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Sobre la manifestación «Yo voy, Betis», y los béticos

Ha pasado ya más de un día desde que tuviera lugar la manifestación «por el Betis» promovida por las principales plataformas opositoras a Manuel Ruiz de Lopera; pero seamos sinceros: ayer no tenía demasiadas ganas de escribir, y por eso he pospuesto mi entrada para hoy.

La afición respondió a la llamada. Foto: Marca.com

La afición respondió a la llamada. Foto: Marca.com

En lo meramente informativo, no me voy a extender en lo que ya se sabe de sobra: miles de béticos -entre 15 mil y 60 mil, dependiendo si los datos eran proporcionados por medios más o menos afines al Betis y a Lopera- colapsaron el tramo que va desde la Avenida de la Constitución hasta la Plaza Nueva, protestando por la gestión llevada a cabo por Lopera desde el 92 según algunos, desde 2005 según la realidad. En la Plaza Nueva se cantaron los tres himnos de la historia del Betis: el de Cantores de Híspalis, el actual y el del Centenario; y, después de gritar insistentemente que el dueño del Betis se marchara, comparecieron varios de los jugadores históricos del Betis y algunos béticos populares, procediéndose a la lectura de un manifiesto en favor de un nuevo Betis. En líneas generales la manifestación fue todo un éxito, algo de lo que se enorgullecieron todos los allí presentes, empezando por José Tirado, principal promotor de la misma y portavoz de la plataforma «Por Nuestro Betis», curiosa y paradójicamente, el último grupo en adherirse y uno de los que, al principio, renegaba de la «paternidad» de la convocatoria del acto.

Lopera fue duramente criticado. Foto: Marca.com

Lopera fue duramente criticado. Foto: Marca.com

A partir de ahí, hay muchas cosas que comentar. En primer lugar, sinceramente, creo que, por muy duro que siempre se ha puesto Lopera con el tema de la venta de sus acciones, en esta ocasión tarde o temprano terminará por ceder. No voy a entrar en si todo esto es justo o injusto; lo que sí es cierto es que, aunque Lopera ha metido la pata en varios aspectos durante los últimos años, no podemos olvidar que en 4-5 años hemos estado arriba en la Liga, hemos jugado la Champions y también finales de Copa, ganando la de 2005; y entonces todo el mundo -menos los «notables»-, incluidos muchos de los «béticos populares», le hacía la ola.

Todo ello no hace sino confirmarme que, como la mayoría de las aficiones futboleras de España, los béticos somos muy «veletas»; es decir, que nos movemos al son que dicta quien tiene la palabra en cada momento -antes Lopera, ahora los Soto y cía- y, sobre todo, al son que dicta la santa pelotita. Porque, queridos amigos y compañeros béticos, dejando a un lado los grandes éxitos conseguidos desde el 92 -la era Lopera-, ¿dónde estábamos esta misma temporada después de ganar en el Sánchez-Pizjuán? ¿Fuimos a la calle Jabugo junto a todos esos artistas devaluados a gritarle a Lopera que se fuera? ¿Fuimos a la calle Jabugo cuando Lopera renovó el pasado verano a Chaparro -haciendo caso a la afición-, y trajo a jugadores como Emana y Mehmet Aurelio? ¿Fuimos a la calle Jabugo cuando, en enero, «repatrió» al deseadísimo Oliveira por la mitad de lo que pedía el Zaragoza? Todos sabemos la respuesta, lógicamente. Que me perdonen mis queridos compañeros y camaradas béticos, pero después de esto me queda muy claro que si Sergio García, Juanito u Oliveira hubiesen marcado una de sus ocasiones frente al Valladolid y nos hubiésemos salvado, no habría habido manifestación de ningún tipo.

Soto y cía, en primera línea. Foto: Marca.com

Soto y cía, en primera línea. Foto: Marca.com

Y ahora, vamos con los que estuvieron en «primera línea»; los que parece que quieren suceder a Lopera en el mando del Betis. De momento, de los cuatro que más hablaron ninguno de ellos es socio, accionista, ni tiene invertido un duro en el Betis. Me refiero a los señores Rafael Gordillo, Hipólito Rincón, Pascual González y, sobre todo, José Manuel Soto. Los que más clamaron por un Betis libre y por las acciones de Lopera para los béticos no tienen puesta una mísera moneda para contribuir a la compra de las mismas, y en los 17 años transcurridos desde 1992 tampoco han contribuido con la economía del club, tal vez porque para ello ya estaba Lopera y no hacía falta poner ni un duro en el club de sus amores, pensarían ellos. El único que se dejó algo de su bolsillo fue Soto, pero años después soltó sus acciones.

