Archive for mayo, 2009

Carne de Segunda

Me refiero, claro está, al Real Betis Balompié. Voy a intentar no perder el tono de objetividad que suele caracterizarme pero, al mismo tiempo, también voy a hablar como bético, porque después del lamentable espectáculo brindado ayer en San Mamés esto pasa ya de castaño oscuro.

Como decía Julio Iglesias, la vida sigue igual en verdiblanco. Igual después de ser ésta la cuarta temporada en la que el Betis juega con fuego. Un curso futbolístico éste 08-09 en el que se ve que apenas si se ha aprendido algo de años anteriores, y en el que la historia se viene repitiendo como el cuento de la buena pipa, esta vez con un clarísimo riesgo de incendio al final de La Palmera.

Desde que se fuera Serra Ferrer, con quien el equipo ya las pasó canutas en su última temporada, por el banquillo bético han desfilado desde el verano de 2006 años nombres tan ilustres como Irureta, Luis Fernández o Héctor Cúper, junto al salvavidas, nuestro entrañable Paco Chaparro, y al actual, José Mª Nogués. Ninguno de ellos, salvo Chaparro y solamente en las situaciones límite, le ha conseguido coger el aire al equipo, siendo todos destituidos tarde o temprano. «Culpa del técnico», se pensaba, sobre todo cuando se podía comprobar que, tras la llegada del sustituto correspondiente, los resultados inmediatos solían ser bastante buenos; pero después de ver cómo año tras año se repite la misma historia -el «efecto gaseosa» del que adolece el equipo- creo que se debe mirar hacia algún otro lugar, no solamente hacia el entrenador o el palco.

Obviamente hablo de la plantilla. Si observamos bien a los miembros actuales de la misma, hay nueve jugadores que han estado en la nómina verdiblanca durante las cuatro últimas campañas; tres más que han figurado en tres de las cuatro; y al menos cuatro o cinco futbolistas más en dos de ellas. Es decir, dieciséis o diecisiete en total. Algunos de ellos también fueron campeones de Copa y cuartos en la Liga, pero con cuatro años menos que ahora. Quiero decir, que sin restar ni un ápice de la responsabilidad que les corresponde a los entrenadores, estoy absolutamente convencido de que el 70-75% de la culpa no la tienen sino los futbolistas, al fin y al cabo los que mandan en el césped. Visto lo visto, no creo que todos los entrenadores -casi todos de reconocido prestigio nacional e internacional- vayan a ser igual de malos.

Esta temporada, al igual que en las anteriores, tras destituir al entrenador de turno se pensaba que los jugadores iban a reaccionar, ante la llegada de alguien que, por fin, iba a ser capaz de entenderlos y de sacar lo máximo de su rendimiento; pero el efecto positivo ha vuelto a esfumarse después de las dos victorias iniciales de la «era Nogués». El Betis, como nos temíamos todos, vuelve a ser un equipo que no juega absolutamente a nada, totalmente desquiciado e incapaz de hacer daño a nadie más allá de a sus propios aficionados, a pesar de la calidad que se les presupone a los jugadores. Y la guinda del pastel, repito, ha sido el partido de ayer.

Si lamentable fue la actitud hace dos semanas en Montjuic contra el Espanyol y mala la mostrada hace siete días contra el Atlético durante 3/4 partes del encuentro, lo que se vio ayer en San Mamés ante los suplentes del Athletic -repito y recalco, los suplentes del Athletic, un equipo de la mitad baja de la tabla en Primera por mucha Copa del Rey que pueda llegar a ganar- merece una serie de calificativos que no voy a reproducir, porque rompería con las normas de corrección y ausencia de insultos y palabras malsonantes autoimpuesta en este blog.

El aficionado que tuvo la oportunidad, para su desgracia, de ver el partido -aquellos que ya tienen TDT- pudo comprobar con sus propios ojos cómo daba la impresión de que a los que saltaron ayer al campo con la elástica bética -verde en esta ocasión- no les iba absolutamente nada en el envite, por la inexplicable falta de tensión mostrada a lo largo de todos y cada uno de los noventa y seis minutos de juego. Al contrario que los reservas bilbaínos -que, con la permanencia ya casi conseguida querían mostrarle a Caparrós su valía-, los titulares verdiblancos estuvieron apáticos, como si ya todo estuviese hecho. Hay quien habla de conformismo con los 42-43 puntos exigidos año tras año desde la directiva, y también de autosuficiencia al tener la convicción absoluta de que, antes o después, se van a conseguir, confirmándose un año más la permanencia en Primera División. De ser así, sin duda, estaríamos ante un caso de gravedad notable, que debería hacer reflexionar a Lopera y su junta.

Entre las decepciones, merece especial mención Ricardo Oliveira, el «salvador» del mercado de invierno, aquel que volvía a casa dispuesto a marcar los goles que iban a sacar al Betis de los puestos de abajo, y que tuvo el mejor debut que un jugador heliopolitano puede gozar: marcar el gol de la victoria ante el eterno rival. Pues bien, este mismo jugador se está destapando en ésta su nueva etapa en verdiblanco justo como lo que creíamos que no podía llegar a ser: un futbolista torpe, lento, mal colocado en el campo y, lo que es peor, muy fallón ante su especialidad, el gol; sin parecerse no ya a aquel Oliveira de la Copa y la clasificación para la Champions en 2005, sino ni tan siquiera al que consiguió anotar 18 tantos durante el pasado año futbolístico, a pesar del descenso del Zaragoza. No es el único responsable del desaguisado de esta temporada, pero sí el máximo exponente de la decadencia que viven muchos de los jugadores béticos.

