Archive for category Efemérides, momentos especiales y otros

Vacaciones León-Galicia-Vitoria (3)

TERCER DÍA: MIÉRCOLES 29-7-2009 (León-Pontevedra)

La jornada del miércoles 29 fue larga pero, al mismo tiempo, no tiene una crónica demasiado extensa. En un principio, como comentaba ayer, los planes eran hacer un poco de turismo en solitario por la mañana, ya que Irene y David tenían diversos quehaceres, y luego reunirme con ellos a la hora de comer para ir a casa de Irene y conocer a su familia.

Pero una llamada recibida por mí a media mañana propició que tuviera que poner fin a mi etapa leonesa 24 horas antes de lo previsto, aunque tuviera pagada una noche más de hostal, para marcharme a Pontevedra. Aún así, me dio tiempo a subir a la plataforma que hay en la catedral para ver lo que no dio tiempo de ver el martes, es decir, las vidrieras de la parte superior de la misma. Ya que había comprado la entrada para ir a las 12 no la iba a desaprovechar, aunque en mi mente ya estaba ir a la estación de autobuses para ver si podía cambiar el billete que saqué el mismo lunes cuando hice parada en Madrid.

Y aquí vino la anécdota del día: no sé qué les dije yo a los de Alsa o qué escucharon ellos, pero el caso es que el billete me lo habían dado para el miércoles, y no para el jueves como creo yo que les comenté de forma clara. Total, que cuando pedí el nuevo billete y me dijeron que no había nada que cambiar porque el que yo tenía era para el mismo 29, no pude evitar sonreírme después de mi gesto de asombro ni tampoco pensar que si las cosas hubiesen transcurrido como estaba previsto a saber qué hubiese ocurrido al día siguiente, en teoría el día elegido para marchar hacia tierras gallegas…

A las 16:45 ya estaba yo subido en el correspondiente autobús -con un poco de pena por no haberme podido despedir personalmente de Irene y David-, dispuesto a presentarme en la capital de la provincia del mismo nombre unas 4 horas después. O eso era lo que yo creía, porque el autobús nos ofreció un interesante tour por casi todos los pueblos del sur de la provincia de Lugo -y por alguno más que no aparecía en el mapa-, amén de pasar por Ourense antes de llegar a Vigo y Pontevedra. En total, casi 6 horas, ya que me bajé del autobús sobre las 22:30.

Muy cerca de allí, en la estación de trenes, estaba esperándome Cristina -que debió pensar algo así como «por fin llega éste»- con su perrita Mandy. Acto seguido fuimos a dejar las cosas a su casa, y luego me fui a comer algo por ahí con ella y con Ciprian -Cristina, lo siento pero no sé cómo se escribe; en tal caso léase «Chiprian»-. Ambos, en este día de imprevistos y «planes B», aceptaron acogerme una noche más que la que habíamos acordado, ante lo cual yo les doy las gracias pese a que ella diga que no hace falta.

Al día siguiente, se volvería a la normalidad.

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Vacaciones León-Galicia-Vitoria (2)

SEGUNDO DÍA: MARTES 28-7-2009 (León)

Después del pequeño prólogo que supuso el paseo por el Húmedo, el martes 28 ya procedí a visitar de verdad lo más importante de la ciudad. Para ello quedé con Irene, quien esa mañana me hizo sola de «guía turística» porque David estaba trabajando, aunque él se iba a incorporar posteriormente, a la tarde.

Fachada de la Catedral de León

Fachada de la Catedral de León

El primer lugar al que nos dirigimos, como no podía ser de otra forma -tanto por la importancia como por la proximidad-, fue la catedral, con toda seguridad el monumento más importante de los que hay en León, y el recinto con las mejores vidrieras de Europa junto a Notre Dame, según los especialistas en Historia del Arte. Con sinceridad, como digo de otras muchas cosas, no sé si eso es cierto, pero preciosas sí que son. Más que eso: son impresionantes, a pesar de que los trabajos de restauración que todavía se están realizando allí nos impidieran contemplarlas todas en su máxima perfección.

No obstante, antes de entrar en la catedral, justo al llegar a la plaza, nos encontramos con Gela, una de las mejores amigas de Irene, quien andaba por allí haciendo encuestas entre los turistas. Podría haberme hecho alguna a mí, pero obviamente yo no disponía aún de los conocimientos mínimos necesarios sobre la ciudad como para contestar a las preguntas con un mínimo de verosimilitud.

