Archive for category Críticas cinéfilo-teatrales
Un Lorca austero, moderno y, al mismo tiempo, genuino
Posted by Víctor Díaz in Críticas cinéfilo-teatrales, General on 25 enero 2010
CRÍTICA TEATRAL
OBRA: Bodas de sangre
AUTOR: Federico García Lorca
COMPAÑÍA: Centro Andaluz de Teatro y Centro Dramático Nacional
REPARTO: Israel Frías (Leonardo); Luis Rallo (el novio); Noemí Martinez (la novia); Consuelo Trujillo (la madre); Olga Rodríguez (la esposa de Leonardo); Maica Barroso (la criada); Carlos Álvarez-Novoa (el padre de la novia); Carmen León (la suegra); Ana Malaver (la vecina); Paca Ojea (mendiga); Rafa Téllez (convidado); Pilar Gil (la niña); Omar Azmi, Toni Márquez, F.M. Poika (leñadores); Fael García, Juan Cabrera (mozos); Pepa Delgado, Sonia Gómez Silva, Marina Hernández, Ramos López (muchachas); Diana Wrana (danza aérea). Con la colaboración especial de Ana Belén en la voz y en la canción de La Luna.
DIRECCIÓN: José Carlos Plaza
LUGAR: Teatro Central (Sevilla)
DÍA: 23-1-2010
DURACIÓN: 1 hora y 50 minutos
CALIFICACIÓN: *** (Sobre 5)
Buena labor la realizada por el Centro Andaluz de Teatro -CAT- y el Centro Dramático Nacional. La compañía teatral andaluza más importante ha unido sus fuerzas con una de las formaciones principales a nivel nacional -junto a la Compañía Nacional de Teatro Clásico- para llevar a los escenarios uno de los títulos más importantes del teatro lorquiano; y el resultado es bastante satisfactorio.
En primer lugar, ésta se diferencia de otras versiones en la austeridad, principalmente escenográfica. Una austeridad que nos permite disfrutar de unas Bodas de sangre sin más artilugios que unos bloques laterales -adaptables en su colocación según el pasaje que se esté representando en cada momento-; sin navajas o, mejor dicho, sin «navajazos» explícitos; y, consecuentemente, sin más sangre que la que termina mostrando la novia en sus manos.
La producción, además, rehúye acertadamente de los tópicos que podrían caracterizar cualquier versión no sólo de ésta, sino de cualquier obra ambientada en Andalucía. Apenas si hay «folclore» si exceptuamos algunos momentos de baile más o menos aflamencado; mientras que los actores -andaluces en gran parte, como es lógico- adoptan el acento típico de mi tierra sin exageraciones, con el punto exacto para que no chirríe a los oídos del espectador. Quizás como hubiese querido García Lorca.
Pero toda esta modernidad y austeridad no hace perder un ápice de dramatismo a esta tragedia basada en el llamado «crimen de Níjar» -Almería- de 1928. Al contrario, el fatalismo que emana durante toda la obra llega al alma del espectador, sobre todo gracias a la interpretación de los actores.
Magnífica Consuelo Trujillo bajo la piel de la madre del novio. Pese a que el trío protagonista lo forman Leonardo, el novio y la novia -a quienes dan vida de forma notable Israel Frías, Luis Rallo y Noemí Martínez, respectivamente-, el verdadero peso de la obra corre a cargo de esta consagrada actriz teatral -experta en montajes lorquianos- a quien el público terminó tributando una especial ovación.
Junto a Trujillo destaca la presencia de otro veterano de la escena, el andaluz nacido en Asturias Carlos Álvarez-Novoa, quien aporta su experiencia con el personaje del padre de la novia. Los secundarios tampoco desentonan, en especial Olga Rodríguez, Maica Barroso y Ana Malaver; así como el resto, que ayudan además, como todos, con su aportación coreográfica, bajo la dirección de Cristina Hoyos.
Precisamente la coreografía se erige como otro de los puntos fuertes de la obra, así como el canto de algunos de los personajes femeninos; aunque éste, al menos en la fecha que se corresponde con esta crítica, anduvo un poco más deslucido. Especialmente falta de convicción es la aportación de Ana Belén; a quien se le agradece que, aunque de manera «enlatada», haya colaborado con su voz en el comienzo del último acto -escena y canción de La Luna-, pero personalmente pienso que podía haberlo hecho mucho mejor.
Y el otro defecto destacable, al menos para mí, es la danza aérea de la luna, interpretada por la ex de Al salir de clase y, actualmente, actriz acróbata Diana Wrana; defecto no por su inclusión en sí, que me parece muy original; sino por la forma en la que se ha preparado. Porque, a pesar de las explicaciones del director José Carlos Plaza en la previa del estreno en Sevilla, la sensación deseada de «los dioses hablando de la muerte» apenas si se consigue con esa presunta luna bailando como puede por la plataforma ubicada en la parte superior del escenario.
Por ello esta versión de Bodas de sangre no merece que se le otorgue la cuarta estrella; aún así Plaza y su elenco han logrado elaborar, como vengo diciendo desde el principio, un montaje con el que cualquier lorquiano y cualquier buen aficionado al teatro en general se puede sentir satisfecho.
