Archive for category Cultura y espectáculos

Fallece, a los 87 años, José Saramago

José Saramago, uno de los últimos grandes mitos de la literatura mundial y Premio Nobel de literatura en 1998 -el primero en lengua portuguesa- nos ha dejado esta misma tarde, con 87 años de edad.

Saramago ha fallecido en Lanzarote, donde él residía habitualmente desde hacía unos años, según ha informado Alfaguara, editorial que habitualmente publicaba sus obras en España.

Los restos mortales se velarán esta misma tarde a partir de las cinco en Tías, la localidad lanzaroteña donde vivía, y en cuya biblioteca -que lleva su nombre- quedará instalada la capilla ardiente.

Saramago presentaba un delicado estado de salud desde hacía un par de años, lo que no le impidió publicar a finales de 2009 Caín, su última y polémica novela, en la que se muestra, como en prácticamente toda su carrera como escritor, en plan genio y figura. Siempre crítico con la iglesia católica, las injusticias y los económicamente poderosos fueron sus «blancos» más habituales.

Su legado literario, que no ha dejado indiferente a nadie, muestra títulos como El año de la muerte de Ricardo Reis, El evangelio según Jesucristo, Ensayo sobre la ceguera, La balsa de piedra y La caverna. Gracias a éstas y a muchas más obras, Saramago siempre permanecerá vivo en nuestra memoria, como corresponde a uno de los mejores escritores y más fascinantes personajes que ha dejado la historia y la literatura en el siglo XX y principios del XXI.

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En homenaje a don Antonio Ozores

Era algo que tenía pendiente; de hecho ni me había enterado del suceso hasta hace algunos días -mis obligaciones mundialistas, que me tienen ciertamente atareado-. Como supongo que más de uno bien sabrá, don Antonio Ozores, otro de nuestros más grandes actores y cómicos nos dejó el pasado 12 de mayo, a los 82 años, tras una larga enfermedad.

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Actor de cine -no sólo en la época del destape-; actor de teatro -siguió en activo hasta su muerte con la obra El último que apague la luz-; y cómico. De todos los espectadores mayores de 30-35 años son recordadas sus estelares actuaciones, por ejemplo, en el mítico Un, dos, tres, con su humor alta y genialmente absurdo basado en su lenguaje ininteligible. Todo ello durante más de setenta años de carrera entre escenarios, pantallas de cine y platós de televisión, los cuales tuvo el placer de compartirlos, entre otros, con sus hermanos José Luis y Mariano; su hija Emma y su sobrina Adriana.

Desde este espacio, como vengo haciendo con todos los grandes personajes de nuestras diferentes artes de los que nos vamos despidiendo, le doy un modesto pero sentido homenaje, con una de sus actuaciones en el Un, dos, tres, y un cameo más reciente en la excelente serie de Camera Café:

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No me cabe la menor duda de que quien quiera que mande allá arriba se lo estará pasando cada vez más genial, con tanto gran artista que, últimamente, se despide del mundo de los vivos.

Descanse en paz, don Antonio…

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Lo que le faltaba a Eduardo Vasco

La Compañía Nacional de Teatro Clásico está en huelga, en un paro indefinido por culpa, según los trabajadores, de la actitud despótica en el trato y derrochadora en su gestión de Eduardo Vasco.

http://www.abc.es/20100520/cultura-cultura/compania-nacional-teatro-clasico-20100520.html

Ay, Eduardito… anda que vas a tener una buena despedida como director de la Compañía. Con lo buen profesional que siempre has sido -salvo tu pifia con La Estrella de Sevilla– y con lo bien que siempre te has portado con servidor y sus amigos, cómo diablos les puedes hacer esto a tus trabajadores…

Lau (Casandra), gracias por el enlace.

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Siempre nos quedarán los «Miura»

Con este artículo me adentro por primera vez, de forma ocasional, en un espectáculo de los considerados hoy en día como «políticamente incorrectos»; pero al que, pese a no ser un aficionado acérrimo, cada año consigo acercarme un poco más y apreciarlo como es debido, gracias a la influencia de mi querido señor padre. Me refiero, claro está, al arte de la tauromaquia.