Decía Nogués hace dos días que no entendía cómo el bético podía perjudicar a sus jugadores, en alusión a los pitos de la afición durante el transcurso del encuentro frente al Atlético de Madrid. Pues bien, señor Nogués, eximiéndole a usted de cualquier responsabilidad dado que ha sido el último en llegar, debe comprender que lo que realmente ocurre es justamente lo contrario: son los jugadores los que perjudican a sus sufridísimos seguidores, tanto a los que van al campo como a los que se dejan el dinero en el PPV, a los que ven los partidos gratis y a los que, simplemente, se dedican a seguirlos. El bético está harto, pero harto de verdad. La afición está cansada después de tantos años de sinsabores -agravados además por cómo se están haciendo las cosas en el eterno rival-, y no puede más que mostrar su enfado y su insatisfacción domingo tras domingo, algo que no solamente es lícito sino, además, perfectamente comprensible.

Hasta hace pocos domingos el principal centro de las miradas de la gente era el palco, merced no sólo a los fallos en la dirección del club -que los ha habido y bastantes, eso es innegable- sino muy especialmente a la muy eficaz campaña que ciertos medios de comunicación locales llevan orquestando desde hace ya varios años contra el máximo accionista, Manuel Ruiz de Lopera. Con lo acontecido el pasado verano -Lopera accedió a todas y cada una de las peticiones de fichajes de Paco Chaparro, aprobadas por los aficionados de manera unánime- se ha visto que, si bien la junta directiva tiene una parte importante de responsabilidad -no podemos olvidar los numeritos con Betis Sport o con el supuesto jeque árabe-, ellos no son precisamente los máximos culpables de lo que ha venido ocurriendo deportivamente hablando en el Betis; o por lo menos no los únicos.

«Loperadas» aparte, urge una profunda y acertada renovación de la plantilla para la temporada que viene, tanto si se está en Primera como si se milita en la actualmente llamada Liga Adelante por mor de los patrocinadores. Es lo principal, más allá de la venta de las acciones y demás cuestiones administrativas -digan lo que digan los medios de comunicación sevillanos-, para que el Betis comience a moverse al menos por aguas más tranquilas. Ojalá se produzca estando el equipo, al contrario que en 2000 -la época, entre otros, de cánceres como Solozábal y veteranas glorias ya desgastadas físicamente como Alexis-, entre los veinte conjuntos que conforman la élite de nuestro fútbol. Se puede conseguir porque se está a tiempo y se sigue dependiendo de uno mismo; pero lamentablemente no podemos ocultar la cruda realidad: hoy en día la actitud que muestra el Betis en los encuentros que disputa no es otra que la de un equipo de Segunda.

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Poesía no para niños… sino de niños

La presente entrada de blog va dedicada especialmente a mis queridas amigas Irene, la historiadora leonesa, gran admiradora y gran amante de la figura de García Lorca; y Lau («Casandra»), quien desde su puesto de profesora de Secundaria de Lengua y Literatura me consta que consigue inculcar poco a poco a sus alumnos un importante interés por las obras y la creación literaria, entre otras cosas.

El barranco de Víznar, la tierra donde yace García Lorca. Foto: propiedad de Irene García

El barranco de Víznar, la tierra donde yace García Lorca. Foto: propiedad de Irene García

«Está verde, andaluz,
con sangre de pena granaína.
Con agua clara reluce
bajo el misterio de Granada.
¡Oh! ¿Qué agua ha sido?
¿Qué color? ¿Qué fuente?
¡Oh, Víznar!
Allí en Víznar sólo veo tristeza,
agua de una fuente
que llora por su amante».

Esto no lo escribió un poeta consagrado, ni tan siquiera una joven promesa de la poesía.

Hace un par de días, de pura casualidad, encontré en la biblioteca de casa un ejemplar de un modesto librito que escribieron un grupito de alumnos de Tercero de EGB del colegio «Josefa Navarro Zamora» de Coria del Río -localidad que, para el que no lo sepa, está en el Aljarafe sevillano a 6 kilómetros de Almensilla, donde yo vivo-, donde mi padre estuvo dando clase durante el curso 1981-82. El libro se titula Para ti, Federico, y se compone de una serie de poemas en recuerdo del gran Federico García Lorca.

Inmediatamente me puse a ojearlo, y puedo decir que, pese a tener apenas ocho años, aquellos niños tenían mucho talento; se notaba que su maestro -que no era mi padre, dicho sea de paso, aunque por su labor pudo haberlo sido- había conseguido introducirles un importante amor por la poesía en general, y por Federico en particular.

