Hamilton gana en Turquía y el Barça “deja” escapar la Champions de balonmano


Lewis Hamilton se estrenó en la presente temporada de la Fórmula 1 con su triunfo en el G.P. de Turquía, disputado en el Istanbul Park. El inglés aprovechó la lucha “fratricida” entre los Red Bull para ganar por delante de Jenson Button y de Mark Webber.

Fernando Alonso tuvo un fin de semana aciago, y tan sólo pudo ser octavo gracias al abandono de Vettel y al pinchazo del búlgaro de Renault Vitaly Petrov, con quien se llevó luchando gran parte de la carrera. Pedro Martínez De la Rosa por fin pudo acabar una carrera y se quedó al borde de los puntos (11º), mientras que Jaime Alguersuari finalizó 12º.

Todo marchaba según lo que se había visto durante la clasificación: Red Bull mandando, aunque con McLaren muy cerca; y Ferrari, a paso de tortuga en comparación con los primeros (Massa 7º). Webber y Vettel iban en cabeza cuando a falta de 17 vueltas para el final una maniobra de adelantamiento del alemán acabó en colisión con su compañero de escudería, y con él mismo fuera de carrera, muy cabreado con Webber cuando la culpa en verdad fue suya.

Esto lo aprovecharon Hamilton y Button, quienes no obstante también tuvieron su lucha particular, no exenta para nada de riesgos. El campeón le dio una pasada de manual a su compañero, mientras que Hamilton se la devolvió poco después, al paso por la recta de meta. Martin Whithsmar, jefe de equipo de McLaren, se tiraba de los pelos, lo mismo que su colega de Red Bull Christian Horner poco antes.

La llamada al orden a sus dos pilotos fue inmediata, y las posiciones ya sí que se mantuvieron hasta el final, con un Webber al que la descomunal ventaja que le llevaba a un muy buen Michael Schumacher hizo que, al menos, acabara en el podium, lo que le valió para mantener el liderato del Mundial. El australiano, con 93 puntos, mantiene 5 de ventaja sobre Button, 9 sobre Hamilton, 14 sobre Alonso y 15 sobre Vettel. La próxima carrera será dentro de dos semanas, en el circuito Gilles Villeneuve de Canadá, que vuelve al campeonato después de un año de ausencia.

Barrufet no pudo despedirse con otra Copa de Europa
Ha sido una verdadera lástima, pero el Barça dejó escapar una oportunidad histórica de ganar la Champions de balonmano en Alemania (Colonia, más concretamente), con un pabellón de 20.000 espectadores favorables en un 90% al Kiel y ante una EHF que “dictaminaba” que esta copa de Europa debía quedarse por lo civil o por lo criminal en Alemania, como ya se vio ayer en la semifinal de los alemanes contra el Ciudad Real.

Al final, después de ir ganando los azulgrana hasta por seis goles en la segunda parte, acabó cayendo para el Kiel “por lo civil” (36-34, pese a que los árbitros estuvieron ciertamente rigurosos, aunque sin armar escándalos). Don David Barrufet, pues, no se pudo retirar del balomano activo con su octavo trofeo de la máxima competición continental, lo que habría supuesto la mejor de sus despedidas.

El gran capitán hizo un excelente encuentro en los minutos que estuvo en cancha -aproximadamente medio partido-. De hecho fue gracias a él y al excelente hacer tanto en defensa como en ataque de sus compañeros, en especial de un Juanín García excelso. El 26-20 a los pocos minutos de comenzar el segundo tiempo hacían presagiar que la Champions iría a Barcelona… siempre y cuando los azulgrana no dejaran levantarse al Kiel, cosa que no ocurrió.

Comentaba yo en diversos foros que como el Barça no tuviera casi sentenciado el partido a falta de unos 10 minutos lo iba a pasar muy mal, porque entonces los alemanes se crecerían -con o sin ayuda arbitral- y serían poco menos que imparables. Así sucedió. El Kiel se apretó los “machos” en defensa -con cierta permisibilidad de los colegiados-, Thierry Omeyer empezó su recital, y al minuto 50 se llegó con el Kiel echándole el aliento en el cogote a los de Xavi Pascual, tal y como el barcelonismo se temía.

Los alemanes siguieron con su aluvión de goles en contraataque tras las paradas de su guardameta -cada gol del Barça se lo tenían que labrar los blaugrana a pico y pala-, y alcanzaron una decisiva ventaja de tres tantos, mantenida pese a que el Barça no se rindió hasta el último segundo. Peter Gentzel -cuántos años ya debe tener esta leyenda del balonmano sueco y mundial- salió para detener el único lanzamiento de siete metros que erró Juanín y, pese a que el Barça redujo la ventaja a la mínima, Jicha, otra de las estrellas alemanas, sentenció con el 36-34 definitivo.

Segunda Champions para el Kiel, que impidió que Barrufet se despidiera como la justicia divina y deportiva habría mandado; pero no fue así. Con Barrufet se marcha el último bastión de aquel gran equipo dirigido por Valero Ribera que maravilló al balonmano internacional en la década de los 90. Hasta siempre, Don David; hasta siempre, “San Pitufo”.

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