Qué axioma más certero es aquel que dice que todo lo bueno se acaba. Hoy, ocho de marzo de 2010, se cumplía justo un mes desde mi entrada en la Cadena Cope como alumno de prácticas procedente del cursillo que todos los años se imparte allá por el mes de septiembre. Es decir, hoy ha sido mi último día -ojalá que sólo por el momento- en la emisora.
Como muy bien comentó Ana Galdámez esta mañana en la reunión diaria, hay que ver lo rápido que pasa el tiempo. Y que lo digas, querida compañera. Confieso que el día de mi despedida ha sido aquél en el que más nervioso he estado de todos -aunque creo que no se ha notado por fuera-; quizá porque me daba bastante pena no ya dejar de poder desempeñar la que yo considero que es mi profesión, sino también dejar de ver cada día a unos compañeros que son de lo mejor que te puedes encontrar en cualquier empresa.
Es la hora de hacer una breve reflexión sobre lo que han supuesto para mí estas poco más de cuatro semanas en la segunda planta del número 4 de la Calle Rioja; y para ello voy a transcribir el artículo que le mandé ayer a Eusebio para que lo colgara en el blog del cursillo y de las prácticas. Por tanto, lo que desde ahora vais a leer -los que queráis leerlo, claro- también lo podréis encontrar en:
http://www.cursoradioytelevision.com/
“Becario de la Cadena Cope”. Eso es lo que, oficialmente, he sido a lo largo del último mes; pero a pesar de todo es algo que, por momentos, no me ha quedado nada claro. ¿Becario de la Cadena Cope? ¿De verdad a alguien a quien todos han tratado como un igual desde el primer día, y que al tercero ya echaba a volar en solitario por las calles de Sevilla se le puede considerar “becario”? Al menos, claro está, según lo que frecuentemente se comenta desde fuera del mundillo periodístico. Permitidme que lo dude.
Porque aunque estas semanas, lógicamente, han sido más de aprendizaje para mí que de otra cosa, en ningún momento me he sentido becario, ni periodista en prácticas, ni periodista en formación. Sencillamente, me he sentido periodista, como si fuera uno más dentro de la redacción de servicios informativos locales y regionales. Así es como te trata la Cope; y así es como me han tratado a mí.
Ha sido un mes, aunque puedan parecer términos contradictorios, tan intenso como distendido. Intenso porque, como se encargó de decir Eusebio tanto a lo largo del cursillo como en mi primer día en la emisora, hemos tenido que condensar unos seis meses –que es aproximadamente el período medio de prácticas en cualquier medio de comunicación- en tan sólo cuatro semanas; y distendido porque el ambiente de trabajo ha sido inmejorable.
Me gustaría, eso sí, hacer una pequeña rectificación sobre otra de las “máximas” de Eusebio, aquella que dice que cuando le cojas el gustillo de verdad a tu labor será cuando lo tengas que dejar, porque ello coincidirá con el final de las prácticas. En mi caso no ha sucedido exactamente así. Más bien se puede decir que tengo que dejarlo cuando más soltura estoy adquiriendo, sobre todo a la hora de manejar los aparatos electrónicos de las cabinas. Porque si tengo que ser sincero el gustillo lo cogí desde el primer día; incluso en los momentos en los que, por ejemplo, he tenido que echar mano de mis recursos ante el déficit de equipos de captación de sonidos. Pero bueno, como eso es algo de lo que estaba avisado desde el primer día, me acostumbré rápidamente y nunca –o casi nunca- he tenido problemas con ello.
Haciendo un poco de memoria –bueno, más bien consultando esa valiosísima “chuleta” que es la libreta de cada día-, desde que aparecí el pasado 8 de febrero por la planta segunda del número 4 de la calle Rioja he tenido delante mía a concejales, líderes sindicalistas, representantes de la Junta de Andalucía, de los comerciantes… y también he contactado con gente de la calle, con gente que se ha negado a hablar con la Cope, con gente encantada de hacer declaraciones para la Cope… Creo que prácticamente tan sólo me ha faltado nuestro señor alcalde (ex alcalde a partir de mayo-junio de 2011).
He tenido días mejores, he tenido días peores; me he recorrido la ciudad desde el centro histórico hasta el Muelle de las Delicias –con mis carreritas por el Paseo buscando el galeón “Andalucía” como anécdota más destacable- pasando por Triana y las inmediaciones de La Cartuja; pero lo más importante de todo es que este mes de enriquecedora experiencia en la radio no me lo va a quitar nadie.
¿Lo más importante, he dicho? Pues, como diría el mítico José María García, estoy absolutamente errado (sin “h”, por supuesto): lo más importante de todo es haber podido desempeñar mi labor junto a un equipo humano en el que la nota predominante al 100% ha sido el compañerismo, el buen rollo, el estar siempre predispuestos a echarte una mano cada vez que hace falta. Veteranos y noveles, como reza el himno del Madrid; la perfecta combinación para que todo funcione como un reloj.
Veteranos como Eusebio Pérez que, al estilo del Gran Hermano de George Orwell, todo lo ve y todo lo vigila, pero que siempre tiene un momento para atender a todo el mundo y dar un consejo profesional a los más inexpertos; como José Manuel Galdámez, con su peculiar sentido del humor –recuerdo, entre otras cosas, los “cohetes” en antena por aquella noticia que ya todos los sevillanos saben-; o como Irene Ramos e Inma Jiménez, grandes profesionales.
Y noveles como los becarios más antiguos: José Manuel León, bético como yo y cachondo hasta en los momentos de mayor tensión; y Javier Tovar, quien siempre me ha echado una mano, especialmente durante los primeros días de mi estancia en los que tuve que trabajar junto a él. O como aquellos que, al igual que yo, estaban o están cumpliendo su mes de prácticas: Rosa Moreno, la benjamina, con quien he compartido muchos y muy buenos momentos durante las dos semanas y media que hemos coincidido, habiéndonos ayudado mutuamente de forma constante; Miguel Ángel Velázquez, otro “sufridor” –o sea, bético-, el habitual “hombre del tráfico” entre otras cosas, con quien he colaborado a lo largo de tres de mis cuatro semanas; y María Torres, compañera en los primeros días. O también como Ana Galdámez, periodista que, con sólo 21 añitos –que se dice pronto-, ya ha adquirido una calidad como profesional y una soltura ante el micro que ya quisieran –quisiéramos- muchos.
Todo ello, asimismo, con la compañía de Ubaldo, “la puñetera voz de España”, como dijo cariñosamente Juan Diego Periáñez en las prácticas del curso; de Nieves, de Manolo Salvador y de los colegas de la redacción de deportes; quienes también han aportado su granito de arena para que el que suscribe estas líneas –tranquilos, que ya termino- se haya marchado con un sabor de boca todavía mejor del que esperaba cuando el pasado lunes, 8 de febrero, apareció por vez primera en la planta segunda del número 4 de la calle Rioja.
#1 by Esperanza on 10 marzo 2010 - 19:18
Muy bien, Víctor, se ve que has aprovechado al máximo tu estancia en la COPE 😉
Seguro que te sale algo que merzca la pena.
Besos