Pero ni pretendo hacer una loa exageradamete panegírica ni que esto sea una crónica de toros estrictamente dicha; entre otras cosas porque, pese a que cada vez aprendo un poco más, no creo tener los conocimientos adecuados para, más allá de símiles como el de ayer del partido del Betis, relatar paso por paso los pormenores de la lidia. Mi intención es hacer mención especial a la más clásica y más mítica de las ganaderías que existen en la actualidad, la de Miura.

Año tras año los astados correspondientes al histórico encaste sevillano son los encargados de cerrar el ciclo de festejos en La Maestranza correspondiente a la Feria de Abril; una Feria en la que, salvo el magnífico hacer de El Juli, José María Manzanares y Morante de La Puebla (éste en la última de sus tardes), y el atisbo de resurrección de un artista como El Cid (el torero que, allá por Mayo de 2006, me levantó con una puerta grande en Madrid el ánimo que, por motivos personales, tenía por los suelos), este no se han visto grandes cosas. Debíamos encomendarnos, como en otras ocasiones, a los «Miura».

Historia pura del toreo
Desde 1842 la ganadería fundada por Juan Miura, con su clásica divisa verde y oro, ha venido forjando una leyenda basada fundamentalmente en tres aspectos: la bravura, el gran tamaño de sus toros, y su facilidad de aprendizaje. De todo aquel que siga la denominada fiesta nacional es conocido el dicho famoso de que «los toros de Miura tienen memoria»; es decir, que raramente caen más de una vez en el engaño tanto del capote como de la muleta, lo que desconcierta a los toreros, que no tienen más remedio que saber dominar el miedo justificadamente causado por unos morlacos de aproximadamente 600 kilos de media que les tienen perfectamente fijados al tercer muletazo que reciben.

No es de extrañar, pues, que los «Miura» vayan unidos a la muerte de varios de los más grandes matadores de la historia (el más célebre, Manolete, en 1947); porque con estos animales la batalla en el ruedo del hombre contra la bestia cobra una certeza inusual en el resto de las ganaderías por todo lo que acabo de comentar. Las de Miura son, por ello, corridas tremendamente incómodas para las grandes figuras (son faenas cuya importancia no se mide por orejas ni por puertas grandes, sino por lo que últimamente se viene a llamar «testiculina») que, desde hace ya muchos años, hacen todo lo que está en sus manos y algo más por evitarlas, quedando éstas para los toreros denominados «gladiadores».

Toros y toreros, sin más calificativos
En 2010 los encargados de jugarse la vida delante de los Miura han sido, como el año pasado, un veterano como José Pedro Prados, «El Fundi»; un bohemio (muy amigo de Morante) como el jerezano Juan José Padilla; y el extremadamente voluntarioso torero murciano Rafael Rubio, «Rafaelillo». Ellos lidiaron un total de cinco «Miuras» y un sobrero del Conde de la Maza, sustituto del único titular que debió ser devuelto por falta de casta, el 5º (segundo de Padilla).


De entre los cinco del hierro de la finca de Zahariche, hubo de todo: dos medianamente toreables, dos peligrosos y listos como ellos solos, y un Miura puramente clásico, casi asesino, que según los veteranos parecía más bien un toro de otras épocas. Éste no fue otro que el tercero, el primero de Rafaelillo; y el pobre torero murciano se las vio y se las deseó, sin huir en ningún momento, para salir vivo ante un animal que no se dejó torear, que le tenía fijado, que le soltó dos enormes pitonazos, uno en la axila y otro en el brazo derecho, y al que no veía forma de clavarle el estoque; entre otras cosas porque, como pueden ustedes imaginar, el bicho no es que se dejara precisamente. El público reconoció el enorme mérito de Rafaelillo con una ovación muy merecida.

Antes El Fundi y Padilla habían lidiado los dos Miuras listos y peligrosos, especialmente el del veterano torero de Fuenlabrada. Ambos se encontraron con unos animales que se dejaron hacer con el capote, pero que a la hora de tomar la muleta desarrollaron el sentido como es habitual en la ganadería para, sin tanta «maldad» como su hermano, estar más pendientes de los toreros que de la tela roja. A Padilla le fue casi imposible lucirse porque además su segundo, el sobrero del Conde de la Maza, ni tenía la casta de los Miura ni salió demasiado bien parado del tercio de varas, en donde se le picó excesivamente.

