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Diez años de la Copa de Pau Gasol
Posted by Víctor Díaz in Deportes, General, Mi particular memoria deportiva on 9 febrero 2011
MI PARTICULAR MEMORIA DEPORTIVA (21)
Mañana jueves comienza, en el pabellón principal de la «Caja Mágica» de Madrid, la XXVIII Fase Final de la Copa del Rey de baloncesto, probablemente una de las competiciones más bonitas del deporte nacional, en la que el Barça defenderá el título conquistado en Bilbao/Baracaldo hace un año.
De las 27 ediciones anteriores se pueden recoger y señalar miles de momentos y anécdotas especiales, pero si tuviera que destacar alguna por encima de todas, ésa es, sin duda, la de 2001. ¿Por qué? Porque fue la Copa -de la que en 2011 se cumplen diez años- en la que el mejor jugador de la historia del baloncesto español, Pau Gasol, se mostró al mundo.
Gasol, campeón de Europa y del mundo junior con la selección española pero sin ser titular, debutó con el primer equipo del Barça en la temporada 98-99; consolidándose en el mismo la campaña siguiente. En la Copa de 2000, celebrada en el entonces Araba Arena de Vitoria, ya comenzó de verdad a dar muestras de su calidad con un gran partido en los cuartos de final frente al Madrid, pero no fue hasta la temporada 2000-2001 cuando dio el gran salto. A ello le ayudó el bajísimo rendimiento del fichaje estrella del equipo, el veterano pívot ex internacional por Estados Unidos Ronnie Seikaly, que fue «cortado» por Aíto García Reneses a las pocas jornadas de comenzar aquella histórica campaña.
Pau tomó el relevo del americano, y comenzó a crecer de tal forma que se presentó en el Palacio de los Deportes Martín Carpena de Málaga -sede aquel año de la Copa- con la intención de decir «aquí estoy yo, y no vais a poder conmigo». Y vaya si lo hizo. Tras las rondas de cuartos de final y semifinales, en las que el Barça se deshizo con facilidad del Fuenlabrada y del Pamesa Valencia, la final enfrentó a los azulgranas con su eterno rival, con el que Gasol y los suyos tenían una herida muy reciente después de que el Madrid le hubiese ganado la liga a los barcelonistas en el Palau apenas ocho meses antes.
La actuación del ala/pívot de Sant Boi -un muchacho sumamente estilizado con una mano prodigiosa y que jugaba más de «3» que de «4»- fue, sencillamente, colosal. 25 puntos, 5 rebotes, 2 asistencias y 9 faltas recibidas que no sólo le llevaron al MVP de la competición sino que, lo más importante, también cimentaron la victoria del Barça por 80-77, en un partido muy emocionante y que no se decidió hasta los instantes finales gracias a la frialdad en los tiros libres de, entre otros, el propio Gasol.
Lo que vino después ya lo sabemos todos: dominio similar en el play-off final también frente al Madrid; número 3 del «draft» de la NBA a sus 21 años; seis temporadas y media haciéndose un nombre en la mejor liga del mundo en un equipo sumamente modesto como los Memphis Grizzlies; y tres años en Los Ángeles Lakers donde, hasta la fecha, ha ganado dos anillos de campeón con actuaciones muy destacadas.
Todo ello, por supuesto, además de haber sido el abanderado del «decenio fantástico» de la selección española, con un oro mundialista, otro europeo, la plata olímpica de 2008 y otras tres medallas en campeonatos de Europa. Y lo mejor de todo es que, a sus 30 años, la leyenda de Pau Gasol -que en 2011 disputará su cuarto «All Star Game»- continúa, y parece ser que con cuerda para rato.
Así fue la última final de Copa entre Barça y Madrid
Posted by Víctor Díaz in Deportes, General, Mi particular memoria deportiva on 3 febrero 2011
MI PARTICULAR MEMORIA DEPORTIVA (20)
El F.C. Barcelona y el R. Madrid se verán las caras por quinta vez en una final de la Copa del Rey. Hacía ni más ni menos que 21 años que los dos grandes de nuestro fútbol no se cruzaban en el último partido del «torneo del K.O». Dicha final tuvo lugar el 5 de abril de 1990, y su escenario fue el mismo que ahora parece ser que toma prioridad de cara a volver a albergar el mismo choque en 2011, Mestalla, entonces llamado Luis Casanova.
Recuerdo perfectamente aquella final, la segunda vivida por mí desde que tenía uso de razón futbolística, tras la que un año antes había medido al Madrid contra el Valladolid, con triunfo madridista por 1-0 gracias al gol del actual presidente del Betis, Rafael Gordillo.
Ambos equipos llegaban en condiciones muy diferentes a las de ahora, ya que el Madrid, con la Quinta del Buitre alcanzando su cénit, lo hacía batiendo récords de goles y de puntos en la liga; mientras que por parte blaugrana es verdad que se estaba gestando aquel gran equipo que, con Johann Cruyff como entrenador, enamoraría al mundo del fútbol en los cuatro años siguientes; pero lo cierto es que, a una distancia sideral en el campeonato doméstico y eliminado en Europa, el puesto del técnico holandés, que cumplía su segunda temporada en el banquillo, pendía verdaderamente de un hilo. Al final, el convincente triunfo del Barça por 2-0, el 23º de los azulgrana en la Copa, dejó en su sitio a Cruyff, por fortuna para el barcelonismo y para el fútbol, en general.
El Barça, necesitadísimo como decimos de aquella victoria, alineó a Zubizarreta, Aloisio, Alexanco, Koeman, Amor, Bakero, Julio Salinas, Eusebio, Laudrup, Roberto y Beguiristain; mientras que, por el Madrid, John Benjamin Toshack puso a Buyo, Chendo, Gordillo, Fernando Hierro, Sanchís, Ruggeri, Butragueño, Míchel, Hugo Sánchez, Martín Vázquez y Schuster; siendo el gallego Raúl García de Loza el colegiado de un encuentro calentito y emocionante que acabaría cayendo, sorpresivamente, del lado barcelonista.
