Recuerdos de un debut teatral


Ya sé que esto que voy a decir suena a tópico, y de los muy recurrentes, pero no puedo evitar hacerlo porque en esta ocasión es algo poco menos que inevitable: cómo pasa el tiempo

Ayer por la tarde-noche, cuando daba un paseíto por mi pueblo -como casi siempre, con el objetivo de desentumecer las piernas- me encontré, en el intervalo de unos 20 minutos, con dos amigas almensilleras –Rocío González y Laura Carmona– con las que, hace casi diez años, compartí elenco teatral. Porque, efectivamente, posteriormente recordé que ya mismo -el próximo día 29, como comprobé después, en casa- se cumplen diez años de la doble actuación que tuvimos en el pueblo. No hablamos de nada de eso -porque yo no había caído en la efeméride, claro-, solamente hablamos con brevedad de cómo iban nuestras vidas, tal y como se suele hacer en estos casos; pero el recuerdo de aquellos meses de preparación, y de aquellos dos días de actuaciones es inevitable cada vez que me cruzo con alguno de mis compañeros.

Fue aquél un proyecto que solamente duró un año y poco más, pero que nos sirvió para aprender mucho y para pasárnoslo muy bien. La Asociación Cultural «Tahona» nos ofreció a Rocío y a mí -socios del colectivo- allá por mediados de mayo de 1998 la posibilidad de formar un grupo de teatro que llevara este mismo nombre, y poco a poco fuimos reuniendo gente -entre hermanos de ella, amigos de los hermanos y demás gente del pueblo- hasta terminar con un elenco bastante apañado. Alberto, Domingo, José Manuel, Laura, Luismi, Sandra, Inma, Tere, José Luis… todos ellos junto a un servidor y junto a Rocío, que era quien se encargaba de la dirección escénica y general. El Grupo de Teatro Joven «Tahona», compuesto por gente entre los 18 y los 30 años aproximadamente, acababa de nacer.

José María Rodríguez Méndez

José María Rodríguez Méndez


Obviamente, dadas las fechas en las que nos encontrábamos -exámenes universitarios o exámenes finales del instituto y la Selectividad como sucedía en mi caso- apenas si hicimos nada hasta septiembre; pero por lo menos sí que elegimos la obra con la que íbamos a empezar. Una obra relativamente sencillita y no demasiado larga: La tabernera y las tinajas o Auto de la donosa tabernera, de José María Rodríguez Méndez. Después del verano, hicimos el cásting y comenzamos los ensayos.

El debut tuvo lugar un año después de nuestra primera reunión como grupo -finales de mayo de 1999– y, como no podía ser de otra forma, el lugar elegido fue nuestro pueblo, Almensilla. Programamos dos representaciones en una semana: la primera fue exclusivamente para los socios de «Tahona», teniendo lugar en la sede de la asociación y lugar de nuestros ensayos, el Centro de Cultura Popular «La Razón» . Ésta sirvió para romper el hielo de cara a la siguiente, la multitudinaria, en uno de los lugares emblemáticos del pueblo, la Plaza de la Concordia.

Y para que conozcáis con cierto detalle qué fue lo que ocurrió tanto en una actuación como en la otra, a falta de videos o imágenes gráficas del momento, os dejo un extracto del artículo que, pocos días después, escribí en el número 10 de la revista sociocultural Tahona, la de la asociación:

«Desde por la mañana estuvimos trabajando duro en «La Razón» para componer el escenario lo mejor posible. La incertidumbre ante los resultados que pudieran derivarse del debut se dejaba notar sobre todos los componentes del grupo, especialmente entre aquellos que nunca habíamos representado una obra de teatro a este nivel. Por la tarde, a eso de las 19:15, con la escenografía ya terminada, nos tomamos un descanso de aproximadamente una hora.

