CUARTO DÍA: JUEVES 30-7-2009 (Pontevedra)
Primer día en tierras gallegas. Pontevedra me recibió con un tiempo algo diferente del que había disfrutado en León: el calor que podía llegar a hacer por la mañana-mediodía y la suavidad de las temperaturas por la tarde y por la noche eran más o menos similares; pero en la ciudad en la que me encontraba desde la noche anterior se notaba una humedad bastante considerable; tal fue así que, como dijo Cristina, «si te quedas quieto tienes fresquito, pero como estés en movimiento, precisamente también por la humedad, llegas a sudar bastante».

Cristina-Calítoe.:. y un servidor
Sin embargo, a pesar de haber llegado a buena hora tuve que esperar para poder acceder al hotel. A mi entrada me recibió una muchacha joven, morena, guapa y de trato muy agradable, que al día siguiente supe que respondía al nombre de Paula. Era, obviamente, la recepcionista del turno de mañana-sobremesa. Cuando anuncié mi reserva Paula me dijo que a la habitación todavía le faltaba algo de tiempo para estar lista, porque como yo había anunciado que llegaría por la tarde-noche se estaban tomando las cosas con un poco de calma. No hubo problema; Cristina y la perrita Mandy todavía no andaban muy lejos, y pude pasar la hora que debía estar esperando junto a ellas, no sin antes dejar las maletas en el servicio de consigna del hotel, al cuidado de Paula.
Sobre la una y media pude por fin entrar en mi habitación, y acto seguido pasé unas horas de un cierto bajón, como si el cambio de presión atmosférica que estaba notando me estuviera afectando más de la cuenta. En un principio había quedado con Cristina a las 15:00 en su casa para ir con ella a su entrenamiento gimnástico y ver su club; pero como estaba hasta arriba de trabajo hubo cambio de planes, y me quedé en el hotel echándome una siesta. Menos mal, porque con el paso de los minutos descubrí que, a aquellas horas de día, yo no tenía cuerpo como para haberla acompañado al entrenamiento.

Con la iglesia de La Peregrina de fondo
A la tarde, después de la siesta, Cristina y Ciprian iban a venir a buscarme para dar una vuelta, y así llevarme a ver un poco la ciudad, por lo que, después de tomarme un buen zumo de naranja natural fresquito en la cafetería, allí estuve preparado para cuando llegaran. El paseo transcurrió principalmente por la llamada ciudad antigua, más concretamente por lugares como la Iglesia de La Peregrina -patrona de la ciudad-, la Plaza de la Ferraría, la casa de Valle-Inclán -en la Plaza de las 5 Rúas-, la Basílica de Santa María -allí dicen que se construyó la carabela Santa María- o las Ruinas de Santo Domingo, llegando prácticamente hasta la orilla del río.
A la vuelta nos paramos en uno de los bares a tomar algo, y allí observé que, a diferencia de lo que ocurre en las tierras del sur, a cada bebida le acompaña gratis una tapa más o menos pequeña. Era algo de lo que ya me había percatado en León, donde el procedimiento era exactamente el mismo que en Pontevedra. Ya podríamos aprender en Andalucía -y en otros varios lugares de España- a no ser tan cutres en ese sentido.
Fue una tarde muy agradable, en la que la flojera remitió bastante, aunque a mi vuelta al hotel ésta volvió a reaparecer en parte. Por eso, porque me quedaban dos días para ver un poco mejor la ciudad, y porque ya tendría tiempo para salir de verdad por la noche en Vitoria -como así sucedió-, decidí pasar la noche tranquilamente en el hotel. Después de comer algo en la cafetería -en la que también me atendieron muy bien-, me di una ducha y me entretuve con lo que estaban echando en la tele, más concretamente la última parte del capítulo del día del nuevo «Coche Fantástico«. Entretenido, pero donde se ponga la clásica pareja formada por David Hasselhoff y el clásico Kitt -con el no menos clásico y mítico Carlos Revilla en el doblaje al español-, que se quiten el cacharro ultramoderno éste que han puesto ahora, y el adolescentillo que lo conduce, porque no dan la talla.
#1 by Santino on 23 agosto 2009 - 11:13
Más bien podríamos aprender los sevillanos, porque en algunas provincias, como Granada o Córdoba, sí que es costumbre acompañar la bebida con una tapa a cuenta de la casa.