Roger Federer se ha proclamado, hace pocos minutos, campeón de Roland Garros. El tenista suizo ha aprovechado su gran ocasión y, con Rafa Nadal fuera de combate desde los octavos de final, por fin se ha impuesto en el gran torneo del Grand Slam sobre tierra batida.

Federer besa la Copa de los Mosqueteros. Foto: Marca.com
Fue el resultado final de un partido en el que casi todo el mundo -empezando por los espectadores franceses de la pista central Philippe Chatrier-, incluyendo el propio Nadal, deseaba y esperaba la victoria de Federer. Más aún cuando Soderling, como suele pasar en estos casos cuando llegas a tu primera final y te enfrentas a uno de los dos primeros del mundo, tardó un set en darse cuenta de que estaba jugando toda una final de Grand Slam. 23 minutos y 6-1 para Roger en el primer parcial, verdaderamente un visto y no visto.
Afortunadamente para la calidad del partido, Soderling reaccionó en el segundo set, y pese a que no tuvo una sola ocasión de romper el servicio de Federer, al menos cuando le tocó sacar impuso su servicio, su derecha y su volea con bastante autoridad, logrando forzar el tie-break bajo una fina lluvia que amenazaba constantemente la continuación del duelo. En el desempate, no obstante, Federer arrasó, y con 4 saques directos y dos «minibreaks» encarriló definitivamente la final. 7-1 en el juego de desempate, 7-6 en el set, y Federer, más cerca de la victoria.

Federer se arrodilla sobre la pista tras ganar el último punto. Foto: Marca.com
Federer, al levantar la Copa de los Mosqueteros y mientras sonaba el himno suizo, lloró de emoción. No era para menos: su doble objetivo -coger a Sampras y vencer por vez primera en la tierra parisina- se había consumado, después de una temporada que, junto a la pasada, está siendo muy difícil para él. Además, le ha metido un buen recorte de puntos a la distancia que lo separaba de Rafa Nadal en la clasificación mundial, tanto es así que, si recupera si reinado en «su casa» de Wimbledon y Rafa no llega a semifinales, recuperará el cetro mundial.
Mientras tanto, Rafa espera en casa sabiendo que no está físicamente bien -su rodilla le hace ser duda para Wimbledon-, pero seguro de que, si llega a la hierba de Londres, volverá a sacar la raza para sobreponerse y continuar dando guerra a todos sus rivales. Amén.
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