Archive for category Efemérides, momentos especiales y otros
Entre amigos en tierras nazarenas
Posted by Víctor Díaz in Efemérides, momentos especiales y otros, General on 29 diciembre 2009
Navidad: Según el DRAE en una de sus acepciones, es el día en el que se celebra la natividad (nacimiento) de Nuestro Señor Jesucristo. También se admite que sea considerada como un período de ambiente festivo que transcurre, aproximadamente, desde el 22 de diciembre hasta el 6 de enero, en el que los niños están de vacaciones y los mayores ocupan su agenda con compromisos -comidas y veladas- más o menos obligados; o también más o menos deseados, que todo hay que decirlo.
Hay quien la ama y también quien la odia hasta límites extremos; hay quien suele recordar su época infantil con los Reyes Magos y/o Papá Noel -o también con personajes de otras culturas autóctonas de cada lugar, como el Olentzero para los vascos-; y quien critica la hipocresía reinante en el ser humano porque todo lo que se suele hacer en estas fechas podría llevarse a cabo durante el resto del año.
Que cada cual se identifique con sus creencias. Yo no soy abiertamente ni «pro» ni «anti» Navidad: hay cosas que me gustan más y cosas que me gustan menos de ella; pero tiendo a quedarme con lo bueno, como por ejemplo las reuniones y los reencuentros con la familia y los amigos, o al menos con los que se pueda quedar. Y en el día de ayer tuvo lugar uno de esos momentos tan especiales.
Siete buenos amigos de los tiempos en la facultad de Filología -aunque realmente no todos eran filólogos, pero casi como si lo fueran- nos vimos en un lugar de Dos Hermanas -de cuyo nombre realmente no puedo acordarme- para rememorar viejos tiempos, y ponernos un poco al día. A saber: Esperanza, Massimo, Quique, Tere y un servidor quedamos con nuestra querida compañera y amiga Ana y con Alberto, su novio, para ir a casa de éstos y compartir una tarde con ellos.
Era una reunión que teníamos pendiente desde hace más o menos un mes, y ayer fue la fecha escogida para tan entrañable velada. Entrañable porque en ella se encontraban varias de las personas con las que compartí de forma magnífica cuatro de los cinco cursos de la carrera de Hispánica -manteniendo después el contacto de forma más o menos regular-; y entrañable porque pude volver a ver a Ana, una de las personas a las que más cariño le tengo pero a la que hacía varios meses, entre unas cosas y otras -más allá de su estancia en Buenos Aires, de donde regresó a finales de noviembre- que no le había podido dar un abrazo.
Una tarde completa tanto por el tiempo como por lo que hicimos, en la que, entre tras cosas, pude probar la bebida platense y porteña por excelencia, el mate; y en la que brindamos con sidra, vino blanco o dulce -según las preferencias de cada uno- por nosotros, por la amistad que, a pesar de los tres años que hace que acabamos la carrera, las vidas particulares de cada uno y también la distancia, nunca se ha perdido. Antes al contrario.
Amigos, va por vosotros.
Entrevista: Calítoe.:. o la gimnasia por verdadero amor al arte
Posted by Víctor Díaz in Deportes, Efemérides, momentos especiales y otros, General on 2 noviembre 2009
Hoy tengo el honor de acoger en mi blog a una persona especial y peculiar; alguien a quien lo primero que se le pasó por la cabeza fue dedicarse a salvar vidas, pero que terminó encaminándose hacia el apasionante –y ciertamente friki en muchos casos, todo hay que decirlo- mundo de la filología y de las letras en general. Todo ello mientras también intenta salvar los avatares de la vida, desde hace ya varios años, a base de mortales –hacia atrás y hacia delante-, flic-flacs y piruetas; es decir, practicando por verdadera afición más allá de la treintena la gimnasia artística, en un caso nada habitual dentro de este deporte. Me refiero, naturalmente, a mi querida amiga Cristina MJ, más conocida en el mundo cibernético por Calítoe.:. , que en griego viene a significar aproximadamente “vida bella”.
Buenos días, Cristina.
Buenos días tenga usted, don Víctor, aunque aquí aún es de noche. Esto del cambio de hora…

Cristina-Calítoe.:. en la barra de equilibrios. Foto: Teco (Pablo Salto-Weis)
En primer lugar debo decir que esta entrevista estaba prevista en principio para finales del mes de julio, cuando servidor de ustedes iba a brindarle a nuestra protagonista una visita por sus tierras gallegas, pero durante aquellos días, como buena aficionada al “Súper Dépor” de Arsenio Iglesias que fue, me obsequió con unos regates al estilo del gran Bebeto, y no se pudo hacer. Con un ordenador de por medio no tiene tanta gracia como cara a cara, pero de todos modos también está bien.
Andaba liada y me escaqueé también como Bebeto a la hora de lanzar ese fatídico penalti de 1994. Quizás no tenga tanta gracia lo de la entrevista a distancia, pero a mí me viene mejor para meditar las respuestas y así decir las tonterías con fundamento.
Es broma… tanto tú como yo sabemos perfectamente que estabas atenazada bajo el yugo de tus responsabilidades laborales. Pero lo de fan del Dépor de Arsenio es cierto; algo en principio sorprendente siendo pontevedresa.
Cómo se nota que no eres de por aquí, Víctor. Con tal de fastidiar a los de Vigo, una pontevedresa de siempre hace cualquier cosa. Pero no, en serio, cuando me gustaba el fútbol (ahora, como le pasa a medio mundo empiezo a estar algo hartita y sólo sigo a la selección) también seguía al Celta, pero los del Dépor jugaban mejor y para mí tenían “más personalidad”. En cualquier caso, aunque gane, aunque pierda, el mejor es el Pontevedra.
Un debut periodístico en la ACB
Posted by Víctor Díaz in Efemérides, momentos especiales y otros, General on 11 octubre 2009
Ayer fue un día muy especial para mí, puesto que fui a cubrir mi primer partido de una competición deportiva de élite. Ya había estado algunos años antes llevando los encuentros en el estadio «Guadalquivir» del Coria C.F. en Segunda División B para El Correo de Andalucía, y también algún que otro derbi de los filiales sevillanos, pero esto es diferente.
Gracias a que mi amigo Rafa está casi más pendiente que yo de las posibles ofertas de trabajo que van saliendo cada día, llegó a mis oídos que un periódico digital, Diario Siglo XXI , necesitaba un colaborador para el baloncesto ACB en Sevilla, y yo no me lo pensé, dado que además el baloncesto es un deporte que me gusta bastante. Después de varios meses -entre ellos los de verano- esperando intentos de incorporación a diversos medios que no fructificaron, por fin me había llegado la oportunidad cuando menos de hacer algo, y de ir comenzando a meter la cabeza en el mundillo tras finalizar la carrera. Mi cometido es bastante simple de entender: ocuparme de las previas y de los partidos como local del Cajasol.

