CRÍTICA DE CINE
PELÍCULA: Al final del camino
DIRECTOR: Roberto Santiago
REPARTO: Malena Alterio, Fernando Tejero, Javier Gutiérrez, Diego Peretti, Jorge Monge, Luis Callejo, Cristina Alcázar, Alberto Jo Li, Ana Milán, Irene Escolar.
GÉNERO: Comedia
NACIONALIDAD: España
DURACIÓN: 95 minutos
CALIFICACIÓN: * (sobre 5)

Fernando Tejero, Malena Alterio y Javier Gutiérrez, en el comienzo del film
Pilar (Malena Alterio), una periodista que acaba de dejar a su novio (Luis Callejo) después de que éste le haya sido infiel, coincide en un restaurante con dos desconocidos, Nacho (Fernando Tejero) y Jose (Javier Gutiérrez), y les chafa a ambos una cita doble con unas muchachas jóvenes. Al día siguiente su jefa (Ana Milán) y, al mismo tiempo, ex cuñada, la envía al camino de Santiago para hacer un reportaje a Olmo (Diego Peretti), un gurú caradura especializado en «resolver» crisis de pareja mediante una terapia que va aplicando mientras todos hacen la mítica ruta en seis días. A Pilar le acompaña un fotógrafo ajeno a la redacción, que resulta ser Nacho. Ambos deben hacerse pasar por una pareja normal y corriente para que Olmo no descubra que van como profesionales de la información. Allí, junto a otras parejas de todo tipo, viven una serie de acontecimientos más o menos rocambolescos, que acaban con el final que más o menos uno se puede imaginar.
Queda claro que el cine español no va a salir de la crisis con títulos como éste. Roberto Santiago intenta repetir el mismo patrón de comedia romántica utilizado en El penalti más largo del mundo, pero con unos resultados sensiblemente inferiores. No es que aquél fuera un gran film, pero no cabe duda de que es bastante mejor que el actual. Al final del camino es una película bastante previsible, con una pareja protagonista, Malena Alterio y Fernando Tejero, que más que Pilar y Nacho son Belén y Emilio, sus respectivos personajes en la popular serie televisiva Aquí no hay quien viva. Aunque esto era algo que quedaba muy claro desde que aparecieron sus nombres para componer la nómina de actores principales. La hora y media larga que dura la película se le hace al espectador más o menos igual que el propio camino de Santiago: no insoportable pero sí progresivamente cansada, sobre todo por la ya comentada previsibilidad del guión.
Lo más destacable, sin lugar a dudas, son los golpes de humor y la interpretación en general de Javier Gutiérrez, un actor versátil -aunque con mayoría de papeles cómicos- que, poco a poco, se va haciendo un nombre en el panorama de la interpretación en España. Pero para poco más da el film.
A nivel particular, he salido del cine con dos futuros deseos por cumplir: el primero, visitar Galicia para poder contemplar de cerca la majestuosidad de la catedral de Santiago como monumento arquitectónico -Calitoe.:., como bien sabes, cuando llegue el momento te tocará hacer de «cicerone»-; y el segundo, más a largo plazo, volver a hacer el crucero del año pasado. Porque, al final de la película, dos de las parejas que hacen la terapia de Olmo deciden emplazarse al año siguiente para hacer un crucero por el Mediterráneo… entrando inmediatamente en escena el S.S. Sovereign, que es ni más ni menos que el buque que ha sustituido al tan recordado por mí y por varios de mis amigos S.S. Oceanic, a la hora de acoger la ruta mediterránea de Pullmantur. Lo que, como es lógico, provocó que volviera a aflorar en mi interior la nostalgia por lo vivido hace poco más de un año. Con diferencia, es lo único que realmente me ha emocionado de la película.
#1 by Rafa on 3 mayo 2009 - 20:45
Buenas tardes. Evidentemente, la película no es una obra maestra, pero tampoco se hace insufrible, al menos para mí.
Tu análisis es muy brillante, pero se te ha colado un «queísmo» ( «no cabe duda que»- 2º párrafo, 4ª línea-, donde falta la preposición «de» > «no cabe duda de que…»).
#2 by victor on 4 mayo 2009 - 16:58
Pues sí… la verdad es que la crítica la escribí en un ratillo y tal vez por la rapidez con la que la hice se me ha colado, jejeje. Ahora mismo lo corrijo 😉
Gracias por tu comentario, Rafa. Es un halago para mí que esas palabras procedan de un filólogo (y futuro funcionario, no lo olvidemos, jejeje) con un gusto tan exquisito por las letras.