Kubrick, Malcom McDowell y Beethoven, juntos en una sala de cine: un verdadero placer
Posted by Víctor Díaz in Críticas cinéfilo-teatrales, Cultura y espectáculos, General on 23 diciembre 2009
CRÍTICA DE CINE
PELÍCULA: La naranja mecánica
DIRECTOR: Stanley Kubrick
GUIÓN: Stanley Kubrick y Anthony Burgess
REPARTO: Malcom McDowell, Patrick Magee, Michael Bates, Warren Clarke y John Clive, entre otros
GÉNERO: Drama
NACIONALIDAD: Gran Bretaña/USA (1971)
DURACIÓN: 136 minutos
CALIFICACIÓN: * * * * * (Sobre 5)
CINE: Avenida 5 Cines (Sevilla). Versión Original Inglesa subtitulada en español.
No va a ser ésta una crítica como las demás; no puede serlo de ninguna de las maneras. En primer lugar no voy a proceder a escribir unas líneas a modo de sinopsis porque La naranja mecánica no necesita presentación; y en segundo lugar apenas si voy a decir nada en sí sobre la película porque se han escrito ya tantas y tantas líneas desde que se estrenó hace casi cuarenta años que corro el riesgo de dar a entender, erróneamente, que he descubierto la pólvora.
Sólo me gustaría darle las gracias a Unión Cine Ciudad y al Avenida 5 Cines -tal y como hace algunos años se la di al Alameda por traer al inigualable e inimitable Sir Charles Chaplin- por haber tenido el detalle de recuperar la que tal vez sea la obra maestra de Sir Stanley Kubrick -de entre las varias que tiene el cineasta británico que perfectamente podrían ser así consideradas- para el público sevillano; y también expresar mi enorme satisfacción por haber podido ver en pantalla grande, por fin, una de las películas que más me ha impactado y más me ha fascinado desde que la vi por primera vez, en el instituto -clase de Ética-, allá por 1996.
Porque para mí ha sido un enorme placer poder contemplar «como Dios manda» esta muy notable adaptación de la novela escrita en 1962 por Anthony Burgess -curiosamente el propio Burgess ni mucho menos la ubica entre sus mejores obras-; una historia en cierto modo profética y muy controvertida que propició que se expresaran todo tipo de opiniones nada más estrenarse en 1971.
Lógico por otra parte, dado que si algo tiene La naranja mecánica es que produce un sinfín de profundas reflexiones sobre todo lo que se cuenta y se advierte en la historia, desde la condenable ultraviolencia de Alex y sus «drugos» -con el uso de la llamada jerga «nadsat» creada por Burgess- hasta la no menos condenable manipulación que hace la política -tanto el gobierno como la oposición-, los cuales intentan tirar de forma despiadada y casi denunciable del protagonista hacia sus respectivos bandos según sus intereses, para intentar llegar o perpetrarse en el poder, al más puro estilo de Maquiavelo. Temas todos ellos de rabiosa actualidad en buena parte de los países del mundo; sin olvidarnos para nada de la controversia religiosa: la privación del libre albedrío, de la posibilidad de elección moral para el ser humano gracias al infernal «tratamiento Ludovico».
Un film extremadamente duro por momentos, sobre todo en lo psicológico; y un excelente trabajo -incluso cuando Kubrick se «come», para satisfacer al público de Estados Unidos, el capítulo final de la novela- en el que sobresale por encima de todos Malcom McDowell, en la que sigue siendo la mejor interpretación de su vida profesional, sin discusión alguna.
Todo acompañado por esa bellísima y acertadísima banda sonora en la que destacan el tema central, compuesto por Wendy Carlos a partir de una pieza de finales del XVII; la mítica Novena Sinfonía de Ludwig Van Beethoven -segundo y, sobre todo, cuarto movimiento-; la Obertura de Guillermo Tell, de Gioacchino Rossini; y, por supuesto -aportación personal del propio McDowell-, el Singin´ in the Rain popularizado por Gene Kelly en Cantando bajo la lluvia.
En resumen, una magnífica oportunidad para los aficionados al cine de culto de disfrutar de Kubrick, McDowell y Beethoven en todo su esplendor; y también de reflexionar un poco sobre algunas de las cuestiones que, tal vez con algo menos de crudeza de lo que expresa la obra, afectan al mundo del siglo XXI en el que vivimos. Ello se lo debemos tanto a Unión Cine Ciudad como al cine Avenida. De todo corazón, muchas gracias.
«Rakatá», una compañía a tener muy en cuenta
Posted by Víctor Díaz in Críticas cinéfilo-teatrales, Cultura y espectáculos, General on 29 noviembre 2009
CRÍTICA TEATRAL
OBRA: Fuenteovejuna
AUTOR: Lope de Vega
COMPAÑÍA: Rakatá
REPARTO (principales personajes y actores): Jesús Fuente (Fernán Gómez, Comendador de Fuenteovejuna); Lidia Otón (Laurencia); Bruno Ciordia (Frondoso); Luis Moreno (Flores); Cristóbal Suárez (Rodrigo Téllez Girón, Maestre de Calatrava); Inge San Juan (Pascuala); Óscar Zafra (Mengo); Roberto Mori (Barrildo); Mario Vedoya (Alonso, tío de Laurencia); Paco Luque (Juan Rojo); Rodrigo Arribas (Rey Don Fernando); Elia Muñoz (Reina Doña Isabel); Emilio Buale (Don Manrique); Jesús Teyssiere (Cimbranos); Alejandra Sáenz (Jacinta); Andrés Rus (Leonelo); y la colaboración especial de Gerardo Maya (Esteban, alcalde de Fuenteovejuna y padre de Laurencia).
DIRECCIÓN: Laurence Boswell
LUGAR: Teatro Lope de Vega (Sevilla)
DÍA: 28-11-2009
DURACIÓN: 2 horas y 25 minutos, con 15 de descanso.