Pero ni El Fundi ni Rafaelillo querían irse de La Maestranza sin dejar su impronta. El fuenlabreño, un gran experto en la lidia de estos toros, consiguió embaucar, en la medida de lo posible, al cuarto de la tarde, con una faena de enorme importancia, de las de verdad; aunque dos pinchazos a la hora de entrar a matar frustraron la que hubiera sido una oreja de ley.

Como la que también estuvo a punto de cortar Rafaelillo, que no escatimó esfuerzos a la hora de exponerse ante el último de los Miura, el segundo de los hasta cierto punto toreables. El murciano mostró su valor y su calidad, pero también pinchó con el manejo del estoque y, además, cuando enterró el acero la resistencia del toro a echarse y su nerviosismo con el descabello hizo que faltara el canto de un duro para que le dieran el tercer aviso. Habría sido reglamentario, pero injusto e inmerecido.

Una corrida excelente por parte de toros y toreros, muy en la línea e lo que se le exige a los Miura, que pusieron un notable broche al ciclo taurino de la Feria en La Maestranza. Dentro de dos semanas empieza San Isidro, la feria de toros más importante del mundo, según dicen; aquélla en la que se dan cita todos los diestros que quieren llegar a ser algo.

No dudo nada de todo ello; pero hay algo que, un año más, va a echar mucho de menos el aficionado que se precie: los Miura. Porque la última ganadería de toros realmente clásicos hace años que no va a la Monumental de Las Ventas. ¿El motivo? Pregunten en la capital, porque por aquí abajo lo deconocemos.

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205º aniversario de H.C. Andersen

Hoy, hace exactamente 205 años, nació en Copenhague (Dinamarca) el que, con el tiempo se convertiría en uno de los más afamados escritores de cuentos infantiles, Hans Christian Andersen.

Entre sus creaciones más conocidas están El patito feo, La sirenita, El traje nuevo del emperador, o La princesa y el guisante. Andersen también hizo sus pinitos como novelista, dramaturgo y escritor de libros de viajes (uno de ellos publicado en España); aunque sin el mismo éxito y reconocimiento que sus cuentos. Paradójicamente, parece ser que Andersen obtuvo un mayor reconocimiento en el resto de Europa que en su propio país; y también que no mostró un especial interés por los cuentos que le hicieron internacionalmente famoso.

Durante la primavera de 1872 sufrió una caída de su propia cama, que le produjo una serie de heridas graves de las que no llegó a recuperarse; falleciendo tres años más tarde en su casa, cerca de Copenhague.

Como homenaje, dejo una de las mejores adaptaciones de sus cuentos, la de El patito feo, a cargo de Walt Disney:

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Fallece Miguel Delibes

El mundo de las artes y las letras españolas vuelve a estar de luto. Esta mañana nos ha dejado el que posiblemente es, hasta el momento, el último gran escritor de los considerados como clásicos de nuestra literatura en el siglo XX, Miguel Delibes.

El novelista y dramaturgo vallisoletano, nacido en 1920, ha fallecido esta misma mañana en su domicilio pucelano, tras una larga enfermedad y rodeado en todo momento de sus familiares más queridos, según informan las principales agencias de noticias.

Delibes, autor entre otras obras de El camino, Cinco horas con Mario, Los santos inocentes o El hereje -su última novela, publicada en 1998-, era miembro de la Real Academia de la Lengua desde 1973, así como también Doctor Honoris Causa por varias universidades. Durante los últimos años de su vida su nombre sonó para el Premio Nobel, pero finalmente no se le llegó a conceder.

Su obra, además de ser traducida a más de 30 idiomas, también fue adaptada al cine al menos una decena de veces. En su memoria, dejo este fragmento de la magnífica versión de Mario Camus de Los santos inocentes, con Alfredo Landa, Juan Diego y Paco Rabal, entre otros.

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Edito (13-3-2010): Precisamente, esta noche emiten por la 1 de TVE Los santos inocentes. Para quien todavía no la haya visto, se la recomiendo, porque refleja maravillosamente el espíritu de la obra de Delibes.

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El «Lazarillo de Tormes», ¿deja de ser anónimo?

Parece que el autor del Lazarillo de Tormes está a punto de salir del anonimato. Es lo que se extrae de la investigación realizada por la veterana paleógrafa Mercedes Agulló, la cual reflejan los compañeros de El Cultural -revista que se publica los viernes en el interior del diario El Mundo– en su edición de esta semana.Diego Hurtado de Mendoza

Según Agulló, con toda probabilidad el autor de la considerada primera novela moderna de la historia de nuestra literatura -publicada en 1554- y embrión del Quijote para muchos, es Diego Hurtado de Mendoza, conocido personaje del siglo XVI en España.