Niños escribiendo. Foto: www.biblioredes.cl

Niños escribiendo. Foto: www.biblioredes.cl

Lo que acabo de contar sucedía hace 27-28 años, en una época en la que, tanto en mi pueblo como en muchas de las localidades de sus alrededores se estilaba por parte de un grupo de amantes de las letras en general no ya una ilusión por acercar la cultura popular literaria a los habitantes de los pueblos, sino sobre todo a los niños en las escuelas. Por desgracia, hoy en día no puedo decir que la mayor parte de las nuevas generaciones de profesores muestren un interés similar a los de los primeros años de la Transición por realizar en clase actividades de este tipo, probablemente porque las perspectivas de la docencia tanto en Primaria como en Secundaria han variado notablemente a peor tanto por parte de los profesionales como de los chavales y sus padres, gracias sobre todo al deficiente sistema de educación LOGSE que actualmente tenemos, con el que los alumnos gozan a veces frente a los profesores de una impunidad realmente exagerada, y también al escaso grado de interés por la profesión que muestra una cantidad más o menos significativa de los nuevos y futuros profesores. Resumiendo, el futuro en este sentido no parece el más esperanzador.

Sin embargo, al menos en la materia que a mí me incumbe, hay ciertas excepciones en los casos de algunos jóvenes docentes de Lengua y Literatura que, a pesar de las adversidades, todavía muestran e intentan contagiar a sus alumnos dicha ilusión por diversas actividades interactivas, como la escritura creativa -ya sea a través de la poesía, los cuentos o el teatro- y otras propuestas alternativas. Esto me lleva, inevitablemente, a rememorar las reflexivas palabras que el personaje del «Pirata» -interpretado por Pedro Reyes– le dice al «Maki» –Andrés Pajares– en el final de esa gran película -aconsejo a quien aún no la haya visto que lo haga- que es Makinavaja, el último «choriso» , por mor de un motivo diferente en la misma pero igualmente válidas para lo que trato aquí: «Ha sido emocionante, ¿eh? Reconforta ver cómo las nuevas generaciones mantienen vivo el rescoldo de las viejas tradiciones. Eso le hace a uno pensar que a lo mejor no todo está perdido«. Posiblemente eso mismo termine sucediendo en el mundo de la enseñanza, gracias principalmente a esas excepciones mencionadas. Amén.

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Champions League: Barça-Manchester United, la final soñada y justa

La final de la Champions League quedó definitivamente configurada. F.C. Barcelona y Manchester United, los dos favoritos en las semifinales; el equipo que mejor juega al fútbol en el mundo ahora mismo contra el actual campeón; Messi contra Cristiano Ronaldo, que dirían los diarios deportivos… Llamadlo como queráis. El caso es que, tal vez, vista la trayectoria y el potencial de ambos equipos, ésta sea la final que todo o casi todo el mundo reclamaba.

El golazo de Iniesta, que valió la clasificación del Barça. Foto: Marca.com

El golazo de Iniesta, que valió la clasificación del Barça. Foto: Marca.com

El Barça lo tuvo en chino y terminó encomendándose a San Andrés Iniesta. Después del empate a cero del Camp Nou, en Stamford Bridge todo se le puso de cara al Chelsea. Un gol tan espectacular como afortunado de Essien nada más comenzar, y a esperar. Los londinenses no querían saber nada del balón, aplicaron de forma inteligente la versión anglo-holandesa (por Hiddink) del «catenaccio» y maniataron a los blaugranas, que ante tal telaraña no supieron o no pudieron hilar nada fino, pese a ser el único equipo que, futbolísticamente, intentaba proponer algo.

En el segundo tiempo, la clasificación se le puso al Barça más difícil todavía, después de la injusta expulsión de Abidal al cuarto de hora, supuestamente por derribar siendo el último defensor a un Anelka que se tropezó él solo. A pesar de continuar «despreciando» la pelota, el Chelsea dispuso de las ocasiones más claras del partido, aunque tampoco fueron tantas pese a jugar en superioridad. El árbitro, el pésimo noruego Tom Henning, compensó en cierto modo la expulsión de Abidal y el excesivo -a veces- juego duro de los ingleses perdonando una mano de Piqué dentro de su área a pocos minutos del final.

Fue, sin embargo, la única vez en la que el colegiado, caserísimo en sus decisiones hasta ese momento, benefició al equipo de Guardiola, el cual nunca perdió la fe pese a su pésimo acierto -«diecitantos» tiros pero ninguno a puerta hasta el descuento-, lo cual tuvo premio cuando menos lo esperaba. En el minuto 92, Iniesta, a pase de Messi, clavó un zapatazo letal en la escuadra de la portería de Cech, y dio una merecida clasificación al Barça. Merecida por lo realizado por los azulgrana durante toda la temporada, y merecida también por la mezquindad futbolística demostrada por Guus Hiddink y su equipo durante la eliminatoria. Poco antes del final el Chelsea reclamó un posible penalti por manos de Eto´o, pero el disparo de Ballack se estrelló prácticamente en el hombro del camerunés, lo que anulaba la posibilidad de la pena máxima. Dio igual. Los jugadores del Chelsea, nada más finalizar el encuentro, se fueron a por Henning, en especial un enajenadísimo Drogba quien, si nadie lo remedia, va a recibir una sanción ejemplar.