Exterior del velódromo de Dos Hermanas. Foto: performance-starbooks.com
Al llegar a la localidad nazarena -por la carretera de la sede de los exámenes del carnet de conducir, porque me pareció la más sencilla de seguir-, después de dar vueltas durante 10-15 minutos buscando unas indicaciones que no había, tuve que preguntar un par de veces dónde estaba el pabellón, percatándome gracias a un señor muy amable que no era el único ni mucho menos que estaba en esa situación, ya que antes que yo más de uno y más de dos le había preguntado por lo mismo.

Garbajosa penetra ante Kirksay. Foto: elconfidencial.com
Por fin pude dejar mi coche en el parking gratuito de tierra que hay al lado del pabellón. Menos mal que me fui con bastante tiempo de antelación, porque con lo que me costó encontrar la dichosa instalación… Quince minutos me sobraron para no llegar tarde a un encuentro que comenzaba a las 18:00. En el interior había un muy buen ambiente y también una buena dosis de desconcierto, al mismo tiempo. Normal; el Caja nunca había tenido que organizar un partido allí y menos contra uno de los grandes, pero en ese sentido todo salió muy bien. El recinto, con una gran entrada: bastante afluencia en las gradas «naturales» -con aficionados madridistas incluidos- y lleno total en las supletorias colocadas junto a la pista, instalada en la zona de boxes del velódromo. Y un servidor, ubicado tanto por el histórico ex jugador Raúl Pérez como por de las amables empleadas del Cajasol justo detrás de una de las canastas, junto a los compañeros de Radio Rafaldo, la modesta emisora de origen sevillano dedicada al baloncesto.

El cajista Triguero lanza ante el madridista Lavrinovic, con Garbajosa a la expectativa. Foto: web del Cajasol
En el segundo tiempo el Caja al menos terminó jugando mejor, y «maquillando» un poco el marcador durante el último cuarto (56-76). Todos coincidíamos en lo mismo: sólo hubo un equipo sobre la cancha, y el Cajasol «había llegado» al partido con una hora de retraso. Las estadísticas que, puntualmente cuarto tras cuarto, nos iban pasando, no mentían: Cajasol, 45% en tiros de dos (13 de 29), 31% en triples (8 de 26), y 60% en tiros libres (6 de 10); Real Madrid, 50% de dos (15 de 30), 52% de tres (11 de 21) y 81% de uno (13 de 16). Un verdadero repaso, si acaso algo atenuado por la circunstancia de haberse enfrentado a uno de los dos equipos -el otro es el Barcelona- que, como en el fútbol, parecen muy por encima de los demás.
Cuando sonó la última bocina (la del final del choque), la empleada cajista nos condujo hacia la habilitada sala de prensa del velódromo nazareno, y allí esperamos a los dos técnicos para que nos dejaran sus impresiones. Lógicamente las caras de Messina y de Plaza eran como el día y la noche. Tras la rueda de prensa -no está mal estrenarse en las ruedas de prensa de la ACB escuchando a un entrenador como Messina-, poco más me quedaba por hacer allí, así que me marché a casa (casi una hora tardé en llegar por las retenciones causadas por las obras en la N-IV) para hacer la crónica y mandársela a Miguel, el jefe de deportes del periódico.
El próximo partido del Cajasol como local será, ya sí en San Pablo, dentro de siete días contra el conjunto donostiarra del Lagun Aro GBC, después de haberle rendido visita el jueves al DKV Joventut. Esperemos que tanto la imagen como el resultado final sean radicalmente distintos a lo que se dio ayer.
Y para terminar, si tenéis curiosidad por saber cómo ha sido mi detallada crónica en Diario Siglo XXI sobre el desarrollo del partido, solamente tenéis que hacer click aquí
Vacaciones León-Galicia-Vitoria (y 10)
Posted by Víctor Díaz in Efemérides, momentos especiales y otros, General on 25 agosto 2009
DÉCIMO Y ÚLTIMO DÍA: 5-8-2009 (Vitoria)
Mi último día completo por tierras del norte fue el día festivo de las fiestas de la Blanca. El día en el que, desde el principio, todo el mundo se echa masivamente a la calle para realizar diversas actividades, aprovechando la festividad. Por la mañana todo comienza a las 7 con la procesión y el Rosario de la Aurora -que comienza y desemboca en la Plaza de la Virgen Blanca-, la misa de la Aurora, y la ofrenda floral a la Virgen Blanca, que para eso es su día; y todo continúa con diversos espectáculos como el desfile constante por las calles de las cuadrillas con los «blusas» -los mozos de dichas cuadrillas- y las «neskas» -sus alter ego femeninos-, o el espectáculo de los gigantes, cabezudos, comparsas y sotas.