Después de deleitarnos con las vidrieras y con la planta principal de la catedral, Irene y yo fuimos a ver el claustro, por el módico precio de un euro. También pudimos haber entrado a ver el museo, pero según Irene no vale la pena pagar los 4 euros que cuesta la entrada para lo poco que hay por allí. El claustro, como me imagino que sucederá en cualquier iglesia, es un lugar tranquilo y apacible, con un patio de considerables dimensiones, y perfecto para quien quiera meditar sobre lo que sea.

El claustro de la Catedral. De fondo, un servidor.

El claustro de la Catedral. De fondo, un servidor.

El siguiente destino fue la Colegiata de San Isidoro, la cual no me llamó demasiado la atención, al contrario que la visita guiada por el Panteón de los Reyes, situado justo a los pies de San Isidoro y que constituyó para mí uno de los episodios más interesantes de todo el viaje. Allí se encuentran los sepulcros -en piedra- de varios reyes leoneses medievales, y también los de algunos miembros de la familia real. No obstante, lo más bello de todo fueron los frescos, situados a lo largo de las bóvedas y de los muros. En ellos se representan, siguiendo el sentido de la agujas del reloj, las escenas más importantes de la vida de Jesucristo, junto a los signos del zodíaco y a un calendario típicamente leonés de la época, de temática eminentemente agrícola. La visita dura unos 50 minutos, de los cuales 25-30 están dedicados al Panteón, un lugar que, sin duda, hay que visitar si se va a León.

Al salir eran ya casi las 2 de la tarde, así que nos fuimos a casa de David -que ya había salido del trabajo- para comer algo y descansar un rato, ya que por la tarde iba a proseguir la visita por la ciudad.

Tocaba ir a ver otras dos grandes joyas de la ciudad, una monumental a nivel nacional, y otra tal vez más desconocida pero, para mí, más bella aún que la anterior. La primera de ellas es el Convento de San Marcos; y la segunda, la casa-museo de la Fundación Sierra-Pambley -situada frente a la catedral-, la cual me dijo Irene que me iba a sorprender, y así fue.

Casa-museo de la Fundación Sierra-Pambley. Foto: web de la Fundación.

Casa-museo de la Fundación Sierra-Pambley. Foto: web de la Fundación.

Creada por Francisco Fernández-Blanco y Sierra-Pambley -más conocido como Paco Sierra, lo cual, inevitablemente, me produjo en la mente claras reminiscencias de mi pasado reciente universitario- en 1885, su labor fue destinada desde un principio a la creación de escuelas en las que educar a aquellos que no se lo podían permitir económicamente, como por ejemplo los campesinos y los obreros.

A las 19:00 entramos en la casa, en una nueva visita guiada que nos llevó por las dos plantas en las que se desarrolló la vida de Paco y de los suyos. Destacable es la enorme diferencia que hay entre ambas: si bien la planta principal estaba destinada a la vida social, con todas las comodidades de la gente bien de la época, la segunda -donde se encontraban las estancias privadas- se caracteriza por una austeridad total, dado que el creador de la fundación pensaba que la vida no se vive de forma real si no se hace en las mismas condiciones que la mayoría del pueblo, y ésta no se componía precisamente de gente con demasiado dinero.

Puedo pecar un poco de cateto, pero de todo lo que vi allí me quedo sobre todo con un bastón-escopeta, un arma de andar por casa para intimidar a ladrones y asaltadores y que, a buen seguro, estaría considerada como el no va más si se hicieran algunos en los tiempos actuales. Asimismo, como en esta vida siempre se aprende algo nuevo, gracias a esta visita pude conocer también algunos datos más o menos anecdóticos, como por ejemplo que el popular juego de la oca es de origen francés. En resumen, que salí de allí encantado.

Y poco más dio de sí el día. Hasta la recogida nos dedicamos a tapear y tomar algo, dado que la jornada de tarde, aunque más corta, también había sido bastante intensa. Al día siguiente, en cuanto David saliera de trabajar, iría a visitar junto a ellos a la familia de Irene y su pueblo; o al menos eso era lo que tenía pensado en un principio. Las causas y azares -que diría Silvio Rodríguez- terminaron dictando algo diferente.