Otra cosa en común es que cada uno de ellos tiene su historia particular contra Lopera, con unos argumentos tan sólidos como no poder entrar de balde a ver los partidos del Betis -Rincón, que desde que se retiró jamás en la vida ha ejercido de bético y sí de «bufón madridista» de la Cadena SER-; que Lopera dejara de contar con él para el cuerpo técnico en 2001 -Gordillo, que se olvida de que Lopera lo rescató para el Betis en el 92, y también del tremendo homenaje que le organizó cuando se retiró del fútbol de Primera División en 1995-; que su himno dejara de ser el oficial cuando llegó Lopera -Pascual González, de «Cantores de Híspalis»-; y el caso del personaje más demagógico de todos, el señor José Manuel Soto. Este hombre, buen cantante de copla de cierta notoriedad en los 80 y 90, hasta participó en un anuncio sobre el «arte bético, en los tiempos de éxitos -2005, Copa, Champions- y del «hola, hola, hola Don Manuel», al que seguro que se adhería como el que más; pero ¿qué sucedió? Que un año después de aquel anuncio la Comisión del Centenario del Betis le concedió el honor de ser el autor del nuevo himno conmemorativo a Rafa Serna -quien, como buen «don nadie» que es, también estuvo en Plaza Nueva, como diría mi hermano «para pillar cacho»-, con lo que Soto, aunque sistemáticamente lo niegue, se cabreó y, con un paso intermedio por programas como «La isla de los famosos» -se notaba que su popularidad estaba decayendo y tenía que hacerse ver-, inició una cruzada contra Lopera, que culminó en el esperpento de hace una semana en «El Larguero».

La disputa radiofónica entre Soto y Lopera merece también su análisis, entre otras cosas porque Soto se erigió en el portavoz del movimiento bético del pasado lunes. Dejando a un lado los evidentísimos rencores personales, por una parte el señor Soto ofrece unos argumentos total y absolutamente ridículos y sin fundamento, poniéndoselo muy fácil a Lopera quien -haciendo gala de un tremendo respeto por las intervenciones del que carece Soto-, como es lógico, se ríe de él a calzón quitado. Y por otra parte, algo que quizá para el 95% de los béticos ha pasado desapercibido: Soto alardea de que el Betis tiene 102 años de historia y no 17, algo que es verdad pero que incluye un altísimo porcentaje de demagogia barata porque, en un momento de la discusión, llega a afirmar que si hubiese desaparecido el Betis en el 92, eso hubiese dado igual porque se hubiese refundado con otro nombre y yéndose a jugar a otra parte, ya que lo que vale es el sentimiento. Como lo estáis leyendo -si es que hay alguien que lo está haciendo, claro-, SI EL BETIS EN EL 92 HUBIESE MUERTO SOTO SE HABRÍA QUEDADO TAN ANCHO. Gravísimo, sin ningún tapujo; pero más grave resulta, para mí, que la gente lo haya convertido en adalid y portavoz del movimiento y sentimiento bético. El señor Soto y sus seguidores alardearon de los 7 años que estuvimos en Tercera División durante los 40 y 50, pasando mil penalidades; enarbolando el clásico «manque pierda» de una forma muy demagógica. ¿Qué quiso usted decir, señor Soto, que con la excusa del «manque pierda» preferiría usted ver al Betis como un equipo muy simpático, pero en Tercera; que como un equipo no tan simpático pero en Primera? Porque el que tenga dos dedos de frente eso es lo que piensa. Claro que mis camaradas béticos… en fin, mejor me callo.

Emilio Carrillo. Foto: elbetis.com

Emilio Carrillo. Foto: elbetis.com

Señor Soto, señor González, señor Gordillo, señor Rincón y, por extensión, todos los béticos populares que salieron a hablar micrófono en mano: en vez de tanta palabrería y en vez de corromper a un gran bético pero actualmente un anciano de casi 100 años como Alfonso Jaramillo, si de verdad quieren mostrar ustedes compromiso con el Betis vayan promoviendo una campaña de recogida de dinero para comprarle las acciones a Lopera, y den ustedes ejemplo comprando más que nadie. Que en los tiempos que corren, con los clubes siendo sociedades anónimas, el sentimiento es importante pero de él no se vive. Ah, claro, que esa es la clave, ir «apoquinando» el dinero… ya no recordaba que ellos lo que quieren es recibir las acciones «de gañote», es decir, sin que les cueste una gorda.

Menos mal que, afortunadamente, entre los opositores a Lopera también hay gente que parece seria, como el ex concejal Emilio Carrillo, quien parece ser que, al mando de una plataforma de béticos solventes, va a presentar al máximo accionista bético una notable oferta por sus acciones en los próximos días. Sobre esto, mi postura está clara: si Lopera se muestra incapaz de corregir sus errores y dar un gran paso al frente -más allá de contratar a un buen entrenador para Segunda-, debe proceder a la venta y marcharse. Eso sí, nunca, por favor, dejando sus acciones en manos de esos «adalides» del beticismo antes mencionados, los cuales me encantaría que me callaran la boca con hechos; pero como lamentablemente creo que no sería así, de ser éstos los herederos de las acciones, mejor que siga Lopera, así de claro.

