varela, Juanito, Melli, Nano; Arzu, Rivera; Joaquín, Capi, Edu; y Oliveira. Por el Chelsea, Mourinho sacó a Cech; Ferreira, Carvalho, Terry, Gallas; Essien, Makelele, Lampard; Joe Cole, Gudjohnsen y Robben.

Para que la empresa fuese más difícil, a los 20 minutos el Betis había perdido ya a dos hombres por sendas lesiones, graves además: el primero fue Nano, en una jugada fortuita, teniendo que ser sustituido por el italiano Paolo Castellini; y el segundo… el segundo fue ni más ni menos que Ricardo Oliveira, el goleador.

Apenas tres minutos después del percance de Nano, Oliveira luchó por un balón con Carvalho casi en la línea de fondo del ataque bético, con tan mala suerte que, tras el despeje del portugués, su rodilla le hizo un mal giro al clavar los tacos en el césped. Resultado: rotura de ligamentos. Un giro fatal que estremeció a todos los que nos dimos cita en el Ruiz de Lopera y que, a la larga, supuso el fin de la primera etapa del brasileño como jugador del Betis. Dani fue llamado por Serra Ferrer para que, como alma que lleva el diablo, se incorporase al campo.

Todo estaba en contra; sin embargo en ese mismo momento surgió, como en otros tantos a lo largo de su centenaria historia, el espíritu del “Currobetis“. Los jugadores verdiblancos se conjuraron para que en esa noche tan especial apenas si se notaran las ausencias; y vaya si lo lograron.

Dani, una vez más, el héroe
Con un inmenso Rivera en el centro del campo, el Betis hilvanó a los 27 minutos la mejor jugada de todo el partido. El balón fue circulando de derecha a izquierda hasta que Rivera se la dio a Capi quien, desde la banda zurda, inició una incursión letal hacia el área del Chelsea. El camero dio un pase raso al interior del área que Edu dejó pasar ante Terry y Dani, solo en el área pequeña, aguantó la tarascada de Gallas y batió por bajo a Cech.

No podía ser otro. Dani, un hombre maltratado por el fútbol en general en forma de lesiones y por la prensa deportiva madrileña en particular, era, una vez más, aquél que estaba llamado a erigirse en héroe del Betis. Como casi siempre, nadie contaba con él; había tenido que salir precipitadamente por la lesión de un compañero. Pero, como cinco meses antes en la final de Copa contra Osasuna; como haría un año después también en Copa en el Bernabéu; y como en más de uno y más de dos oportunos encuentros de liga, el trianero fue el autor de un nuevo gol histórico para el Betis.

Un gol con el que tronó todo el estadio y que sorprendió a todo el Chelsea, empezando por el señor Mourinho, que en el descanso tiró de artillería y dio entrada a Drogba, a quien había reservado de inicio. El segundo tiempo fue un monólogo en ataque del Chelsea, ante un Betis que se defendió como un verdadero equipo, entre otras cosas porque “jugó” con doce.

La magia de la afición llevó en volandas al equipo
Mejor dicho, con 50.000 hombres de más -la entrada total del Ruiz de Lopera descontando la representación visitante-, gracias al espectacular empuje de su hinchada. La afición presionó como nunca en cada ataque londinense, haciendo tal cantidad de ruido golpeando los asientos que éste que suscribe debió taparse constantemente los oídos so pena de quedarse sordo por completo.

La presión de la grada surtió efecto, porque pese al empuje de los de Mourinho, el Chelsea tan sólo gozó de una ocasión verdaderamente clara de gol, propiciada por los dos extremos sustitutos. A los 71 minutos el irlandés Duff recibió por la izquierda un pase de Lampard y mandó un balón cruzado a través del área al lado contrario que recogió Whright-Phillips. Éste pasó la pelota al centro y Essien, desde el suelo, remató raso para que el esférico impactara en ambos palos, quedándose finalmente Contreras con él. El Ruiz de Lopera respiró profundo, y luego se sonrió por la fortuna que, por una vez, había acompañado a su equipo en el partido.

El invicto Chelsea no pudo ni tan siquiera empatar en los minutos que quedaban, y cayó por primera vez en la temporada. Tuvieron que ser el Betis y Heliópolis sus verdugos. Los béticos celebraron -celebramos- como se merecía un triunfo que a lo mejor para otros habría resultado insignificante, pero que para el Betis, debutante en la Champions y en el grupo más complicado, era casi como ganar un título; sobre todo porque al día siguiente toda Europa habló de él como el primer equipo capaz de tumbar al multimillonario conjunto de Roman Abramovich y de José Mourinho.

La andadura del Betis en la Champions acabó en la siguiente jornada pese a sacar un empate de Anfield Road -nos quedamos terceros y pasamos a jugar la UEFA, donde caímos en octavos de final-; pero al Chelsea aquella derrota le costó el primer puesto del grupo y, a la larga, enfrentarse en la siguiente ronda al que resultó ser el “coco” de la temporada: el Barça de Rijkaard, campeón a la postre de Liga y de Europa.

Desde entonces, todo o casi todo han sido desgracias para la Sevilla bética, hasta el punto de encontrarnos en la situación en la que actualmente estamos. Ojalá el gran inicio de la actual campaña, con un equipo nuevo y joven, marque el comienzo de una época de mayor tranquilidad y prosperidad tanto para el club como para su fiel afición.

Aunque, pase lo que pase a partir de ahora, cada uno de noviembre seguiremos recordando que tal día como hoy, allá por 2005 y en su primera participación en la Champions David –el Betis– fue capaz de vencer, una vez más, a Goliath –el Chelsea-.

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