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Vacaciones León-Galicia-Vitoria (1)

PRIMER DÍA: LUNES 27-7-2009 (Sevilla-Madrid-León)

Por fin llegó el tan esperado día. Un año entero tuve que esperar para poder hacer el periplo ideado para el verano de 2008, que no se pudo llevar a cabo finalmente por distintas razones. Había muchas ganas de ver cara a cara por primera vez a dos personas ciertamente especiales para mí en los últimos años: Irene, la historiadora de León; y Untzizu (pronúnciese «Unchisu»), la vitoriana, uno de los seres más peculiares y más entrañables que te puedes echar a la cara. Y como en este período de tiempo di con quien, entre otras cosas, me ayudó a abrir este espacio (miss Cristina-«Calítoe.:.»), la ruta se amplió un poco tanto temporal como espacialmente, ya que las tierras gallegas quedaron incluidas en el itinerario.

Así pues, éste iba a ser el compuesto por los territorios de León, Galicia y Vitoria, con una breve escala en Madrid el primer día para estirar las piernas.

Yo, con mi querida amiga historiadora

Yo, con mi querida amiga historiadora

Con todo ello, el 27 de julio salí desde la estación de autobuses «Plaza de Armas», con destino León. Huelga decir que durante casi toda la jornada estuve viajando, y que además llegué a León algo más de un par de horas más tarde de lo previsto porque cuando el Socibus arribó en Madrid a las 14:30 no encontré plaza en el primer Alsa que debía salir hacia tierras leonesas, el de las 15;30, con lo que debí aguardar un par de horas más. Durante ese tiempo comprobé que el calor de Madrid era inferior al de Sevilla, cierto es, pero escasamente por 3 ó 4 grados; así que me metí en el Corte Inglés de Méndez Álvaro para hacer un poco de tiempo y estar fresquito.

Finalmente, a las 21:30, más de 11 horas después de haber tomado el autobús en Sevilla, llegué a León, donde estaban Irene y David esperándome. Fue el primer momento especial del viaje, ya que hace casi dos años que empecé a entablar conversación con Irene y, como he dicho antes, ya había ganas de conocerla, porque han sido muchas las vivencias compartidas entre ambos a lo largo de ese tiempo pese a no vernos en persona.

Ambos me condujeron, en el coche de él, al hostal donde me iba a alojar las tres noches siguientes, el hostal Quevedo, situado en la calle peatonal que lleva el mismo nombre, muy cerca del centro histórico de la ciudad. El hostal está bastante bien, con habitaciones no demasiado grandes pero muy agradables y acogedoras y, sobre todo, a buen precio. Solamente le pongo una pega: el habitáculo de la ducha parecía una ratonera, un sitio minúsculo en el que se veía que una persona corpulenta como yo iba a tener algún que otro problemilla para moverse como así fue; pero por lo general no me puedo quejar del sitio, buscado por mis propios anfitriones.

Después de esperarme en el hall unos cinco minutos -el tiempo suficiente para dejar las cosas y coger lo necesario-, Irene y David me llevaron a dar la primera vueltecita del viaje, en este caso por el llamado Barrio Húmedo de León, el lugar de fiestas y celebraciones habituales, aunque al pasar por allí un lunes estaba bastante tranquilo. Eso sí, el excelente tiempo que hacía por allí -un fresquito que era como una bendición divina- hizo que hubiera gente que se animara a dejarse caer por allí para tomar algo, justo lo que hicimos nosotros.

Y tras el paseo por el Húmedo optamos por el toque de queda. No era una hora demasiado tardía -23:40-, pero a la mañana siguiente David madrugaba para trabajar, y además yo también estaba un poco cansado de tantas horas en el autobús; así que nos fuimos hacia nuestros respectivos dominios. Al día siguiente tendría lugar la primera gran jornada de turismo leonés.

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