CALIFICACIÓN: **** (Sobre 5)
Reconozco haber asistido ayer al Lope de Vega para ver mi primera versión de Fuenteovejuna (imposible mejor escenario para traer a Sevilla la obra cumbre del Fénix) sin tener ni idea de la compañía que la representaba, Rakatá. Sólo el cartel del montaje, compuesto por un montón de personas a las que es casi imposible distinguir por lo minúsculo de las fotos que se les dedican y, para qué negarlo, estaba un poco temeroso ante la posibilidad de que éstos «destrozaran» el clásico por excelencia de Lope de Vega.
Pero cuando al comenzar van apareciendo los actores y uno descubre que entre ellos hay notables rostros de la escena y de la interpretación en general; y cuando esta mañana, investigando un poco, veo que el encargado de edición es un filólogo como Alberto Blecua, y que el director es ni más ni menos que Laurence Boswell (uno de los más importantes del mundo, cuya compañía habitual, ni más ni menos que la Royal Shakespeare Company de Londres, lleva ya algún tiempo colaborando con la que está este fin de semana en la capital andaluza), un servidor comprende que el resultado de lo que Rakatá ha preparado difícilmente debe y puede ser inferior al que es: un extraordinario montaje en el que estos chicos de San Sebastián de los Reyes no han escatimado esfuerzo alguno, ni en vestuario, ni en maquillaje, ni en escenografía (en el fondo) y, por supuesto, ni en calidad interpretativa.
Desde mi asiento en la primera fila del patio de butacas (no había más entradas cuando fui a comprarlas; el sitio tiene sus inconvenientes pero se goza de la perfecta observación de cualquier mínimo detalle por parte de los actores) pude observar que la cosa «iba en serio» cuando vi que el primer actor en aparecer en escena era Jesús Fuente, un antiguo miembro de la Compañía Nacional de Teatro Clásico y del elenco al que habitualmente sigo cuando puedo. Fuente es un habitual de los papeles secundarios, pero en la representación de ayer salió ni más ni menos que como Fernán Gómez, el Comendador de Fuenteovejuna, bordando un papel que no iba a ser el suyo (si se ve la página de Rakatá se puede comprobar que aparece como Ortuño), pero en el que debió entrar en sustitución de Alberto Jiménez. En ese mismo momento comprendí que el producto iba a ser muy bueno, como así fue.

Notables fueron también las interpretaciones de la pareja de labradores protagonistas, realizadas por Lidia Otón (conocida por el «gran público» por su papel de secretaria de Don Pablo en Cuéntame cómo pasó) y Bruno Ciordia (otro de los que hizo un papel radicalmente diferente al que le correspondía originalmente); así como la de un Óscar Zafra que resultó ser un perfecto Mengo. Pero la guinda en este sentido fue la inclusión en el reparto de todo un veterano de los escenarios como Gerardo Malla, que en la piel de Esteban otorgó a los versos de Lope una maestría especial. Todo ello acompañado de diferentes momentos de música, canto y baile (como el recibimiento al Comendador por parte de los villanos en el primer acto, o las bodas de Frondoso y Laurencia), perfectamente ejecutados por parte del grupo de más de treinta actores de los que se compone el elenco. Aire fresco, pues, con una faceta del arte que, si bien no es ni mucho menos una novedad, lo cierto es que no suele abundar para nada en el teatro clásico español.
Escenográficamente, la base del montaje es un enorme recinto de múltiples lados situado en el centro del escenario, a través del cual van entrando y saliendo los personajes (junto a los laterales), y con el que se nos van anunciando los diferentes cambios de lugar que caracterizan a la obra (recordemos que con Fuenteovejuna Lope rompe la regla de las tres unidades que prevalecía en el teatro hasta entonces). Asimismo también es destacable la colocación de un pequeño «estanque» con agua al pie del escenario.
El vestuario es otro punto fuerte. Rakatá no ha reparado en ningún tipo de esfuerzos a la hora de vestir a los actores, caraterizándolos perfectamente como villanos de la época, soldados, miembros de la orden de Calatrava y Reyes Católicos, respectivamente. El maquillaje usado, por su parte, otorga un mayor grado de dramatismo y de realismo a los violentos momentos que van teniendo lugar en Fuenteovejuna a medida que a transcurriendo la acción. Se puede decir, sin ningún tipo de tapujos, que en el escenario la «sangre» corre de verdad, sin restarle ni un ápice de protagonismo a la interpretación de los actores.
En definitiva, excelente trabajo el desempeñado por todos y cada uno de los profesionales de Rakatá, una compañía joven (su primer montaje data de 2003) pero que en los últimos años se está convirtiendo en una importante alternativa a la Compañía Nacional de Teatro Clásico a la hora de dar a conocer al público nacional algunos de los textos más significativos del teatro español de los Siglos de Oro. Al menos con Fuenteovejuna, en su primera visita a Sevilla, se han lucido de verdad.
Antes de terminar, no obstante, quisiera hacer una pequeña crítica a los responsables del Teatro Lope de Vega. Es, cuanto menos, incomprensible que los números de las localidades de algunas filas (por ejemplo la primera) estén o repetidos o mal colocados, con la confusión que, como es lógico, esto genera; y también es para que lo miren el hecho de tener que eliminar a última hora dos localidades por incompatibilidad con los elementos de la escenografía (en este caso la escalera de acceso al escenario, situada en un lateral en vez de en el centro) y no poner un aviso para dar a los dueños de dichas localidades la posibilidad de pedir una reubicación o, en su defecto, la devolución del importe de su entrada. Esto le sucedió ayer a dos espectadores (un padre y uno de sus hijos) en la zona izquierda de la primera fila, aunque por fortuna quedó alguna localidad sin vender y se les pudo reubicar.