El Gargantúa. Foto: usue.wordpress.com
Después de tomarnos algo en uno de los bares próximos a la plaza de la Virgen Blanca con Maite -la madre de Untzi, a quien nos encontramos por allí-, pasamos por delante de la figura del Gargantúa, un gigante con mucha tradición entre los niños vitorianos, a quienes suele engullir para posteriormente expulsarlos por el trasero… aunque como os podéis imaginar, en verdad aquello no es más que un tobogán cuya labor, lógicamente, es hacer las delicias de los más pequeños. Después nos cruzamos la calle Eduardo Dato -peatonal y festiva cuando se tercia, a diferencia de la que tenemos en Sevilla-, una de las más céntricas de la ciudad, por donde andaban en aquel momento los gigantes, los cabezudos y las sotas, estando representados en ellas cada uno de los cuatro palos de la baraja española: oros, bastos, espadas y copas. Obviamente no perdí la oportunidad de echar algunas fotos, pero las particularidades de mi ya deficiente cámara digital hicieron que tanto éstas como las que fui haciendo posteriormente a cada uno de los lugares por donde pasamos no pudieran ser extraídas posteriormente al ordenador, porque mi cámara, como se suele decir en estos casos, se las cargó.
Pero no sólo de contemplar las fiestas trató la mañana. El paseo también estaba dirigido al campus universitario, una preciosa zona donde se encuentran todas las facultades vitorianas de la Universidad del País Vasco: E.U. de Magisterio; la Biblioteca y el aulario «Las Nieves»; la E.U. de Estudios Empresariales; la E.U. de Ingeniería; la E.U. de Trabajo Social; la Facultad de Farmacia; la Facultad de Letras -Filología, Geografía, Historia, Historia del Arte…-; el Pabellón Universitario; la Residencia Universitaria y la Unidad Docente de Medicina.

El palacio de Ajuria Enea. Foto: elcorreodigital.com
Y con la vuelta a casa de nuevo por las calles más fiesteras nos metimos en la hora de comer, y la de ese día no iba a ser una comida como otra cualquiera. La tradición de la familia de Untzi dice que cada cinco de agosto hay comilona con la familia de sus «titos» -el hermano de su padre y su esposa, junto a su prima Iratxe-, aquellos con los que ya coincidí el domingo anterior; y este año, además, les tocaba recibirlos. Yo no tuve ningún problema en estar allí con ellos; al contrario, me lo pasé estupendamente porque los tíos de Untzi son, además de muy sociables, muy peculiares -en el buen sentido-, de los que animan como debe ser una reunión familiar de este tipo. Además ya había roto el hielo con ellos tres días antes, así que todo fue sobre ruedas.
La noche fue una de esas noches que no se olvidarán nunca. Todo por culpa de dos locas que llevan el espíritu fiestero en la sangre y que, cuando se juntan, no hay quien las pare. Me refiero a Untzi y a Nerea, una de sus amigas del alma. En algo más de medio día yo ya me iba de la ciudad, y lo cierto es que en aquellas mis últimas horas por allí me faltaba algo por conocer. Había convivido durante casi cuatro días con Untzi y su familia; había conocido personalmente a buena parte de su queridísima pandilla de «canallas»; había paseado por algunos de los lugares más representativos de Vitoria; había asistido al espectacular «txupinazo» de las fiestas y a la bajada de Celedón… pero ya digo que me faltaba algo. Y ese «algo» me lo iban a enseñar entre ellas dos: la Vitoria de noche, más allá de verbenas y demás acontecimientos especiales. La Vitoria de los bares, el ambiente nocturno que frecuenta cualquier joven vitoriano durante las fiestas o en cualquier fin de semana. Y la experiencia resultó muy positiva, a lo que ayudó sin duda el hecho de que los bares no estuvieran tan abarrotados como la noche anterior. Dado que yo era el invitado y quería ver lo máximo posible, Untzi y Nerea ejercieron de sobresalientes anfitrionas, y me llevaron a conocer a fondo la ruta nocturna de la capital de Euskadi; tanto fue así que se podría decir -quienes me conocen bien entenderán perfectamente la comparación- que fue como una «noche Ca3», pero a la vasca. Lo que allí hicimos y hasta cuándo estuvimos queda para nosotros tres, y para aquellas pocas personas a las que se lo hayamos podido contar.
Al día siguiente, después de algunas horitas de descanso -no demasiadas-, terminé de preparar la maleta para que Untzi y su padre me llevaran al aeropuerto de Loiu, en Bilbao. Allí me esperaba el avión de Vueling -le hago propaganda porque el vuelo fue magnífico- que me iba a traer de vuelta, diez días después de mi salida, a Sevilla. Atrás quedaban esas diez jornadas magníficas, heterogéneas e incluso extrañas en algún que otro caso; diez días en los que conocí un poquito más España -y lo que aún me falta-, pero diez días en los que, sobre todo, conocí personalmente por fin a gente muy buena –Cristina, te meto en este grupo porque para quince minutos que te había visto antes en Madrid…-, así como a otro tipo de gente con la que nunca había hablado pero que también ha merecido mucho la pena conocer.
Cuando el avión aterrizó en el aeropuerto de San Pablo no pude evitar sentir una lógica mezcla de nostalgia y alegría: nostalgia porque yo sabía que, durante los días posteriores, sin duda iba a echar de menos -aunque solamente fuera un poquito- el bendito trajín del que había disfrutado tanto en León como en Galicia y, sobre todo, en Vitoria; pero alegría, claro está, por tener la oportunidad de volver a ver a mi familia y, en pocos días, también a mis amigos sevillanos. Los cuales espero que, para el año que viene me acompañen, porque si Dios quiere -que diría un ferviente católico-, o si puede ser -que es lo que digo yo-, dentro de más o menos 365 días vuestro humilde narrador -que diría el mítico Alex DeLarge, de La naranja mecánica– pienso volver a llevar a cabo una experiencia si no igual sí muy parecida a ésta.
Así pues, todo esto se acabó. El próximo año ojalá haya más.
Vacaciones León-Galicia-Vitoria (9)
Posted by Víctor Díaz in Efemérides, momentos especiales y otros, General on 21 agosto 2009
NOVENO DÍA: MARTES 4-8-2009 (Vitoria)
Penúltimo día completo del viaje; el día, como todos los años en Vitoria, en el que se inauguraron de forma multitudinaria las fiestas de la Blanca.