Airadas protestas de Drogba al final del partido. Foto: Internet

Airadas protestas de Drogba al final del partido. Foto: Internet

Por su parte Hiddink se mostró especialmente contrariado con el árbitro en la rueda de prensa. Debe tener muy flaca memoria el ex entrenador, entre otros, de PSV Eindhoven, Valencia, Holanda, Real Madrid, Betis -maldita la gracia que le hizo a la Sevilla bética cuando estuvo en 2000-, Rusia… y Corea del Sur. Ayer, en la sala de prensa del Chelsea, alguien debió haberle preguntado por un tal Al Ghandour, por si se había olvidado de él… porque desde luego que los españoles todavía no lo hemos borrado de nuestras mentes. Aunque este tipo de «amnesias pasajeras», como todos sabemos, son muy habituales en el mundo del fútbol y del deporte en general: cuando el juez de la contienda «nos quita» -vale, señores del Chelsea, aceptamos «barco» como animal acuático por lo de ayer, porque entonces yo debo haber visto otro partido-, generalmente tendemos a despotricar; ahora, cuando se equivoca a favor nuestra, «misteriosamente» nos callamos, tendemos a quitar hierro al asunto o, simplemente, nos reímos de los perjudicados, como por ejemplo hizo el propio Hiddink después de aquel infame arbitraje contra España en el mundial coreano.

El golazo de Iniesta, en el bando barcelonista, inevitablemente nos trajo a la mente a los aficionados con algunos años ya de fútbol en nuestras retinas el tanto de Bakero en Kaiserslautern en noviembre de 1991, meses antes de ganar el Barça su primera Copa de Europa. El mediocampista azulgrana, en la mejor temporada de su carrera, no pudo haber elegido un mejor momento para conseguir su primer gol en la Champions. Las malas noticias para el Barça llegaron en forma de ausencias para la final. Además de Abidal, un puntal como Dani Alves no podrá medirse a los «Red Devils» por acumulación de amonestaciones.

Golpeo de Cristiano Ronaldo para el 0-2. Foto: Marca.com

Golpeo de Cristiano Ronaldo para el 0-2. Foto: Marca.com

El United lo tuvo más fácil. Al 1-0 de la ida contra el Arsenal se le unió un tempranero gol del coreano Park tras resbalón de un defensa local, lo que prácticamente certificó el pase a la final de un equipo que terminó ganando el encuentro por 1-3. Los otros dos goles los hizo Cristiano Ronaldo, el primero de ellos en un espectacular tiro libre. Los de Ferguson solamente pierden a Fletcher para el duelo contra el Barça, después de que el lateral fuera expulsado de forma absurda tras cometer un penalti sobre Cesc Fábregas con 0-3 en el marcador.

Dos estilos, dos formas diferentes de entender el juego, se batirán en apenas tres semanas sobre el césped del Estadio Olímpico de Roma, cual gladiadores de los famosos juegos del circo romano clásico. ¿Quién vencerá? Esperemos que el Barça, aunque pienso que los pronósticos están al 50%.

El 27-M, el desenlace.

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Este blog es una joya (dicen)

Desde el Blog Ximnasia Coruña, recibo un premio.
Muchas gracias a Sandra, administradora de dicho blog, por el premio otorgado.este_blog_e_uma_joia_thumb

Es un premio pero a la vez es un juego en cadena, el juego consiste en:

-Publicar el sello
-Enlazar a quien lo ofreció
-Pasarlo a 10 amigos
-Avisar a los premiados

Y mis blogs seleccionados son:

Collectanea de Calítoe.:.
Edad del silencio de Irene Historiadora
Anaglifos en Orión de Marina
Calito(h)eces de Calítoe.:.
Gimnastas.net de Calítoe.:.
Teatreando de Mila
One click in my life de Javi

De momento solamente pongo éstos, jejeje; en cuanto me vaya acordando de más, edito y completo.

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Reflexiones sobre el arbitraje y los medios de comunicación

«El árbitro es el bien jurídico más protegido que existe. Messi o Iniesta son estrellas, pero sin árbitro no hay fútbol«. Alfonso Garrido, de la Federación Andaluza de Fútbol, dixit.

Ésta fue, tal vez, la frase más significativa y más clarificadora de la mesa redonda sobre el arbitraje y los medios celebrada ayer dentro de las VI Jornadas de Comunicación y Deporte organizadas por la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla, en la que estuvieron el citado Alfonso Garrido, el periodista de Canal Sur Javier Pardo y, sobre todo, Luis Medina Cantalejo, el célebre árbitro internacional sevillano quien conoció ayer mismo por la mañana que ha sido designado como el árbitro de la final de la Copa del Rey de la semana que viene, además de ser candidato muy serio a hacer lo mismo en la final de la Champions League si a ésta acude el Chelsea en vez del Barça.

Medina Cantalejo

Medina Cantalejo

Fue una charla muy amena, que empezó con el comentario que acabo de mencionar, tan sentencioso como exacto; y que continuó con los interesantes testimonios de Medina Cantalejo, acerca del tratamiento que, desde los medios de comunicación -sobre todo los especializados en deportes-, se les otorga a los colegiados del fútbol. Se podría afirmar, sin tapujos, que éste en muchas ocasiones traspasa los límites del escarnio y la descalificación. Cierto es que algunos compañeros de Medina -no voy a dar nombres, aunque cualquier aficionado al fútbol se puede imaginar fácilmente quiénes son- parecen a veces con su actitud en los terrenos de juego empeñados en manchar, por todos los medios, la imagen que muchos de los árbitros consiguen dar de su propio colectivo; pero meterlos a todos en el mismo saco sería tan injusto como pedir el mismo rendimiento a los jugadores del Numancia -por poner un ejemplo- que a los del Barcelona.

