Vacaciones León-Galicia-Vitoria (8)


OCTAVO DÍA: LUNES 3-8-2009 (Vitoria)

Después de que nos tomáramos las cosas con un poco de calma, Untzi y yo salimos a media mañana para que ella me llevara a dar el primer paseo turístico por Vitoria. Hacía calor, algunos grados menos que los que suele haber en Sevilla, pero calor al fin y al cabo.

Con la estatua de Celedón, en el balcón de la Plaza de la Virgen Blanca

Con la estatua de Celedón, en el balcón de la Plaza de la Virgen Blanca

En este primer día completo en la capital vasca, Untzi me llevó a ver lo más típico del centro de la ciudad, empezando por la Plaza de la Virgen Blanca, donde hay un monumento conmemorativo de la batalla de Vitoria de la Guerra de la Independencia española de principios del XIX; y donde 24 horas más tarde iba a tener lugar el multitudinario “txupinazo” de las fiestas, y la bajada de Celedón, su símbolo. No se sabe a ciencia cierta si realmente existió o no, pero según la leyenda Celedón fue un aldeano de la localidad de Zalduendo de Álava que cada año se acercaba a las fiestas con espíritu generoso y jovial, terminando por ser el protagonista de las mismas.

En 1957 nueve “blusas” -los mozos que salen en las cuadrillas por las calles vitorianas durante las fiestas- idearon este personaje que, cada 4 de agosto, desciende con su paraguas a través de un cable desde una de las torres de la ciudad, San Miguel, para recorrer la plaza ya “convertido” en humano, e inaugurar oficialmente las fiestas desde el balcón de la plaza, donde hay una estatua en su honor. Ésta, en líneas muy generales, es la historia.

Fue un paseo ciertamente agradable, en el que también estuvimos en otros lugares emblemáticos como por ejemplo la neoclásica Plaza Nueva, lugar en el que en días posteriores se celebrarían verbenas y conciertos, dentro del programa de las fiestas. Y, para terminar, la compra de los recuerdos para familia y amigos principales, algo que nunca puede faltar en cada viaje, y algo que decidí hacer aquel día porque desde el día siguiente la ciudad iba a estar, en el buen sentido del término, totalmente patas arriba.

Y ahí acabó la jornada de mañana. Después de parar en su casa un rato para comer y descansar un poco, Untzi y yo nos fuimos sobre las 18:30 a uno de sus bares preferidos, el Badiola, porque allí habíamos quedado para tomar algo con Itziar y algunas de las de su pandilla de “canallas”, como cariñosamente llama Untzi a su círculo íntimo de amistades. Primero llegó Itziar, una de las personas más importantes en la vida de Untzi de los últimos tiempos -y a quien yo también conocía un poco por internet-, y más tarde lo hicieron Miriam y Eli.

Todos estuvimos allí un buen rato conversando, en mi caso especialmente con Itziar, por razones obvias; hasta que Miriam y Eli se tuvieron que ir, y entonces Untzi e Itziar me llevaron, a eso de las 20:30-21:00, a otro de los “templos” más significativos para Untzi -de todos los que ella y su pandilla tienen, que son muchos-, el bar Tobarik -que viendo cómo se escribe es vasco total, pero pronunciado suena total y absolutamente a ruso-, donde también estuvimos tomando algo, charlando y haciendo tiempo hasta que “amá Maite” -la madre de Untzi- salió de su trabajo.

Después de que Itziar se despidiera, me volví para casa con la familia de Untzi casi al completo -solamente faltaba el hermano Andoni- para darme una ducha, cenar algo e irme a la cama, puesto que los dos días completos que me restaban allí ya sí que iban a ser de verdadera aúpa.

  1. #1 by Rafa on 19 agosto 2009 - 23:16

    Qué simpático, el amigo Celedón.

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