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Vacaciones León-Galicia-Vitoria (1)

PRIMER DÍA: LUNES 27-7-2009 (Sevilla-Madrid-León)

Por fin llegó el tan esperado día. Un año entero tuve que esperar para poder hacer el periplo ideado para el verano de 2008, que no se pudo llevar a cabo finalmente por distintas razones. Había muchas ganas de ver cara a cara por primera vez a dos personas ciertamente especiales para mí en los últimos años: Irene, la historiadora de León; y Untzizu (pronúnciese «Unchisu»), la vitoriana, uno de los seres más peculiares y más entrañables que te puedes echar a la cara. Y como en este período de tiempo di con quien, entre otras cosas, me ayudó a abrir este espacio (miss Cristina-«Calítoe.:.»), la ruta se amplió un poco tanto temporal como espacialmente, ya que las tierras gallegas quedaron incluidas en el itinerario.

Así pues, éste iba a ser el compuesto por los territorios de León, Galicia y Vitoria, con una breve escala en Madrid el primer día para estirar las piernas.

Yo, con mi querida amiga historiadora

Yo, con mi querida amiga historiadora

Con todo ello, el 27 de julio salí desde la estación de autobuses «Plaza de Armas», con destino León. Huelga decir que durante casi toda la jornada estuve viajando, y que además llegué a León algo más de un par de horas más tarde de lo previsto porque cuando el Socibus arribó en Madrid a las 14:30 no encontré plaza en el primer Alsa que debía salir hacia tierras leonesas, el de las 15;30, con lo que debí aguardar un par de horas más. Durante ese tiempo comprobé que el calor de Madrid era inferior al de Sevilla, cierto es, pero escasamente por 3 ó 4 grados; así que me metí en el Corte Inglés de Méndez Álvaro para hacer un poco de tiempo y estar fresquito.

Finalmente, a las 21:30, más de 11 horas después de haber tomado el autobús en Sevilla, llegué a León, donde estaban Irene y David esperándome. Fue el primer momento especial del viaje, ya que hace casi dos años que empecé a entablar conversación con Irene y, como he dicho antes, ya había ganas de conocerla, porque han sido muchas las vivencias compartidas entre ambos a lo largo de ese tiempo pese a no vernos en persona.

Ambos me condujeron, en el coche de él, al hostal donde me iba a alojar las tres noches siguientes, el hostal Quevedo, situado en la calle peatonal que lleva el mismo nombre, muy cerca del centro histórico de la ciudad. El hostal está bastante bien, con habitaciones no demasiado grandes pero muy agradables y acogedoras y, sobre todo, a buen precio. Solamente le pongo una pega: el habitáculo de la ducha parecía una ratonera, un sitio minúsculo en el que se veía que una persona corpulenta como yo iba a tener algún que otro problemilla para moverse como así fue; pero por lo general no me puedo quejar del sitio, buscado por mis propios anfitriones.

Después de esperarme en el hall unos cinco minutos -el tiempo suficiente para dejar las cosas y coger lo necesario-, Irene y David me llevaron a dar la primera vueltecita del viaje, en este caso por el llamado Barrio Húmedo de León, el lugar de fiestas y celebraciones habituales, aunque al pasar por allí un lunes estaba bastante tranquilo. Eso sí, el excelente tiempo que hacía por allí -un fresquito que era como una bendición divina- hizo que hubiera gente que se animara a dejarse caer por allí para tomar algo, justo lo que hicimos nosotros.

Y tras el paseo por el Húmedo optamos por el toque de queda. No era una hora demasiado tardía -23:40-, pero a la mañana siguiente David madrugaba para trabajar, y además yo también estaba un poco cansado de tantas horas en el autobús; así que nos fuimos hacia nuestros respectivos dominios. Al día siguiente tendría lugar la primera gran jornada de turismo leonés.

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Ya se casaron

Ya se casaron Esther y el «Pile».

Ayer tuvo lugar, entre Huelva y Bollullos del Condado, la primera boda «filóloka» -véase aquellas en las que al menos uno de los dos cónyuges es de la promoción 2006-, de las varias que nos esperan durante los próximos años; además, entre dos de sus miembros. Parecía que nunca iba a llegar este momento, pero por fin sucedió.

Y ha sido todo un placer para mí -que además de ser amigo de los dos fui testigo directo de la noche en la que, según ellos, empezaron oficialmente a salir, hace 2 años y medio- que me hayan hecho partícipe de este día tan especial tanto para ellos como para la promoción 2006 de Filología Hispánica de la Universidad de Sevilla, entre ellos para mí, por supuesto. Sobre todo, por haberlos visto tan felices y contentos, y por haber podido estar, una vez más, con los 8-10 mejores compañeros y amigos de mis mejores años universitarios.