Bendito oasis
Posted by Víctor Díaz in Críticas cinéfilo-teatrales, Cultura y espectáculos, General on 28 noviembre 2009
CRÍTICA DE CINE
PELÍCULA: Celda 211
DIRECTOR: Daniel Monzón
REPARTO: Luis Tosar, Alberto Ammann, Antonio Resines, Manuel Morón, Marta Etura, Carlos Bardem, Luis Zahera, Vicente Romero, Fernando Soto.
GÉNERO: Drama/Thriller
NACIONALIDAD: Española
DURACIÓN: 110 minutos
CALIFICACIÓN: **** (Sobre 5)
Juan (Alberto Amman), joven funcionario de prisiones y que espera un hijo con su esposa, se presenta en un centro penitenciario de Zamora un día antes de comenzar a trabajar allí, para ir tomando contacto con lo que allí sucede. Un accidente sufrido poco antes de comenzar un motín hace que sus compañeros, después de que se desmayara, le dejen en la celda 211, mientras ellos corren a salvarse. Cuando recobra el sentido, comprendiendo qué es lo que sucede, se hace pasar por preso («Calzones»), comenzando desde ese mismo momento una lucha particular por la supervivencia en el sector de los FIES (Fichero de Internos de Especial Seguimiento), los presos más peligrosos, cuyo líder indiscutible responde al apodo de «Malamadre» (Luis Tosar).
Creo que todos estamos más o menos de acuerdo en que el cine nacional atraviesa un período cuanto menos preocupante en estos últimos años. Poseemos buenos actores; sin embargo la mayoría de nuestros productos con denominación de origen van dirigidos a promocionar o a explotar la imagen de actores más o menos jóvenes (más más que menos), convertidos en rostros populares gracias a las exitosas series de televisión. Con ello se consiguen películas que, en algunos casos, escasamente sirven para poder decir que hemos pasado en el cine un rato ciertamente distraído (por lo poco que se espera de ellas), pero muy poco más.
Sin embargo todo desierto tiene su oasis; y ese oasis, en el caso de nuestro cine, es, sin lugar a dudas, Celda 211.
Antes que nada, me gustaría darle mi más sincera enhorabuena al director, Daniel Monzón (El corazón del guerrero, El robo más grande jamás contado o La caja Kovac), por ser quien encabeza la ficha artística de esta adaptación de la novela de Francisco Pérez Gandul, la cual no me cabe ninguna duda de que aumentará sus ventas de forma más que notable después del estreno de este excelente film. Una película que se ha convertido ya en la más taquillera del año en el cine español, superando a Ágora; algo en este caso perfectamente comprensible, no necesariamente por defecto de calidad de la superproducción de Amenábar (la cual no he tenido el gusto de ver y, por tanto, no debo evaluarla), sino por exceso de Celda 211.
Magistral es la forma en la que Pérez Gandul y Monzón se adentran en el género carcelario, muy poco habitual en la filmografía nacional, y en el que tanto el escritor como el director hacen una incursión llena de intriga (bien entendida artísticamente), dureza, dramatismo y diríase incluso que realidad. Tanto es así que no creo que la película esté siendo precisamente bien recibida entre los trabajadores de las prisiones en España, porque la dura crítica que se hace no ya del funcionariado sino más bien de todo el cuerpo de responsables principales de nuestras cárceles es más que notoria.
Si buena es la labor de la dirección, mejor aún es la del reparto. Extraordinario Luis Tosar, tanto en su caracterización como en la interpretación del líder de los FIES, «Malamadre». El actor gallego realiza en Celda 211 si no la interpretación de su vida sí una de las dos o tres más destacadas; entre otras cosas porque, por encima de todo, su personaje es convincente al 100% ante el público. Tosar, un tipo con pinta de buenazo que en la película parece el criminal más peligroso que te puedas echar a la cara, se convierte con este papel en el principal candidato al Goya al mejor actor.
Al mismo nivel está Alberto Ammann, un joven actor con escasa experiencia en el mundo del cine (Las flores del mal, 2008) pero ha entrado como un elefante en una cacharrería, alcanzando prácticamente el grado de estrella en la piel de Juan («Calzones»). Ammann, que el año que viene será Lope de Vega en Lope, no sólo le da una perfecta réplica a Tosar, sino que se puede decir que lo trata de igual a igual, sin ningún tipo de complejos, dándole la razón a Daniel Monzón, que ha apostado por él siendo prácticamente un perfecto desconocido.
Tampoco me quiero olvidar de Antonio Resines. Situado en Celda 211 un peldaño por debajo de sus dos compañeros, su actuación dando vida a Utrilla, el conflictivo funcionario jefe de prisión, merece también una mención especial. Lo mejor que se puede decir de todo un actorazo como Resines es que lo borda con un papel secundario y con un personaje tremendamente impopular, muy alejado no ya del más que conocido Diego Serrano sino de otros que el excelente actor cántabro ha interpretado a lo largo de su ya dilatada carrera.
Y también debo destacar la actuación del resto de actores de reparto, sobre todo Manuel Morón (el negociador); Marta Etura (Elena, la dulce y bella esposa de Juan); y Carlos Bardem, que parece totalmente un sudamericano en la piel de «Apache», uno de los presos más relacionados de la prisión, y personaje clave, como todos los demás.
En resumen, hacedme caso quienes seáis los que leáis esta crítica y que todavía no hayáis ido a ver la película: gastaos unos euros en Celda 211, porque merece muy mucho la pena.