Parto de la base de que, como cualquier aficionado al fútbol, me cabreo -aunque cada vez me lo tomo con más filosofía- cuando un árbitro se equivoca reiteradas veces en un partido en contra de mi equipo, sobre todo si el susodicho árbitro es reincidente. Eso es de humanos. Pero de ahí al escarnio público de algunos medios y periodistas, va un abismo. Periodistas considerados como «estrellas», tanto hace diez o doce años como en la actualidad, especialmente aquellos que hablan de «villarato» y demás calificativos similares. Cierto es que parece que desde algunos medios se está intentando suavizar un poco este tira y afloja mostrando como personas que son a ciertos árbitros con fama de polémicos a través de documentales de televisión; pero todavía hay mucho que mejorar, algo ciertamente complicado porque, como bien apuntaba Medina, actualmente hay profesionales de la información que son o han sido responsables de prensa de algunos clubes.

Portada de Marca tras un clásico arbitrado por Medina Cantalejo

Portada de Marca tras un clásico arbitrado por Medina Cantalejo

El árbitro se puede equivocar en un partido, como se equivoca un futbolista, un entrenador y hasta un virtuoso de la pluma en sus quehaceres literarios, por poner algunos ejemplos. ¿Por qué no sale, entonces, en los medios para aclarar lo sucedido? «En las ruedas de prensa posteriores a los partidos, el entrenador habla el 70% del tiempo del árbitro. Si luego salimos a valorar lo que hemos visto, teniendo en cuenta que al periodista en cierto modo le interesa sacarnos de nuestras casillas, a la tercera vez que diga que me he equivocado dirán que me equivoco todos los domingos, y no es así. En el arbitraje hay un porcentaje de error aproximadamente del 3%; cualquier otro profesional con esto sería un genio, pero el árbitro no; el árbitro es ladrón, atracador, ratero...», comentaba Medina quien, además -ante la pregunta de un servidor- aclaraba a qué se debió la «ley del silencio» adoptada por los árbitros hace algunos años: «Esa ley fue acordada por los propios árbitros a raíz de esto mismo; la Federación no tuvo nada que ver. La situación llegó a tal punto que antes había hasta descensos para los árbitros que se negaran a hablar con ciertos periodistas que decían «si no hablas conmigo, ya verás». Actualmente yo estoy dispuesto a hablar con quien sea y a la hora que sea, como podéis ver -eran las cuatro y pico de la tarde-; lo que no hago es prestarme al escarnio y, por supuesto, nunca me han mediatizado los comentarios de los periodistas-estrella antes de un partido«.

Quienes más sufren esta situación, no obstante, no son los propios árbitros, sino sus familiares: «Yo sé perfectamente qué lunes tengo que comprar prensa y cuáles no. A veces le digo a mi familia que no pongan las noticias de las 15:00, porque sé perfectamente lo que va a venir. Yo tengo tres hijas, y la mayor, que tiene 15 años, me llegó a decir una vez «papá, yo no tengo la culpa de que seas árbitro». Aunque en muchas ocasiones todo esto también es un problema de educación familiar. Medina Cantalejo expuso el caso de la foto de un niño de 3-4 años, hincha del Feyenoord de Rotterdam, quien aparecía en la misma haciendo una «peineta» siendo espoleado por su padre; un caso ciertamente grave y significativo.

Cabezazo de Zidane a Materazzi en la final del Mundial

Cabezazo de Zidane a Materazzi en la final del Mundial

Pero las críticas en particular hacia este colegiado no se limitan a los errores que haya podido cometer en las competiciones nacionales, sino también cuando los «equipos oficiales» de los periodistas-estrella -véase hoy en día, naturalmente, el Real Madrid»- no están en liza. Medina fue, hace tres años, sumamente criticado por algunas de sus actuaciones en el Mundial de Alemania 2006, curiosamente sin haber podido perjudicar a España, como es lógico. Todos recordamos, creo yo, la expulsión de Zidane en la final, siendo Medina Cantalejo el cuarto árbitro de dicho encuentro y el hombre que apreció el cabezado del astro galo a Materazzi; y él explicó sus impresiones de aquella jugada: «Yo vi lo que pasó con Zidane porque sé lo que pasa en los campos en ciertas jugadas: escupitajos, codazos… y me quedé observándoles. ¿Qué habría pasado si esa jugada no se hubiese visto y Zidane -jugador que ha sido expulsado más veces, por ejemplo, que Pablo Alfaro- luego hubiese marcado el gol de la victoria o Francia simplemente hubiese ganado la tanda de penaltis? Al regresar, aquí me trataron como un delincuente«. En mi humilde opinión -y supongo que en la de todos los que sepan cómo se mueve este mundillo- el hecho no ya de ser la retirada definitiva de Zidane sino, sobre todo, de haber sido jugador del Madrid, fue lo que provocó esta reacción por parte de una buena cantidad de los medios «nacionales».