Felicidades, Esther; Felicidades, Migue«Pile» para nosotros-; que seáis muy felices, queridos amigos.

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Recuerdos de un debut teatral

Ya sé que esto que voy a decir suena a tópico, y de los muy recurrentes, pero no puedo evitar hacerlo porque en esta ocasión es algo poco menos que inevitable: cómo pasa el tiempo

Ayer por la tarde-noche, cuando daba un paseíto por mi pueblo -como casi siempre, con el objetivo de desentumecer las piernas- me encontré, en el intervalo de unos 20 minutos, con dos amigas almensilleras –Rocío González y Laura Carmona– con las que, hace casi diez años, compartí elenco teatral. Porque, efectivamente, posteriormente recordé que ya mismo -el próximo día 29, como comprobé después, en casa- se cumplen diez años de la doble actuación que tuvimos en el pueblo. No hablamos de nada de eso -porque yo no había caído en la efeméride, claro-, solamente hablamos con brevedad de cómo iban nuestras vidas, tal y como se suele hacer en estos casos; pero el recuerdo de aquellos meses de preparación, y de aquellos dos días de actuaciones es inevitable cada vez que me cruzo con alguno de mis compañeros.

Fue aquél un proyecto que solamente duró un año y poco más, pero que nos sirvió para aprender mucho y para pasárnoslo muy bien. La Asociación Cultural «Tahona» nos ofreció a Rocío y a mí -socios del colectivo- allá por mediados de mayo de 1998 la posibilidad de formar un grupo de teatro que llevara este mismo nombre, y poco a poco fuimos reuniendo gente -entre hermanos de ella, amigos de los hermanos y demás gente del pueblo- hasta terminar con un elenco bastante apañado. Alberto, Domingo, José Manuel, Laura, Luismi, Sandra, Inma, Tere, José Luis… todos ellos junto a un servidor y junto a Rocío, que era quien se encargaba de la dirección escénica y general. El Grupo de Teatro Joven «Tahona», compuesto por gente entre los 18 y los 30 años aproximadamente, acababa de nacer.

José María Rodríguez Méndez

José María Rodríguez Méndez


Obviamente, dadas las fechas en las que nos encontrábamos -exámenes universitarios o exámenes finales del instituto y la Selectividad como sucedía en mi caso- apenas si hicimos nada hasta septiembre; pero por lo menos sí que elegimos la obra con la que íbamos a empezar. Una obra relativamente sencillita y no demasiado larga: La tabernera y las tinajas o Auto de la donosa tabernera, de José María Rodríguez Méndez. Después del verano, hicimos el cásting y comenzamos los ensayos.

El debut tuvo lugar un año después de nuestra primera reunión como grupo -finales de mayo de 1999– y, como no podía ser de otra forma, el lugar elegido fue nuestro pueblo, Almensilla. Programamos dos representaciones en una semana: la primera fue exclusivamente para los socios de «Tahona», teniendo lugar en la sede de la asociación y lugar de nuestros ensayos, el Centro de Cultura Popular «La Razón» . Ésta sirvió para romper el hielo de cara a la siguiente, la multitudinaria, en uno de los lugares emblemáticos del pueblo, la Plaza de la Concordia.

Y para que conozcáis con cierto detalle qué fue lo que ocurrió tanto en una actuación como en la otra, a falta de videos o imágenes gráficas del momento, os dejo un extracto del artículo que, pocos días después, escribí en el número 10 de la revista sociocultural Tahona, la de la asociación:

«Desde por la mañana estuvimos trabajando duro en «La Razón» para componer el escenario lo mejor posible. La incertidumbre ante los resultados que pudieran derivarse del debut se dejaba notar sobre todos los componentes del grupo, especialmente entre aquellos que nunca habíamos representado una obra de teatro a este nivel. Por la tarde, a eso de las 19:15, con la escenografía ya terminada, nos tomamos un descanso de aproximadamente una hora.