El Fernando Buesa Arena, visto desde fuera
Pero el conjunto de instalaciones del Baskonia no acaban en el Buesa Arena; también hay una ciudad deportiva -enfrente del pabellón-, donde sí pudimos entrar, en la que se incluyen, entre otras cosas, una cafetería, zonas de ocio tanto para niños como para adultos, una pista múltiple para baloncesto y otros deportes, y un pabellón de hielo.
El paseo matinal prosiguió con la visita a Salburúa, un centro de interpretación de la naturaleza que tiene, entre otras cosas, un impresionante mirador en el que puedes contemplar los quehaceres de muchas aves, anfibios y mamíferos. Desafortunadamente, aquello cerraba a las 14:00, y llegamos apenas un cuarto de hora antes, con lo que solamente tuvimos tiempo para ver un poco el edificio, pero nada más. Además, debíamos volver a casa para comer algo y terminar de preparar todo lo que iba a suceder a partir de las 6 de la tarde, donde había que ir con lo más cómodo y viejo que tuvieras, y sin ningún tipo de móviles, cámaras fotográficas ni nada que se les pareciese lo más mínimo. ¿Que por qué? Ahora lo desvelaré.
La fiesta, no obstante, ya empezaba a notarse por lo menos desde una hora antes. A las 5 Untzi y yo habíamos quedado con el resto de su pandilla, ya que había que procurar coger una buena ubicación en una plaza que, a la hora del txupinazo, estaría, como diría el Dúo Sacapuntas, «abarrotá»; y cuando empezamos a enfilar la correspondiente calle que desembocaba en la plaza comenzó uno de los rituales clásicos: los cubetazos de agua cayendo desde los balcones, todo un alivio ante el calor que estaba haciendo durante todo el día, aunque cierto es que, por la tarde, éste había amainado algo.

Bajada de Celedón por la Plaza de la Virgen Blanca. Foto: canales.diariovasco.com
Puros, champán… y cánticos, algo que nunca puede faltar en el País Vasco; cánticos que, en algunos casos concretos, yo ya conocía después de mi convivencia con los seguidores del Tau en el pabellón San Pablo de Sevilla, durante la fase final de la Copa del Rey 2004; y en otros rápidamente me familiaricé con ellos, empezando por el que quizás sea el más tradicional de todos: «Ceeeeledón, ha hecho una casa nueeeeva; Ceeeeeledón, con ventana y balcón».
Obviamente, cuando Celedón comenzó a descender con su paraguas -ver capítulo anterior de mi viaje para conocer su historia- por el cable habilitado desde la torre San Miguel, aquello ya fue la apoteosis. El champán, los botes que dábamos, los cánticos… fue todo genial, y muy espectacular; una experiencia para vivirla y repetir al año siguiente, si se puede. El actual Celedón, Gorka Ortiz de Urbina, cuando terminó el paseíllo a través de la plaza y subió al balcón, homenajeó en su pregón a un histórico del fútbol vasco y español, el Deportivo Alavés, necesitado ahora más que nunca de ánimos por parte de la afición vitoriana tras su descenso a Segunda B.
Y la fiesta, por supuesto, prosiguió cuando abandonamos la plaza, porque para limpiar el champán que nos había caído encima, ¡qué mejor que unos buenos cubos de agua! La fiesta del agua prosiguió, como no podía ser de otra forma, siempre al grito de «¡No seas rata, que el agua está barata!» Y tan barata que parecía estar, porque desde los balcones no dejaban de caer buenos chorreones. Perdidos, totalmente empapados, nos fuimos a tomar las primeras copas y a echar los primeros bailes y risas; en mi caso siempre acompañado de Untzi y de su genial pandilla de «canallas»: las Nerea, Miriam o Eli entre otras, a las que se unieron tres muchachas de Bilbao con las que terminé congeniando muy bien: Silvia, Alazne y Esti.
Por la noche, después de habernos dado todos una buena ducha -lógicamente-, la fiesta continuó en las calles, total y absolutamente llenas de gente. Y como los bares estaban a tope, llegado un momento determinado optamos por ir a la verbena de la Plaza Nueva, donde la orquesta contratada -andaluza, dicho sea de paso- tocó, como en todos los acontecimientos de este tipo -bodas, verbenas, cruceros…-, muchos de los grandes éxitos tan conocidos por todos, para que todo pudiéramos cantar y bailar a gusto. Nos lo pasamos de muerte, más que nada porque está comprobado que las verbenas casi nunca fallan.
Excelente forma, pues, de terminar un día realmente intenso, provechoso y divertido. Pero todavía quedaba el último.
Vacaciones León-Galicia-Vitoria (8)
Posted by Víctor Díaz in Efemérides, momentos especiales y otros, General on 18 agosto 2009
OCTAVO DÍA: LUNES 3-8-2009 (Vitoria)
Después de que nos tomáramos las cosas con un poco de calma, Untzi y yo salimos a media mañana para que ella me llevara a dar el primer paseo turístico por Vitoria. Hacía calor, algunos grados menos que los que suele haber en Sevilla, pero calor al fin y al cabo.

