Palabra de Millás… y Juan Diego



CRÍTICA TEATRAL

OBRA: LA LENGUA MADRE
AUTOR: Juan José Millás
REPARTO: Juan Diego
DIRECCIÓN: Emilio Hernández
LUGAR: Teatro Lope de Vega (Sevilla)
DÍA: 15-12-2012
AFORO: Algo menos de 3/4 de entrada
DURACIÓN: Una hora y 20 minutos
CALIFICACIÓN: * * * (Sobre 5)

La palabra, esa compañera permanente en nuestras vidas; ese ser etéreo que convive con nosotros desde poco después de amanecer ante el mundo por primera vez hasta que exhalamos nuestro último aliento; ese amigo que, en ocasiones, nos hace ser tan esclavos de él mismo como dueño absoluto de nuestros silencios…

En definitiva, la palabra; presentada y examinada con cariño por JUAN JOSÉ MILLÁS a través de las particulares divagaciones monologadas de un conferenciante que, inmediatamente, empieza a olvidarse de sus papeles y apuntes para compartir con el público una serie de anécdotas y experiencias particulares para terminar denunciando la transformación y manipulación que, quienes dominan el mundo hoy en día, han llevado a cabo de nuestro lenguaje más cercano.

O, lo que es lo mismo, de esa lengua madre que, en palabras del propio Millás, no es sino «el único tesoro que es patrimonio de todos, porque lo hemos construido entre todos. Y eso significa que todos y cada uno de nosotros somos coautores, por ejemplo, de El Quijote; aunque también de los discursos de Nochebuena del Rey. Vaya una cosa por la otra«. La palabra, como protagonista absoluta de la velada.

Y ahí, a modo de perfecto intermediario entre el emisor -el propio autor- y el receptor -el público asistente-, emerge la figura de JUAN DIEGO quien, con su dominio de la escena y de los tiempos, y con su vis cómica no excesivamente explotada pero visible y magistralmente mostrada a lo largo de su carrera cuando ha sido necesario, se convierte en el perfecto expositor y transmisor de las ideas del autor.

A sus 70 años recién cumplidos -el pasado viernes- este paisano aljarafeño de un servidor se encarga simplemente, de la mano de Millás, de hacer pasar un rato más que delicioso al personal. Porque si bien hay pasajes en los que el texto decae hasta volverse algo anodino, no es menos cierto que predominan, con diferencia, los momentos de sutil ingenio y fino sentido del humor no exento de crítica -antes al contrario-, llegando a su clímax en este último aspecto sobre todo con la feroz crítica final a la realidad social, cultural y económica de hoy en día. Siempre a través de y con la palabra como motivo principal de la misma.

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