No obstante, Medina Cantalejo no solamente fue vilipendiado por su influencia en la final. Días antes, en el partido de octavos de final entre Italia y Australia, volvió a «favorecer» a la selección azzurra señalando un polémico penalti -para mí no lo fue porque pienso que el italiano Grosso se fue contra el defensa australiano y no al revés, pero también pienso que es un penalti que se puede llegar a pitar- en el último minuto del descuento que dio la victoria a los italianos. Medina se mantuvo, tres años después, firme al comentar aquella jugada, añadiendo finalmente que «lo que sucedió es que en aquel partido en España todos éramos australianos«.

Creo, como próximo profesional del periodismo que pretendo ser, que desde los medios de comunicación se debe hacer una reflexión seria y rigurosa sobre este tema. Arbitrar es una de las actividades más complicadas que existen en el mundo del deporte, al menos en el del fútbol. Puedo dar fe de ello puesto que, hace años -2003 más concretamente- en mi época de futbolista aficionado -en campeonatos no federados, eso sí-, me tocó arbitrar durante 45 minutos en un partido de mi equipo, de esos en los que cada tiempo lo pita un representante de cada uno de los contendientes. Aunque no se me dio mal, a mí me pareció por momentos lo más complicado del mundo, y era poco menos que una pachanga; así que imaginemos cómo debe ser arbitrar un partido en la alta competición, por mucho que los colegiados encargados de dirigirlos estén mucho más preparados de lo que yo lo estaba cuando me tocó echarme el silbato a la boca.

En resumen, que hay árbitros malos, muy malos, pésimos y sin nivel, como en todos los ámbitos de la vida; que también habrá «ovejas negras» dentro del colectivo arbitral, como en todas partes; pero que los árbitros en general son deportistas y personas, exactamente igual que los profesionales del balón, con el agravante a su favor de que, como apuntó Alfonso Garrido, pese a ser la única figura imprescindible para la competición, paradójicamente es el flanco más débil. Y los medios de comunicación, como principal fuente de influencia en la sociedad que son, deben tener sumo cuidado porque con las opiniones vertidas por algunos de sus profesionales un día de éstos puede ocurrir una desgracia en un campo de fútbol.

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Sencillamente, IMPRESIONANTE

REAL MADRID 2-F.C. BARCELONA 6

Sé que no me he devanado excesivamente los sesos a la hora de elaborar este titular, pero es que no hacen falta más palabras.

Podría dedicar este breve artículo a todos los que, desde la prensa madrileña, llevan haciendo gala de una nula profesionalidad al hablar desde hace meses de «canguelos», «miedos», «chorreos» y demás; pero no lo voy a hacer. El juego desplegado por el Barça durante toda la temporada y, especialmente, ayer en el Bernabéu, no merece un comienzo así.

Puyol y Xavi, después del segundo gol del Barça. Foto: As.com

Puyol y Xavi, después del segundo gol del Barça. Foto: As.com

Sin lugar a dudas, y ya se lo he dicho a más de uno y más de dos, estos ojos contemplaron ayer la exhibición más grande de un equipo en un partido de nivel -y éste, por supuesto, lo era- a lo largo de los 20 años que llevan viendo fútbol, un honor que, hasta ayer, recaía en el 4-0 que el Milan endosó al Barcelona de Cruyff en la final de la Champions de 1994. Pero lo de ayer, y además de manera notoria, fue superior.

2-6 en el Bernabéu, en el templo del mejor equipo del siglo XX -los números así lo dicen-, un feudo que no había sido profanado de tal forma desde 1951; y lo que es más espectacular, con un equipo jugando al fútbol como los ángeles y habiendo podido conseguir perfectamente cinco o seis goles más.

Catorce minutos duró la incertidumbre del partido -entendiéndose por «partido» como la confrontación entre dos equipos en la que hay un mínimo de incertidumbre-, justo los que tardó el Madrid en marcar su primer gol. El cabezazo de Higuaín, sólo en el área pequeña, provocó que el equipo de Pep Guardiola -consagrado como técnico hasta para quien tuviera dudas de él- tocara arrebato. Con los clásicos Xavi e Iniesta en el medio campo, con Dani Alves por la banda derecha, con Messi por el centro de la delantera -importante variante táctica de Guardiola, la cual desquició a la defensa madridista- y con un Henry que, desde la izquierda, fue el mejor del partido, el Barça empezó a asediar la meta de Casillas. En dos minutos, dos goles: el primero de Henry a pase de Messi –Manolo Lama, si Leo ha perdido frescura solo porque el Chelsea lo atara en corto tú necesitas una importante revisión oftalmológica– y el segundo, de Puyol, tras cabecear una falta cometida por Cannavaro sobre el puñal francés. Fin.