Con la estatua de Celedón, en el balcón de la Plaza de la Virgen Blanca
En 1957 nueve «blusas» -los mozos que salen en las cuadrillas por las calles vitorianas durante las fiestas- idearon este personaje que, cada 4 de agosto, desciende con su paraguas a través de un cable desde una de las torres de la ciudad, San Miguel, para recorrer la plaza ya «convertido» en humano, e inaugurar oficialmente las fiestas desde el balcón de la plaza, donde hay una estatua en su honor. Ésta, en líneas muy generales, es la historia.
Fue un paseo ciertamente agradable, en el que también estuvimos en otros lugares emblemáticos como por ejemplo la neoclásica Plaza Nueva, lugar en el que en días posteriores se celebrarían verbenas y conciertos, dentro del programa de las fiestas. Y, para terminar, la compra de los recuerdos para familia y amigos principales, algo que nunca puede faltar en cada viaje, y algo que decidí hacer aquel día porque desde el día siguiente la ciudad iba a estar, en el buen sentido del término, totalmente patas arriba.
Y ahí acabó la jornada de mañana. Después de parar en su casa un rato para comer y descansar un poco, Untzi y yo nos fuimos sobre las 18:30 a uno de sus bares preferidos, el Badiola, porque allí habíamos quedado para tomar algo con Itziar y algunas de las de su pandilla de «canallas», como cariñosamente llama Untzi a su círculo íntimo de amistades. Primero llegó Itziar, una de las personas más importantes en la vida de Untzi de los últimos tiempos -y a quien yo también conocía un poco por internet-, y más tarde lo hicieron Miriam y Eli.
Todos estuvimos allí un buen rato conversando, en mi caso especialmente con Itziar, por razones obvias; hasta que Miriam y Eli se tuvieron que ir, y entonces Untzi e Itziar me llevaron, a eso de las 20:30-21:00, a otro de los «templos» más significativos para Untzi -de todos los que ella y su pandilla tienen, que son muchos-, el bar Tobarik -que viendo cómo se escribe es vasco total, pero pronunciado suena total y absolutamente a ruso-, donde también estuvimos tomando algo, charlando y haciendo tiempo hasta que «amá Maite» -la madre de Untzi- salió de su trabajo.
Después de que Itziar se despidiera, me volví para casa con la familia de Untzi casi al completo -solamente faltaba el hermano Andoni- para darme una ducha, cenar algo e irme a la cama, puesto que los dos días completos que me restaban allí ya sí que iban a ser de verdadera aúpa.
Vacaciones León-Galicia-Vitoria (7)
Posted by Víctor Díaz in Efemérides, momentos especiales y otros, General on 15 agosto 2009
SÉPTIMO DÍA: DOMINGO 2-8-2009 (Viaje en tren/Vitoria)
A las siete de la mañana hice diana el primer domingo de agosto para coger, unos 3/4 de hora más tarde, un tren regional desde Pontevedra hasta Santiago de Compostela; y enlazar con un ARCO, pocos minutos después de bajarme en la capital gallega, que ya me llevaría a Vitoria-Gasteiz. Un buen madrugón para meterme entre pecho y espalda diez horas de viaje entre un tren y otro -eso sí, en el ARCO iba a ir en clase preferente, porque si no aquello sería insufrible-; todo para dar comienzo a la que, posiblemente, fuera la etapa más deseada de mi viaje y, seguro, la más intensa de todas. Mi querida amiga Untzizu -«Unchisu«, para pronunciarlo correctamente-, al igual que Irene en León, me esperaba un año después del fallido intento de viaje hacia tierras de Euskadi.