Primer patinazo de Eduardo Vasco
Posted by Víctor Díaz in Críticas cinéfilo-teatrales, Cultura y espectáculos, General on 14 julio 2009
CRÍTICA TEATRAL
OBRA: La Estrella de Sevilla
AUTOR: Lope de Vega (atribuida)
COMPAÑÍA: Compañía Nacional de Teatro Clásico
REPARTO: Daniel Albaladejo; Jaime Soler; Muriel Sánchez; Arturo Querejeta; Francisco Rojas; Paco Vila; Eva Trancón; José Vicente Ramos; José Ramón Iglesias; Mon Ceballos; Fernando Sendino; Jesús Hierónides; Ángel Ramón Jiménez; e Isaac M. Pulet (violín barroco)
VERSIÓN Y DIRECCIÓN: Eduardo Vasco
LUGAR: Castillo de Niebla (Festival de Teatro Clásico y Danza 2009)
DÍA: 11-7-2009
DURACIÓN: 1 hora y 50 minutos (aprox.)
CALIFICACIÓN: ** (Sobre 5)
«¡Esto no parece la Compañía Nacional de Teatro Clásico, sino el IKEA!», dijo mi querida amiga Laura, desesperada por lo que había visto, mientras degustábamos algunas tapas después de haber asistido a la representación. La frase, algo radical pero tan rotunda como ingeniosa, resume la opinión de la mayoría de aquellos seguidores de la CNTC que nos acercamos al Castillo de Niebla para ver La Estrella de Sevilla.

La Estrella de Sevilla. Foto: CNTC
Siempre he alabado el trabajo de Eduardo Vasco, sobre todo porque me ha dado motivos para ello. Normalmente suele bordarlo cuando introduce algunas de sus ideas «marca de la casa» en sus versiones; pero en esta ocasión ha querido rizar tanto el rizo que, para mí, la ha pifiado, echando un borrón en su, hasta ahora, casi inmaculado historial.
La versión de este nuevo clásico de nuestro teatro -probablemente surgido de la pluma del gran Lope, aunque no confirmado- peca de una serie de particularidades escénicas incomprensibles, por su incongruencia y anacronismo, como por ejemplo, la reubicación de la trama en el siglo XXI. Algo similar hizo Vasco hace 4 años con la que, para mí, es la mejor obra de Lope, El castigo sin venganza, al trasladar la historia sucedida en Ferrara -Italia- desde el siglo XVII hasta la época de Mussolini. Aquello, aunque me costó un poco asimilarlo, terminé reconociéndoselo porque estaba justificado y era plenamente coherente, dado que el texto en ningún momento contiene referencias histórico-temporales, cosa que sí sucede en La Estrella de Sevilla.
Si ya de por sí choca un poco ver a los personajes de una obra del Siglo de Oro vestidos impecablemente de etiqueta -excelente labor de Lorenzo Caprile, todo sea dicho-, y peleando con tizonas características de la Edad Media, el anacronismo se convierte en aberración cuando el protagonista de la historia es el rey don Sancho IV de Castilla, «El Bravo», segundo hijo de Alfonso X «El Sabio». ¿Cómo puede ir un rey castellano medieval -y todos los personajes, en general- vestido como si fuese un «men in black», gafas de sol incluidas cuando va embozado? Es algo que roza lo esperpéntico.
La escenografía, muy de Eduardo Vasco: minimalismo y sobriedad casi absoluta, acorde con las costumbres del director madrileño, con apenas unos cuantos bloques rectangulares de madera que, en un principio, estaban situados al fondo del escenario, sirviendo de «banquillo» -al estilo de las competiciones deportivas- para los personajes que aguardaban su entrada; siendo los propios actores los encargados de irlos colocando -como si fueran empleados de IKEA- en el escenario de forma coreográfica, según las necesidades de cada momento. Una idea ciertamente original -no todo iba a ser negativo en la labor de Vasco-, así como la distribución de los actores «suplentes» sobre el escenario en algunas partes de la obra; pero con el inconveniente de que, a medida que ésta iba transcurriendo -sobre todo mientras se acercaba el final-, todo esto se iba haciendo más confuso que otra cosa.

Daniel Albaladejo (Rey don Sancho) y Muriel Sánchez (Estrella Tavera). Foto: CNTC
A raíz de esto, especialmente errónea también fue la forma de ir sacando a los personajes que iban falleciendo, sobre todo a un Busto Tavera que iba marchándose del escenario por su propio pie, parsimoniosamente, mientras Sancho Ortiz ni tan siquiera había terminado su parlamento de lamentos por haberle dado muerte; es decir, sin esperar ni siquiera al cambio de escena.
Sobre la música, luces y sombras: magnífica la idea -también habitual en Vasco- de introducir un violín barroco y, prácticamente, convertir a su intérprete en un personaje más; pero, por el contrario, la música enlatada fue desesperante, tal vez fruto de la exageración con la que se trataron algunas escenas, como por ejemplo la pasajera enajenación mental que sufre Sancho Ortiz, en el tercer acto; el cual en líneas generales, transcurre bajo la pauta de la confusión casi total en los espectadores, provocada sobre todo por la precipitación con la que Eduardo aborda la parte final de la obra.
Sin duda lo mejor de la version, lo que la libra del cero absoluto, es la actuación de los dos principales actores masculinos, los intérpretes de «los dos Sanchos». Daniel Albaladejo borda el papel del rey Sancho IV, actuando con el estilo propio y característico de uno de los mejores y más versátiles actores de hoy en día, como lo es él. Por su parte, Jaime Soler le da una réplica cuasi perfecta con don Sancho Ortiz de Roelas; mientras que Muriel Sánchez, por el contrario, estuvo más deslucida en su papel de la bella Estrella Tavera.