Ni tan siquiera el 2-3 marcado por Sergio Ramos a los pocos minutos de la segunda parte -Messi había hecho el tercero aún en el primer tiempo- descentró al Barcelona, dado que los culés volvieron a contestar a este gol de forma contundente. Dos minutos después (58´), pase de Xavi a Henry, gol y las cosas, de nuevo a su cauce. El encuentro continuó hasta el final siendo un rondo total, con la pelota constantemente en posesión del Barça y con el Madrid, impotente. Cayeron dos más -el segundo de Messi y, para mí el mejor de la noche, marcado por Piqué-, pero pudieron haber sido como tres o cuatro. Pero el tanteo se quedó en 2-6. Un «set» en casa del rival, siete puntos de ventaja en la clasificación a falta de doce por disputarse, cien goles ya en la Liga y con el récord de 107 del Madrid 89-90 a tiro.

Portada de hoy de Marca

Portada de hoy de Marca

Ahora desde algunos diarios madrileños se les echa la culpa a un equipo y a un entrenador –Juande Ramos– que llevaban batiendo récords de puntuación desde hacía una vuelta entera, y a quienes solamente una semana antes se les había encumbrado hasta casi el Olimpo de los Dioses. Pero no. Señores de As y, muy especialmente, señores de Marca: este Barça, jugando como ayer, jugando como casi toda la temporada, pasa por encima de cualquier equipo, sin más. Este equipo lleva consiguiendo goleadas casi desde que empezó el campeonato, y solamente unos pocos rivales -muy, muy pocos- han conseguido plantarle cara. Reconózcanlo de una vez, sin tapujos.

No sé lo que pasará el miércoles en Stamford Bridge. Puede que el Chelsea les gane y los elimine de la Champions, pero pase lo que pase en Londres, solamente con lo de esta Liga este equipo está haciendo historia. Culés y aficionados al fútbol en general -inclusive madridistas no forofos-, disfrutemos de él sin miramientos y sin complejos.

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Como el mismo camino de Santiago

CRÍTICA DE CINE

PELÍCULA: Al final del camino
DIRECTOR: Roberto Santiago
REPARTO: Malena Alterio, Fernando Tejero, Javier Gutiérrez, Diego Peretti, Jorge Monge, Luis Callejo, Cristina Alcázar, Alberto Jo Li, Ana Milán, Irene Escolar.
GÉNERO: Comedia
NACIONALIDAD: España
DURACIÓN: 95 minutos
CALIFICACIÓN: * (sobre 5)

Fernando Tejero, Malena Alterio y Javier Gutiérrez, en el comienzo del film

Fernando Tejero, Malena Alterio y Javier Gutiérrez, en el comienzo del film

Pilar (Malena Alterio), una periodista que acaba de dejar a su novio (Luis Callejo) después de que éste le haya sido infiel, coincide en un restaurante con dos desconocidos, Nacho (Fernando Tejero) y Jose (Javier Gutiérrez), y les chafa a ambos una cita doble con unas muchachas jóvenes. Al día siguiente su jefa (Ana Milán) y, al mismo tiempo, ex cuñada, la envía al camino de Santiago para hacer un reportaje a Olmo (Diego Peretti), un gurú caradura especializado en «resolver» crisis de pareja mediante una terapia que va aplicando mientras todos hacen la mítica ruta en seis días. A Pilar le acompaña un fotógrafo ajeno a la redacción, que resulta ser Nacho. Ambos deben hacerse pasar por una pareja normal y corriente para que Olmo no descubra que van como profesionales de la información. Allí, junto a otras parejas de todo tipo, viven una serie de acontecimientos más o menos rocambolescos, que acaban con el final que más o menos uno se puede imaginar.

Queda claro que el cine español no va a salir de la crisis con títulos como éste. Roberto Santiago intenta repetir el mismo patrón de comedia romántica utilizado en El penalti más largo del mundo, pero con unos resultados sensiblemente inferiores. No es que aquél fuera un gran film, pero no cabe duda de que es bastante mejor que el actual. Al final del camino es una película bastante previsible, con una pareja protagonista, Malena Alterio y Fernando Tejero, que más que Pilar y Nacho son Belén y Emilio, sus respectivos personajes en la popular serie televisiva Aquí no hay quien viva. Aunque esto era algo que quedaba muy claro desde que aparecieron sus nombres para componer la nómina de actores principales. La hora y media larga que dura la película se le hace al espectador más o menos igual que el propio camino de Santiago: no insoportable pero sí progresivamente cansada, sobre todo por la ya comentada previsibilidad del guión.

Lo más destacable, sin lugar a dudas, son los golpes de humor y la interpretación en general de Javier Gutiérrez, un actor versátil -aunque con mayoría de papeles cómicos- que, poco a poco, se va haciendo un nombre en el panorama de la interpretación en España. Pero para poco más da el film.

A nivel particular, he salido del cine con dos futuros deseos por cumplir: el primero, visitar Galicia para poder contemplar de cerca la majestuosidad de la catedral de Santiago como monumento arquitectónico -Calitoe.:., como bien sabes, cuando llegue el momento te tocará hacer de «cicerone»-; y el segundo, más a largo plazo, volver a hacer el crucero del año pasado. Porque, al final de la película, dos de las parejas que hacen la terapia de Olmo deciden emplazarse al año siguiente para hacer un crucero por el Mediterráneo… entrando inmediatamente en escena el S.S. Sovereign, que es ni más ni menos que el buque que ha sustituido al tan recordado por mí y por varios de mis amigos S.S. Oceanic, a la hora de acoger la ruta mediterránea de Pullmantur. Lo que, como es lógico, provocó que volviera a aflorar en mi interior la nostalgia por lo vivido hace poco más de un año. Con diferencia, es lo único que realmente me ha emocionado de la película.