Para ello fue muy importante la expulsión de un jovencísimo Fernando Hierro poco antes del descanso. El defensa malagueño, que había llegado a la capital el verano anterior procedente del Valladolid, vio su segunda amarilla tras un claro planchazo a Roberto -el posteriormente llamado «Robert», que también jugó en el Valencia y el Villarreal-, y dejó a su equipo con un jugador menos durante toda la segunda parte.
Aún así, la igualdad fue tal que parecía que la final se marcharía a la prórroga; hasta que en el minuto 78 el cañonero holandés Ronald Koeman -el jugador con mejor y más potente disparo de todos los que yo he podido ver en vivo- agarró un balón a treinta metros de la portería y soltó un zambombazo raso que Buyo sólo pudo despejar. El rechace le cayó a Beguiristain que, en el área pequeña, centró en vaselina para que Guillermo Amor cabeceara al fondo de las mallas y pusiera la Copa de cara para el Barça.
De ahí al final el Madrid se lanzó a la desesperada, sufriendo las contras de un Barça que pudo haber hecho el segundo mucho antes. Julio Salinas falló una doble ocasión clarísima ante Buyo poco antes de sentenciar el duelo a los 91 minutos. El célebre delantero azulgrana y de la selección española batió a Buyo tras un excelente pase del revulsivo Miquel «Nanu» Soler, que le robó magistralmente la cartera a Chendo y asistió al vasco para que resolviera definitivamente el signo de la final.
Una final que tuvo su nota triste cuando, en la vuelta de honor del Barça, un desgraciado ubicado en la zona de los hinchas merengues lanzó un objeto que impactó en la cabeza de Zubizarreta. Por suerte, nada le sucedió al fenomenal guardameta de Aretxabaleta.
En 2011 Barça y Madrid repetirán final y ¿escenario? el 20 de abril, sólo cuatro días más tarde de batirse en el partido que podría ser el que dejara sentenciado definitivamente el campeonato de liga. ¿Pronósticos? Si se jugara la semana que viene apostaría por la repetición del 5-0 liguero del Camp Nou, así de claro; pero dentro de seis días lo que se juega es un amistoso entre España y Colombia, y no la final de Copa. Así que esperaremos a ver cómo llegan ambos conjuntos al Miércoles Santo -vaya diíta, por cierto, para jugar una final-; aunque de lo que estoy seguro es de que el choque será más que apasionante.
El primer oro olímpico de nuestra gimnasia artística
Posted by Víctor Díaz in General, Mi particular memoria deportiva on 25 enero 2011
MI PARTICULAR MEMORIA DEPORTIVA (19)
Era absolutamente de justicia, tras anunciar ayer oficialmente su retirada, rendirle este pequeño homenaje a Gervasio Deferr, recordando el momento histórico en el que el gimnasta catalán consiguió la primera medalla de oro (y primera medalla en general) para la gimnasia artística española en unos JJOO.
Cierto es que la rítmica ya nos había deparado momentos inolvidables en la competición olímpica (la plata de Carolina Pascual en 1992 y, sobre todo, el emotivo oro de conjuntos en 1996); pero la artística es otra cosa. La artística es, desde 1896, uno de los tres grandes deportes de los Juegos junto al atletismo y a la natación; y si bien en estos dos últimos ya habíamos roto la barrera, todavía nos faltaba hacerlo en la gimnasia.
Esa primera medalla pudo y debió venir, por ejemplo, de manos del recientemente nombrado presidente de la Federación Española, Jesús Carballo «junior», en Atlanta 96; pero, como todos recordamos, el doble campeón mundial en barra fija se dio de bruces contra el suelo en la final de dicho aparato. Tuvo que ser Gervasio Deferr, en los Juegos de Sydney 2000 (para los que en su momento escribí un artículo recordatorio en Gimnastas.net), quien hiciera añicos ese «tabú» que perseguía a nuestro deporte.
«Gervi» se presentó en las Antípodas tras haber irrumpido, un año antes en el Mundial de Tianjin, como un elefante en una cacharrería con la medalla de plata en suelo, a sus 19 años, dos después de haberse metido por vez primera en una final mundialista. No obstante, el éxito no llegó en el que siempre ha sido su aparato predilecto, sino en el segundo de ellos. En suelo, un error en la jornada de clasificación le privó de entrar en la final, no así en salto. Tras unas primeras horas de lógico abatimiento, «Gervi» se olvidó de aquel fallo y se centró en la que, desde ese momento, iba a ser su final, en el último año en el que se compitió con el potro tradicional.
Y allí, su enorme fiabilidad y los errores de sus rivales más directos le pusieron en lo más alto del podium. «Gervi», que actuó el tercero, ejecutó sus dos saltos de forma magistral (9,712 de media), mientras que todos los que salieron después que él se la pegaron con el mismo salto, el «Roche» (paloma con doble mortal hacia delante), salvo el polaco Lezsek Blanik. Mas como Blanik ya había errado su salto anterior, su perfecta ejecución del «Roche» únicamente le sirvió para alcanzar el bronce, tras Deferr y el ruso Alexei Bondarenko.
Así pues, el momento más esperado por la gimnasia española por fin había llegado. La mala suerte de Joaquín Blume (no pudo competir en Melbourne 56 por el boicot franquista a la URSS y, posteriormente, falleció en el consabido y trágico accidente de aviación) y la desgraciada caída de Carballo habían empezado a quedar compensadas gracias a la calidad y la competitividad de un artista que supo sobreponerse al fallo en su aparato preferido para hacerse, en el salto de potro, con su primer oro olímpico.