Para llegar a esta afirmación, la paleontóloga -cuya tesis versa sobre la imprenta y el comercio de libros en Madrid desde el XVI hasta el XVIII- se basa en un documento encontrado en el inventario de Juan López de Velasco, cronista e historiador del reinado de Felipe II. Este López de Velasco, cuenta Agulló, fue el encargado oficialmente de aplicar la censura a las correspondientes partes del Lazarillo, para que saliera del catálogo de libros prohibidos por sus obscenidades, adonde había caído en 1559; algo que, finalmente, ocurrió en 1573.

Pues bien, en dicho inventario se encontraba un lote numeroso de documentos acumulados por Hurtado de Mendoza, entre los que destacan dos líneas que dicen: «Vn legajo de correçiones hechas para la ynpression de Lazarillo y propaladia»

Lázaro y el ciego. Fuente: IES "Lazarillo de Tormes" de Escalona (Toledo)
Desde aquel momento -hace unos cinco años-, Mercedes Agulló se ha dedicado a la elaboración de un libro que aparecerá dentro de unos días, A vueltas con el autor del Lazarillo, en el que nos ofrece una hipótesis bastante seria, que tiene muchos visos de convertirse en teoría.

Esto es lo que viene a contar, resumidamente, el artículo de El Cultural que he mencionado al principio, y que firma Blanca Berasátegui. Para quien tenga curiosidad por leerlo completo, dejo el enlace de Internet; en el que se puede ver, bajo el retrato de Hurtado de Mendoza, el fragmento manuscrito donde se incluyen las dos líneas que llevan a pensar que él es el autor del Lazarillo:

http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/26742/El_Lazarillo_no_es_anonimo

A pesar de que valoro y alabo tremendamente el trabajo de Mercedes Agulló, reconozco que todavía soy algo escéptico y reticente con respecto a este hecho; pero de lo que no cabe la menor duda es de que, de confirmarse la autoría de Hurtado de Mendoza, se produciría una auténtica revolución en el mundo de la historia de las letras españolas; porque inmediatamente habría que reeditar no sólo el Lazarillo, sino también toda la extensísima bibliografía relacionada con nuestra literatura de los Siglos de Oro.

Por no decir también que la paleontóloga madrileña, a sus 84 años, pasaría inmediatamente a la historia al ser la que habría cambiado por completo uno de los axiomas por excelencia de la literatura española, algo que se nos viene enseñando desde nuestra pre-adolescencia como es el hecho de que el Lazarillo de Tormes es anónimo.

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Se nos fue Rafael de Penagos, uno de los grandes por excelencia del doblaje en España

El mundo de la poesía y, sobre todo, el de la interpretación, están de luto. Anoche nos dejó, en el hospital Gregorio Marañón de Madrid, a los 86 años de edad, uno de los más grandes actores españoles de doblaje, Rafael de Penagos. Rafael de Penagos (1924-2010), en 1999. Foto: Gustavo Cuevas/EFE

De Penagos, socio de honor de la Asociación de Actores de Doblaje de Madrid, comenzó su carrera a principios de los años 40, y deja un legado de más de mil trabajos. Entre los personajes a los que prestó su voz me gustaría destacar, por la parte que me toca, al Cardenal Richelieu D´Artacán y los Tres Mosqueperros; a Cervantes en Don Quijote de La Mancha ; a Dix, uno de los perros policía en La vuelta al mundo de Willy Fog -series animadas, todas ellas de gran calidad, que marcaron sobremanera mi infancia-; al Capitán Renault en Casablanca (doblaje 1983); al Ministro del Interior de La naranja mecánica; o al inolvidable Stan Laurel, «el Flaco», en las películas del mítico dúo redobladas a partir de los años 80.

Amante de Latinoamérica -vivió durante algunos años en Chile y Argentina- y amigo, entre otros, de Pablo Neruda, Juan Ramón Jiménez, Jorge Luis Borges o Rafael Alberti; Rafael De Penagos también cultivó de forma destacada la poesía. En 1964 ganó el Premio Nacional de Literatura con su libro Como pasa el viento; mientras que otras de sus obras más señaladas -de un total de 15- son Cartas a León Felipe, Orilla de recuerdos, Memoria de doce escritores, Retratos testimoniales, y Poemas a Consuelo, dedicado a su esposa -fallecida ya hace años- Consuelo Romero.

