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Un Tenorio más que respetable

CRÍTICA TEATRAL

OBRA: Don Juan Tenorio
AUTOR: José Zorrilla
COMPAÑÍA: Teatro Clásico de Sevilla
REPARTO: Moncho Sánchez-Diezma, Rebeca Torres, Roberto Quintana, Juan Luis Corrientes, Joserra Leza, Miguel Ángel López, Montse Rueda, Gina Escánez, Serafín Zapico, Paqui Montoya, Néstor Barea y Nacho Bravo
DIRECCIÓN: Teatro Clásico de Sevilla
LUGAR: Teatro Quintero (Sevilla)
DÍA: 30-10-2010
DURACIÓN: 90 minutos
CALIFICACIÓN: *** (Sobre 5)

Ni era la primera vez que veía el Tenorio, ni era la primera vez que veía la versión de Teatro Clásico de Sevilla; pero después de haber transcurrido cuatro años de la última la verdad es que ya me apetecía volver a verla y, de paso, satisfacer mi curiosidad por cómo iba a quedar el montaje debido al obligado -y provisional- cambio de escenario que habían tenido que hacer.

De la Iglesia de San Luis -en obras de remodelación- al Teatro Quintero; de la Macarena al mismo corazón de Sevilla; todo para ofrecer al público una puesta en escena bastante satisfactoria, pese a tener fallos más que visibles.

Para que con la crítica quede un notable sabor de boca comencemos por estos últimos, que no son sino los dos galanes principales; no tanto el Don Juan como, sobre todo, el Don Luis.

El Don Juan está ciertamente irregular, o al menos así lo estuvo el día al que corresponde este artículo. Deficiente en la primera parte de la obra -tres actos en los que, casi literalmente, es “engullido” por Don Gonzalo y por Doña Inés-, y más entonado en la segunda, con el panteón y las estatuas de fondo. Bastante mejorable en líneas generales, aunque no tanto como el Don Luis, sin duda lo peor.

Ambos actores -no digo nombres para no herir sensibilidades, aunque cada cual puede verlos en la octavilla de mano- tienen el dudoso honor de protagonizar la peor representación que estos ojos han podido ver jamás de la primera gran escena del texto, la disputa en la taberna de Butarelli entre Don Juan Tenorio y Don Luis Mejía por ver quién de los dos ha obtenido más conquistas femeninas y más cadáveres masculinos por sus viajes. Para tirarla a la basura, entre otras cosas porque allí ni se versificaba, ni se entendía lo que decían -qué rápido hablaban, por Dios-, ni casi se interpretaba. Como en casi todo el primer acto.

Por fortuna, lo negativo quedó ahí. Vayamos ahora con lo positivo, que de eso hubo bastante. En primer lugar hay que reseñar y alabar la extraordinaria actuación de Roberto Quintana en la piel de Don Gonzalo de Ulloa; y de Rebeca Torres con Doña Inés.

Quintana, un veterano actor con más tablas que todo el resto de la compañía junto, da toda una lección magistral sobre cómo dar empaque al popular comendador de la Orden de Calatrava, y también sobre cómo interpretar el verso de Zorrilla. Sólo por verle merece la pena pagar la entrada.

Otro tanto, aunque un poco a menor nivel, ocurre con Rebeca Torres. Creo que con decir que Doña Inés se come artísticamente a su Don Juan en la romántica escena en la finca de éste -la más clásica, más conocida, más representada y hasta más parodiada de toda la obra- estoy dando una clara muestra de cómo estuvo la novicia por excelencia del teatro español que nos ofrece la compañía sevillana. Y también es más que satisfactoria la relación artística entre Ciutti (Serafín Zapico) y la alcahueta Brígida (Paqui Montoya), tanto por su química como por su comicidad.

Pasando ahora a los aspectos más técnicos, el contraste entre el minimalismo escenográfico -todo negro, muy a lo Eduardo Vasco, y con los objetos precisos- y la exquisitez y clasicismo del vestuario -absolutamente de época- es algo, asimismo, muy loable.

Y el doble fondo utilizado, especialmente en los dos últimos actos, gracias a un fino telón negro hace que la imagen del escenario sea bastante lúgubre; es decir, la debida. Creo que huelga comentar que el Teatro Quintero no ofrece las mismas posibilidades que la Iglesia de San Luis, pero a pesar de todo Teatro Clásico de Sevilla ha sido capaz de solucionar este inconveniente de manera cuando menos notable.

En resumen, que por su seriedad, su sobriedad y la calidad de algunas de las interpretaciones el Tenorio que nos ha presentado este año Teatro Clásico de Sevilla merece que la gente se gaste los 18 euritos que cuesta la entrada en ir a verlo al Quintero, porque salvo por lo comentado al principio de la crítica nadie saldrá defraudado. Antes al contrario.

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