Luego llegaron su segundo oro en salto; el bronce de Patricia Moreno en suelo (ambas medallas en Atenas 2004); y su ansiada presea (plata) en los ejercicios sobre el piso, la tercera y última de su carrera, en Pekín 2008. Pero, como es lógico, la de Sydney guarda un hueco muy especial en los anales de la gimnasia artística española, tanto por haber inaugurado nuestro palmarés olímpico como por lo puramente dorado de su metal. Y debajo de ella siempre estará el nombre de don Gervasio Deferr Ángel.
El gol de Juanito que tumbó al Barça de Cruyff
Posted by Víctor Díaz in Deportes, General, Mi particular memoria deportiva on 7 enero 2011
MI PARTICULAR MEMORIA DEPORTIVA (18)
Como quien más quien menos ya sabe, Betis y Barça se van a medir durante las dos próximas semanas en los cuartos de final de la Copa del Rey. Los enfrentamientos previos en el «torneo del KO» entre béticos y culés (4-4 en el global) han dejado, en lo que a mí respecta, un par de momentos de los considerados altamente especiales; pero del segundo de ellos (la final del 97 que presencié «in situ» en el Bernabéu) hablaremos en otro momento.
Porque la situación del presente año se presenta tremendamente similar a lo que aconteció hace 17 años, en febrero de 1994. Cualquier bético que se precie y que empiece ya a tener una cierta edad recordará inevitablemente aquel enfrentamiento, también en cuartos de final, entre ambos equipos, uno de los numerosos capítulos en los que, a lo largo de su historia, el club heliopolitano ejerció de «Currobetis».
Era el Betis de Sergio Kresic, en el segundo año de Manuel Ruiz de Lopera como accionista mayoritario de la entidad; una temporada, la 93-94, en la que el equipo, también en Segunda División, terminó ascendiendo de la mano de Lorenzo Serra Ferrer, sustituto a posteriori del técnico croata.
Pero el arrollador ritmo con el que los béticos terminaron la campaña ni mucho menos había legado todavía. Era un Betis en el que su actual presidente, Rafael Gordillo, daba algunos de sus últimos coletazos en el fútbol profesional, y en el que las estrellas eran el «Toro» Aquino y Angelito Cuéllar; un Betis que, a esas alturas, apenas si luchaba por alcanzar un lugar que le diera derecho a jugar la promoción de ascenso, practicando un fútbol muy poco vistoso que le daba para ir sacando los partidos de casa, pero que fuera lo perdía casi todo.
En medio de esa tesitura, el bombo copero emparejó a los verdiblancos en cuartos de final ni más ni menos que con el Barcelona de Cruyff, el legendario «Dream Team» culé. Antes se había eliminado al Mensajero -de la canaria isla de La Palma-, al Elche, al «Poli» Ejido y al Mérida; y la visita del Barça, como esta temporada, era considerada como una ocasión para sacar una extraordinaria taquilla y también para que el aficionado bético disfrutara, después de tres años en Segunda, de un equipo de primer nivel. Nadie, pero absolutamente nadie, pensaba que el Betis iba a dar la CAMPANADA -sí, con mayúsculas- de aquel año en la Copa.
El partido de ida se celebró en el Benito Villamarín, que registró un lleno absoluto. El Barça llegaba con algunas bajas, entre ellas la del jugador «de dibujos animados», Romario, sancionado con cuatro partidos por dar un puñetazo al entonces sevillista Simeone; y Cruyff aprovechó para poner a muchos jugadores de los menos habituales. Algo que a punto estuvo de costarle caro, ya que el Betis consiguió arrancar un 0-0 que pudo haber sido todavía mejor si el delantero sueco Ekstrom -aquél que tan fugaz paso tuvo por Heliópolis- hubiese estado acertado ante la meta que defendía Busquets, el padre del actual medio defensivo del Barça.Cruyff tomó nota, y en la vuelta continuó sin sacar a su mejor once, pero ya incluyó a bastantes de sus estrellas, como a Koeman, Stoichkov, Sergi o el actual técnico, Pep Guardiola. El Betis, por su parte, parecía ir derechito al «matadero» con su once compuesto por Diezma, Merino II, Monreal, Urena, Chirri, Roberto, Cañas, Mágico Díaz, Alexis, Cuéllar y Juanito. Es decir, sin su goleador Aquino y con Juanito, aquel delantero gallego procedente del Dépor, que también duró nada y menos pero que en aquel partido se ganó un lugar permanente en la historia bética.
A la media hora, tras un despeje larguísimo de la zaga bética, Juanito aprovechó una falta de entendimiento entre Koeman y Busquets para meterse entre ellos y marcar uno de los goles históricos por excelencia del Real Betis Balompié. Un tanto que acabó dando a los verdiblancos el pase a semifinales, toda vez que el considerado por muchos como el mejor equipo de Europa de la época no fue capaz de hacerle a Diezma ni tan siquiera un gol (le hacían falta dos para clasificarse).
La celebración en Sevilla fue espectacular. La Plaza Nueva, como en las grandes ocasiones, se llenó de béticos que botaron y bailaron con la gran gesta de su equipo, que tres días más tarde volvió a «hacer de Betis» perdiendo por 2-1 en El Madrigal contra un Villarreal que, lógicamente, ni mucho menos era la sobra de lo que es ahora.
A nadie le importó; como a nadie le importó tampoco que el Zaragoza -campeón de Copa ese año y campeón de la Recopa al año siguiente- le cortara el paso al Betis en semifinales, tras una prórroga en La Romareda. Lo del Camp Nou fue, es y seguirá siendo historia.
El último «drive» de Carlos Moyá
Posted by Víctor Díaz in Deportes, General, Mi particular memoria deportiva on 10 diciembre 2010
MI PARTICULAR MEMORIA DEPORTIVA (17)
Sé perfectamente que, por desgracia, ésta no es la noticia deportiva del día; pero de la llamada «Operación Galgo» ya hablaremos en su momento, cuando la investigación vaya siguiendo su curso, se vaya asentando y continúen saliendo nombres. Mi artículo de hoy pensaba dedicarlo a Carlos Moyá, y no voy a cambiar de idea porque probablemente sería muy injusto con el ya ex tenista mallorquín.