De los secundarios, es preciso destacar al veterano Arturo Querejeta, brillante por momentos dando vida a Busto Tavera -hermano de Estrella-; Eva Trancón -Natilde, criada de Estrella-; y a Francisco Rojas, en el papel de Don Arias, el consejero del rey. El resto, desigual.
En conclusión, querido Eduardo, parafraseando lo que le dijo a mi progenitor una maestra de Lengua que tuvo él a finales de los sesenta en 1º de Magisterio, es el primer suspenso que te pongo; porque dos estrellitas para ti y para la CNTC significan un suspenso. Ojalá que, al igual que ocurrió posteriormente con mi padre, sea el único. En el programa oficial de la obra solicitas «que perdonen nuestras faltas, como la tradición aconseja»; pues bien, señor Vasco, perdonado queda usted. Pero que no se vuelva a repetir.
Un «Avaro» especialmente divertido
Posted by Víctor Díaz in Críticas cinéfilo-teatrales, Cultura y espectáculos, General on 9 julio 2009
CRÍTICA TEATRAL
OBRA: El avaro
AUTOR: Jean-Baptiste Pocquelin, «Molière».
COMPAÑÍA: Viento Sur Teatro
REPARTO: Antonio Raposo, Eloina Marcos, Azahara Montero, Ismael Múrtula, Paco Gámez, Macarena Feliú, Rocío Cuadrelli, Luna Fernández, Tony de la Casa y Borja Centeno
DIRECCIÓN: Jorge Cuadrelli
LUGAR: Corral de comedias de Triana (Sevilla)
DÍA: 7-7-2009
DURACIÓN: 100 minutos (aprox.)
CALIFICACIÓN: **** (Sobre 5)
¿Cómo se puede pasar un rato delicioso con temas tan poco cómicos como la avaricia, la tiranía doméstica y el egoísmo?

Escena de El Avaro, de Viento Sur Teatro, correspondiente a una representación de años anteriores. Foto: artesacro.org
La respuesta la tiene el señor Molière. Bueno, él y la compañía Viento Sur Teatro, responsables de esta versión tan especialmente peculiar y divertida de este clásico del teatro francés del siglo XVII; tal vez apartada un poco de los cánones habituales, pero muy adecuada para donde iba a tener lugar.
Un patio repleto, una escenografía sencilla, un vestuario adecuado y un desfile «cuasi» militar de los actores hasta llegar al escenario dieron paso a más de hora y media de hilarante representación, desde que los personajes de Elisa y Valerio salieron a escena hasta que todo se terminó resolviendo al final.
Los actores, excelentes; lo mejor de todo, destacando especialmente un Antonio Raposo que bordó el papel del señor Harpagon, un avaro especialmente genial, con divertidísimos ademanes tanto en sus movimientos como en el manejo del bastón, y con un tono de voz que recordaba al del actor que dobla en español a Jerry Lewis en El profesor chiflado. Raposo mantuvo el nivel durante toda la representación, y se llevó al final una merecida ovación de los espectadores presentes en el Corral de Comedias de Triana.
Mas no fue el único. El resto de sus compañeros, en general, nos ofrecieron un histrionismo destacado pero, al mismo tiempo, medido, nada exagerado ni desmesurado: un criado del avaro -Paco Gámez- enamorado de su hija, tan pelota con el padre como cariñoso con la niña; un criado del hijo del avaro -Eloina Marcos- vivaraz como ninguno; una actriz -Luna Fernández- con un doble papel, cochero y cocinera china, interpretándolo como si fuese una persona con facilidad para la bipolaridad; y un juez-gitano, Tony de la Casa, que también provocó la hilaridad entre el público. Todo ello acompañado de la sensualidad que emanaba de la celestinilla y convenida Frosina -Macarena Feliú-; y del romanticismo no excento de comicidad del resto de los componentes del reparto.
En resumen, una excelente adaptación del texto de Molière, tanto en la dramaturgia como sobre las tablas. Después de unos días con otros excelentes títulos -de autores como el propio Molière, Lope de Rueda y Chejov-, los chicos de Viento Sur volverán con El avaro desde los días 15 al 19 de julio en la Buhaira. Por tan módico precio -8 euros- merece muy mucho la pena acercarse, porque no os arrepentiréis en absoluto.
Perfecta para una tarde en familia
Posted by Víctor Díaz in Críticas cinéfilo-teatrales, Cultura y espectáculos, General on 23 mayo 2009
CRÍTICA DE CINE
PELÍCULA: Noche en el museo 2
DIRECTOR: Shawn Levy
REPARTO: Ben Stiller, Amy Adams, Owen Wilson, Hank Azaria, Steve Coogan, Ed Helms
GÉNERO: Comedia
NACIONALIDAD: EEUU
DURACIÓN: 105 minutos
CALIFICACIÓN: ** (Sobre 5)

El General Custer (Bill Hader) y Larry (Ben Stiller), en un momento de la película
Pero una llamada del pequeño vaquero Jedediah –Owen Wilson– y del general romano Octavius -Steve Coogan- cuando éstos ya están en la capital hace que, inmediatamente, Larry se traslade hacia Washington. Allí le espera, a lo largo de una noche, la batalla más épica de su vida, en la que tendrá que salvar al mundo, empezando por sus, en principio y en teoría, inanimados amigos. Allí se encontrará con nuevos personajes históricos como el malvado faraón egipcio Kahmunrah (Hank Azaria); Iván el Terrible (Cristopher Guest); Napoleón Bonaparte (Alain Chabat); Al Capone (Jon Bernthal); el General Custer (Bill Hader), responsable principal de la derrota del Séptimo de Caballería ante los Sioux en la batalla de Little Bighorn; y, especialmente, Amelia Earhart (Amy Adams), la primera mujer piloto en atravesar el Atlántico en aeroplano, quien ayudará a Larry a triunfar en su misión y con quien tendrá una relación ciertamente especial.