Untzi y yo: primera foto juntos
Pero esto a punto estuvo de truncarse, o de retrasarse al menos. Después de haberme despedido de Cristina -que se tomó la molestia de interrumpir su plácido sueño para decirme adiós- y de coger el primero de los trenes, éste se quedó parado a mitad de trayecto durante aproximadamente un cuarto de hora, por una presunta avería que no acertaban a localizar; incluso apuntaron la posibilidad de tener que cambiar una rueda, algo bastante extraño en un tren. Yo estaba que me subía por las paredes, aunque al mismo tiempo intentaba ir elaborando, en la medida de lo posible, otro hipotético «plan B». Afortunadamente, no hubo que llegar a tanto porque, una vez reanudada la marcha -la alarma que saltó no se sabe cómo resultó ser una falsa alarma-, el tren recuperó algo del tiempo perdido, y pude llegar a Santiago 3-4 minutos antes de que tomara la salida el ARCO. Menos mal… Cuando entré en el vagón y me acomodé en mi asiento, ya me relajé por completo, porque el estrés por la posible pérdida del tren había sido bastante grande.
El viaje fue bastante cómodo y ameno, a pesar de su gran longitud temporal. A ello contribuyeron las dos películas que nos pusieron los de Renfe; pero ello no quita para que, a medida que se iba aproximando la llegada a la capital vasca, mi nerviosismo y las ganas de bajarme ya del tren fueran progresivamente en aumento. No era para menos: por muy cómodas que fueran, diez horas de viaje son diez horas de viaje; pero, sobre todo, lo que pasaba era que ya había ganas de ver en persona, por fin, a Untzi, más o menos como me ocurrió con Irene seis días antes.
Eso ocurrió poco después de las 18:30, aproximadamente unos cinco minutos después de que el tren me dejara en la estación. Como le prometí no sé cuántas veces durante el año y medio que llevábamos hablando, cuando Untzi apareció en la estación le di un gran abrazo, porque eran muchas las vivencias, muchos los momentos -buenos y malos- que habíamos compartido a través de la red, y también mucho el cariño que yo le tengo; así que era lógico que nos recibiésemos así. Porque Untzi, con sus virtudes y sus defectos, es una gran amiga, una de las personas más nobles que he conocido.

Primer y deseado brindis
Para comenzar, después de dejar las cosas en su casa y conocer a sus padres –Jesús Miguel y Maite, superacogedores-, Untzi y yo nos fuimos a tomar algo, a hacer el primer brindis en uno de los bares cercanos a donde ella vive, y a echar -cuántas ganas tenía ya…- las primeras charlas cara a cara. Y después, cena con los tíos paternos allí en casa, como manda la tradición de la familia. Sobre éstos -incluyendo a su prima Iratxe, que también estaba allí, lógicamente- ya me había hablado Untzi más de una vez a través del messenger, y no me decepcionaron para nada. De su extraordinaria peculiaridad como personajes ya hablaré algo en días posteriores, porque el día 5, el festivo en Vitoria durante las fiestas, me tocó el también tradicional almuerzo familiar.
El día no finalizó demasiado tarde: el viaje había sido largo y, además, ya habría tiempo de corrernos algunas juergas en condiciones, que para algo me iban a pillar allí los dos días principales de las fiestas vitorianas.
Vacaciones León-Galicia-Vitoria (6)
Posted by Víctor Díaz in Efemérides, momentos especiales y otros, General on 14 agosto 2009
SEXTO DÍA: SÁBADO 1-8-2009 (Pontevedra-Santiago de Compostela)
Mi último día en territorio gallego. Después de desayunar y leer el periódico terminé de recoger mis cosas y dejé el hotel, dado que ya se me acabaron los dos días que tenía reservados allí, para trasladar mis cosas a casa de Cristina, donde me iba a alojar esa última noche antes de salir para Vitoria.
Me despedí de Paula, claro está; normalmente en este tipo de viajes siempre terminas conociendo a alguien inesperado, con quien terminas llevándote bien pases el tiempo que pases junto a él/ella, y ese fue el caso de Paula en Pontevedra. Realmente me dio un poco de pena salir del hotel, porque todos en general me trataron muy bien, pero no me puedo quejar, porque sabía que Cristina y Ciprian, por supuesto, me iban a tratar igual de bien que el personal del Hotel Madrid.
Antes de ir a casa de ellos dos para dejar la maleta, no obstante, estuve consultando con Paula los horarios de los trenes y autobuses que iban a Santiago de Compostela, para ver cuál era el que mejor me venía. Finalmente salí de la estación de autobuses a las 12:30, bien ataviado con mi nuevo paraguas porque en la capital gallega se avecinaba algún que otro chubasco, como así fue.

Fachada de la catedral de Santiago
Impresionante; aunque yo no sea católico practicante no tengo otra palabra para describir la estampa del destino final de todos aquellos que se atreven a hacer el camino de Santiago. Y la fachada de la catedral -la del Pórtico de la Gloria-, sin comentarios: como cada vez que veo en persona alguna de las grandes obras de arte de carácter nacional y mundial -algo parecido me sucedió el año pasado con el Panteón de Agripa y el Coliseo en Roma-, no pude evitar retrotraerme a las clases de Historia del Arte de José J. Franquelo en el instituto Mateo Alemán (San Juan de Aznalfarache), porque inevitablemente me recordaba a ello. Por allí estuve una media hora larga, visitando la catedral, inclusive la tumba del Apóstol Santiago, a la que quise echar una foto con el móvil -para no dar tanto el cante, al no notársele el flash-, pero no pude porque la batería andaba ya un poco floja.
Con eso ya me daba por satisfecho; así que como ya casi eran las 15:00 busqué un bar para ir a comer -el elegido fue uno que estaba en la Plaza Quintana-, y luego mi intención era la de dar un paseo por la zona universitaria antes de coger otro autobús de vuelta para Pontevedra.