Se nos ha retirado de forma oficial uno de los deportistas españoles más grandes de la historia reciente. «Apartado» en un segundo plano desde hace años por su edad -34 actualmente- y por la irrupción del «terremoto Nadal» -que, como es lógico, todo lo puede y todo lo eclipsa-, el tenis nacional le estará eternamente agradecido a Moyá por el enorme beneficio que le ha brindado, tanto dentro como fuera de las pistas, durante sus quince años de carrera profesional; una carrera que esta noche ha llegado a su fin tras ser derrotado por David Ferrer (7-6, 6-3) en el Master Nacional/Copa de S.M. El Rey, que hoy ha comenzado en el Palacio de los Deportes de San Pablo, en Sevilla.
Su última lección
Y lo ha hecho de una forma más que digna, tras un partido que nos ha divertido mucho a todos los espectadores que hemos estado allí presentes. Disfrutar y hacer disfrutar a la gente; esa ha sido desde siempre la máxima de Moyá, y eso mismo es lo que tanto el mallorquín como Ferrer han cumplido a rajatabla.
Especialmente en un primer set que nos ha permitido ver los últimos grandes puntos de la vida tenística de Carlos, que con golpes de derecha, de revés, y también con globos y dejadas nos ha puesto en pie en varias ocasiones, obligándonos a aplaudir casi a rabiar, y también a hacer la ola.
Y como Ferrer no se quedó atrás, todo se resolvió en el «tie-break», un desempate ciertamente extraño. El mallorquín tuvo cinco bolas de set (1-6), pero entonces renació el alicantino no sólo para enjugarlas todas sino para hacerse con la manga por 7-6, con 8-6 en el juego decisivo.
En el segundo set, pese a recuperar un «break», Moyá acusó tanto los años como la inactividad -llevaba sin jugar desde mayo por culpa de una lesión-, y Ferrer lo aprovechó para ganar por 6-3, pasar a semifinales y despedir con un fuerte abrazo a su amigo, que hizo lo propio con unos aficionados, los sevillanos, que siempre le hemos querido como si fuera uno de los nuestros.
Australia 97: como un elefante en una cacharrería
Rememorando lo que ha sido su carrera, aún recuerdo, allá por enero de 1997, a un chaval de apenas 20 años, desconocido para casi todo el mundo, que apareció en la élite del circuito profesional con un juego y un estilo sumamente descarados y desenfadados que le llevaron a ser el segundo español, tras Andrés Gimeno, en llegar a una final en el Open de Australia.
Carlos no pudo con el gran Pete Sampras, pero sentó las bases para «atacar» en años posteriores los grandes torneos, además de ganarse al público español con su sorprendente «hasta luego, Lucas» en el Rod Laver Arena de Melbourne.
Su progresión como tenista, basada principalmente en la consolidación de su «drive» o golpe de derecha, y la mejora progresiva de otros aspectos -como el revés, especialmente el cortado-, le llevó en 1998 a ganar Roland Garros y a jugar la épica final del Masters, ambos logros con su amigo Álex Corretja al otro lado de la red; y también a las semifinales del US Open y a hacerse con el Masters 1000 -por entonces «Torneo Super 9»- de Montecarlo.
Pero no fue hasta los inicios de 1999, tras el torneo de Indian Wells, cuando consiguió no su mejor triunfo pero sí el más simbólico: ser número 1 del mundo. Sólo estuvo dos semanas al frente del ránking de la ATP, pero esos quince días le sirvieron para pasar a la historia como el primer español en ser número 1 del mundo en la «era Open».
Fue, no obstante, el inicio de un período decepcionante para él, ya que desde ese momento comenzó a bajar posiciones en la ATP; y en diciembre de 2000 recibió un duro golpe al quedarse fuera del equipo que, días más tarde, se haría con la primera Copa Davis para el tenis español.
La Davis, su principal objetivo
Desde entonces, la popularmente conocida como «Ensaladera» se convirtió en el objetivo número uno para Carlos, quien recuperó buena parte de su excelente nivel entre 2002 y 2004, período en el que consiguió triunfos señalados como los Masters 1000 de Cincinnati (2002) y Roma (2004), o el Conde de Godó (2003); pero la Davis siempre ocupó un lugar primordial en sus preferencias.
Estuvo a punto de lograrlo en la célebre final -por motivos ajenos al deporte, como todos recordamos- de 2003 en Australia. En el mismo lugar que le lanzó a la fama seis años antes, un Rod Laver Arena esta vez con la hierba como superficie, Carlos derrotó en la primera jornada en cuatro sets al subcampeón de Wimbledon de aquel año, Mark Philippousis; pero se quedó con las ganas de jugar el quinto y definitivo punto porque Ferrero, al igual que había ocurrido en la jornada inicial contra Hewitt, perdió en cinco durísimos sets ante Philippoussis, quedando la final sentenciada con el 3-1.
Al año siguiente, por fin, se desquitó ante Estados Unidos, en la no menos célebre final de Sevilla, que tuvo por escenario el Estadio Olímpico de La Cartuja. Fue la final de los baleares: Rafa Nadal, «alumno» de Moyá, se mostró definitivamente al mundo; y Carlos ganó sus dos puntos, el primero ante Mardy Fish; y el segundo, el que dio el título a España, ante Andy Roddick. La Copa Davis, por fin, también estaba en su palmarés.
A partir de ahí los años y las lesiones hicieron mella en su rendimiento y, aunque volvió al «Top 20» en 2007, nunca volvió a ser el mismo. Poco a poco fue preparando su retirada definitiva; y ésta, anunciada ya hace algunas semanas, se ha oficializado esta noche. Y yo, con el paso de los años, podré presumir de que estuve «in situ» en San Pablo para presenciar su último «drive», su última lección sobre una pista de tenis.