Larry y Amelia Earhart (Amy Adams)
En definitiva, como suelo decir algunas veces, no os fiéis en este caso de la calificación que le doy a este film, porque la puntuación objetiva no tiene nada que ver con mis sensaciones particulares. Lo más importante, en mi opinión, para saber si se va a disfrutar de una película, como he comentado más arriba, es informarnos sobre qué nos podemos encontrar con ella y acercarnos al cine perfectamente mentalizados. Hay películas que no tienen ni trampa ni cartón; ésta es una de ellas, lo que, entre otras cosas, la convierte en la perfecta excusa para gastarse unos eurillos en una tarde-noche en el cine, con la familia o con los amigos.
Agradablemente entretenida
Posted by Víctor Díaz in Críticas cinéfilo-teatrales, Cultura y espectáculos, General on 17 mayo 2009
CRÍTICA DE CINE
PELÍCULA: Ángeles y demonios
DIRECTOR: Ron Howard
REPARTO: Tom Hanks, Ewan McGregor, Stellan Skarsgård, Ayelet Zurer, Armin Mueller-Stahl, Carmen Argenziano, Ursula Brooks, Pierfrancesco Favino, Nikolaj Lie Kaas, Thure Lindhardt.
GÉNERO: Misterio
NACIONALIDAD: EEUU
DURACIÓN: 138 minutos
CALIFICACIÓN: *** (Sobre 5)

Ayelet Zurer y Tom Hanks, en la escena donde se dirigen al Panteón de Agripa
LA CRÓNICA: Debo confesar, antes de nada, que ni me considero fan de este tipo de historias que llegan a best seller, ni me he leído El código Da Vinci, ni he visto la película ni tampoco he ojeado las páginas de la novela en la que está basada esta película. Es más, ayer fui al cine a verla de pura casualidad, porque unos amigos me invitaron. Y, por supuesto, dado que se estrenó el pasado día 15, tampoco tuve tiempo de estar mediatizado por las críticas publicadas, para mi gusto exageradamente negativas.
Digo esto porque, después de haber podido leerlas hoy tranquilamente, puedo afirmar que, si bien no estoy en total desacuerdo, sí que discrepo en todo lo que se han cebado tanto los medios de prensa escrita como en Internet. Empezando por ese periódico –Diario de Sevilla– que se compra en casa todos los días y con el que suelo discrepar en un 80-85% de las veces sobre lo que suele opinar tanto de fútbol como de teatro y, también en algunos casos, de cine.
El film no es el gran éxito superproductivo que probablemente esperaba Ron Howard, eso está claro. No tiene ni mucho menos la calidad que debería corresponder a la gran promoción que se le ha venido dando; aunque eso suele pasar en el mundo del cine. Partiendo de esta base, la historia de Ángeles y demonios se puede asemejar a la de cualquier aventura gráfica de los videojuegos de hace algunos años -se me viene a la mente la magnífica primera parte de la saga Broken Sword-, y afortunadamente sin llegar al surrealismo del argumento de El código Da Vinci.
Una historia en la que, además de explicarnos al principio los pormenores de los cónclaves en el Vaticano para elegir Papa, se rescata la historia de los Iluminati -secta defensora de la ciencia que la iglesia católica prácticamente exterminó durante la Edad Moderna-, pero con un desarrollo bastante decente y con un final sorprendente que hace desterrar cualquier vestigio de paranoia para otorgarle su buena lógica a lo acaecido durante las dos horas anteriores, las cuales no se hacen para nada excesivamente pesadas.
Ni Tom Hanks ni Ewan McGregor, en sus papeles del profesor Langdon y del camarlengo del fallecido Papa respectivamente, hacen aquí las interpretaciones de su vida, pero no están mal; acompañados por una Ayelet Zurer que hace aquí probablemente su papel más destacado, después de su actuación en Munich, desde que llegó a Hollywood.
Ahora bien, en lo que sí estamos de acuerdo tanto la crítica como un servidor es en la extraordinaria propaganda turística que se le hace a Roma -sin habérmelo propuesto resulta que el año pasado hice en unas horas parte de la «ruta» de la película al haber estado en la Plaza de San Pedro, en la Basílica, en el Panteón de Agripa o en la Piazza Navona-, con el mérito añadido de la magnífica recreación que hacen de la Ciudad Eterna con el decorado en el que se rodó la película, en Seattle; sin duda lo mejor de todo. Una propaganda -sólo hecha dentro de su ruta artístico-religiosa- que, sin duda, hacen que uno tenga ganas especiales de volver para poder visitar la capital italiana con más profundidad y tranquilidad.
En resumen, Ángeles y demonios es una película que, como cabía esperar, está hecha exclusivamente para recaudar dinero -como el 95% de las películas, entre ellas su antecesora- y que, lógicamente, deja que desear siempre en comparación con el márketing y el bombo que se le viene dando desde hace ya tiempo; pero que, partiendo de estas premisas que cualquier aficionado mediano al cine puede suponer, no resulta para nada un producto tan espantoso como muchos profesionales de la crítica nos quieren hacer ver.