Con él se va una de las voces más reconocibles, más queridas y más admiradas del cine y la televisión en España.

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Eastwood y Freeman nos vuelven a emocionar

CRÍTICA DE CINE

PELÍCULA: INVICTUS
DIRECTOR: Clint Eastwood
GUIÓN: Anthony Peckham y John Carlin
REPARTO: Morgan Freeman, Matt Damon, Tony Kgoroge, Patrick Mofokeng, Matt Stern
GÉNERO: Drama histórico
NACIONALIDAD: USA
DURACIÓN: 134 minutos
CALIFICACIÓN: * * * * (Sobre 5)

Una vez más, Clint Eastwood vuelve a demostrar el porqué de su prestigio tan justamente ganado a lo largo de toda su carrera, con esta adaptación de la obra del periodista John Carlin El factor humano.

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No es su mejor título porque, en comparación con otros, adolece de pequeñas imperfecciones que hacen que, personalmente, me haya decantado por no otorgarle la cuarta estrella en mi calificación; pero la sensación que se desprende al ver Invictus es la de haber contemplado una historia muy bien planteada y magníficamente contada: la de cómo Nelson Mandela, tras salir de la cárcel en 1990 y tras ser elegido presidente de Sudáfrica en 1994, consigue unificar el sentimiento de un país -caracterizado durante siglos por el «apartheid» o discriminación racial- a través de su apoyo al equipo nacional de rugby (los «Springboks») y su participación en la Copa del Mundo de 1995, organizada por la nación sudafricana. El viejo Clint, una vez más, consigue llegar al corazón de la gente no ya por la historia en sí, sino también por su manera de narrarla.

Para ello se vale de la inestimable aportación de Morgan Freeman, que desempeña su papel de tal forma que el espectador, sentado en su butaca, realmente llega a dudar de si es él o es, verdaderamente, Nelson Mandela. La actuación de Freeman es sensacional, metiéndose por completo en la piel de Mandela y consiguiendo que veamos la imagen más fidedigna posible del histórico dirigente sudafricano. Freeman, además, tiene un perfecto complemento en Matt Damon, quien también borda su secundario papel como François Pienaar, capitán de los «Springboks», aquél que ayuda a Mandela a que cumpla su objetivo.

Asimismo, sobresaliente es la ambientación -desde la enorme diferencia existente entre los diferentes barrios de las principales ciudades del país, hasta la visita a la celda en la que, supuestamente, estuvo encerrado Mandela durante 27 años-, así como también la recreación de todas y cada una de las escenas de rugby, incluida la célebre «haka» maorí que bailan los jugadores de Nueva Zelanda antes de cada partido. Dichas escenas son fieles al 100% -inclusive las provocadamente ridículas patadas de inicio y reinicio del juego de los «All Blacks»- no ya sólo a lo que ocurrió durante aquella Copa del Mundo, sino también al desarrollo del deporte del balón ovalado. Posiblemente aquellos que no estén excesivamente familiarizados con el rugby tendrán algún problemilla a la hora de seguir la evolución de los diferentes encuentros a los que se hace mención, pero no demasiadas.

No obstante lo expuesto, debo comentar que uno de los fallos más visibles que tiene la película es la excesiva duración de la parte en la que se refleja la final entre Sudáfrica y Nueva Zelanda; es paradójico que lo destaque yo, que soy un gran aficionado al deporte en general, pero es lo que yo pienso. Obviamente, supongo que a los que compartan afición conmigo dicho fragmento no les resultará tan pesado como a los demás; pero para mí éste es uno de los pequeños errores que imposibilitan, junto a que no es una película hecha con excesivos alardes en general, que Invictus sea catalogada como una obra maestra.

Aún así, aseguro que el público se va a marchar más que satisfecho de la sala porque el film es propicio para ello. Y, pese a no verla merecedora del Óscar -principalmente por los fallitos a los que he hecho referencia-, me cuesta creer que la hayan dejado fuera de las nominaciones, más aún cuando el número de finalistas en la categoría de «Mejor Película» este año se ha ampliado a diez, en lugar de los cinco tradicionales.