EDITO (11-12-2011): María José Martínez y David Ferrer se han proclamado hoy campeones del Masters Nacional en las categorías femenina y masculina, respectivamente. La crónica de un servidor sobre ambas finales la pueden ver en Diario Siglo XXI.
Elena Gómez: ocho años del primer oro mundial de nuestra gimnasia artística femenina
Posted by Víctor Díaz in Deportes, General, Mi particular memoria deportiva on 25 noviembre 2010
MI PARTICULAR MEMORIA DEPORTIVA (16)
Hoy se cumplen ocho años de otro de esos días estelares para el deporte español; no es una cifra redonda pero sí una excusa perfecta para dedicarle un artículo en este espacio. El 25 de noviembre de 2002 Elena Gómez, la gimnasta de Manacor, una de mis deportistas más admiradas, se proclamó en Debrecen (Hungría), a sus 17 años, campeona del mundo en la modalidad de suelo.
Era el primer oro en un campeonato del mundo para la gimnasia artística femenina española -el tercero en total tras los dos de Jesús Carballo en 1996 y 1999 en barra fija-, y para recordar ese momento remito al artículo que, en su día, escribí para Gimnastas.net, la página de mi querida amiga y admirada Calítoe.:.
http://www.gimnastas.net/2002-el-ano-del-titulo-mundial-de-elena-gomez/
He aquí el ejercicio que le hizo entrar en la historia del deporte nacional, así como los momentos previos a su nota y la ceremonia de entrega de medallas:
Elena ganaría otra medalla de bronce al año siguiente y una plata europea en 2004 -los JJOO, lamentablemente, se le resistieron-, siempre en suelo, antes de su retirada en 2005; pero el de aquella tarde húngara de domingo fue, sin duda, el gran momento de la carrera deportiva de una excelente gimnasta y -en cierto modo puedo decirlo por experiencia- todavía mejor persona.
Betis-Chelsea: la gran victoria europea en la mágica noche de Champions heliopolitana
Posted by Víctor Díaz in Deportes, General, Mi particular memoria deportiva on 1 noviembre 2010
MI PARTICULAR MEMORIA DEPORTIVA (15)
El primero de noviembre siempre es un día muy especial, el Día de Todos los Santos; el día en el que muchas personas acuden a recordar a sus antepasados que descansan en paz en sus respectivos cementerios; el día en el que más de uno y más de dos, sobre todo en Sevilla, se acercan a ver la tradicional puesta en escena de Don Juan Tenorio -yo lo hice el pasado sábado-… pero para los béticos también es un día muy significativo.
No en vano hoy se cumplen cinco años del triunfo más importante del conjunto bético en sus nueve años de participaciones en competiciones europeas; la última jornada verdaderamente de gloria vivida, hasta la fecha, por la sufrida afición verdiblanca: la noche en la que el Betis alcanzó su cénit, el punto más alto al que ha llegado en toda su historia. Una noche de Champions; aquélla, en definitiva, en la que el todopoderoso e imbatido Chelsea hincó la rodilla (1-0) en el estadio Manuel Ruiz de Lopera.
1 de noviembre de 2005. 20:45 horas. El Betis, vigente campeón de la Copa del Rey entrenado por el mítico Lorenzo Serra Ferrer, afrontaba la cuarta jornada de la fase de grupos de la Liga de Campeones, competición para la que, como creo que todos recordamos, se había clasificado por vez primera en su historia tras quedar en cuarto lugar en la liga española y tras eliminar en la fase previa al equipo que, un año antes, había alcanzado la final, el Mónaco.
Era el Betis de Joaquín, de Edu, de Oliveira, de Capi, de Varela, de Rivas, de Juanito, y de Dani, el héroe de la Copa y el delantero que más y mejor rentabilidad le ha sacado a sus no demasiados goles. Entre todos consiguieron el sueño de poder escuchar la mítica pieza de Haendel en el coliseo heliopolitano, algo que jamás en la historia había sucedido, y algo que, hoy en día, parece tremendamente complicado que vuelva a ocurrir.
Al partir en el último de los bombos -una participación en la UEFA desde 1998 no daba para más-, al Betis le tocó el peor de los grupos posibles en liza, con el campeón Liverpool, el Chelsea de Roman Abramovich, y un histórico -en horas bajas, todo sea dicho- como el Anderlecht.
Tres puntos acumulaban los verdiblancos después de las tres primeras jornadas, fruto del triunfo por 0-1 ante los belgas y de las derrotas por 1-2 y 4-0 respectivamente frente a Liverpool y Chelsea. Si a ello le unimos la delicada situación que el equipo atravesaba en la liga, quien más quien menos aventuraba un paseo de los londinenses -invictos en competición oficial desde las semifinales de la Champions de la temporada anterior- en Heliópolis.
Pero el Chelsea, desconocedor por completo de la tradicional idiosincrasia del club de las trece barras, no sabía lo que le esperaba. Con un tal José Mourinho al frente, y con unos tales John Terry, Ricardo Carvalho, Frank Lampard, Mickael Essien, Arjen Robben o Didier Drogba entre otros como estrellas, el club de Stamford Bridge pensaba sacar de manera más o menos sencilla una victoria que le permitiera seguir al frente de la clasificación en el grupo. La sorpresa que se llevaron, noventa y pocos minutos más tarde, sería descomunal.
Lleno hasta la bandera
El Ruiz de Lopera estaba completamente abarrotado, viviéndose el que quizás sea el ambiente más impresionante que se haya podido vivir nunca en un campo de fútbol, al menos entre los que servidor de ustedes ha podido disfrutar.