Como el mismo camino de Santiago
Posted by Víctor Díaz in Críticas cinéfilo-teatrales, Cultura y espectáculos, General on 2 mayo 2009
CRÍTICA DE CINE
PELÍCULA: Al final del camino
DIRECTOR: Roberto Santiago
REPARTO: Malena Alterio, Fernando Tejero, Javier Gutiérrez, Diego Peretti, Jorge Monge, Luis Callejo, Cristina Alcázar, Alberto Jo Li, Ana Milán, Irene Escolar.
GÉNERO: Comedia
NACIONALIDAD: España
DURACIÓN: 95 minutos
CALIFICACIÓN: * (sobre 5)

Fernando Tejero, Malena Alterio y Javier Gutiérrez, en el comienzo del film
Pilar (Malena Alterio), una periodista que acaba de dejar a su novio (Luis Callejo) después de que éste le haya sido infiel, coincide en un restaurante con dos desconocidos, Nacho (Fernando Tejero) y Jose (Javier Gutiérrez), y les chafa a ambos una cita doble con unas muchachas jóvenes. Al día siguiente su jefa (Ana Milán) y, al mismo tiempo, ex cuñada, la envía al camino de Santiago para hacer un reportaje a Olmo (Diego Peretti), un gurú caradura especializado en «resolver» crisis de pareja mediante una terapia que va aplicando mientras todos hacen la mítica ruta en seis días. A Pilar le acompaña un fotógrafo ajeno a la redacción, que resulta ser Nacho. Ambos deben hacerse pasar por una pareja normal y corriente para que Olmo no descubra que van como profesionales de la información. Allí, junto a otras parejas de todo tipo, viven una serie de acontecimientos más o menos rocambolescos, que acaban con el final que más o menos uno se puede imaginar.
Queda claro que el cine español no va a salir de la crisis con títulos como éste. Roberto Santiago intenta repetir el mismo patrón de comedia romántica utilizado en El penalti más largo del mundo, pero con unos resultados sensiblemente inferiores. No es que aquél fuera un gran film, pero no cabe duda de que es bastante mejor que el actual. Al final del camino es una película bastante previsible, con una pareja protagonista, Malena Alterio y Fernando Tejero, que más que Pilar y Nacho son Belén y Emilio, sus respectivos personajes en la popular serie televisiva Aquí no hay quien viva. Aunque esto era algo que quedaba muy claro desde que aparecieron sus nombres para componer la nómina de actores principales. La hora y media larga que dura la película se le hace al espectador más o menos igual que el propio camino de Santiago: no insoportable pero sí progresivamente cansada, sobre todo por la ya comentada previsibilidad del guión.
Lo más destacable, sin lugar a dudas, son los golpes de humor y la interpretación en general de Javier Gutiérrez, un actor versátil -aunque con mayoría de papeles cómicos- que, poco a poco, se va haciendo un nombre en el panorama de la interpretación en España. Pero para poco más da el film.
A nivel particular, he salido del cine con dos futuros deseos por cumplir: el primero, visitar Galicia para poder contemplar de cerca la majestuosidad de la catedral de Santiago como monumento arquitectónico -Calitoe.:., como bien sabes, cuando llegue el momento te tocará hacer de «cicerone»-; y el segundo, más a largo plazo, volver a hacer el crucero del año pasado. Porque, al final de la película, dos de las parejas que hacen la terapia de Olmo deciden emplazarse al año siguiente para hacer un crucero por el Mediterráneo… entrando inmediatamente en escena el S.S. Sovereign, que es ni más ni menos que el buque que ha sustituido al tan recordado por mí y por varios de mis amigos S.S. Oceanic, a la hora de acoger la ruta mediterránea de Pullmantur. Lo que, como es lógico, provocó que volviera a aflorar en mi interior la nostalgia por lo vivido hace poco más de un año. Con diferencia, es lo único que realmente me ha emocionado de la película.
Previsible pero, al fin y al cabo, entretenida
Posted by Víctor Díaz in Críticas cinéfilo-teatrales, Cultura y espectáculos, General on 4 abril 2009
CRÍTICA DE CINE
PELÍCULA: La lista
DIRECTOR: Marcel Langenegger
REPARTO: Ewan McGregor, Hugh Jackman, Michelle Williams
GÉNERO: Thriller
NACIONALIDAD: EEUU
CALIFICACIÓN: ** (sobre 5)

Cartel de la película
Un contable –McGregor-, desgraciado de la vida por ser casi un don nadie para los demás, entabla amistad con un popular abogado –Jackman-. A través de él, y de manera accidental -aparentemente- consigue entrar en un club de citas sexuales anónimas llamado «La lista», donde se encuentra con una guapa, atractiva y misteriosa rubia –Williams-, con quien había coincidido anteriormente en el metro, quedándose prendado de ella. A partir de ahí, nada será lo que parece ser.
Podría ser ésta una buena sinopsis de la película, que desde ese momento transcurre bajo la estructura típica de caja de muñecas rusas. El desarrollo de la misma es ciertamente previsible, pero aún así hará pasar un rato bastante distraído a quien se acerque a verla.
Contrariamente a lo que dicen algunas otras críticas, la actuación tanto de Ewan McGregor como de Hugh Jackman es bastante notable y muy bien cuidada, mientras que Michelle Williams cumple de sobra con el papel asignado por su director: el de rubia sensual y despampanante, cuya interpretación, a pesar de todo, tampoco desentona.
La lista, en resumen, es un film que no creo que guste especialmente a los grandes puristas del cine de suspense -por la ausencia ciertamente de grandes sorpresas en su desarrollo- pero que, por lo general, entretendrá al resto de los espectadores que o bien paguen su entrada o bien la vean a través de las descargas del e-mule.
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