Como hasta ahora, estaremos a la expectativa de lo que suceda durante las próximas horas.

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Elecciones europeas: victoria corta del PP en España

Respiro y satisfacción para Rajoy; preocupación para Zapatero. El Partido Popular, con Jaime Mayor Oreja como cabeza de lista, ha conseguido derrotar al PSOE, liderado por Juan Fernando López Aguilar, en las elecciones al Parlamento Europeo -escrutinio al 99,97%-. Los 23 escaños logrados por los populares superan en dos a los conseguidos por los socialistas, 21 en total. Otros partidos con representación en el Parlamento Europeo son Coalición Europea con 2 escaños, Izquierda Unida también con 2, Unión Progreso y Democracia con 1, y Europa de los Pueblos Verdes, también con 1.

Sin embargo la felicidad en el seño del PP parece ser que no es plena, puesto que el partido de derechas contaba con sacar una mayor diferencia a los socialistas, para así poder empezar a hablar plenamente de cambio de ciclo político. No ha sido así, pero pese a ello Rajoy debe estar exultante, porque ha conseguido darle la vuelta a lo sucedido hace algo más de un año en las generales.

Eso sí, no podemos perder de vista que se trata de elecciones al Parlamento Europeo, y no generales. ¿Qué quiero decir con esto? Pues básicamente que en los comicios para el Congreso y el Senado no nos vamos a encontrar con una participación tan baja como la que tradicionalmente se da en las elecciones europeas. El 46% registrado -inferior casi en un 30% al de las generales del pasado año- solamente es un 0,06% mayor que el porcentaje de 2004, lo que indica bien a las claras que las elecciones europeas, por desgracia, no interesan al pueblo para nada. A los ciudadanos españoles es obvio que les importa un comino -con perdón- lo que ocurra en el Parlamento Europeo, a lo que han contribuido notablemente el interés puesto por los propios partidos y sus líderes.

Éstos no valoran los resultados obtenidos de cara a lo que hay que hacer para defender a España en el Parlamento Europeo, sino como un primer indicio de lo que puede suceder en las próximas elecciones generales. El triunfador de las elecciones no ha sido Mayor Oreja -que teóricamente debe ser el líder de los diputados españoles-, sino Rajoy. Todo el mundo dice lo mismo: Rajoy consolida su liderazgo en el partido -incluso Aznar lo llama personalmente para felicitarlo, en vez de hacerlo con Mayor Oreja-; derrota de Zapatero -y no de López Aguilar- a quien la crisis económica le pasa factura… es decir, todo encaminado a mejorar/empeorar la imagen de quienes representarán en las generales a los -por total y absoluta desgracia- dos únicos partidos que optan, legislatura tras legislatura, a la presidencia del gobierno español. O lo que es lo mismo, a la deseada poltrona de La Moncloa.

No sé si esto será igual en el resto de países de Europa, pero en España funcionamos así. Y así nos va. Da igual quién nos represente en Europa, porque eso no valdrá absolutamente para nada, ni siquiera para los propios líderes de los partidos. Ellos solamente miran por ellos mismos, por llegar a la cima de sus carreras: la presidencia del gobierno, el poder, el placer, el desahogo… el buen vivir en general. Da igual que gobierne el PSOE que el PP, que el presidente sea Felipe González, Aznar, Zapatero o Rajoy, porque todos son iguales.

Y si alguien me pregunta si prefiero al PP o al PSOE, a Zapatero, a Rajoy o a quien encabece las listas de ambos partidos, le responderé como lo hizo el gran cantante cubano Carlos Puebla cuando, allá por los 70, le dijeron si prefería como presidente para los Estados Unidos a Ford o a Nixon: «Pues mire usted, pues mire usted; a mí me parece Ford lo mismo que Chevrolet«.

Quien quiera saber más sobre los resultados de las elecciones europeas, puede hacer click aquí

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Carne de Segunda

Me refiero, claro está, al Real Betis Balompié. Voy a intentar no perder el tono de objetividad que suele caracterizarme pero, al mismo tiempo, también voy a hablar como bético, porque después del lamentable espectáculo brindado ayer en San Mamés esto pasa ya de castaño oscuro.

Como decía Julio Iglesias, la vida sigue igual en verdiblanco. Igual después de ser ésta la cuarta temporada en la que el Betis juega con fuego. Un curso futbolístico éste 08-09 en el que se ve que apenas si se ha aprendido algo de años anteriores, y en el que la historia se viene repitiendo como el cuento de la buena pipa, esta vez con un clarísimo riesgo de incendio al final de La Palmera.