Sobre el campo, los siguientes jugadores: por el Betis -con Serra Ferrer en el banquillo- Contreras; Varela, Juanito, Melli, Nano; Arzu, Rivera; Joaquín, Capi, Edu; y Oliveira. Por el Chelsea, Mourinho sacó a Cech; Ferreira, Carvalho, Terry, Gallas; Essien, Makelele, Lampard; Joe Cole, Gudjohnsen y Robben.
Para que la empresa fuese más difícil, a los 20 minutos el Betis había perdido ya a dos hombres por sendas lesiones, graves además: el primero fue Nano, en una jugada fortuita, teniendo que ser sustituido por el italiano Paolo Castellini; y el segundo… el segundo fue ni más ni menos que Ricardo Oliveira, el goleador.
Apenas tres minutos después del percance de Nano, Oliveira luchó por un balón con Carvalho casi en la línea de fondo del ataque bético, con tan mala suerte que, tras el despeje del portugués, su rodilla le hizo un mal giro al clavar los tacos en el césped. Resultado: rotura de ligamentos. Un giro fatal que estremeció a todos los que nos dimos cita en el Ruiz de Lopera y que, a la larga, supuso el fin de la primera etapa del brasileño como jugador del Betis. Dani fue llamado por Serra Ferrer para que, como alma que lleva el diablo, se incorporase al campo.
Todo estaba en contra; sin embargo en ese mismo momento surgió, como en otros tantos a lo largo de su centenaria historia, el espíritu del «Currobetis«. Los jugadores verdiblancos se conjuraron para que en esa noche tan especial apenas si se notaran las ausencias; y vaya si lo lograron.
Dani, una vez más, el héroe
Con un inmenso Rivera en el centro del campo, el Betis hilvanó a los 27 minutos la mejor jugada de todo el partido. El balón fue circulando de derecha a izquierda hasta que Rivera se la dio a Capi quien, desde la banda zurda, inició una incursión letal hacia el área del Chelsea. El camero dio un pase raso al interior del área que Edu dejó pasar ante Terry y Dani, solo en el área pequeña, aguantó la tarascada de Gallas y batió por bajo a Cech.
No podía ser otro. Dani, un hombre maltratado por el fútbol en general en forma de lesiones y por la prensa deportiva madrileña en particular, era, una vez más, aquél que estaba llamado a erigirse en héroe del Betis. Como casi siempre, nadie contaba con él; había tenido que salir precipitadamente por la lesión de un compañero. Pero, como cinco meses antes en la final de Copa contra Osasuna; como haría un año después también en Copa en el Bernabéu; y como en más de uno y más de dos oportunos encuentros de liga, el trianero fue el autor de un nuevo gol histórico para el Betis.
Un gol con el que tronó todo el estadio y que sorprendió a todo el Chelsea, empezando por el señor Mourinho, que en el descanso tiró de artillería y dio entrada a Drogba, a quien había reservado de inicio. El segundo tiempo fue un monólogo en ataque del Chelsea, ante un Betis que se defendió como un verdadero equipo, entre otras cosas porque «jugó» con doce.
La magia de la afición llevó en volandas al equipo
Mejor dicho, con 50.000 hombres de más -la entrada total del Ruiz de Lopera descontando la representación visitante-, gracias al espectacular empuje de su hinchada. La afición presionó como nunca en cada ataque londinense, haciendo tal cantidad de ruido golpeando los asientos que éste que suscribe debió taparse constantemente los oídos so pena de quedarse sordo por completo.
La presión de la grada surtió efecto, porque pese al empuje de los de Mourinho, el Chelsea tan sólo gozó de una ocasión verdaderamente clara de gol, propiciada por los dos extremos sustitutos. A los 71 minutos el irlandés Duff recibió por la izquierda un pase de Lampard y mandó un balón cruzado a través del área al lado contrario que recogió Whright-Phillips. Éste pasó la pelota al centro y Essien, desde el suelo, remató raso para que el esférico impactara en ambos palos, quedándose finalmente Contreras con él. El Ruiz de Lopera respiró profundo, y luego se sonrió por la fortuna que, por una vez, había acompañado a su equipo en el partido.
El invicto Chelsea no pudo ni tan siquiera empatar en los minutos que quedaban, y cayó por primera vez en la temporada. Tuvieron que ser el Betis y Heliópolis sus verdugos. Los béticos celebraron -celebramos- como se merecía un triunfo que a lo mejor para otros habría resultado insignificante, pero que para el Betis, debutante en la Champions y en el grupo más complicado, era casi como ganar un título; sobre todo porque al día siguiente toda Europa habló de él como el primer equipo capaz de tumbar al multimillonario conjunto de Roman Abramovich y de José Mourinho.
La andadura del Betis en la Champions acabó en la siguiente jornada pese a sacar un empate de Anfield Road -nos quedamos terceros y pasamos a jugar la UEFA, donde caímos en octavos de final-; pero al Chelsea aquella derrota le costó el primer puesto del grupo y, a la larga, enfrentarse en la siguiente ronda al que resultó ser el «coco» de la temporada: el Barça de Rijkaard, campeón a la postre de Liga y de Europa.
Desde entonces, todo o casi todo han sido desgracias para la Sevilla bética, hasta el punto de encontrarnos en la situación en la que actualmente estamos. Ojalá el gran inicio de la actual campaña, con un equipo nuevo y joven, marque el comienzo de una época de mayor tranquilidad y prosperidad tanto para el club como para su fiel afición.
Aunque, pase lo que pase a partir de ahora, cada uno de noviembre seguiremos recordando que tal día como hoy, allá por 2005 y en su primera participación en la Champions David –el Betis– fue capaz de vencer, una vez más, a Goliath –el Chelsea-.
