Federer entra un poco más en la historia


Roger Federer se ha proclamado, hace pocos minutos, campeón de Roland Garros. El tenista suizo ha aprovechado su gran ocasión y, con Rafa Nadal fuera de combate desde los octavos de final, por fin se ha impuesto en el gran torneo del Grand Slam sobre tierra batida.

Federer besa la Copa de los Mosqueteros. Foto: Marca.com

Federer besa la Copa de los Mosqueteros. Foto: Marca.com

Federer ha derrotado con cierta facilidad a la gran sorpresa del campeonato, el sueco Robin Soderling, verdugo de Nadal, por 6-1, 7-6 y 6-4, y entra un poco más en los libros de historia al vencer su 14º torneo del Grand Slam -igualando al gran Pete Sampras-, y al haberse convertido en el sexto jugador en haber ganado, al menos una vez, todos y cada uno de los cuatro grandes. André Agassi, último jugador que había logrado esto último hasta la fecha, le entregó la llamada Copa de los Mosqueteros -en honor a la gran generación de tenistas franceses de los años 30 así bautizada-, y se sintió muy orgulloso de haberle dado el relevo en ese sentido al que muchos consideran ya el mejor tenista de la historia.

Fue el resultado final de un partido en el que casi todo el mundo -empezando por los espectadores franceses de la pista central Philippe Chatrier-, incluyendo el propio Nadal, deseaba y esperaba la victoria de Federer. Más aún cuando Soderling, como suele pasar en estos casos cuando llegas a tu primera final y te enfrentas a uno de los dos primeros del mundo, tardó un set en darse cuenta de que estaba jugando toda una final de Grand Slam. 23 minutos y 6-1 para Roger en el primer parcial, verdaderamente un visto y no visto.

Afortunadamente para la calidad del partido, Soderling reaccionó en el segundo set, y pese a que no tuvo una sola ocasión de romper el servicio de Federer, al menos cuando le tocó sacar impuso su servicio, su derecha y su volea con bastante autoridad, logrando forzar el tie-break bajo una fina lluvia que amenazaba constantemente la continuación del duelo. En el desempate, no obstante, Federer arrasó, y con 4 saques directos y dos «minibreaks» encarriló definitivamente la final. 7-1 en el juego de desempate, 7-6 en el set, y Federer, más cerca de la victoria.

Federer se arrodilla sobre la pista tras ganar el último punto. Foto: Marca.com

Federer se arrodilla sobre la pista tras ganar el último punto. Foto: Marca.com

Ésta terminó de decantarse a favor del suizo cuando, en el juego inicial del tercer set, rompió el servicio de su rival, dedicándose de ahí en adelante a mantener el suyo. Soderling puso en jaque el servicio de Federer en algunas ocasiones, sacando de vez en cuando sus golpes y, también, aprovechando el nerviosismo del suizo, perfectamente consciente de que la victoria se iba acercando. Soderling llegó a tener un punto de break en el décimo juego, con 5-4 para Federer, después de que éste mandara fuera de forma garrafal y precipitada, una volea; pero Roger se centró, sirvió bien, volvió a volear y, después de un gran saque tras el que Soderling estrelló la bola en la red, se hizo definitivamente con la victoria. Todo ello ante la alegría tremenda de un público que, a falta de tenistas franceses de verdadero nivel, le ha mostrado su apoyo incondicional durante las dos semanas que ha durado el torneo; y ante la alegría todavía mayor de su esposa, Mirka Vavrinec, quien -con su hijo de 9 meses en su interior- fue la persona que peor lo pasó a lo largo del partido, como suele ser habitual.

Federer, al levantar la Copa de los Mosqueteros y mientras sonaba el himno suizo, lloró de emoción. No era para menos: su doble objetivo -coger a Sampras y vencer por vez primera en la tierra parisina- se había consumado, después de una temporada que, junto a la pasada, está siendo muy difícil para él. Además, le ha metido un buen recorte de puntos a la distancia que lo separaba de Rafa Nadal en la clasificación mundial, tanto es así que, si recupera si reinado en «su casa» de Wimbledon y Rafa no llega a semifinales, recuperará el cetro mundial.

Mientras tanto, Rafa espera en casa sabiendo que no está físicamente bien -su rodilla le hace ser duda para Wimbledon-, pero seguro de que, si llega a la hierba de Londres, volverá a sacar la raza para sobreponerse y continuar dando guerra a todos sus rivales. Amén.

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