Desde que se fuera Serra Ferrer, con quien el equipo ya las pasó canutas en su última temporada, por el banquillo bético han desfilado desde el verano de 2006 años nombres tan ilustres como Irureta, Luis Fernández o Héctor Cúper, junto al salvavidas, nuestro entrañable Paco Chaparro, y al actual, José Mª Nogués. Ninguno de ellos, salvo Chaparro y solamente en las situaciones límite, le ha conseguido coger el aire al equipo, siendo todos destituidos tarde o temprano. «Culpa del técnico», se pensaba, sobre todo cuando se podía comprobar que, tras la llegada del sustituto correspondiente, los resultados inmediatos solían ser bastante buenos; pero después de ver cómo año tras año se repite la misma historia -el «efecto gaseosa» del que adolece el equipo- creo que se debe mirar hacia algún otro lugar, no solamente hacia el entrenador o el palco.

Obviamente hablo de la plantilla. Si observamos bien a los miembros actuales de la misma, hay nueve jugadores que han estado en la nómina verdiblanca durante las cuatro últimas campañas; tres más que han figurado en tres de las cuatro; y al menos cuatro o cinco futbolistas más en dos de ellas. Es decir, dieciséis o diecisiete en total. Algunos de ellos también fueron campeones de Copa y cuartos en la Liga, pero con cuatro años menos que ahora. Quiero decir, que sin restar ni un ápice de la responsabilidad que les corresponde a los entrenadores, estoy absolutamente convencido de que el 70-75% de la culpa no la tienen sino los futbolistas, al fin y al cabo los que mandan en el césped. Visto lo visto, no creo que todos los entrenadores -casi todos de reconocido prestigio nacional e internacional- vayan a ser igual de malos.

Esta temporada, al igual que en las anteriores, tras destituir al entrenador de turno se pensaba que los jugadores iban a reaccionar, ante la llegada de alguien que, por fin, iba a ser capaz de entenderlos y de sacar lo máximo de su rendimiento; pero el efecto positivo ha vuelto a esfumarse después de las dos victorias iniciales de la «era Nogués». El Betis, como nos temíamos todos, vuelve a ser un equipo que no juega absolutamente a nada, totalmente desquiciado e incapaz de hacer daño a nadie más allá de a sus propios aficionados, a pesar de la calidad que se les presupone a los jugadores. Y la guinda del pastel, repito, ha sido el partido de ayer.

Si lamentable fue la actitud hace dos semanas en Montjuic contra el Espanyol y mala la mostrada hace siete días contra el Atlético durante 3/4 partes del encuentro, lo que se vio ayer en San Mamés ante los suplentes del Athletic -repito y recalco, los suplentes del Athletic, un equipo de la mitad baja de la tabla en Primera por mucha Copa del Rey que pueda llegar a ganar- merece una serie de calificativos que no voy a reproducir, porque rompería con las normas de corrección y ausencia de insultos y palabras malsonantes autoimpuesta en este blog.

El aficionado que tuvo la oportunidad, para su desgracia, de ver el partido -aquellos que ya tienen TDT- pudo comprobar con sus propios ojos cómo daba la impresión de que a los que saltaron ayer al campo con la elástica bética -verde en esta ocasión- no les iba absolutamente nada en el envite, por la inexplicable falta de tensión mostrada a lo largo de todos y cada uno de los noventa y seis minutos de juego. Al contrario que los reservas bilbaínos -que, con la permanencia ya casi conseguida querían mostrarle a Caparrós su valía-, los titulares verdiblancos estuvieron apáticos, como si ya todo estuviese hecho. Hay quien habla de conformismo con los 42-43 puntos exigidos año tras año desde la directiva, y también de autosuficiencia al tener la convicción absoluta de que, antes o después, se van a conseguir, confirmándose un año más la permanencia en Primera División. De ser así, sin duda, estaríamos ante un caso de gravedad notable, que debería hacer reflexionar a Lopera y su junta.

Entre las decepciones, merece especial mención Ricardo Oliveira, el «salvador» del mercado de invierno, aquel que volvía a casa dispuesto a marcar los goles que iban a sacar al Betis de los puestos de abajo, y que tuvo el mejor debut que un jugador heliopolitano puede gozar: marcar el gol de la victoria ante el eterno rival. Pues bien, este mismo jugador se está destapando en ésta su nueva etapa en verdiblanco justo como lo que creíamos que no podía llegar a ser: un futbolista torpe, lento, mal colocado en el campo y, lo que es peor, muy fallón ante su especialidad, el gol; sin parecerse no ya a aquel Oliveira de la Copa y la clasificación para la Champions en 2005, sino ni tan siquiera al que consiguió anotar 18 tantos durante el pasado año futbolístico, a pesar del descenso del Zaragoza. No es el único responsable del desaguisado de esta temporada, pero sí el máximo exponente de la decadencia que viven muchos de los jugadores béticos.

