Ayer se celebró en el Teatro Cuyás de Las Palmas de Gran Canaria la gala de los XII Premios Max de las Artes Escénicas.
En ella volvió a triunfar el teatro contemporáneo, resultando galardonados, entre otros, el grupo Animalario -con Alberto San Juan y Javier Gutiérrez entre los premiados- y Carmen Machi, todos ellos rostros mucho más conocidos por sus pinitos -pocos- en el cine pero, sobre todo, por sus exitosos trabajos televisivos.
Alberto San Juan -incluyendo un emotivo y reivindicativo discurso sobre la inmigración- recibió el premio a la mejor adaptación de obra teatral por Argelino, señor de dos amos.
Javier Gutiérrez, el recordado cuñado del Fiti en Los Serrano y que actualmente interviene en Águila Roja, fue elegido mejor actor por la misma obra; mientras que Carmen Machi -más conocida por todos como «Aída»- recibió el Max a la mejor actriz protagonista por La tortuga de Darwin.
Después de esto, creo que debo plantear un par de preguntas sobre las que reflexionar. Sin desmerecer ni mucho menos ni el trabajo de estos televisivos y populares actores -notables cómicos a los que les doy la enhorabuena- ni la calidad de las obras contemporáneas ni de las adaptaciones teatrales de obras de otro género, ¿cuándo estará presente de nuevo el teatro clásico español en los Max? Y, aunque su prestigio entre el público entendido seguirá siendo el mismo, ¿cuándo se les otorgarán estos premios a los verdaderos actores de teatro? Porque hace años ya, señores…
Está muy bien, más aún si las galas son televisadas, que los premios más importantes del teatro español tengan en cuenta estos rostros tan conocidos para el gran público, sobre todo para captar al mayor número posible de espectadores; pero en honor a la verdad, me cuesta creer que los Daniel Albaladejo, Nuria Mencía, Arturo Querejeta, Paco Merino, Joaquín Notario, Montse Díez, Pepa Pedroche o, en la dirección y adaptación, Eduardo Vasco, nunca sean merecedores ni tan siquiera de un sitio entre los finalistas.
Menos mal que, por lo menos, el Max de Honor se lo dieron a Miguel Narros. Aunque, visto lo visto, si a Almodóvar le diera por meterse a director de escena…
#1 by CASANDRA on 31 marzo 2009 - 18:12
Yo paso mucho de los Max, precisamente porque ellos pasan mucho de la CNTC, la mejor compañía sobre las tablas españolas…es como ver Eurovisión, en la que la buena música no tiene cabida, pues paso…
España es y seguirá siendo un país inculto en cuanto a los clásicos, porque ni siquiera los suyos saben darles su lugar…después oímos la queja «es que la gente no va al teatro…es que el teatro clásico no gusta»…coño, ni el cine en V.O. tampoco ¿dónde está su publicidad? ¿quién les da la palmadita en la espalda?
Creo firmemente que la única oportunidad que tiene un español medio de contactar con el teatro -para bien o para mal- es entre los 13 y 18 años, en las aulas, cuando un profe o una profe saca un ratito para pasar del temario y llevar a clase un libro, explicarles que no muerde y que si van a ver un montaje de esa obra, seguramente les gustará…
Yo tenía 15 años cuando pisé por primera vez el Lope de Vega; mi padre me regaló por mi cumpleaños entradas de palco para La Celestina…nunca olvidaré aquella sensación de «pues esto mola»…no dejo de sentirala cada vez que sube el telón…
Hoy, soy yo quien procura enganchar a los alumnos con su historia («érase una señora llamada Celestina, que tenía un puticlub…» ¿un puticlub, maestra?)
Hace un par de días, ellos solitos -os lo prometo- preguntaban «maestra, y la obra esa de la que siempre nos hablas -El castigo sin venganza- ¿de qué va? ¿es chula? ¿en qué tema la damos?»
Ains!!!
Menos Max y MÁS teatro clásico, señores!!!
#2 by Mila on 31 marzo 2009 - 20:14
Me uno a tu crítica y voy más allá… ¿dónde se queda la representación andaluza en los Max? ¿es que aquí no se hace teatro bueno?
Me gusta mucho Animalario, pero en España hay más teatro! A ver cuando se dan cuenta!!