«El árbitro es el bien jurídico más protegido que existe. Messi o Iniesta son estrellas, pero sin árbitro no hay fútbol«. Alfonso Garrido, de la Federación Andaluza de Fútbol, dixit.
Ésta fue, tal vez, la frase más significativa y más clarificadora de la mesa redonda sobre el arbitraje y los medios celebrada ayer dentro de las VI Jornadas de Comunicación y Deporte organizadas por la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla, en la que estuvieron el citado Alfonso Garrido, el periodista de Canal Sur Javier Pardo y, sobre todo, Luis Medina Cantalejo, el célebre árbitro internacional sevillano quien conoció ayer mismo por la mañana que ha sido designado como el árbitro de la final de la Copa del Rey de la semana que viene, además de ser candidato muy serio a hacer lo mismo en la final de la Champions League si a ésta acude el Chelsea en vez del Barça.

Medina Cantalejo
Fue una charla muy amena, que empezó con el comentario que acabo de mencionar, tan sentencioso como exacto; y que continuó con los interesantes testimonios de Medina Cantalejo, acerca del tratamiento que, desde los medios de comunicación -sobre todo los especializados en deportes-, se les otorga a los colegiados del fútbol. Se podría afirmar, sin tapujos, que éste en muchas ocasiones traspasa los límites del escarnio y la descalificación. Cierto es que algunos compañeros de Medina -no voy a dar nombres, aunque cualquier aficionado al fútbol se puede imaginar fácilmente quiénes son- parecen a veces con su actitud en los terrenos de juego empeñados en manchar, por todos los medios, la imagen que muchos de los árbitros consiguen dar de su propio colectivo; pero meterlos a todos en el mismo saco sería tan injusto como pedir el mismo rendimiento a los jugadores del Numancia -por poner un ejemplo- que a los del Barcelona.
Parto de la base de que, como cualquier aficionado al fútbol, me cabreo -aunque cada vez me lo tomo con más filosofía- cuando un árbitro se equivoca reiteradas veces en un partido en contra de mi equipo, sobre todo si el susodicho árbitro es reincidente. Eso es de humanos. Pero de ahí al escarnio público de algunos medios y periodistas, va un abismo. Periodistas considerados como «estrellas», tanto hace diez o doce años como en la actualidad, especialmente aquellos que hablan de «villarato» y demás calificativos similares. Cierto es que parece que desde algunos medios se está intentando suavizar un poco este tira y afloja mostrando como personas que son a ciertos árbitros con fama de polémicos a través de documentales de televisión; pero todavía hay mucho que mejorar, algo ciertamente complicado porque, como bien apuntaba Medina, actualmente hay profesionales de la información que son o han sido responsables de prensa de algunos clubes.

Portada de Marca tras un clásico arbitrado por Medina Cantalejo
Quienes más sufren esta situación, no obstante, no son los propios árbitros, sino sus familiares: «Yo sé perfectamente qué lunes tengo que comprar prensa y cuáles no. A veces le digo a mi familia que no pongan las noticias de las 15:00, porque sé perfectamente lo que va a venir. Yo tengo tres hijas, y la mayor, que tiene 15 años, me llegó a decir una vez «papá, yo no tengo la culpa de que seas árbitro». Aunque en muchas ocasiones todo esto también es un problema de educación familiar. Medina Cantalejo expuso el caso de la foto de un niño de 3-4 años, hincha del Feyenoord de Rotterdam, quien aparecía en la misma haciendo una «peineta» siendo espoleado por su padre; un caso ciertamente grave y significativo.

Cabezazo de Zidane a Materazzi en la final del Mundial
No obstante, Medina Cantalejo no solamente fue vilipendiado por su influencia en la final. Días antes, en el partido de octavos de final entre Italia y Australia, volvió a «favorecer» a la selección azzurra señalando un polémico penalti -para mí no lo fue porque pienso que el italiano Grosso se fue contra el defensa australiano y no al revés, pero también pienso que es un penalti que se puede llegar a pitar- en el último minuto del descuento que dio la victoria a los italianos. Medina se mantuvo, tres años después, firme al comentar aquella jugada, añadiendo finalmente que «lo que sucedió es que en aquel partido en España todos éramos australianos«.
Creo, como próximo profesional del periodismo que pretendo ser, que desde los medios de comunicación se debe hacer una reflexión seria y rigurosa sobre este tema. Arbitrar es una de las actividades más complicadas que existen en el mundo del deporte, al menos en el del fútbol. Puedo dar fe de ello puesto que, hace años -2003 más concretamente- en mi época de futbolista aficionado -en campeonatos no federados, eso sí-, me tocó arbitrar durante 45 minutos en un partido de mi equipo, de esos en los que cada tiempo lo pita un representante de cada uno de los contendientes. Aunque no se me dio mal, a mí me pareció por momentos lo más complicado del mundo, y era poco menos que una pachanga; así que imaginemos cómo debe ser arbitrar un partido en la alta competición, por mucho que los colegiados encargados de dirigirlos estén mucho más preparados de lo que yo lo estaba cuando me tocó echarme el silbato a la boca.
En resumen, que hay árbitros malos, muy malos, pésimos y sin nivel, como en todos los ámbitos de la vida; que también habrá «ovejas negras» dentro del colectivo arbitral, como en todas partes; pero que los árbitros en general son deportistas y personas, exactamente igual que los profesionales del balón, con el agravante a su favor de que, como apuntó Alfonso Garrido, pese a ser la única figura imprescindible para la competición, paradójicamente es el flanco más débil. Y los medios de comunicación, como principal fuente de influencia en la sociedad que son, deben tener sumo cuidado porque con las opiniones vertidas por algunos de sus profesionales un día de éstos puede ocurrir una desgracia en un campo de fútbol.
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