Lopera: sombras en su gestión… pero también luces


Me prometí a mí mismo hace unos días escribir un post sobre Manuel Ruiz de Lopera y su etapa de 18 años al frente del Betis, y creo que éste es el momento oportuno después de las demoledoras medidas cautelares adoptadas ayer por la jueza Mercedes Alaya contra el que, hasta hace unos días, era el accionista mayoritario de la entidad verdiblanca.

Si algún bético lee este artículo probablemente se sienta algo defraudado por lo que voy a contar en él. De ser así lo siento mucho, pero la mayoría de los aficionados del Betis, entre unas cosas y otras, parece que sólo han conocido al Lopera de los últimos cinco años. Y eso es tremendamente injusto.

Yo estuve en el campo aquella fatídica noche de Champions de diciembre de 2005, contra el Anderlecht; el día en que, de verdad, comenzó el divorcio con la afición y la decadencia de un Lopera que, desde entonces, muy a su pesar, fue emborronando su magnífica gestión deportiva desde que se hizo cargo de la nave verdiblanca el 30 de junio de 1992.

No obstante, como ya he adelantado, mi intención no es hacer más leña del árbol caído de la que ya se ha hecho, sino impartir un poco de justicia recordando lo positivo de estos 18 años, que también ha sido mucho. Su proceder -en lo profesional y en lo personal- desde el verano de 2005 en adelante no ha podido ser más negativo y su marcha tal vez haya sido lo mejor que le ha podido pasar al Betis; pero no me parece de recibo que el Lopera que vaya a pasar a la historia y a la memoria de los béticos sea solamente el del último lustro. No quiero entrar en si se ha llevado dinero del Betis o no -dinero que, en tal caso, también lo ha venido poniendo él en gran medida-; de eso se encargará el juzgado de lo penal que tomará el caso a partir de ahora; sólo me voy a referir a lo deportivo, que es lo que realmente importa entre los verdaderos aficionados al fútbol.

Dejemos a un lado demagogias baratas con el “manque pierda”. Eso siempre lo llevará a gala el Betis con el orgullo que se merece; un emblema que, llevado a la práctica, hizo subsistir al equipo en los desgraciados tiempos de la postguerra en Tercera División, pero que, a diferencia de lo que algunos “béticos populares” nos quieren hacer ver, para nada está reñido con la gran satisfacción que supone vivir una época de vacas gordas.

Y eso, precisamente, fue lo que vivimos con Lopera desde 1992 -cuando precisamente los que ahora descorchan el champán dieron la “espantá” que a punto estuvo de hacer desaparecer al Betis- hasta 2005. Trece en los que ganamos la segunda Copa del Rey y jugamos otra final; y en los que llegamos a jugar cinco veces en Europa -casi el doble de las veces en las que habíamos salido a jugar competiciones internacionales-, una de ellas en la Champions League, la máxima competición continental. ¿Cuándo ha hecho el Betis algo así en su historia? Nunca, ni con el gran Benito Villamarín.

Lopera ha cometido últimamente muchos “pecados” que han desembocado en su inevitable salida; una salida tras la cual se atisba un futuro más que incierto para el centenario Betis: posible administración judicial y más que probable llegada al poder de aquellos que escurrieron el bulto en el 92 -los actuales “Béticos por el Villamarín” y, en parte, “Liga de Juristas Béticos”- y de sus “cachorros” -“Por Nuestro Betis”-.

Gente que, debo ser sincero, no me otorga confianza alguna por lo que (no) hicieron en el pasado; pero gente de la que, como bético, me tendré que fiar, qué remedio… aunque lo cortés no quita lo valiente: yo estaría encantadísimo de que me callaran la boca con hechos, y no con palabrería como lo han intentado hacer hasta ahora.

Pero, volviendo al antiguo máximo accionista, y para terminar, sólo le pido al beticismo -al de verdad- que tenga memoria; y que lo mismo que le ha dado palos a Lopera hasta en el DNI en el último lustro -palos merecidos, repito-, también vuelva a recordar, con el paso del tiempo, que este hombre considerado ahora en la Sevilla verdiblanca como la reencarnación del mismo diablo nos dio una gran cantidad de gloria durante 13 de sus 18 años de mandato.

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