Permítaseme parafrasear al gran Gabriel García Márquez para titular lo que se ha visto hace unas horas al final de La Palmera. Era el cuarto año en el que el Betis caminaba por la cuerda floja. Los tres anteriores había conseguido salvarse después de carambolas más o menos afortunadas; pero en éste no ha podido ser. El Betis, en la tarde más triste para los suyos en los últimos 9 años, ha terminado descendiendo a Segunda después de no poder vencer en el Ruiz de Lopera a un equipo, el Real Valladolid, que llevaba diez partidos sin conocer la derrota.

Dos jóvenes aficionados, llorando desconsoladamente por el descenso. Foto: Marca.com
El empate a uno de esta tarde entre verdiblancos y pucelanos, unido a las esperadas victorias del Sporting y del Osasuna y a la igualada del Getafe en Santander, condena a los béticos a tener que buscar, en 2010, el undécimo ascenso a Primera en su centenaria historia.
No se puede decir que hoy los jugadores no hayan buscado la victoria. El juego ha sido similar -en lo mediocre, claro está- al de jornadas anteriores, pero hoy sí han puesto toda la carne en el asador, mereciendo ganar y teniendo una gran dosis de mala suerte, dos palos incluidos. Pero no ha sido suficiente. Y no lo ha sido no por no ser capaz de batir al peor equipo del último tercio liguero -el Valladolid-, sino por actuaciones anteriores como el ridículo en Montjuic frente al Espanyol, el esperpento de San Mamés, el partido que, incomprensiblemente, se escapó hace 8 días en La Rosaleda -tres ejemplos solamente de estos diez últimos encuentros-; y, sobre todo, por la ridícula cantidad de 4 victorias en los 19 partidos disputados en casa. Allí donde el Betis debía hacerse fuerte es donde ha ido cavando poco a poco su fosa; y por todo ello deberá penar al menos durante un año por la que ahora denominan «Liga Adelante».

Edu, lamentando una de las muchas ocasiones desperdiciadas. Foto: Marca.com
Pero los navarros igualaron pronto el gol de Higuaín para el Madrid, y en el estadio bético corroboraban lo que todos ya sabían: pese a este empate y a la momentánea derrota gijonesa frente al Recre, había que ganar el partido. El Valladolid casi no llegaba a la meta de Ricardo, pero en el minuto 45 volvió a ponerse de manifiesto otra de las máximas que han hecho que los béticos hayan dado con sus huesos en Segunda: en la primera llegada verdaderamente clara de los pucelanos, Víctor y Aguirre se asociaron para asestar un golpe mortal a posteriori. El veterano mediapunta aprovechó un enorme hueco en la línea de medios del Betis y, una vez en las imediaciones del área, cedió al sustituto de Pedro León. El jugador argentino, en franca posición, lanzó un zurdazo fuerte, raso y junto al poste, imposible para el portero bético. Puñalada en el centro del corazón de los béticos.
Sin embargo, los de Nogués salieron con muchos bríos tras el descanso, y Oliveira aprovechó de cabeza un centro de Edu para poner las tablas. Renacía la esperanza; y poco después una bella jugada entre los dos delanteros ex zaragocistas pudo dar la vuelta totalmente al marcador. Sergio cedió de tacón a Oliveira quien, solo ante Asenjo, tocó la pelota con mucha suavidad, poniéndola lejos del alcance del arquero; pero el poste impidió el 2-1 y la salvación provisional del Betis.

Los pucelanos Víctor y Goitom, celebrando la permanencia. Foto: Marca.com
La tarde cobró definitivamente tintes trágicos cuando en los otros campos, además, todo volvía a la normalidad: el Osasuna marcó su segundo gol; el Sporting, como también se esperaba, remontó su partido; y en Santander el marcador señalaba un 1-1 que no tenía demasiados visos de ser modificado, pese a que el Racing lo intentaba. En el Ruiz de Lopera, además, la fortuna seguía de parte visitante: un fenomenal cabezazo de Juanito -que se irá del Betis con el mal sabor de boca de este descenso- tras un córner se estrelló en el larguero vallisoletano. Los visitantes también tuvieron su ocasión, perdonando Goitom ante Ricardo, pero nada más. Nogués dio entrada a Emaná a 20 minutos del final, pero a costa de quitar del campo a un Sergio García que era de los pocos jugadores béticos capaz de crear algo de fútbol de verdad. Un cambio que casi nadie entendió.
Ni el camerunés ni Pavone ni Juanma -los otros dos refuerzos- pudieron resolver nada en un equipo al que poco a poco iba matando el reloj, inexorable al marcar los minutos que faltaban para que se consumara el descenso. No obstante, Sergio Asenjo aún tuvo que hacer su última parada de mérito, en el último minuto del tiempo reglamentario, deteniendo un cabezazo muy peligroso de Oliveira. Fue el último cartucho. Cuando Pérez Burrull decretó el final del partido, empezaron los llantos y las protestas al palco. El Betis pierde la categoría, todo hay que decirlo, por un solo y mísero gol de diferencia en el «average» general con el Getafe. Después, un grupo de aficionados -habiendo algún que otro detenido- se agolparon para protestar tanto en la puerta del estadio como en la de la casa de Lopera.

Aficionados protestando en los aledaños del estadio Ruiz de Lopera. Foto: Marca.com
Ahora toca reflexionar, toca mentalizarse nueve años después de que el camino para volver a la máxima categoría no va a ser de rosas precisamente. Ojalá se haga todo correctamente y este descenso no sea más que el que históricamente le «toca» al Betis cada 9-10 años. De lo contrario… bueno, eso mejor no decirlo que la herida después de perder la categoría no está sino recién abierta.
#1 by Em10 on 1 junio 2009 - 18:54
¿Te quieres creer que lo he encajado bastante bien? Yo pensaba que el típico comentario de «un añito en segunda puede venir bien para regenerarse» era una excusa barata, como la del equipo que pierde en copa y piensa que le vendrá bien para centrarse en la liga o algo por el estilo. Pero si te soy sincero, no sé muy bien por qué, pero creo que nos servirá para resurgir como el ave Fénix con más gloria.
Un abrazo de un bético que hoy es más bético que hace dos días si cabe.
#2 by victor on 1 junio 2009 - 19:26
Son cosas que uno termina por asumir; pero aunque se esperaba, aunque tenemos una gran oportunidad de regenerarnos y de resurgir como hace 8 años, el disgusto en las primeras horas no te lo quita nadie. Al menos en mi caso.
Un abrazo de otro que también es más bético que hace dos días.