A partir de las 20:30 hasta que comenzó la obra, la tensión fue acentuándose; los nervios se mezclaban con la ilusión por salir a actuar. Uno tras otro fuimos pasando por el «salón de maquillaje» y, por fin, llegó la hora de la esperada actuación. Pienso que no salió mal para ser la primera vez, aunque también, hay que reconocerlo, tuvimos los fallos lógicos de unos aficionados. Al finalizar todo fueron felicitaciones con las que nos sentimos muy contentos, pero al mismo tiempo todos teníamos claro que el viernes siguiente, en la Plaza de la Concordia, teníamos que hacerlo mejor, porque siempre debemos superarnos y porque enfrente iba a estar un público bastante más numeroso.

Plaza de la Concordia de Almensilla. El escenario ocasional estaba situado al fondo, a la izquierda.

Plaza de la Concordia de Almensilla. El escenario ocasional estaba situado al fondo, a la izquierda.

(…) El viernes por la tarde, el incomparable marco -para los almensilleros- de la Plaza de la Concordia ya olía a teatro. Desde las 18:30 estuvimos montando el escenario, fundamentalmente las cortinas y los arcos de celosía que habrían de aparecer en la obra -en la casa del cura- y que servían de adorno en el escenario; mientras que un equipo de Tahona se encargaba de anunciar por todo el pueblo la actuación.

Llegaron las 21:30, y a medida que terminábamos de vestirnos y comenzábamos a maquillarnos, la plaza se llenaba poco a poco. Nosotros, dentro de las casas que utilizábamos como vestuarios, ya sentíamos que la plaza, dentro de apenas unos minutos, iba a quedar repleta de público. Los nervios aparecían cada vez en mayor proporción, sobre todo cuando percibíamos la llegada de los familiares y amigos que, particularmente, habíamos invitado.

Por fin comenzó la representación. Lo hizo con bastantes minutos de retraso, debido a que esperamos para que el mayor número posible de personas pudiera ver empezar la obra. Al principio es de reconocer que, al igual que en la anterior representación, también estábamos un poco nerviosos debido a que era la primera vez que actuábamos delante de tantas personas; pero nosotros tratamos de que no se notara demasiado. Pese a estos nervios iniciales creo que conseguimos superar la actuación de la semana anterior -a pesar de que en ésta también tuvimos algunos fallitos típicos de aficionados- porque, una vez metidos de lleno, nos olvidamos de los nervios y, realmente, nos crecimos. En la segunda parte pudimos observar cómo el público estaba siguiendo, divertido, el desarrollo de la trama (…) y terminamos de echar el resto para conseguir que el final resultara lo mejor posible. Al concluir nos fuimos hacia el público conscientes de que la obra les había gustado, y debo decir que aquella noche -y también durante los días posteriores- recibimos toda clase de felicitaciones, las cuales hicieron que quedáramos muy satisfechos de nuestra actuación».

Lamentablemente, aunque continuamos con los ensayos durante algunos meses del curso siguiente, los nuevos quehaceres particulares de cada uno impidieron que la andadura del grupo pudiera seguir adelante como hasta entonces. De todos modos, como es lógico, guardo en mi mente con mucho cariño todos y cada uno de los recuerdos correspondientes a aquella preciosa experiencia, la cual pude revivir en mayo de 2006 con Un hombre tranquilo y, sobre todo, con Prueba de amor, ambas de Roberto Arlt.

Ojalá en el futuro -el curso pasado lo intenté junto a mis amigos filólogos con El castigo sin venganza, de Lope, pero no resultó, por las razones que nosotros sabemos- pueda volver llevar a cabo con éxito algo similar.

  1. #1 by Esperanza on 24 mayo 2009 - 18:13

    Yo sabía que lo tuyo era la interpretación y no el Periodismo, Víctor!

    Fíjate, yo, cuando te vi hacer de Guinter, muriendo de una forma tan sublime me forjé tu imagen para siempre en un escenario… 😀

    No deberías haberlo dejado en Almensilla!

    Habrá que conformarse con tu acento argentino en alguna que otra fiesta privada 😉

    Un beso.

(will not be published)