A partir de las 20:30 hasta que comenzó la obra, la tensión fue acentuándose; los nervios se mezclaban con la ilusión por salir a actuar. Uno tras otro fuimos pasando por el «salón de maquillaje» y, por fin, llegó la hora de la esperada actuación. Pienso que no salió mal para ser la primera vez, aunque también, hay que reconocerlo, tuvimos los fallos lógicos de unos aficionados. Al finalizar todo fueron felicitaciones con las que nos sentimos muy contentos, pero al mismo tiempo todos teníamos claro que el viernes siguiente, en la Plaza de la Concordia, teníamos que hacerlo mejor, porque siempre debemos superarnos y porque enfrente iba a estar un público bastante más numeroso.

Plaza de la Concordia de Almensilla. El escenario ocasional estaba situado al fondo, a la izquierda.

Plaza de la Concordia de Almensilla. El escenario ocasional estaba situado al fondo, a la izquierda.

(…) El viernes por la tarde, el incomparable marco -para los almensilleros- de la Plaza de la Concordia ya olía a teatro. Desde las 18:30 estuvimos montando el escenario, fundamentalmente las cortinas y los arcos de celosía que habrían de aparecer en la obra -en la casa del cura- y que servían de adorno en el escenario; mientras que un equipo de Tahona se encargaba de anunciar por todo el pueblo la actuación.

Llegaron las 21:30, y a medida que terminábamos de vestirnos y comenzábamos a maquillarnos, la plaza se llenaba poco a poco. Nosotros, dentro de las casas que utilizábamos como vestuarios, ya sentíamos que la plaza, dentro de apenas unos minutos, iba a quedar repleta de público. Los nervios aparecían cada vez en mayor proporción, sobre todo cuando percibíamos la llegada de los familiares y amigos que, particularmente, habíamos invitado.

Por fin comenzó la representación. Lo hizo con bastantes minutos de retraso, debido a que esperamos para que el mayor número posible de personas pudiera ver empezar la obra. Al principio es de reconocer que, al igual que en la anterior representación, también estábamos un poco nerviosos debido a que era la primera vez que actuábamos delante de tantas personas; pero nosotros tratamos de que no se notara demasiado. Pese a estos nervios iniciales creo que conseguimos superar la actuación de la semana anterior -a pesar de que en ésta también tuvimos algunos fallitos típicos de aficionados- porque, una vez metidos de lleno, nos olvidamos de los nervios y, realmente, nos crecimos. En la segunda parte pudimos observar cómo el público estaba siguiendo, divertido, el desarrollo de la trama (…) y terminamos de echar el resto para conseguir que el final resultara lo mejor posible. Al concluir nos fuimos hacia el público conscientes de que la obra les había gustado, y debo decir que aquella noche -y también durante los días posteriores- recibimos toda clase de felicitaciones, las cuales hicieron que quedáramos muy satisfechos de nuestra actuación».

Lamentablemente, aunque continuamos con los ensayos durante algunos meses del curso siguiente, los nuevos quehaceres particulares de cada uno impidieron que la andadura del grupo pudiera seguir adelante como hasta entonces. De todos modos, como es lógico, guardo en mi mente con mucho cariño todos y cada uno de los recuerdos correspondientes a aquella preciosa experiencia, la cual pude revivir en mayo de 2006 con Un hombre tranquilo y, sobre todo, con Prueba de amor, ambas de Roberto Arlt.

Ojalá en el futuro -el curso pasado lo intenté junto a mis amigos filólogos con El castigo sin venganza, de Lope, pero no resultó, por las razones que nosotros sabemos- pueda volver llevar a cabo con éxito algo similar.

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Hace justo 365 días… (recuerdos de un crucero especial)

Hoy, 21 de abril de 2009, es un día especial. Se cumple justo un año de la magnífica semana de crucero por el Mediterráneo -«Brisas del Mediterráneo» se llamaba- que varios de los estudiantes de Periodismo de la Universidad de Sevilla pasamos a bordo del SS Oceanic, con motivo del viaje fin de carrera.

La entrada en el barco. Aún no estábamos todos, pero sí bastantes.

La entrada en el barco. Aún no estábamos todos, pero sí bastantes.


