Vacaciones León-Galicia-Vitoria (7)


SÉPTIMO DÍA: DOMINGO 2-8-2009 (Viaje en tren/Vitoria)

A las siete de la mañana hice diana el primer domingo de agosto para coger, unos 3/4 de hora más tarde, un tren regional desde Pontevedra hasta Santiago de Compostela; y enlazar con un ARCO, pocos minutos después de bajarme en la capital gallega, que ya me llevaría a Vitoria-Gasteiz. Un buen madrugón para meterme entre pecho y espalda diez horas de viaje entre un tren y otro -eso sí, en el ARCO iba a ir en clase preferente, porque si no aquello sería insufrible-; todo para dar comienzo a la que, posiblemente, fuera la etapa más deseada de mi viaje y, seguro, la más intensa de todas. Mi querida amiga Untzizu -“Unchisu“, para pronunciarlo correctamente-, al igual que Irene en León, me esperaba un año después del fallido intento de viaje hacia tierras de Euskadi.

Untzi y yo: primera foto juntos

Untzi y yo: primera foto juntos

Pero esto a punto estuvo de truncarse, o de retrasarse al menos. Después de haberme despedido de Cristina -que se tomó la molestia de interrumpir su plácido sueño para decirme adiós- y de coger el primero de los trenes, éste se quedó parado a mitad de trayecto durante aproximadamente un cuarto de hora, por una presunta avería que no acertaban a localizar; incluso apuntaron la posibilidad de tener que cambiar una rueda, algo bastante extraño en un tren. Yo estaba que me subía por las paredes, aunque al mismo tiempo intentaba ir elaborando, en la medida de lo posible, otro hipotético “plan B”. Afortunadamente, no hubo que llegar a tanto porque, una vez reanudada la marcha -la alarma que saltó no se sabe cómo resultó ser una falsa alarma-, el tren recuperó algo del tiempo perdido, y pude llegar a Santiago 3-4 minutos antes de que tomara la salida el ARCO. Menos mal… Cuando entré en el vagón y me acomodé en mi asiento, ya me relajé por completo, porque el estrés por la posible pérdida del tren había sido bastante grande.

El viaje fue bastante cómodo y ameno, a pesar de su gran longitud temporal. A ello contribuyeron las dos películas que nos pusieron los de Renfe; pero ello no quita para que, a medida que se iba aproximando la llegada a la capital vasca, mi nerviosismo y las ganas de bajarme ya del tren fueran progresivamente en aumento. No era para menos: por muy cómodas que fueran, diez horas de viaje son diez horas de viaje; pero, sobre todo, lo que pasaba era que ya había ganas de ver en persona, por fin, a Untzi, más o menos como me ocurrió con Irene seis días antes.

Eso ocurrió poco después de las 18:30, aproximadamente unos cinco minutos después de que el tren me dejara en la estación. Como le prometí no sé cuántas veces durante el año y medio que llevábamos hablando, cuando Untzi apareció en la estación le di un gran abrazo, porque eran muchas las vivencias, muchos los momentos -buenos y malos- que habíamos compartido a través de la red, y también mucho el cariño que yo le tengo; así que era lógico que nos recibiésemos así. Porque Untzi, con sus virtudes y sus defectos, es una gran amiga, una de las personas más nobles que he conocido.

Primer y deseado brindis

Primer y deseado brindis

Por fin estaba allí; durante los cuatro días siguientes me disponía a conocer “su mundo”, como ella misma me había expresado semanas antes; un mundo peculiar, divertido, surrealista y caótico en ocasiones, pero en el que estaba completamente seguro de que no me iba a aburrir, y de que me lo iba a pasar estupendamente, como así fue.

Para comenzar, después de dejar las cosas en su casa y conocer a sus padres –Jesús Miguel y Maite, superacogedores-, Untzi y yo nos fuimos a tomar algo, a hacer el primer brindis en uno de los bares cercanos a donde ella vive, y a echar -cuántas ganas tenía ya…- las primeras charlas cara a cara. Y después, cena con los tíos paternos allí en casa, como manda la tradición de la familia. Sobre éstos -incluyendo a su prima Iratxe, que también estaba allí, lógicamente- ya me había hablado Untzi más de una vez a través del messenger, y no me decepcionaron para nada. De su extraordinaria peculiaridad como personajes ya hablaré algo en días posteriores, porque el día 5, el festivo en Vitoria durante las fiestas, me tocó el también tradicional almuerzo familiar.

El día no finalizó demasiado tarde: el viaje había sido largo y, además, ya habría tiempo de corrernos algunas juergas en condiciones, que para algo me iban a pillar allí los dos días principales de las fiestas vitorianas.

  1. #1 by Rafapoeta on 16 agosto 2009 - 14:10

    Soy Cas:

    Yo me quedo con el detalle de “y los gatos pasaron como una exhalación”

  2. #2 by victor on 16 agosto 2009 - 14:14

    Jajaja, hombre, Cas, ese suceso no lo voy a mencionar aquí… quedará para los que lo vivimos en directo y para los 3-4 a los que os lo he contado 😉

    Pero eso sí, ocurrió dos días más tarde de mi llegada a “Untzi´s World” 😉

  3. #3 by Rafa on 16 agosto 2009 - 23:14

    Me alegro mucho de que el viaje te saliera tan bien. Lo necesitabas. Ahora les toca a tus niñas venir a Sevilla y conocernos a nosotros;)

  4. #4 by victor on 17 agosto 2009 - 0:56

    Eso, eso, jejeje. Ahí le has “dao”, Rafa.

    Aunque si ellas no pudieran venir y el año que viene tuviera la oportunidad de subir otra vez, yo lo volvería a hacer encantado 😉

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