Vacaciones León-Galicia-Vitoria (6)


SEXTO DÍA: SÁBADO 1-8-2009 (Pontevedra-Santiago de Compostela)

Mi último día en territorio gallego. Después de desayunar y leer el periódico terminé de recoger mis cosas y dejé el hotel, dado que ya se me acabaron los dos días que tenía reservados allí, para trasladar mis cosas a casa de Cristina, donde me iba a alojar esa última noche antes de salir para Vitoria.

Me despedí de Paula, claro está; normalmente en este tipo de viajes siempre terminas conociendo a alguien inesperado, con quien terminas llevándote bien pases el tiempo que pases junto a él/ella, y ese fue el caso de Paula en Pontevedra. Realmente me dio un poco de pena salir del hotel, porque todos en general me trataron muy bien, pero no me puedo quejar, porque sabía que Cristina y Ciprian, por supuesto, me iban a tratar igual de bien que el personal del Hotel Madrid.

Antes de ir a casa de ellos dos para dejar la maleta, no obstante, estuve consultando con Paula los horarios de los trenes y autobuses que iban a Santiago de Compostela, para ver cuál era el que mejor me venía. Finalmente salí de la estación de autobuses a las 12:30, bien ataviado con mi nuevo paraguas porque en la capital gallega se avecinaba algún que otro chubasco, como así fue.

Fachada de la catedral de Santiago

Fachada de la catedral de Santiago

Santiago me recibió, como manda la tradición, con un buen chaparrón que, afortunadamente para mí, no duró más de diez minutos; con lo que pude salir sin problemas, mapita en mano, directo al casco histórico para buscar, en primer lugar, la Plaza del Obradoiro, en mi opinión lo primero que se debe visitar la primera vez que se va a Santiago. Allí llegué, al son de los gaiteros, sobre las 14:15 horas.

Impresionante; aunque yo no sea católico practicante no tengo otra palabra para describir la estampa del destino final de todos aquellos que se atreven a hacer el camino de Santiago. Y la fachada de la catedral -la del Pórtico de la Gloria-, sin comentarios: como cada vez que veo en persona alguna de las grandes obras de arte de carácter nacional y mundial -algo parecido me sucedió el año pasado con el Panteón de Agripa y el Coliseo en Roma-, no pude evitar retrotraerme a las clases de Historia del Arte de José J. Franquelo en el instituto Mateo Alemán (San Juan de Aznalfarache), porque inevitablemente me recordaba a ello. Por allí estuve una media hora larga, visitando la catedral, inclusive la tumba del Apóstol Santiago, a la que quise echar una foto con el móvil -para no dar tanto el cante, al no notársele el flash-, pero no pude porque la batería andaba ya un poco floja.

Con eso ya me daba por satisfecho; así que como ya casi eran las 15:00 busqué un bar para ir a comer -el elegido fue uno que estaba en la Plaza Quintana-, y luego mi intención era la de dar un paseo por la zona universitaria antes de coger otro autobús de vuelta para Pontevedra.

Cartel anunciador de la exposición sobre Chaplin

Cartel anunciador de la exposición sobre Chaplin

Pero la casualidad hizo que, afortunadamente, permaneciera en Santiago más tiempo del que tenía previsto. Cuando llegué a la Plaza de la Universidad, en la iglesia allí situada había anunciada una exposición organizada por la Fundación La Caixa -que dura hasta el 31 de agosto- sobre el que para mí es el cineasta número 1 de la historia, amén de uno de los artistas más completos y de los personajes más importantes, complejos y fascinantes de todo el sigo XX: Sir Charles Spencer Chaplin.

Mi sorpresa fue tremendamente grata, y la verdad es que no me importó que fueran poco más de las 4 de la tarde y tuviera que esperar casi una hora para que abrieran las puertas de la iglesia. Me entretuve como pude haciendo tiempo, hasta que decidí buscar un lugar para tomar un café y así mitigar el considerable fresco que llevaba haciendo durante todo el día -yo iba ataviado como un típico visitante del sur, con camiseta y pantalón corto-; y, miren ustedes por dónde, las casuas y azares -que diría Silvio Rodríguez- volvieron a hacer notablemente su trabajo porque entré en una cafetería-restaurante situada casi enfrente de la iglesia que se llamaba… “Candilejas”. Más chapliniano, imposible; aunque el nombre no debía estar puesto en su honor porque allí no se observaban ningún tipo de motivos que nos hicieran recordar al payaso Calvero y compañía.

Finalmente, a las 5 entré a ver la exposición, que se componía de una muy completa exhibición de imágenes y trozos de películas de Chaplin, comenzando el paseo con el primero de los cortos donde apareció el personaje del vagabundo, Carreras sofocantes Kid Auto Races At Venice-, y terminando con el muy clásico final de Tiempos Modernos. Casi una hora estuve allí disfrutando, una vez más, con la obra de este gran genio del arte del siglo XX, volviéndome para Pontevedra con una amplia sonrisa en la cara.

Cuando llegué, sobre las 20:00, Cristina y Ciprian estaban esperándome, porque esa noche fuimos a cenar a casa de la hermana de Cristina, junto a ella, su novio y unos amigos, pasando yo un excelente rato con ellos. Fue una estupenda forma de concluir mi estancia en Galicia; al día siguiente me esperaba ya la última etapa de mi viaje, la que, a priori, se revelaba como la más intensa de todas, y así terminó siendo: Vitoria.

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