Decía Nogués hace dos días que no entendía cómo el bético podía perjudicar a sus jugadores, en alusión a los pitos de la afición durante el transcurso del encuentro frente al Atlético de Madrid. Pues bien, señor Nogués, eximiéndole a usted de cualquier responsabilidad dado que ha sido el último en llegar, debe comprender que lo que realmente ocurre es justamente lo contrario: son los jugadores los que perjudican a sus sufridísimos seguidores, tanto a los que van al campo como a los que se dejan el dinero en el PPV, a los que ven los partidos gratis y a los que, simplemente, se dedican a seguirlos. El bético está harto, pero harto de verdad. La afición está cansada después de tantos años de sinsabores -agravados además por cómo se están haciendo las cosas en el eterno rival-, y no puede más que mostrar su enfado y su insatisfacción domingo tras domingo, algo que no solamente es lícito sino, además, perfectamente comprensible.

Hasta hace pocos domingos el principal centro de las miradas de la gente era el palco, merced no sólo a los fallos en la dirección del club -que los ha habido y bastantes, eso es innegable- sino muy especialmente a la muy eficaz campaña que ciertos medios de comunicación locales llevan orquestando desde hace ya varios años contra el máximo accionista, Manuel Ruiz de Lopera. Con lo acontecido el pasado verano -Lopera accedió a todas y cada una de las peticiones de fichajes de Paco Chaparro, aprobadas por los aficionados de manera unánime- se ha visto que, si bien la junta directiva tiene una parte importante de responsabilidad -no podemos olvidar los numeritos con Betis Sport o con el supuesto jeque árabe-, ellos no son precisamente los máximos culpables de lo que ha venido ocurriendo deportivamente hablando en el Betis; o por lo menos no los únicos.

«Loperadas» aparte, urge una profunda y acertada renovación de la plantilla para la temporada que viene, tanto si se está en Primera como si se milita en la actualmente llamada Liga Adelante por mor de los patrocinadores. Es lo principal, más allá de la venta de las acciones y demás cuestiones administrativas -digan lo que digan los medios de comunicación sevillanos-, para que el Betis comience a moverse al menos por aguas más tranquilas. Ojalá se produzca estando el equipo, al contrario que en 2000 -la época, entre otros, de cánceres como Solozábal y veteranas glorias ya desgastadas físicamente como Alexis-, entre los veinte conjuntos que conforman la élite de nuestro fútbol. Se puede conseguir porque se está a tiempo y se sigue dependiendo de uno mismo; pero lamentablemente no podemos ocultar la cruda realidad: hoy en día la actitud que muestra el Betis en los encuentros que disputa no es otra que la de un equipo de Segunda.

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Poesía no para niños… sino de niños

La presente entrada de blog va dedicada especialmente a mis queridas amigas Irene, la historiadora leonesa, gran admiradora y gran amante de la figura de García Lorca; y Lau («Casandra»), quien desde su puesto de profesora de Secundaria de Lengua y Literatura me consta que consigue inculcar poco a poco a sus alumnos un importante interés por las obras y la creación literaria, entre otras cosas.

El barranco de Víznar, la tierra donde yace García Lorca. Foto: propiedad de Irene García

El barranco de Víznar, la tierra donde yace García Lorca. Foto: propiedad de Irene García

«Está verde, andaluz,
con sangre de pena granaína.
Con agua clara reluce
bajo el misterio de Granada.
¡Oh! ¿Qué agua ha sido?
¿Qué color? ¿Qué fuente?
¡Oh, Víznar!
Allí en Víznar sólo veo tristeza,
agua de una fuente
que llora por su amante».

Esto no lo escribió un poeta consagrado, ni tan siquiera una joven promesa de la poesía.

Hace un par de días, de pura casualidad, encontré en la biblioteca de casa un ejemplar de un modesto librito que escribieron un grupito de alumnos de Tercero de EGB del colegio «Josefa Navarro Zamora» de Coria del Río -localidad que, para el que no lo sepa, está en el Aljarafe sevillano a 6 kilómetros de Almensilla, donde yo vivo-, donde mi padre estuvo dando clase durante el curso 1981-82. El libro se titula Para ti, Federico, y se compone de una serie de poemas en recuerdo del gran Federico García Lorca.

Inmediatamente me puse a ojearlo, y puedo decir que, pese a tener apenas ocho años, aquellos niños tenían mucho talento; se notaba que su maestro -que no era mi padre, dicho sea de paso, aunque por su labor pudo haberlo sido- había conseguido introducirles un importante amor por la poesía en general, y por Federico en particular.

