El Betis, con uno menos, deja escapar dos puntos en Las Palmas (2-2)


Hubiera supuesto un gran golpe de efecto, pero una falta tonta en el minuto 92 lo dejó simplemente en buen resultado. El Betis, con diez jugadores durante la mitad del segundo tiempo, ha estado a punto de «asaltar» uno de los feudos más difíciles de toda la Segunda División, al menos en los comienzos de la temporada; pero al final se ha tenido que conformar con un empate a dos en el Estadio de Gran Canaria ante la invicta U.D. Las Palmas.

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Ha sido un encuentro típico de dos equipos candidatos al ascenso. Los locales imprimieron un ritmo endiablado al juego durante toda la primera parte, presionando a un Betis -sin Salva Sevilla pero de nuevo con Beñat- que se veía sorprendido por la movilidad de los jóvenes jugadores canarios.

No obstante, las mejores ocasiones fueron para los béticos. Caffa falló dos mano a mano ante el portero canario, uno de salida y otro minutos más tarde; mientras que Miguel Lopes hizo lo propio a los doce. Las Palmas tenía más tiempo el balón y rondaba en más ocasiones la meta de Goitia, pero sólo sumaba en su bagaje un gol cantado marrado por Cejudo, que envió fuera un rechace de Goitia con todo a su favor.

Hasta que los canarios se pusieron en ventaja. Una pérdida de Emana -hoy tristemente decisivo- a los 24 minutos la aprovecharon los canarios para meter un balón a la espalda de la defensa que aprovechó Guayre -uno de los pocos veteranos de este equipo- para ceder atrás y Jonathan Viera marcó a puerta vacía.

Los insulares pudieron haberse ido con el 2-0 al descanso, pero el árbitro, a instancias de su asistente, anuló el gol local porque Guayre, que desde el suelo estaba en fuera de juego, tocó el balón antes de que entrara en la meta bética.

En el segundo tiempo Mel dio entrada a Ezequiel por un nuevamente ineficaz Momo -a ver si las molestias le remiten de una vez, si es esa la causa de su bajo rendimiento-, y el sub 19 tardó muy poco en anotar el empate. A los siete minutos Ezequiel recibió un pase de Caffa y, desde la izquierda, se adentró en el área para batir al portero Barbosa por bajo, con la ayuda de un defensa.

El árbitro y Emana, tristes protagonistas
Parecía que todo empezaba a estar controlado, pero entonces aparecieron Emana… y el árbitro, todo sea dicho. Lesma López, un colegiado que por lo visto esta tarde está muy bien en Segunda y no más arriba, amonestó en primer lugar al camerunés de forma totalmente injusta por un presunto manotazo a un contrario. Poco más tarde el propio Emana protestó una nueva tarjeta sacada de forma rigurosa a Iriney, y Lesma López no dudó en mandarlo a la calle.

Sinceramente, creo que me iré de este mundo sin entender la actitud de algunos futbolistas. Cierto es que la protesta de Emana no fue ni mucho menos ostensible, pero cuando un árbitro va como iba el pésimo Lesma López -es decir, con unas ganas increíbles de echar a la presunta estrella visitante- lo que debe hacer uno es callarse y ya está, porque así flaco favor se le hace al equipo.

Aunque si el fútbol es tan bello es, precisamente, por su imprevisibilidad. Se suponía que Las Palmas iba a embotellar en su área a los béticos como en la primera parte, pero aunque el balón volvió a los pies de los jugadores canarios ni mucho menos fue así. Al contrario, fue el Betis quien se adelantó a falta de cinco minutos, tras un córner que lazó Beñat, peinó Miki Roqué -sustituto del lesionado Roversio- y remató el goleador Rubén Castro, que no quiso celebrar su gol por respeto al equipo en el que se formó. Pura estrategia.

Al final se escapó la victoria
Pero si de algo pueden pecar los jugadores béticos es de inexperiencia. Cuando más controlado tenían el partido pese a la inferioridad, la juventud de Miki Roqué le jugó una malísima pasada al hacer una falta extremadamente tonta cerca de la frontal del área, en el segundo de los cinco minutos de descuento. Sergio Suárez aprovechó la pésima colocación de Goitia y, por su palo y por bajo, rescató para los suyos un punto que les supo a gloria.

El Betis se va de las islas con la amargura por haber dejado escapar un triunfo que hubiese supuesto un golpetazo encima de la mesa, y también con el liderato perdido tras la victoria del Rayo; pero un punto en Las Palmas, aunque haya sido de esta forma, se puede considerar un buen resultado. Siempre, claro está, que no se repitan estos errores «in extremis» -por juventud o por lo que sea- que cuestan una serie de puntos que, por si las moscas, no deberían dejarse marchar.

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