Cartel anunciador de la exposición sobre Chaplin
Mi sorpresa fue tremendamente grata, y la verdad es que no me importó que fueran poco más de las 4 de la tarde y tuviera que esperar casi una hora para que abrieran las puertas de la iglesia. Me entretuve como pude haciendo tiempo, hasta que decidí buscar un lugar para tomar un café y así mitigar el considerable fresco que llevaba haciendo durante todo el día -yo iba ataviado como un típico visitante del sur, con camiseta y pantalón corto-; y, miren ustedes por dónde, las casuas y azares -que diría Silvio Rodríguez- volvieron a hacer notablemente su trabajo porque entré en una cafetería-restaurante situada casi enfrente de la iglesia que se llamaba… «Candilejas». Más chapliniano, imposible; aunque el nombre no debía estar puesto en su honor porque allí no se observaban ningún tipo de motivos que nos hicieran recordar al payaso Calvero y compañía.
Finalmente, a las 5 entré a ver la exposición, que se componía de una muy completa exhibición de imágenes y trozos de películas de Chaplin, comenzando el paseo con el primero de los cortos donde apareció el personaje del vagabundo, Carreras sofocantes –Kid Auto Races At Venice-, y terminando con el muy clásico final de Tiempos Modernos. Casi una hora estuve allí disfrutando, una vez más, con la obra de este gran genio del arte del siglo XX, volviéndome para Pontevedra con una amplia sonrisa en la cara.
Cuando llegué, sobre las 20:00, Cristina y Ciprian estaban esperándome, porque esa noche fuimos a cenar a casa de la hermana de Cristina, junto a ella, su novio y unos amigos, pasando yo un excelente rato con ellos. Fue una estupenda forma de concluir mi estancia en Galicia; al día siguiente me esperaba ya la última etapa de mi viaje, la que, a priori, se revelaba como la más intensa de todas, y así terminó siendo: Vitoria.
Vacaciones León-Galicia-Vitoria (5)
Posted by Víctor Díaz in Efemérides, momentos especiales y otros, General on 13 agosto 2009
QUINTO DÍA: VIERNES 31-7-2009 (Pontevedra)
El descanso de la noche anterior me vino bastante bien; aunque hasta la sobremesa todavía continué notando un poco de flojera corporal, pero ya bastante menos. Por lo pronto, lo primero que hice al levantarme fue desayunar en la cafetería un buen croissan a la plancha con un café con leche -lo que no suelo desayunar en casa-, y sentarme en uno de los sofás del salón para poder leer la prensa con tranquilidad.

Recreación de la cámara de la Numancia. Foto: web del Museo de Pontevedra
Fue en ese preciso momento cuando Paula se tomó unos minutos para degustar su desayuno, justo en el mismo sitio en el que yo procedía a la lectura del periódico de turno. Al principio solamente la saludé de forma educada, pero después de que en el espacio de dos minutos la reclamaran en recepción unas 3-4 veces ya le hice un comentario simpático sobre la situación, y estuvimos hablando un ratillo, justo hasta que pudo terminar su café con leche y lo que tuviera para comer. Tampoco me costó mucho entablar conversación con ella, porque desde que la vi por primera vez el día anterior me cayó bien, y creo que yo a ella también; así que aquellos 10-15 minutos de charla yo los pasé encantado.
Después de subir en un momento a la habitación para lavarme los dientes y coger lo necesario, decidí hacer un poco de turismo por mi cuenta. Para ello le pedí consejo a Paula, quien complementó las indicaciones que ya me había dado Cristina el día anterior, y me señaló en un mapa qué era lo que podía ver principalmente. Entre las dos me hablaron bastante bien del museo de la ciudad -situado en la Plaza de la Leña, a pocos minutos del hotel-, así que hacia allí me dirigí.
El Museo de Pontevedra es un recinto pequeño en comparación con los de algunas de las grandes ciudades, pero con un contenido muy interesante y que merece la pena verse. Son cuatro edificios -uno de ellos en rehabilitación- más las Ruinas de Santo Domingo, por donde había pasado con Cristina y Ciprian la tarde anterior. Dado que cerraban a las 14:00 y eran poco más de las 12, decidí visitar tranquilamente los dos primeros, el Castro Monteagudo y el García Flórez, que eran los dos que estaban situados de forma contigua, en la Plaza de la Leña.
El primero de ellos incluye en su planta baja una colección muy variada de elementos y objetos arqueológicos y de orfebrería en Galicia, desde la Prehistoria hasta la época de los romanos; así como una impresionante colección de platería donada por el escritor Gonzalo Fernández de la Mora y Mon. La planta alta, por su parte, está destinada a la pintura, pudiendo contemplarse varias estancias con cuadros góticos, renacentistas, españoles, italianos y de los Países Bajos, así como también algunos bodegones y orfebrería religiosa.

Placa de la casa de Valle-Inclán/pintada del vecino
En el segundo lo más destacado es el espacio dedicado a la temática naval, sobre todo una magnífica recreación de la cámara de la fragata Numancia -ver foto de más arriba-, navío construido en el siglo XIX y comandado por Méndez Núñez. Simplemente preciosa, lo mejor que he visto en los 3 días que he pasado en Pontevedra.
Fue una muy entretenida mañana, que tuvo continuidad a la hora de comer cuando Cristina me llamó y me dijo que si quería ir a comer a su casa y así conocer a sus padres, que habían llegado de visita junto a su tía de Madrid. Me lo pasé bastante bien con ellos, sobre todo con el padre, un ser para echarle de comer aparte.
Una vez finalizado el almuerzo, todavía llegué a tiempo al hotel para echarme un rato de siesta de cara a la salida de la tarde, una visita guiada por la ciudad antigua de la que me habían hablado Cristina y su padre, y que me dijo Paula que comenzaba diariamente a las 19:00 en la Plaza de la Ferraría. Ésta duró aproximadamente una hora y tres cuartos, y se compuso en un 80% de un paseo por los lugares por donde ya había estado un día antes con Cristina y Ciprian, pero con explicaciones y anécdotas bastante más numerosas.