Copa Davis 2004: la irrupción de un terremoto llamado Nadal
Posted by Víctor Díaz in Deportes, General, Mi particular memoria deportiva on 17 septiembre 2010
MI PARTICULAR MEMORIA DEPORTIVA (14)
Que Rafa Nadal, a sus 24 años, es indiscutiblemente el mejor jugador hoy en día del tenis mundial es algo que saben hasta los niños pequeños. Que el de Manacor año tras año se va superando -con excepción de 2009, en el que las lesiones y los problemas personales no le dejaron en paz-, también. Pero en medio de tanto éxito y de tanta gloria creo que es oportuno recordar cuál fue el primer gran momento, la irrupción de este chaval que ha trascendido las fronteras de lo deportivo para convertirse en un verdadero fenómeno social.
Y ése no fue otro que la Copa Davis de 2004. En los inicios de aquel año prácticamente nadie ajeno al mundo del tenis se había percatado de la progresión de un niño de 17 primaveras que había debutado en la ATP tres años antes, consiguiendo su primer punto en el sevillano Real Club Tenis Betis del barrio de El Porvenir, en la Copa Sevilla de 2001.
La leyenda comenzó en Brno
Y digo bien, nadie ajeno al mundo del tenis. Porque el trío de capitanes del equipo español de Copa Davis, Jordi Arrese, Juan Avendaño y Josep Perlas, bien que confió en él para acudir a Brno a disputar la primera eliminatoria de 2004 contra la República Checa. Los dos máximos cracks del tenis nacional, Juan Carlos Ferrero y Carlos Moyá, atravesaban diversos problemas físicos -los de Ferrero duraron toda la temporada-, con lo que el G-3 tuvo que hacer una convocatoria de circunstancias, con Tommy Robredo, Feliciano López, «Beto» Martín y el propio Nadal, la gran sorpresa.
Para más inri, Rafa salió a jugar el primer día, abriendo la contienda en la moqueta de Brno ante el peligrosísimo Jiri Novak. A pesar de la lógica derrota, su debut fue muy prometedor. Nadal cayó en tres sets, pero llevó al experimentado jugador local -invicto en Copa Davis hasta la fecha de la que hablamos- a disputar el «tie break» en dos de las tres mangas.
El destino, no obstante, le reservaba una sorpresa al manacorí. Tras ceder también el punto del dobles junto a Tommy Robredo, Nadal fue el encargado de decidir la eliminatoria después de que «Feli» López igualara a dos ante un también jovencísimo Tomas Berdych. Rafa se cargó en tres sets a Radek Stepanek (7-6, 7-6 y 6-3), le dio a España el pase a cuartos de final y consiguió su primera gran victoria en el tenis profesional.
Fijo en la Davis
De ahí en adelante, pese a la recuperación de Moyá y Ferrero, Rafa se convirtió en un fijo para el G-3, que lo fue incluyendo como pareja de dobles de Tommy Robredo tanto en cuartos de final como en semifinales. El manacorí y el gerundense perdieron en la Plaza de Toros de Palma de Mallorca ante los holandeses Martin Verkerk y Jeff Van Lottum pese a comenzar ganando por dos sets a cero; pero por el contrario derrotaron en semifinales a los franceses Mickael Llodra y Arnaud Clement en otro maratoniano encuentro.
Además, en el choque contra los franceses, celebrado en la Plaza de Toros de Alicante, Nadal, como en Brno, fue el encargado de cerrar el pase a la final del equipo español, avasallando a Clement en el cuarto partido. Rafa ya era toda una estrella para los aficionados de nuestro país, pero todavía le faltaba descubrirse ante el mundo entero.
Y eso ocurrió, no podía ser en otro lugar, en Sevilla, en la final celebrada en el Estadio Olímpico contra Estados Unidos, todo un regalo del presidente de la Federación de Tenis Agustí Pujol… si bien luego el propio Pujol se encargó posteriormente de quitarnos la ilusión a muchos al destinar para el público -para más inri al público español, no exclusivamente sevillano- apenas 3.000 entradas de las 27.000 de las que constaba la cancha de tenis que se construyó dentro del megaestadio de La Cartuja. Más allá de las escuelas de tenis y de los amiguetes de los directivos fue imposible hacerse con uno de los abonos.
España buscaba su segunda «Ensaladera-ponchera» en su quinta final, la primera en la que no tenía enfrente a Australia. La rivalidad con los australianos en los 60 -dos finales perdidas en las Antípodas- se trasladó a principios del siglo XXI, con la histórica victoria de España en 2000 en el Palau Sant Jordi de Barcelona -ya hablaremos de ella en otro momento, porque también merece un capítulo aparte- y con la derrota tres años después en la hierba provisionalmente instalada en el Rod Laver Arena de Melbourne.
Exhibición ante Roddick delante de todo el mundo
Ahora estaban enfrente los americanos. Nadal, con apenas 14 años, había sido el abanderado del equipo español en la final de 2000; pero en 2004 la vivió donde realmente hay que hacerlo, en la pista. Rafa compartió equipo, como en cuartos y en semifinales, con Moyá, Ferrero y Robredo, siendo él la clave para terminar de decantar el triunfo del lado español.
La clave porque, si bien Carlos Moyá fue el líder de aquella victoria con sus dos puntos, la gran victoria de Nadal el primer día sobre Andy Roddick -número 2 mundial por entonces- supuso algo inesperado. El cuerpo técnico decidió, para sorpresa de todo el mundo, alinearlo el primer día en lugar de un Ferrero muy bajo de forma, y el éxito fue rotundo.
Rafa saltó a la pista después de que su paisano «liquidara» por la vía rápida a Mardy Fish, y se marcó un partido espectacular, que levantó de sus asientos a quienes estaban en el estadio y a quienes nos tuvimos que conformar con verlo por televisión. Con el tenis eminentemente físico y pundonoroso de sus primeros años en la élite, Nadal se deshizo de Roddick tras 3 horas y 45 minutos, tiempo distribuido a lo largo de cuatro sets.