Niños escribiendo. Foto: www.biblioredes.cl

Niños escribiendo. Foto: www.biblioredes.cl

Lo que acabo de contar sucedía hace 27-28 años, en una época en la que, tanto en mi pueblo como en muchas de las localidades de sus alrededores se estilaba por parte de un grupo de amantes de las letras en general no ya una ilusión por acercar la cultura popular literaria a los habitantes de los pueblos, sino sobre todo a los niños en las escuelas. Por desgracia, hoy en día no puedo decir que la mayor parte de las nuevas generaciones de profesores muestren un interés similar a los de los primeros años de la Transición por realizar en clase actividades de este tipo, probablemente porque las perspectivas de la docencia tanto en Primaria como en Secundaria han variado notablemente a peor tanto por parte de los profesionales como de los chavales y sus padres, gracias sobre todo al deficiente sistema de educación LOGSE que actualmente tenemos, con el que los alumnos gozan a veces frente a los profesores de una impunidad realmente exagerada, y también al escaso grado de interés por la profesión que muestra una cantidad más o menos significativa de los nuevos y futuros profesores. Resumiendo, el futuro en este sentido no parece el más esperanzador.

Sin embargo, al menos en la materia que a mí me incumbe, hay ciertas excepciones en los casos de algunos jóvenes docentes de Lengua y Literatura que, a pesar de las adversidades, todavía muestran e intentan contagiar a sus alumnos dicha ilusión por diversas actividades interactivas, como la escritura creativa -ya sea a través de la poesía, los cuentos o el teatro- y otras propuestas alternativas. Esto me lleva, inevitablemente, a rememorar las reflexivas palabras que el personaje del «Pirata» -interpretado por Pedro Reyes– le dice al «Maki» –Andrés Pajares– en el final de esa gran película -aconsejo a quien aún no la haya visto que lo haga- que es Makinavaja, el último «choriso» , por mor de un motivo diferente en la misma pero igualmente válidas para lo que trato aquí: «Ha sido emocionante, ¿eh? Reconforta ver cómo las nuevas generaciones mantienen vivo el rescoldo de las viejas tradiciones. Eso le hace a uno pensar que a lo mejor no todo está perdido«. Posiblemente eso mismo termine sucediendo en el mundo de la enseñanza, gracias principalmente a esas excepciones mencionadas. Amén.

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De periódico deportivo serio a «panfleto de pueblo»

Confieso que, como tantos otros, desde joven me he considerado un fiel lector del diario Marca. Me parecía un diario serio, profesional y que día tras día nos ofrecía a sus lectores la más completa información deportiva, por muy tópica que parezca esta frase.

Sin embargo, de un tiempo a esta parte, estoy comprobando con más indignación -especialmente profesional- y nostalgia que otra cosa, cómo el rotativo que aún sigue siendo el de mayor referencia en España al continuar, de momento, como el más leído, se está convirtiendo en algo parecido a lo que el ínclito José María García afirmaba en sus tiempos que era su más inmediata competencia -el diario As-: un tebeo deportivo, especialmente al hablar del «deporte rey».

Portada de Marca en enero de 1994

Portada de Marca en enero de 1994


Hasta hace pocos años Marca era una publicación seria y rigurosa, con una línea editorial claramente definida y remarcada -siempre pro-madridista-, pero al mismo tiempo con una objetividad reconocida y alabada por todo el mundo, empezando por mí que no es que tenga una ideología futbolística precisamente a favor del Madrid. Además, para atender también las peticiones de los lectores de aquellas provincias que no son Madrid, contaban con el mejor y más amplio suplemento de información deportiva local -no solamente futbolística- que podía encontrarse en una publicación nacional.

Pero, como estoy comentando, sobre todo desde que hace un par de años se produjo la asociación entre Unedisa -grupo propietario de El Mundo- y Recoletos -idem con Marca-, constituyéndose el nuevo grupo mediático Unidad Editorial -todo ello bajo los tentáculos del grupo italiano RCS-, el diario madrileño paulatinamente ha ido perdiendo la credibilidad bien ganada durante más de 60 años de historia. Lo que antes era un periódico con una clara línea editorial, pero serio, se ha transformado en un panfleto desprovisto de cualquier atisbo de objetividad y, lo que es peor, totalmente exento de rigor e incluso de coherencia en el 80-85% de las veces. Por no hablar de que, desde el momento que he mencionado, Marca se ha cargado de un plumazo las ediciones locales. Actualmente, la información de los equipos de las ciudades que no son Madrid a las que llega el periódico diariamente -por lo menos es lo que sucede en Sevilla- no pasa en el 90% de las ocasiones de una página, y a veces ni tan siquiera llega a media.

Portada de Marca de hoy

Portada de Marca de hoy


No voy a entrar a valorar el particular tratamiento que se le otorga desde los medios del «mundo Marca» -diario, web y radio- al equipo sevillano del que me declaro seguidor desde que tengo uso de razón, para que no se me acuse de un partidismo similar al que yo denuncio; ni tampoco me voy a centrar en ejemplos que se puedan considerar excesivamente rebuscados; voy a analizar brevemente la información del partido de ayer del F.C. Barcelona emitida esta mañana a través de su portada y su editorial, comparándola no ya con la competencia, sino con la crónica de dicho encuentro publicada en la propia web del diario.