Claro que mi sorpresa es relativa, conociendo los peculiares criterios que, en bastantes ocasiones, sigue la Academia de Hollywood a la hora de otorgar sus premios. Dejémoslo en cuestión de gustos…

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«El pícaro» o el buen gusto televisivo por los clásicos de los Siglos de Oro

Andábamos mi señor padre y yo las pasadas navidades por el centro de Sevilla buscando diversos regalos para dárselos, como cada año, a nuestros allegados más cercanos en éstas fiestas tan entrañables. Uno de nuestros lugares de visita, como no podía ser de otra forma, fue «El Corte Inglés» de la Plaza del Duque, más concretamente el edificio de libros, música, películas y demás.

Echando un vistazo por allí nos dimos cuenta de que, para nuestra grata sorpresa, había un «stand» dedicado a algunas de las grandes series producidas y emitidas por TVE, las cuáles estaban a precios de ganga. Rápidamente decidí hacerme con algunas de ellas para que le hicieran compañía a El Quijote de Cervantes (que pude comprar este verano en Madrid también a precio de risa) y, después de escoger la de Cervantes, mi padre me recomendó una de la que no había oído hablar, pero que tenía muy buena pinta: El pícaro

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Esta excelente serie, que mi padre y yo terminamos de ver hace pocos días y cuyo «alma máter» es Fernando Fernán-Gómez (director, protagonista y co-autor junto a su futura esposa Emmanuela Beltrán, más conocida como Emma Cohen, y Pedro Beltrán), se rodó en 1974 y está basada en los textos de algunos de los principales autores del género picaresco de nuestros Siglos de Oro: Cervantes, Quevedo, Mateo Alemán Espinel, Salas Barbadillo y el autor del Estebanillo González, además del francés Alain-René Lesage, conocido por la influencia de la picaresca española en la gran parte de su obra.

El pícaro consta de 13 capítulos, en los que se narran las aventuras de Lucas Trapaza (Fernando Fernán-Gómez), un pícaro ya veterano y curtido en mil batallas que, como todos los pícaros, tiene como gran objetivo en la vida sobrevivir intentando en la medida de lo posible no dar el callo trabajando, para lo que usa su ingenio, el cual le permite ir engañando a aquellos que, de una forma o de otra, se dejan timar. En la mayor parte de sus aventuras le acompaña un joven aprendiz llamado Alonso de Baeza (Juan Ribó) que, no obstante, después de haber sufrido en sus carnes más desventuras que otra cosa junto a Trapaza, termina por tomar un camino diferente.

La influencia de los autores más importantes de nuestra literatura es bien visible, como se puede comprobar en este fragmento encontrado en Youtube, en el que se observa de forma nítida el escenario característico de la conocida «novela ejemplar» cervantina Rinconete y Cortadillo (el patio de la cofradía del Señor Monipodio), así como algunos de sus personajes principales:

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Asimismo la serie cuenta con un reparto de grandes actores célebres que le dan una notable réplica a Fernán-Gómez, comenzando por un jovencísimo Juan Ribó (de moda ahora en la prensa del corazón pero que es un excelente intérprete) y siguiendo por otros que prestan su colaboración especial en algunos capítulos concretos: la propia Emma Cohen, Pedro del Río, Charo López, Juan Diego, Quique San Francisco, Luis Ciges, Luis Varela, Pilar Bardem, Mary Santpere o José Mª Pou, por mencionar a algunos de los más conocidos.

Además, como dato anecdótico, esta serie supuso el debut de Javier Bardem quien, con 4-5 años, sale brevemente en el capítulo antes mostrado, como el joven Alonso. Pilar Bardem (que es el personaje de «La Cariharta») se lo llevó al rodaje (supongo que porque no pudo dejarlo al cuidado de nadie), y como les faltaba un niño pues ahí estuvo ella para meter a su «Javito»:

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En resumen, que con El pícaro (obra que, por supuesto, recomiendo no ya sólo a quienes hayan estudiado los Siglos de Oro de la literatura española sino, en general, a todo el mundo) se pone de manifiesto, una vez más, la importante labor que siempre ha desempeñado TVE en el conocimiento y la difusión de nuestros grandes clásicos. Una difusión que, sin desmerecer para nada el tipo de series que se hacen hoy en día (basadas más en hechos históricos, y algunas de ellas muy buenas), personalmente echo bastante de menos.

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