La final de la Champions League quedó definitivamente configurada. F.C. Barcelona y Manchester United, los dos favoritos en las semifinales; el equipo que mejor juega al fútbol en el mundo ahora mismo contra el actual campeón; Messi contra Cristiano Ronaldo, que dirían los diarios deportivos… Llamadlo como queráis. El caso es que, tal vez, vista la trayectoria y el potencial de ambos equipos, ésta sea la final que todo o casi todo el mundo reclamaba.

El golazo de Iniesta, que valió la clasificación del Barça. Foto: Marca.com
El Barça lo tuvo en chino y terminó encomendándose a San Andrés Iniesta. Después del empate a cero del Camp Nou, en Stamford Bridge todo se le puso de cara al Chelsea. Un gol tan espectacular como afortunado de Essien nada más comenzar, y a esperar. Los londinenses no querían saber nada del balón, aplicaron de forma inteligente la versión anglo-holandesa (por Hiddink) del «catenaccio» y maniataron a los blaugranas, que ante tal telaraña no supieron o no pudieron hilar nada fino, pese a ser el único equipo que, futbolísticamente, intentaba proponer algo.
En el segundo tiempo, la clasificación se le puso al Barça más difícil todavía, después de la injusta expulsión de Abidal al cuarto de hora, supuestamente por derribar siendo el último defensor a un Anelka que se tropezó él solo. A pesar de continuar «despreciando» la pelota, el Chelsea dispuso de las ocasiones más claras del partido, aunque tampoco fueron tantas pese a jugar en superioridad. El árbitro, el pésimo noruego Tom Henning, compensó en cierto modo la expulsión de Abidal y el excesivo -a veces- juego duro de los ingleses perdonando una mano de Piqué dentro de su área a pocos minutos del final.
Fue, sin embargo, la única vez en la que el colegiado, caserísimo en sus decisiones hasta ese momento, benefició al equipo de Guardiola, el cual nunca perdió la fe pese a su pésimo acierto -«diecitantos» tiros pero ninguno a puerta hasta el descuento-, lo cual tuvo premio cuando menos lo esperaba. En el minuto 92, Iniesta, a pase de Messi, clavó un zapatazo letal en la escuadra de la portería de Cech, y dio una merecida clasificación al Barça. Merecida por lo realizado por los azulgrana durante toda la temporada, y merecida también por la mezquindad futbolística demostrada por Guus Hiddink y su equipo durante la eliminatoria. Poco antes del final el Chelsea reclamó un posible penalti por manos de Eto´o, pero el disparo de Ballack se estrelló prácticamente en el hombro del camerunés, lo que anulaba la posibilidad de la pena máxima. Dio igual. Los jugadores del Chelsea, nada más finalizar el encuentro, se fueron a por Henning, en especial un enajenadísimo Drogba quien, si nadie lo remedia, va a recibir una sanción ejemplar.

Airadas protestas de Drogba al final del partido. Foto: Internet
Por su parte Hiddink se mostró especialmente contrariado con el árbitro en la rueda de prensa. Debe tener muy flaca memoria el ex entrenador, entre otros, de PSV Eindhoven, Valencia, Holanda, Real Madrid, Betis -maldita la gracia que le hizo a la Sevilla bética cuando estuvo en 2000-, Rusia… y Corea del Sur. Ayer, en la sala de prensa del Chelsea, alguien debió haberle preguntado por un tal Al Ghandour, por si se había olvidado de él… porque desde luego que los españoles todavía no lo hemos borrado de nuestras mentes. Aunque este tipo de «amnesias pasajeras», como todos sabemos, son muy habituales en el mundo del fútbol y del deporte en general: cuando el juez de la contienda «nos quita» -vale, señores del Chelsea, aceptamos «barco» como animal acuático por lo de ayer, porque entonces yo debo haber visto otro partido-, generalmente tendemos a despotricar; ahora, cuando se equivoca a favor nuestra, «misteriosamente» nos callamos, tendemos a quitar hierro al asunto o, simplemente, nos reímos de los perjudicados, como por ejemplo hizo el propio Hiddink después de aquel infame arbitraje contra España en el mundial coreano.
El golazo de Iniesta, en el bando barcelonista, inevitablemente nos trajo a la mente a los aficionados con algunos años ya de fútbol en nuestras retinas el tanto de Bakero en Kaiserslautern en noviembre de 1991, meses antes de ganar el Barça su primera Copa de Europa. El mediocampista azulgrana, en la mejor temporada de su carrera, no pudo haber elegido un mejor momento para conseguir su primer gol en la Champions. Las malas noticias para el Barça llegaron en forma de ausencias para la final. Además de Abidal, un puntal como Dani Alves no podrá medirse a los «Red Devils» por acumulación de amonestaciones.

Golpeo de Cristiano Ronaldo para el 0-2. Foto: Marca.com
El United lo tuvo más fácil. Al 1-0 de la ida contra el Arsenal se le unió un tempranero gol del coreano Park tras resbalón de un defensa local, lo que prácticamente certificó el pase a la final de un equipo que terminó ganando el encuentro por 1-3. Los otros dos goles los hizo Cristiano Ronaldo, el primero de ellos en un espectacular tiro libre. Los de Ferguson solamente pierden a Fletcher para el duelo contra el Barça, después de que el lateral fuera expulsado de forma absurda tras cometer un penalti sobre Cesc Fábregas con 0-3 en el marcador.
Dos estilos, dos formas diferentes de entender el juego, se batirán en apenas tres semanas sobre el césped del Estadio Olímpico de Roma, cual gladiadores de los famosos juegos del circo romano clásico. ¿Quién vencerá? Esperemos que el Barça, aunque pienso que los pronósticos están al 50%.
El 27-M, el desenlace.
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