Detalle del hijo a la izquierda del padre, en Santa María
Por ejemplo la historia del loro Ravachol y el cortejo fúnebre que le hacen año tras año; la anécdota de la pintada del «vecino» de Valle-Inclán, justo enfrente de su casa; o también los avatares de la fachada de la Basilica de Santa María, como el hecho de que Cornelius de Holanda, su autor, dejara su sello con detalles como colocar a Jesucristo a la izquierda de Dios -cuando todo el que tenga una mínima cultura sabe que la Biblia dice que estaba colocado a su derecha-, sobre lo que hay varias hipótesis, o el hecho de fabricar la imagen de un santo con gafas. Asimismo, uno de los lugares que todavía no había visto fue la plaza de Méndez Núñez, donde hay una estatua de Valle-Inclán. Resumiendo, la ruta estuvo muy interesante y entretenida, y mereció la pena por mucho que la mayoría de los lugares por los que transitamos ya los conociera de la tarde-noche anterior.
A la vuelta me di cuenta de que el cielo poco a poco se iba poniendo cada vez más gris, así que como además para el día siguiente pronosticaban lluvia me pasé por una tienda de chinos, y compré allí un paraguas adecuado para pasar buena parte de la jornada en Santiago de Compostela. Después, volví a cenar en la cafetería del hotel, y pasé mi última noche en el Hotel Madrid -el sábado me alojaba en casa de Cristina y Ciprian- viendo al Madrid contra la Juve en la Peace Cup. Ganaron los turineses por 1-2.
Vacaciones León-Galicia-Vitoria (4)
Posted by Víctor Díaz in Efemérides, momentos especiales y otros, General on 11 agosto 2009
CUARTO DÍA: JUEVES 30-7-2009 (Pontevedra)
Primer día en tierras gallegas. Pontevedra me recibió con un tiempo algo diferente del que había disfrutado en León: el calor que podía llegar a hacer por la mañana-mediodía y la suavidad de las temperaturas por la tarde y por la noche eran más o menos similares; pero en la ciudad en la que me encontraba desde la noche anterior se notaba una humedad bastante considerable; tal fue así que, como dijo Cristina, «si te quedas quieto tienes fresquito, pero como estés en movimiento, precisamente también por la humedad, llegas a sudar bastante».

Cristina-Calítoe.:. y un servidor
Sin embargo, a pesar de haber llegado a buena hora tuve que esperar para poder acceder al hotel. A mi entrada me recibió una muchacha joven, morena, guapa y de trato muy agradable, que al día siguiente supe que respondía al nombre de Paula. Era, obviamente, la recepcionista del turno de mañana-sobremesa. Cuando anuncié mi reserva Paula me dijo que a la habitación todavía le faltaba algo de tiempo para estar lista, porque como yo había anunciado que llegaría por la tarde-noche se estaban tomando las cosas con un poco de calma. No hubo problema; Cristina y la perrita Mandy todavía no andaban muy lejos, y pude pasar la hora que debía estar esperando junto a ellas, no sin antes dejar las maletas en el servicio de consigna del hotel, al cuidado de Paula.
Sobre la una y media pude por fin entrar en mi habitación, y acto seguido pasé unas horas de un cierto bajón, como si el cambio de presión atmosférica que estaba notando me estuviera afectando más de la cuenta. En un principio había quedado con Cristina a las 15:00 en su casa para ir con ella a su entrenamiento gimnástico y ver su club; pero como estaba hasta arriba de trabajo hubo cambio de planes, y me quedé en el hotel echándome una siesta. Menos mal, porque con el paso de los minutos descubrí que, a aquellas horas de día, yo no tenía cuerpo como para haberla acompañado al entrenamiento.

Con la iglesia de La Peregrina de fondo
A la tarde, después de la siesta, Cristina y Ciprian iban a venir a buscarme para dar una vuelta, y así llevarme a ver un poco la ciudad, por lo que, después de tomarme un buen zumo de naranja natural fresquito en la cafetería, allí estuve preparado para cuando llegaran. El paseo transcurrió principalmente por la llamada ciudad antigua, más concretamente por lugares como la Iglesia de La Peregrina -patrona de la ciudad-, la Plaza de la Ferraría, la casa de Valle-Inclán -en la Plaza de las 5 Rúas-, la Basílica de Santa María -allí dicen que se construyó la carabela Santa María- o las Ruinas de Santo Domingo, llegando prácticamente hasta la orilla del río.
A la vuelta nos paramos en uno de los bares a tomar algo, y allí observé que, a diferencia de lo que ocurre en las tierras del sur, a cada bebida le acompaña gratis una tapa más o menos pequeña. Era algo de lo que ya me había percatado en León, donde el procedimiento era exactamente el mismo que en Pontevedra. Ya podríamos aprender en Andalucía -y en otros varios lugares de España- a no ser tan cutres en ese sentido.
Fue una tarde muy agradable, en la que la flojera remitió bastante, aunque a mi vuelta al hotel ésta volvió a reaparecer en parte. Por eso, porque me quedaban dos días para ver un poco mejor la ciudad, y porque ya tendría tiempo para salir de verdad por la noche en Vitoria -como así sucedió-, decidí pasar la noche tranquilamente en el hotel. Después de comer algo en la cafetería -en la que también me atendieron muy bien-, me di una ducha y me entretuve con lo que estaban echando en la tele, más concretamente la última parte del capítulo del día del nuevo «Coche Fantástico«. Entretenido, pero donde se ponga la clásica pareja formada por David Hasselhoff y el clásico Kitt -con el no menos clásico y mítico Carlos Revilla en el doblaje al español-, que se quiten el cacharro ultramoderno éste que han puesto ahora, y el adolescentillo que lo conduce, porque no dan la talla.
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