Las curiosidades de la vida me llevaron, dos años después de haber salido de España por primera vez con mis compañeros de Filologia Hispánica -Praga y Budapest-, a realizar con los «periodistas» el mismo viaje que, en aquel momento, rechacé. Claro que si entonces hice eso fue, simple y llanamente, porque no iban mis mejores amigos, así que yo estaba totalmente seguro de que aquellos días iban a ser fantásticos, como así sucedió.
Montecarlo: en el monumento a Fangio (curva de entrada a la recta de meta)

Montecarlo: en el monumento a Fangio (curva de entrada a la recta de meta)


Barcelona -salida desde el puerto-, Mónaco, Florencia (y Pisa), Roma, Pompeya-Nápoles, y Túnez. Ese fue nuestro itinerario. Por vez primera iba a visitar lugares tan simbólicos como las Ramblas; las calles del circuito urbano de Montecarlo por donde un mes después iban a estar los Alonso, Hamilton, Massa o Raikkonen; el Duomo; el Coliseo; el Panteón de Agripa; la Fontana di Trevi; las míticas ruinas pompeyanas o el zoco de Túnez, donde el regateo es arte y obligación para poder comprar.
En el Duomo florentino

En el Duomo florentino

Sin embargo, tan bueno como las visitas turísticas fue lo que ocurrió dentro del barco. Los oficiales del Oceanic, encabezados por la directora del crucero, la argentina Marta Rossi -«señoras y señores, muuuy bueeeenos díiiias»… cómo olvidar esa voz todas las mañanas a las 8 en punto- nos prepararon una oferta lúdica excelente a lo largo de los siete días, para cuando volviéramos de nuestras salidas. Juegos, espectáculos, noches temáticas, karaokes, bingo, fiestas en la discoteca para después de la cena… lo típico de estos viajes. Todo ello a ritmo de las «bandas sonoras» particulares del crucero -el «Dame Fiesta» y el «Chucu chucu»-, y a cargo del fenomenal equipo de animación. Nombres como los de Santi -alias «hombre al agua» el último día en la piscina-, María, Emilio, «Peluche», «Colacao», Cocoliso -el Dj- y otros que ahora mismo no recuerdo fueron durante esa semana casi como de la familia para nosotros. Ah, y se me olvidaba: también nos ofrecieron comida, sin duda lo que más. Comida de todo tipo y a todas horas: desayuno, almuerzo, merienda, cena, picoteos… todo el santo día zampando; de hecho creo que no he comido más en todos los días de mi vida que la semana que pasamos en el barco. Eso sí, entre las salidas por el día y las fiestas por la noche puedo asegurar que conseguimos quemar si no todo sí al menos buena parte de lo que ingerimos, que ya digo que fue algo exagerado.

Con la moneda, en la Fontana

Con la moneda, en la Fontana

En el barco, además, conocimos a gente diversa -sobre todo Marina, nuestra querida delegada, la relaciones públicas más natural que he conocido-, entre los pasajeros. De hecho, desde el primer día agregamos al grupo a dos muchachas cántabras, Marta y Miriam; esta última, además de pasárselo de muerte con nosotros, tuvo la enorme suerte de llevarse el premio gordo del super bingo del último día. Como para que se olvide del crucero…

El equipo de animación

El equipo de animación

Pero de entre todos con los que compartí mis vivencias, debo hacer una mención especial para los «maestros» murcianos de inglés. Sin ellos, puedo asegurar que el crucero no habría sido lo mismo. Especial y particularmente, sin SandraSandrica» la ARTISTA, la continuadora de voces y nombres tan significativos de la canción española como Ana Belén, porque cómo cantaba su «Lía»…-, Mari -la melómana bunburiana y calamarista por excelencia-, Hanna -o Janna, como queráis llamarla, la futura periodista de la Semana Santa de Lorca y con quien comparto cumpleaños-, y David, el líder masculino y conductor junto a las otras tres y a todo el grupo de las mayores «frikadas» que jamás hayan podido vivir las instalaciones del buque de Pullmantur, sobre todo la última… cómo olvidar el mítico entierro de aquel Shrek de gas bautizado como «Oootye»

Murcianicos y Marina

Murcianicos y Marina


En resumen, me podría llevar escribiendo párrafos y párrafos de aquel viaje, pero acabaría aburriendo hasta a las ovejas seguro; así que ya pongo punto y final a este recordatorio. Ya intentaré satisfacer mis gustos particulares intentando reeditar al menos casi todo lo acontecido allí en una especie de «diario de los hechos acaecidos hace un año».

Mi pregunta para terminar es: ¿por qué no volvemos, un día de éstos, a reunirnos todos de nuevo para repetirlo? Sería lo ideal, porque de aquellos días, además de muchos recuerdos, saqué amigos y amigas a los que, si bien no pudo hablar todo lo que a mí me gustaría, tengo un gran aprecio; y a los que me encantaria, como es lógico, volver a ver un día de éstos.

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