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15 años sin Senna

Parece que estamos en la semana conmemorativa de las muertes de mitos del deporte. Si el pasado día 29 de abril se cumplían 50 años del fallecimiento de Joaquín Blume, hoy, 1 de mayo de 2009, hace 15 años que Ayrton Senna, el mago de la Fórmula 1, se dejó la vida en el Autódromo Enzo y Dino Ferrari de Imola (Italia).

Ayrton Senna

Ayrton Senna

El mejor piloto brasileño de todos los tiempos -y, para algunos, también el mejor en general de toda la historia- había pasado sus mejores años en la escudería McLaren -sí; la que actualmente se destaca por sus trampas, hipocresía y espionaje también fue una escudería seria, la mejor en los 80-, donde había ganado sus tres títulos mundiales y donde se había destacado por su rivalidad con Alain Prost.

Pero McLaren hacía dos temporadas que había perdido casi todo el punch, en favor no ya de los ultracompetitivos Williams -coche con el que dos de sus rivales tradicionales, Nigel Mansell y Prost, habían conseguido los dos últimos títulos-, con lo que en 1994 Senna, finalizado su contrato con el equipo de Ron Dennis, fichó por el de Sir Frank Williams, ocupando la vacante que había quedado después de la retirada de Prost tras haber sido campeón por última vez en 1993. Todo parecía preparado, pues, para que la racha triunfal de Williams continuara, para que Senna igualara de nuevo en campeonatos a su antaño máximo rival y enemigo, con el que no obstante, había hecho las paces en la última carrera del 93. Ni siquiera la pujanza de un joven -aunque ya experto- Michael Schumacher debía impedir tal logro.

Sin embargo, todo fue mal desde el primer momento. Ayrton no conseguía adaptarse a su nuevo monoplaza; se quejaba de que seguía estando diseñado para un piloto de las características físicas de Prost, más pequeño que él, y se sentía realmente incómodo porque, según palabras textuales suyas, si se comía un bocadillo no cabía en el habitáculo de lo estrecho que estaba. Para colmo las dos primeras carreras, Brasil y el G.P. del Pacífico en Aida (Japón), fueron un desastre. El Benneton de Schumacher volaba y Senna sumó dos retiradas en aquellos dos grandes premios. Veinte puntos a cero tras dos fechas del campeonato. En Williams empezaban a ponerse nerviosos de verdad.

Y llegó el G.P. de San Marino, en Imola. El más trágico y sangriento de la historia contemporánea de la Fórmula 1. El viernes, durante los entrenamientos libres, Rubens Barrichello -actualmente en Brawn GP– estuvo al borde de la muerte tras un impacto brutal; mientras que un día después, el austriaco Roland Ratzenberger no corrió la misma suerte que el compatriota de Senna y falleció después de otro tremendo golpe. Lo más gordo estaba por venir…

El Williams de Senna, tras haberse estrellado

El Williams de Senna, tras haberse estrellado.

Senna salía desde la pole; parecía que por fin le iban las cosas bien. Pero un incidente nada más arrancar hizo salir al coche de seguridad, propiciando una bajada importante de temperatura en los neumáticos. Ello pudo ser clave para la tragedia, como también el hecho de que Senna estuviera un poco nervioso por los resultados de las carreras anteriores. En la vuelta 6, dos después de la retirada del «safety car», Senna, que lideraba la carrera, perdió el control de su Williams en la curva de Tamburello, estrellándose contra el muro de hormigón y falleciendo a los cuarenta minutos del suceso.

La tercera victoria en aquel campeonato de Schumacher -la carrera, después de detenerse provisionalmente, no se suspendió-, como es lógico, quedó totalmente oscurecida y empañada por el trágico accidente de Senna. Williams, pese a todo, se rehizo y estuvo a punto de ganar de nuevo el mundial, en este caso con Damon Hill, a quien Schumacher privó de la victoria tras un polémico choque entre ambos en la última carrera, celebrada en Adelaida (Australia). Pero eso fue otra historia. Lo cierto es que, desde aquel 1 de mayo de 1994, nada ha vuelto a ser igual en la Fórmula 1.

Las medidas de seguridad se extremaron. El trazado italiano vio modificada la zona de Tamburello, que pasó de ser una curva a una chicane, y que, al mismo tiempo, eliminó el muro de hormigón sustituyéndolo por otro de neumáticos; pero los aficionados a la Fórmula 1 se vieron privados de uno de los personajes más importantes de la historia del automovilismo: Ayrton Senna Da Silva.

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Fiesta ¿del trabajo?

Resulta cuando menos curioso que este año se siga celebrando la tradicional festividad del día 1 de mayo con su denominación oficial –fiesta del trabajo o de los trabajadores-, cuando las cifras de paro alcanzadas este año en España son las más altas de, prácticamente, toda la historia de nuestro país desde la posguerra.

Quizás para 2009 debiéramos haber cambiado la causa de este día festivo, porque en este primero de mayo hay bastante gente sin nada que celebrar… al menos según lo que marca la oficialidad de esta fecha.

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