Veamos algunas de las frases de dicho editorial:

«El penalti clamoroso de Valdés a Marco Ruben sin pitar o el que señaló por mano involuntaria de Casado son sólo dos ejemplos de la diferente vara de medir de los colegiados para el Barça y su rival. Por no hablar del gol anulado a Ersen Martin en posición dudosa o lo que pudo ser penalti y expulsión de Sylvinho por mano en dos jugadas en las que Iturralde barrió claramente para casa. Después de analizar todo esto nos tenemos que preguntar si el Barça va a ser campeón… ¿por decreto?»

Comparemos ahora esto con lo narrado ayer por Miguel Ángel García en la web:

«Poco después la tuvo Lamas en el saque de una falta, pero Sylvinho la cortó con la mano. Fue totalmente involuntaria porque el balón impacto en su mano estando él de espaldas.»

«Algo más dudosa fue la acción en la que chocaron Víctor Valdés y Marco Ruben al poco del inicio de la segunda parte. Los onubenses reclamaron penalti, pero apenas hubo contacto y en todo caso fue un choque. »

En las otras dos jugadas sí que coinciden, aunque el tono empleado -como se puede ver en los enlaces- es radicalmente diferente; mientras que, por otra parte, el diario «se olvida» de que en el mismo partido se le anuló un gol a Thierry Henry por un fuera de juego tan poco claro como el del gol no concedido al Recreativo, algo de lo que sí se hace eco el cronista de la web, al que a este paso le van a dar un «toque» por haber visto otro partido diferente al de sus jefes.

Pero bueno, no quiero entrar en valoraciones arbitrales -aunque tengo mi opinión sobre todas las jugadas polémicas-, porque no viene al caso. Quedémonos con el tono claramente subjetivo y parcial del diario en el ejemplar repartido esta mañana en los kioscos, y también con la falta de coherencia entre la visión del partido del diario y la de la web del propio periódico. Es un ejemplo -si se me apura, el caso en el que más han rizado el rizo- de la línea que viene siguiendo Marca especialmente después de la creación de Unidad Editorial.

Hace ya meses que me he pasado a la competencia porque, por lo menos, aunque el diario As sea para los temas ideológico-parcialistas prácticamente igual -y lo mismo le ocurre a la prensa catalana con el Barcelona-, al menos te asegura una edición local decente. Pero como seguidor que he sido de Marca durante muchos años y, sobre todo, como licenciado en Periodismo que soy, esto es algo que me causa pena pero, como dije al principio, especialmente indignación y vergüenza, sobre todo vergüenza profesional.

Ah, por cierto, y en las noticias de los deportes minoritarios también meten la pata. Los seguidores de la gimnasia artística sabíamos perfectamente que la clasificada para la final era Ana Mª Izurieta y no Ana Serra; pero los responsables de Marca prefirieron hacer caso directamente a las agencias antes que contrastar la noticia. Muy mal, pero que muy mal…

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La filología hispánica y los nuevos planes de estudios

Fernando Lázaro Carreter a El País, 9-2-1996, cita que recoge Álex Grijelmo en su libro Defensa apasionada del idioma español:

«Es una barbaridad. La lengua española está maltratada en los planes de estudios. Es una actitud casi suicida de la sociedad el renunciar a un idioma mejor. Someter a la población a una pobreza expresiva enorme supone separar a algunas personas para que nunca asciendan en la escala social. Vamos de mal en peor. La muestra del retroceso es que multitud de chicos, incluso universitarios, no entienden el lenguaje del profesor. Son generación de jóvenes mudos, que emplean un lenguaje gestual, interjectivo y de empujón. Esta situación hay que denunciarla. Ya sé que parecería ridículo si un partido político inscribiera en su programa semejante reivindicación; sin embargo, no sería, ni mucho menos, insensato».

Si don Fernando viviera hoy en día, además de reiterar lo que expresó en su momento, haría referencia a cómo los nuevos planes de estudios universitarios -EEES o «Plan Bolonia»- pretenden retirarle a la carrera de Filología Hispánica la autonomía propia de la que gozaba hasta este momento, englobándola junto al 95% de las otras filologías en una carrera común de humanidades, solamente porque de unos años a esta parte tiene pocos alumnos matriculados y «no sale rentable».

Para que nos entendamos: lo que antes costaba cinco años de matrícula a un precio no barato, pero visto lo visto más o menos normal -una licenciatura en Filología Hispánica-, ahora los dos últimos -los del llamado «grado» o especialización- se van a tener que cursar a precio de master, que no es precisamente asequible y a cuyas becas no pueden acceder todos.

¿Es así como pretendemos defender nuestra cultura y nuestra identidad lingüística? ¿Es así como pretendemos transmitir nuestra histórica y muy vasta riqueza literaria-y la de los países de Hispanoamérica- a las próximas generaciones de estudiantes?