Pese a merecerlo por la espectacularidad de muchos de sus puntos, el balear perdió en el «tie break» el primer set, pero rápidamente se repuso con un 6-2 en el segundo; y en el tercero se vivieron las emociones más fuertes de todo el fin de semana. Un revés cruzado a dos manos cerró otra emocionantísima y muy brillante manga, resuelta de nuevo en el «tie break»; tras lo cual el americano se vino definitivamente abajo, y el cuarto set nos ofreció, como en el segundo, un 6-2 ya definitivo para Nadal, al que poco faltó para salir a hombros del Estadio Olímpico. Roddick no fue el «top ten» más alto al que había derrotado Nadal en 2004 -la posteriormente legendaria rivalidad con Federer se había iniciado con un triunfo de Rafa en la segunda ronda del torneo de Miami-, pero sí fue ante el que consiguió el mejor y más importante de todos sus triunfos de aquel año.
Carlos Moyá sentenció el enfrentamiento en el cuarto encuentro, también contra Roddick; pero los parabienes los tuvo que compartir -encantadísimo de hacerlo- con aquel chaval, sobrino de gran futbolista –Miguel Ángel Nadal, del Mallorca y del Barça- y paisano de una campeona del mundo de gimnasia –Elena Gómez-; un joven del que «Charly» ejerció de «padrino» durante sus años de adolescencia.
Un chaval que comenzó siendo «el sobrino de Nadal», que continuó llamándose «Rafa Nadal«, y que ahora, seis años después, nueve títulos de Grand Slam, 18 Masters Series, 3 Copas Davis, un oro olímpico y dos años de número 1 aparte, no es sino «Don Rafael Nadal«, el que para algunos -yo «simplemente» lo equiparo al gran Miguel Indurain– es el mejor deportista español de la historia. Una leyenda que comenzó allá por 2004 en la Copa Davis.
Cuatro años desde la conquista del Sol Naciente
Posted by Víctor Díaz in Deportes, General, Mi particular memoria deportiva on 3 septiembre 2010
MI PARTICULAR MEMORIA DEPORTIVA (13)
El Campeonato del Mundo de baloncesto -también conocido como Mundobasket- de 2010 llegó ayer a la conclusión en lo que a su primera fase se refiere. Después de dejar múltiples dudas, la selección española ha terminado segunda de su grupo tras una doble carambola, y además de enfrentarse a Grecia en octavos -a la que «hay que ganar»- tiene el camino libre de Estados Unidos hasta la final. Pero en este post no voy a hablar precisamente de esto.
Hoy hace exactamente cuatro años que España, la recién bautizada por entonces «ÑBA», consiguió el mayor logro del baloncesto español en toda su historia, el Mundial celebrado en Japón, y empezó a marcar una época que, sobre todo en Europa, todavía dura en la actualidad.
España llegó al país del Sol Naciente en 2006 después de las decepciones -que no fracasos- de los JJOO de Atenas 2004 y del Europeo de Serbia 2005. Allí, aunque se estuvo cerca, no se consiguieron medallas, y el presidente de la Federación, José Luis Sáez, decidió dar un golpe de timón contratanto a José Vicente «Pepu» Hernández.
Con el ex entrenador del Estudiantes -cuya filosofía era tan simple como rotunda, «BA-LON-CES-TO»– y con un grupo de jugadores fresco y cada vez más consolidado, la selección se presentó en el campeonato siendo una de las favoritas para conseguir una medalla. Pau Gasol, tras su descanso el año anterior, volvía a ser el estandarte de este equipo, y junto a él formaron la lista Rudy Fernández, Cabezas, Calderón, Felipe Reyes, Carlos Jiménez, Sergio Rodríguez, Berni Rodríguez, Marc Gasol -revelación del campeonato-, Álex Mumbrú y un Jorge Garbajosa que acababa de llegar a la NBA procedente del Unicaja -con el que se había proclamado ese mismo año campeón de la liga ACB- y que pasaba por el mejor momento de su carrera.
Y apenas quince días después este sensacional equipo se colgó la medalla de oro tras apalizar en la final (70-47), sin Pau Gasol en cancha, a una Grecia campeona de Europa que venía de cargarse ni más ni menos que a los Estados Unidos.
La lesión del, por entonces, jugador de los Memphis Grizzlies (MVP del torneo), producida en el tramo final de la emocionantísima semifinal contra la campeona olímpica, Argentina -gracias, aro, por «escupir» el tiro final de Nocioni-, le otorgó a los helenos, pero a la hora de la verdad sus compañeros se conjuraron para suplir su ausencia y a fe que lo consiguieron.
La selección le dio una soberana paliza desde el principio a un equipo que contaba en sus filas, entre otros, con «un tal» Papaloukas, «un tal» Diamantidis, «un tal» Spanoulis, «un tal» Fotsis o «un tal» Schorchianitis, que con su corpulencia se había «comido» en la semifinal a los pívots de Estados Unidos, pero que en la final fue frenado perfectamente por un jovencísimo Marc Gasol.
Una actuación en conjunto soberbia, cimentada, como durante todo el Mundobasket, en la enorme intensidad defensiva. Una defensa que nos llevó a ganar por más de diez puntos todos los encuentros, salvo el de semifinales ante Argentina, que fue la gran batalla del torneo.
Nueva Zelanda, Panamá, Alemania, Angola, Japón (primera fase), Serbia-Montenegro (octavos) y Lituania (cuartos) probaron la «receta» de Pepu, una receta que tuvo su mejor aplicación en el partido final, en el que nos hizo entrar en la historia. En definitiva, en el que nos convertimos en campeones del mundo de baloncesto por primera vez.
¿Seremos capaces de repetir este año? Será complicado, porque a las ausencias de Pau Gasol y de Calderón se unen las malas sensaciones de la primera fase y el hecho de que Estados Unidos parece ir de verdad en serio. El tiempo lo dirá. De momento mañana, como hace justamente hoy cuatro años en Saitama, debemos deshacernos de los griegos.



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