No soy «sectario» ni nada que se le parezca sobre los asuntos relacionados con el Plan Bolonia: es más, algunos de sus puntos me parecen muy acertados, principalmente el de la unificación de programas con las universidades europeas; sin embargo, al menos en éste, en España estamos patinando, pero bien.

Señores políticos, aún están ustedes a tiempo de frenar este craso error, esta soberana aberración. Piénsenlo, por el bien de la cultura filológica de los países hispanoparlantes, y por nosotros mismos.

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¿Relevo después de casi dos décadas?

Leo esta mañana en los periódicos que Manuel Chaves se va a incorporar al gobierno de Zapatero, probablemente como uno de los vicepresidentes terceros junto a Fernández de la Vega y Elena Salgado, la sustituta de Solbes. Su sustituto en la presidencia de la Junta, según se comenta en El Correo de Andalucía, parece que será el hasta ahora vicepresidente segundo, José Antonio Griñán.

Chaves lleva gobernando en la comunidad autónoma andaluza desde 1990, cuando sustituyó a José Rodríguez de la Borbolla; y, sin confirmarlo del todo, me atrevería a decir que es el líder político que más tiempo seguido se ha mantenido en el gobierno de su región, incluso más que Fraga en Galicia, dado que el dirigente popular, por sorprendente que parezca para el que no sea muy mayor y no esté tan metido en política, ha estado cuatro años menos que Chaves, ya que ambos llegaron a la vez, pero sin embargo Fraga, como todos sabemos, tuvo que dejar el gobierno de la Xunta después de la alianza en 2005 entre el PSOE y el BNG.

Hay quien insinúa -por ejemplo ABC– que Chaves deja el Palacio de San Telmo en el mejor momento para él, evitando prácticamente una derrota casi segura en 2012 tras la pujanza del PP en tierras andaluzas, apuntándose incluso la posibilidad de unas elecciones anticipadas. No lo sé; como tampoco puedo saber si el tiempo que esté Griñán al frente de la Junta -sean tres años, siete, once o los que se estimen pertinentes- supondrá más de lo mismo o no.

Probablemente la respuesta sea «sí», porque en el fondo todos los políticos, sean de derecha o de izquierda, prácticamente son iguales; pero, al menos, éste vuestro humilde servidor -y muchos jóvenes también- verá una cara nueva en el gobierno andaluz, puesto que desde que tengo uso de razón llevo contemplando el mismo rostro y leyendo siempre el mismo nombre justo antes de la aposición «Presidente de la Junta de Andalucía».

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¿Para cuándo el teatro clásico español en los «Max»?

Ayer se celebró en el Teatro Cuyás de Las Palmas de Gran Canaria la gala de los XII Premios Max de las Artes Escénicas.

En ella volvió a triunfar el teatro contemporáneo, resultando galardonados, entre otros, el grupo Animalario -con Alberto San Juan y Javier Gutiérrez entre los premiados- y Carmen Machi, todos ellos rostros mucho más conocidos por sus pinitos -pocos- en el cine pero, sobre todo, por sus exitosos trabajos televisivos.

Alberto San Juan -incluyendo un emotivo y reivindicativo discurso sobre la inmigración- recibió el premio a la mejor adaptación de obra teatral por Argelino, señor de dos amos.

Javier Gutiérrez, el recordado cuñado del Fiti en Los Serrano y que actualmente interviene en Águila Roja, fue elegido mejor actor por la misma obra; mientras que Carmen Machi -más conocida por todos como «Aída»- recibió el Max a la mejor actriz protagonista por La tortuga de Darwin.

Después de esto, creo que debo plantear un par de preguntas sobre las que reflexionar. Sin desmerecer ni mucho menos ni el trabajo de estos televisivos y populares actores -notables cómicos a los que les doy la enhorabuena- ni la calidad de las obras contemporáneas ni de las adaptaciones teatrales de obras de otro género, ¿cuándo estará presente de nuevo el teatro clásico español en los Max? Y, aunque su prestigio entre el público entendido seguirá siendo el mismo, ¿cuándo se les otorgarán estos premios a los verdaderos actores de teatro? Porque hace años ya, señores…

Está muy bien, más aún si las galas son televisadas, que los premios más importantes del teatro español tengan en cuenta estos rostros tan conocidos para el gran público, sobre todo para captar al mayor número posible de espectadores; pero en honor a la verdad, me cuesta creer que los Daniel Albaladejo, Nuria Mencía, Arturo Querejeta, Paco Merino, Joaquín Notario, Montse Díez, Pepa Pedroche o, en la dirección y adaptación, Eduardo Vasco, nunca sean merecedores ni tan siquiera de un sitio entre los finalistas.

Menos mal que, por lo menos, el Max de Honor se lo dieron a Miguel Narros. Aunque, visto lo visto, si a Almodóvar le diera por meterse a director de escena…

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